Hermana Burton: La influencia de la mujer complementa el sacerdocio

Por Por Sarah Jane Weaver, asistente del editor de Church News

  • 8 mayo 2013

La hermana Linda K. Burton habla acerca del sacerdocio durante la Conferencia de la Mujer en BYU en Provo, Utah, el 3 de mayo de 2013.  Fotografía por Alison Fidel, fotografía de BYU.

Puntos destacados del artículo

  • La hermana Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, habló el 3 de mayo en la Conferencia de la Mujer en BYU.
  • La rectitud es lo que califica para invitar al sacerdocio en la vida de las mujeres.
  • Las mujeres pueden comprender mejor el poder del sacerdocio al ser dignas del Espíritu Santo, asistir al templo y estudiar las Escrituras.

“Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo el sacerdocio se utiliza para bendecir, elevar, consolar y fortalecer a los demás”. —Linda K. Burton, presidenta general de la Sociedad de Socorro

El sacerdocio de Dios es una responsabilidad sagrada que se da para bendecir a los hombres, mujeres y niños, para que puedan regresar como familias y vivir eternamente juntos en la presencia de Dios, dijo la presidenta general de la Sociedad de Socorro.

Dirigiéndose a miles de personas, en su mayoría mujeres, reunidas el 3 de mayo en el campus de BYU Provo para la Conferencia de la Mujer de 2013, la hermana Linda K. Burton señaló que la rectitud es el calificador para invitar al sacerdocio en sus vidas.

La conferencia anual —que convoca a las mujeres Santos de los Últimos Días de todos los Estados Unidos y de numerosos países extranjeros— está patrocinada por la Universidad Brigham Young y la Sociedad de Socorro.

La hermana Burton y sus consejeras en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, la hermana Carole M. Stephens y la hermana Linda S. Reeves, dijeron que llegaron a la conferencia con un propósito evidente: “Expresar nuestro apoyo a los profetas vivientes, proclamar nuestra fe y los convenios, expresar nuestro amor por [las mujeres de la Iglesia] y demostrar nuestra devoción a nuestro Padre Celestial para aceptar y tomar los requisitos del Evangelio, particularmente en la actualidad en cuanto a la doctrina del sacerdocio”.

La hermana Burton dijo que las mujeres Santos de los Últimos Días tienen el privilegio de vivir en esta época de la historia de la Iglesia en la cual se están haciendo preguntas acerca del sacerdocio. “Hay gran interés y deseo de conocer y entender más acerca de la autoridad, el poder y las bendiciones relacionadas con el sacerdocio de Dios”, dijo ella. “Esperamos inculcar en cada una de nosotras un mayor deseo de entender mejor el sacerdocio”.

La hermana Burton dijo que desde el principio del tiempo el Señor ha cumplido su obra por medio del poder de Su sacerdocio.

“Por medio del sacerdocio se crearon los cielos y la tierra. Por él, los efectos de la Caída fueron superados mediante la expiación de Jesucristo. Debido a que la autoridad del sacerdocio se le encarga al hombre para bendecir a los hijos del Padre Celestial, Él desea que invitemos el poder del sacerdocio en nuestro hogar para bendecir y fortalecer a nuestras familias y a nosotros personalmente”.

Las mujeres Santos de los Últimos Días no pueden ponerse de pie y enseñar algo que no entienden, dijo ella.

Los miembros de la audiencia escuchan a un orador durante la Conferencia de la Mujer en BYU el 3 y 4 de mayo, en Provo, Utah. Fotografía por Jonathan Hardy, fotografía de BYU.

Ella llamó al sacerdocio el poder eterno y la autoridad de Dios mediante el cual Él bendice, redime y exalta a Sus hijos. El sacerdocio no puede utilizarse de manera egoísta, agregó. “Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo el sacerdocio se utiliza para bendecir, elevar, consolar y fortalecer a los demás”.

La hermana Burton preguntó a las mujeres cómo pueden conocer mejor la doctrina del sacerdocio por sí mismas.

