Punto de vista: “De las cosas pequeñas”

  • 4 enero 2013

© Gary Smith

“Y así vemos que por pequeños medios el Señor puede realizar grandes cosas”. —1 Nefi 16:29

Desde los sórdidos confines de la cárcel de Liberty, Misuri, en marzo de 1839, el profeta José Smith escribió las siguientes líneas como parte de una epístola a los Santos de los Últimos Días, que habían sido expulsados de Misuri por la opresión de la multitud:

“Hermanos, vosotros sabéis que un barco muy grande se beneficia mucho en una tempestad, con un timón pequeño que lo acomoda al vaivén del viento y de las olas.

“Por tanto, muy queridos hermanos, hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance; y entonces podremos permanecer tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios y que se revele su brazo” (D. y C. 123:16–17).

La declaración es notable por su sereno optimismo, resiliencia y positivismo, sobre todo considerando las turbulentas circunstancias en las que se pronunció. Los Santos de los Últimos Días en Misuri habían sido objeto de atrocidades, incluida la violencia, incendios, despojo de hogares y propiedad y aun masacre. El Profeta y sus compañeros en el liderazgo de la Iglesia, traicionados y entregados en manos de una milicia hostil, fueron retenidos bajo cargos fraudulentos y, si no hubiera sido por el heroísmo de un amigo, poco habría faltado para que los ejecutaran legalmente en la plaza pública en la ciudad mormona de Far West.

Valiéndose de imágenes náuticas, el Profeta urgía a los santos a que mantuvieran su fortaleza y sabiduría y que no sucumbieran a la desesperación ante la opresión y la prueba, aunque fuera comprensible que lo hicieran. Les recordó que un barco grande es controlado por un pequeño “timón”, que puede definirse como el aparato de dirección, que consiste en la pala, la caña y el timón.

El mismo pensamiento podría expresarse en los términos de las Escrituras. En una revelación dada en Kirtland, Ohio, en 1831, el Profeta había sido instruido: “Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes”  (D. y C. 64:33).

Ese versículo nos recuerda una Escritura del Libro de Mormón. Al describir la Liahona, el maravilloso instrumento mediante el cual Lehi y su familia fueron guiados en su viaje, Nefi dijo que funcionaba de acuerdo con la “fe, diligencia y atención” que ejercían aquellos que estaban en el viaje (véase 1 Nefi 16:28). Él entonces dijo: “Y así vemos que por pequeños medios el Señor puede realizar grandes cosas” (1 Nefi 16:29).

La frase de Nefi “por pequeños medios” no fue en referencia a la Liahona, dado que ése era un instrumento grande y maravilloso, sino que era en cuanto a “la fe y diligencia” por las cuales funcionaba.

Por lo tanto, el profeta Alma, al hablar a su hijo Helamán, comentó acerca de este incidente:

“Y obró por ellos según su fe en Dios; por tanto, si tenían fe para creer que Dios podía hacer que aquellas agujas indicaran el camino que debían seguir, he aquí, así sucedía; por tanto, se obró para ellos este milagro, así como muchos otros milagros que diariamente se obraban por el poder de Dios…

“Y ahora quisiera que entendieses, hijo mío, que estas cosas tienen un significado simbólico…

“Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.

“Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como… las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor” (Alma 37:40, 43–45).

En el umbral de este nuevo año, este “símbolo” y “significado” que identificó Alma tiene importancia para los que vivimos en los últimos días. A través de medios aparentemente pequeños, como la oración, el ayuno, guardar los mandamientos de Dios y además dar oído a las palabras de Cristo, tal como se nos indica en las Escrituras y en las palabras de los profetas modernos, nosotros también podemos lograr grandes cosas.

La mayoría de nosotros puede estar agradecido de que no estamos en los grandes apuros a los que se enfrentaron José Smith y los Santos de los Últimos Días en el invierno de 1838–1839. Pero es posible que las pruebas y dificultades de la vida cotidiana nos coloquen al borde de la desesperación. Éstas podrían estar relacionadas con las finanzas, la salud, las relaciones familiares, el trabajo o una amplia variedad de circunstancias. Tal vez haya dudas y es más difícil recordar aquellas ocasiones cuando las experiencias espirituales han traído paz al alma (véase D. y C. 6:22–23).

En tales momentos, al aplicar las palabras de José Smith podemos mantener nuestro “timón… acomodado al viento y las olas”, volver la oposición a nuestro favor al utilizarla como un instrumento para nuestro crecimiento y siempre confiando en el socorro y la fortaleza que proceden de la expiación de Cristo.

Al esforzarnos por lograr los propósitos de Dios y poner en práctica Su voluntad en nuestra vida, podría beneficiarnos recordar quiénes somos.

Por muchas décadas, los psicólogos han opinado acerca del poder de la imagen de uno mismo, la visión mental que una persona tiene de sus propias capacidades, potencial y valor. En teoría, la imagen de uno mismo tiene un efecto intenso en la conducta, el crecimiento y los logros de esa persona.

Esto tal vez se ilustre en el relato de Moisés 1 de La Perla de Gran Precio. Moisés había hablado con Dios cara a cara y había visto Su gloria y la inmensidad de Sus obras infinitas. Más aún, a Moisés se le dio a entender su propio valor a la vista de Dios.

Más tarde, cuando Satanás tentó a Moisés y le exigió que lo adorara, Moisés pudo decir: “Yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu gloria, para que te adore?” (versículo 13).

La lección para nosotros es mantener el recuerdo de nuestro propio valor y potencial divinos, lo cual es llegar a ser coherederos con Cristo en todo lo que el Padre tiene, incluso sus atributos divinos (véase Romanos 8:16–17).

Que esa sea nuestra meta final al buscar esas “pequeñas cosas” que producen grandeza.