No hay sustituto para el trabajo

Edificar una familia fuerte requiere un trabajo arduo y parte de ese trabajo consiste en enseñar a nuestros hijos a trabajar. Aunque algunos vean el trabajo como algo a evitar, el Evangelio enseña que trabajar para nuestras familias y con ellas trae grandes bendiciones. Dios mismo llama al plan para Sus hijos “mi obra y mi gloria” (Moisés 1:39).

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Desde el principio, el Señor mandó a Adán que cultivara la tierra y ejerciera dominio sobre las bestias del campo, y que se ganara el pan con el sudor de la frente. Siempre me ha interesado la frecuencia con que nos advierten las Escrituras que cesemos de ser ociosos y seamos productivos en todos nuestros esfuerzos... Enseñar a los hijos el gozo del trabajo honrado es uno de los dones más grandes que podemos otorgarles”.

Mediante el trabajo mantenemos y enriquecemos la vida; nos permite sobrellevar las desilusiones y tragedias de la existencia mortal. Lo que logramos con esfuerzo produce autoestima. El trabajo edifica y refina el carácter, produce belleza, y es el medio para servirnos unos a otros y a Dios. Una vida consagrada está llena de trabajo, a veces repetitivo, de poca importancia o no apreciado, pero siempre produce mejoras, establece orden, sostiene, eleva, asiste, impulsa”.

Hasta el día de hoy me siento profundamente impresionado por la forma en que mi familia trabajó tras haberlo perdido todo después de la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo a mi padre, empleado público tanto por estudios como por experiencia, que desempeñó varios trabajos difíciles como minero de carbón, minero de uranio, mecánico y conductor de camiones, entre otros. Salía temprano por la mañana y a menudo regresaba tarde por la noche para sostener a su familia. Mi madre empezó una lavandería y trabajaba incontables horas en labores precarias. Ella nos sumó a mi hermana y a mí al negocio, y me convertí en el servicio de recolección y entrega con mi bicicleta. Me sentía bien al ayudar a la familia en algo pequeño y, aunque no lo supe en ese entonces, el esfuerzo físico fue una bendición también para mi salud”.

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Trabajemos juntos como familia, incluso cuando pueda ser más rápido y fácil hacer el trabajo nosotros mismos. Hablemos con nuestros hijos e hijas mientras trabajemos juntos”.

El trabajo es siempre una necesidad espiritual, aunque para algunos no sea una necesidad económica”.

¿Por qué las actividades recreativas edificantes son tan importantes en la vida familiar?

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