Multipliquen sus talentos, dice el élder Rasband a los jóvenes adultos

  • 4 febrero 2011

Puntos destacados del artículo

  • Procuren con anhelo descubrir los talentos que les ha dado el Señor.
  • Empleen sus talentos en la edificación del reino de Dios.
  • Reconozcan la mano de Dios en su éxito.

“Los éxitos de las personas a las que ayudamos, patrocinamos, alentamos y edificamos cuando luchan por sus propios talentos nos producen gran gozo y satisfacción”.

—Élder Ronald A. Rasband

El élder Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los Setenta, alentó a los jóvenes adultos a magnificar sus talentos y habilidades durante un devocional que tuvo lugar en la Universidad Brigham Young–Idaho el 25 de enero de 2011.

Comenzó relatando la parábola de los talentos en la que tres hombres reciben de su señor diversas sumas de dinero (talentos); éste parte por largo tiempo y al volver le pregunta a cada hombre qué ha hecho con su dinero.

Los primeros dos siervos habían duplicado su inversión y el señor les dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Pero el tercer siervo, temeroso, había ocultado el talento, a lo que su señor contestó: “Siervo malo y negligente... Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos” (Mateo 25:26–28).

El Señor, el Maestro de la parábola, deja claro que no debemos enterrar nuestros talentos, sino mejorarlos y multiplicarlos. Él nos ha prometido que si multiplicamos nuestros talentos recibiremos la dicha eterna.

“Debemos tomar parte en actividades, servicio y tener un tipo de vida que contribuya a fortalecer y proteger nuestros talentos a fin de usarlos con rectitud”, dijo el élder Rasband.

No podemos dejar que el temor de no poder hacer algo, de que alguien lo haga mejor o de que los demás nos critiquen nos impida desarrollar esos talentos, declaró.

Agregó que el presidente James E. Faust (1920–2007) advirtió que hay quienes están demasiado satisfechos con lo que ya están haciendo, satisfechos con “comer, beber y divertirse” y permiten, pasivamente, que otros edifiquen el reino de Dios cuando nos rodean las oportunidades de contribuir a ese crecimiento.

El Señor dará más a quienes estén dispuestos a recibirlo, explicó el élder Rasband; pero quienes digan que ya tienen bastante, a ésos se les retirarán sus talentos.

El élder Rasband compartió tres principios que le han ayudado a desarrollar sus talentos y habilidades:

1. Procuren con anhelo descubrir los talentos que les ha dado el Señor.

Cada persona viene a la tierra con su propia forma de ser, investido con los talentos que tenía en la vida preterrenal. Estudien y mediten en su bendición patriarcal, consulten a familiares y amigos y estudien su historia familiar para encontrar sus talentos, dijo.

2. Empleen sus talentos en la edificación del reino de Dios.

Esto incluye la Iglesia, sus propias familias y otras personas, dijo el élder Rasband. “Los éxitos de las personas a las que ayudamos, patrocinamos, alentamos y edificamos cuando luchan por sus propios talentos nos producen gran gozo y satisfacción. Centrarse en servir al Salvador puede guiarnos a tomar decisiones adecuadas en nuestro diario vivir”.

El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) declaró: “No olvidemos que la grandeza no siempre tiene que ver con nuestro escalafón en la vida, sino con la calidad de ésta. La verdadera grandeza no siempre está ligada a nuestro ámbito de acción, sino a la calidad de cómo desempeñamos nuestro hacer, independientemente de lo que hagamos”.

3. Reconozcan la mano de Dios en su éxito.

Tanto si recibimos nuestros talentos antes de nacer como si los adquirimos en esta vida, todos son dones de un Padre Celestial amoroso, dijo el élder Rasband, “y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas” (D. y C. 59:21). A nuestro Padre Celestial le complace que demostremos nuestro aprecio simple y llanamente dándole gracias por nuestras bendiciones por medio de la oración, agregó.

“Es mi humilde oración, mis hermanos y hermanas, que reflexionemos seriamente y oremos para encontrar nuestros talentos”, concluyó el élder Rasband, “a fin de emplearlos en la edificación del reino de Dios aquí en la tierra y que podamos ser hallados dignos ante el Señor en el último día y le oigamos decir estando en Su presencia: ‘Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’”.