Miembros de la Iglesia en una aldea aprenden el negocio de la pesca

  • 6 agosto 2011

El presidente y la hermana Fata vestidos con los chalecos de Manos Mormonas que Ayudan, con el presidente y la hermana Tom y algunos aldeanos.

Puntos destacados del artículo

  • En Papúa Nueva Guinea, hicieron falta tres redes y dos intentos para que los Santos de los Últimos Días aprendieran el eterno principio de la autosuficiencia.

"Personas bien intencionadas han establecido muchos programas para prestar ayuda a los necesitados. Sin embargo, gran parte de esos programas se han preparado, con visión limitada, para 'ayudar a la gente' en lugar de 'ayudar a la gente a valerse por sí misma'". —Marion G. Romney (1897–1988), “La naturaleza celestial de la autosuficiencia”, Liahona, marzo de 2009, pág. 15

NOTA DEL EDITOR: Este artículo se puso originalmente en inglés, en el sitio web oficial de la Iglesia en Australia el 27 de julio de 2011.

Era finales del año 2010 y el presidente de la rama Kukipi, Rodney Tom, con la gorra en la mano, una vez más se encontraba ante la casa del presidente de la misión, en Port Moresby, Papúa Nueva Guinea. Esta vez, las provisiones de alimentos que el presidente Meliula Fata le había dado sólo le duraron unas pocas semanas.

El presidente Tom había hecho el trayecto de costumbre de 160 km muchas veces, haciendo un viaje en barco de dos horas y luego cinco horas más en un vehículo público motorizado (PMV)—un camión con dos tablas en cada lado para sentarse, que suele estar repleto de personas y suministros para su venta en los diversos mercados por el camino.

El motivo del viaje era asegurarse de que hubiera suministros para su pequeña congregación, situada en una isla en el delta, cerca de la boca del Río Miaru en Kukipi, Moveave, en Papúa Nueva Guinea.

En Kukipi la gente vive a nivel de subsistencia, y los únicos cultivos que pueden producir son plátanos, el fruto del árbol de pan y mandioca. También pescan con hilo de pesca y recolectan cangrejos de lodo. Durante la época seca del año, también cultivan calabaza y patata dulce [boñato, camote o batata], pero lamentablemente la isla suele estar cubierta de agua salada cuando hay marea rey (marea inusualmente alta que se produce en invierno en tiempos de luna llena) o inundaciones. Esto tuvo por resultado que la tierra no fuera productiva.

Los miembros necesitaban alimentos, y el presidente Fata con frecuencia lo había conseguido de los almacenes del obispo; pero esta vez era diferente.

El presidente Fata invitó al presidente de la rama a su oficina y dijo: “No voy a poder darle más alimentos. No puedo seguir dándole provisiones a su gente casi cada semana. Tienen que esforzarse por ser autosuficientes”.

El presidente Fata entonces tuvo la inspiración de darle a la rama tres redes de pesca, para que los miembros pudieran pescar lo suficiente para alimentar a todos. Esas redes son bastante caras y normalmente estarían por encima de los medios económicos de los aldeanos.

El presidente Tom se fue entonces con tres redes, y el presidente Fata confió en que los problemas de la rama Kukipi se resolverían; pero sólo seis semanas después el presidente Tom informó que los miembros no habían mejorado su situación.

“¿Por qué? ¿Qué pasó?“, preguntó el presidente Fata.

El presidente Tom contestó que los miembros de la rama habían seguido el precedente que se había establecido con anteriores donaciones destinadas a personas individuales, y se les entregaron las redes a tres personas.

El presidente Fata llamó al presidente de rama para que fuera a su oficina, junto con las redes.

El presidente Tom dijo que no se sentía feliz y se preguntaba cómo podrían llegar a ser autosuficientes los miembros.

Sin embargo, en la entrevista con el presidente Fata, decidieron volver a intentarlo. El presidente Fata indicó al presidente Tom que volviera con las redes a la aldea y le dijo que compraría dos redes más. El presidente Fata también escribió una carta para que el presidente Tom leyera a los miembros, explicando cómo tendrían que usarse las redes.

La carta indicaba a los miembros que las redes no pertenecían a ninguna persona individual. También daba tres puntos que la rama tenía que seguir:

  • Usar las redes para recolectar alimento para todos los miembros
  • Pagar diezmos de las ganancias
  • Ayudar a los pobres y necesitados

Pasaron varios meses, pero una mañana el presidente Fata volvió a ver al presidente Tom.

El presidente Tom dijo que pensó: ”¡Oh no! Otra vez viene a buscar comida”.

El presidente Tom no había vuelto a buscar más comida. Había vuelto para comprar tres redes más con el dinero que los miembros de la rama habían conseguido por la venta del pescado sobrante.

Entonces el presidente Tom le explicó que el pescado sobrante había permitido que los aldeanos compraran vegetales, ahorraran dinero y pagaran sus diezmos. La aldea había causado tal impresión en el departamento local de pesca que estaban analizando un proyecto para comprar una barca.

Los aldeanos ahora dicen que creen que pueden mejorar su calidad de vida y ser mucho más autosuficientes. Los miembros están pensando en qué otros proyectos pueden hacer juntos para mejorar su autosuficiencia. Tales proyectos incluyen ahumar el pescado para llevarlo a mercados más lejanos y conseguir máquinas de coser, para que las hermanas confeccionen su propia ropa y para venderla.

Después de este éxito, el presidente Fata está yendo a otras ramas en zonas remotas, enseñándoles el principio de la autosuficiencia. Él espera que el ejemplo de la rama Kukipi inspire a otros a acoger rápidamente el principio de la autosuficiencia.

Marion G. Romney (1897–1988), miembro de la Primera Presidencia, una vez dijo: “Personas bien intencionadas han establecido muchos programas para prestar ayuda a los necesitados. Sin embargo, gran parte de esos programas se han preparado, con visión limitada, para 'ayudar a la gente' en lugar de 'ayudar a la gente a valerse por sí misma'”. (“La naturaleza celestial de la autosuficiencia”, Liahona, marzo de 2009, pág. 15).

Este relato es un maravilloso ejemplo del inspirado programa humanitario de la Iglesia, de ayudar a la gente a ser autosuficiente. Sin embargo, requiere que las personas se comprometan y estén preparadas para trabajar arduamente si quieren las recompensas.

Existe un refrán acerca de la ayuda humanitaria efectiva: “Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida”.