Primero, procurar ser merecedoras del don del Espíritu Santo. “Porque la doctrina del sacerdocio se entiende mejor por revelación, es esencial tener la ayuda del Espíritu Santo para revelar y destilar la doctrina en nuestra alma”, dijo ella.

Segundo, asistir al santo templo.“Sabemos que el templo es el lugar de adoración más sagrado en la tierra y es el entorno ideal para aprender sobre el sacerdocio por medio del espíritu de revelación”, dijo ella. “En el templo se nos enseña a todos juntos, hacemos convenios con nuestro Padre Celestial y recibimos las ordenanzas sagradas del sacerdocio juntos”.

Tercero, estudiar las Escrituras.“Escudriñar, meditar y estudiar las Escrituras son invitaciones para que el Espíritu Santo nos revele verdades importantes sobre el sacerdocio”.

Ella les pidió a las mujeres SUD que memorizaran ocho versículos que se encuentran en Doctrina y Convenios 84:33–40 y que meditaran en Doctrina y Convenios 121:34–46.

Y dijo, “Busquen en estos versículos los principios que rigen el uso del poder del sacerdocio”. “Busquen las advertencias y promesas del Señor y aplíquenlas a ustedes mismas. Con el fin de ser merecedoras para las bendiciones del poder del sacerdocio, haríamos bien en meditar estos versículos y hacernos preguntas tales como: ‘¿Está mi corazón puesto en las cosas de este mundo?, ¿aspiro al honor de los hombres o las mujeres?, ¿me esfuerzo en cubrir mis pecados?, ¿soy orgullosa?, ¿ejerzo control, dominio o compulsión sobre mis hijos, mi esposo u otras personas?, ¿me estoy esforzando sinceramente en la práctica de los principios justos como el de la persuasión, longanimidad, mansedumbre, benignidad, bondad, amor sincero (es decir, el amor genuino, sincero o de corazón)?, ¿la virtud engalana mis pensamientos incesantemente?, ¿deseo que el Espíritu Santo sea mi compañero constante?’”.

La hermana Burton llamó a la “influencia” como un regalo complementario al poder del sacerdocio. “Al hablar a las mujeres de la Iglesia, el presidente Howard W. Hunter dijo: ‘Exhortamos a ministrar con su poderosa influencia para bien en el fortalecimiento de nuestra familia, nuestra Iglesia y nuestra comunidad’”.

La hermana Stephens habló sobre ayudar a su hija a mudarse a Havre, Montana. Llegaron el sábado por la tarde y su hija se comunicó con su nuevo obispo el domingo por la mañana. Poco tiempo después, un hombre joven, impulsado por su madre, fue a la casa para recoger las ofrendas de ayuno.

Cuando la hermana Stephens reflexionó más adelante en esta experiencia, se dio cuenta de que el Señor había bendecido de tres maneras a la familia de su hija ese día: “Primero, fuimos bendecidos por medio del diácono, un poseedor del Sacerdocio Aarónico; fuimos bendecidos por medio del obispo, quien poseía el Sacerdocio de Melquisedec y las llaves para presidir en el barrio; y por medio de una madre que apoyaba a su hijo para efectuar su labor, la obra del Señor”.

Hombres y mujeres que hacen y guardan los convenios sagrados del sacerdocio y las ordenanzas con rectitud heredarán “todo lo que [el] padre tiene”, dijo la hermana Reeves, citando Doctrina y Convenios 84:38. “Esto se promete a cada fiel hombre y mujer, solteros o casados, porque sabemos que todo fiel hombre o mujer, solteros o casados, no se le negará ninguna de las bendiciones más grandes de nuestro Padre. Dios, nuestro Padre celestial y nuestro Salvador Jesucristo, nos han dado todo lo que es necesario para recibir el más alto grado del reino celestial y morar con Ellos y nuestros seres queridos en poder y gloria para siempre jamás”.