“Sagrados compromisos”

Gordon B. Hinckley

First Counselor in the First Presidency


Gordon B. Hinckley
“Del mismo modo con que hemos sentido el Espíritu y hemos hecho nuevas y sagradas resoluciones, ruego que ahora tengamos la valentía y la fuerza de llevar adelante esas determinaciones que hemos tomado ”

“Hermanos, es costumbre que el Presidente de la Iglesia de termino a una conferencia general con un mensaje de bendición. Pero el presidente Ezra Taft Benson, que tiene ya noventa años, no se siente con fuerzas para ponerse de pie y dirigirnos la palabra. No obstante, me gustaría decir que su sola presencia, la sonrisa y el saludo que nos brindó para demostrarnos su amor han tenido una influencia edificante sobre nosotros.

Para concluir, me gustaría leer algunas de las palabras que el ha expresado desde este púlpito en el pasado, en ocasiones como esta.

“Felicito a mis hermanos … por los excelentes discursos que han pronunciado. Ruego humildemente que todos sigamos los consejos y las instrucciones que hemos recibido.

“Del mismo modo en que hemos sentido el Espíritu y hemos hecho nuevas y sagradas resoluciones, ruego que ahora tengamos la valentía y la fuerza de llevar adelante esas determinaciones que hemos tomado.” (Véase “Venid a Cristo, y perfeccionaos en El”, Liahona, julio de 1988, pág. 84.)

“Queremos reafirmar ante el mundo entero que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días esta dirigida por nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Creemos en Cristo; aceptamos y apoyamos sus enseñanzas como verdades que Dios nos ha revelado; sabemos que El es literalmente el Hijo de Dios, y lo amamos como nuestro Señor y Salvador resucitado.

“Creemos que ‘no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’ (Hechos 4:12).

“Por este motivo, como dice en el Libro de Mormón, invitamos a todos a ‘[venir] a Cristo, y [a ser redimidos] en el, y [abstenerse] de toda impiedad … y [amar] a Dios con todo … [el corazón], alma y fuerza’ (Moroni 10:32).

“Os testifico que Jesús es el Cristo, el Salvador y Redentor del mundo, el Hijo de Dios.

“El nació como el Niño de Belén.

“El vivió en el mundo y ejerció su ministerio entre los hombres.

“El fue crucificado en el Calvario.

“Sus amigos lo abandonaron.

“Los que estaban mas cerca de El no entendieron por completo su misión y tuvieron dudas. Uno de los que eran mas dignos de confianza negó conocerle …

“El pidió perdón para los que lo atormentaban y después entregó su vida voluntariamente.

“Su cuerpo fue colocado en un sepulcro prestado.

“A continuación, hicieron rodar una enorme piedra para cerrar la entrada al sepulcro.

“En la mente de sus asombrados discípulos, resonaban como un eco algunas de sus ultimas palabras: 4 … confiad, yo he vencido al mundo’ [Juan 1ó:33].” (Conference Report, abril de 19ó4, pág. 119.)

El jueves pasado, en una reunión de todas las Autoridades Generales que hubo en el templo [de Salt Lake], en la cual expresamos nuestro testimonio y participamos del sacramento de la Cena del Señor, el presidente Benson se puso de pie frente a sus hermanos y dijo con convicción y emoción: “Os amo, mis hermanos, y os bendigo en vuestro gran ministerio”.

Cada uno de los hombres que nos encontrábamos allí se quedó conmovido al sentir el espíritu de nuestro gran líder. Al concluir esta conferencia, se que el quiere que, en su nombre, diga a cada uno de vosotros: “Os amo, mis hermanos y hermanas, y os bendigo en la gran obra en que estáis embarcados al vivir el Evangelio de Jesucristo y poner en práctica Sus enseñanzas”.

A sus palabras agrego mi propio testimonio de que Dios, nuestro Eterno Padre, vive; de que Jesús es el Cristo, el Unigénito del Padre nacido en la carne, el Salvador y Redentor del genero humano, el que ofreció su vida en la cruz del Calvario como expiación por los pecados de toda la humanidad. Testifico que José Smith era un Profeta del Dios viviente, y que todo hombre que lo ha sucedido en el oficio de Presidente de esta Iglesia ha sido un Profeta, incluso Ezra Taft Benson, a quien amamos y por quien oramos como Ungido del Señor en nuestros tiempos. Y al testificar de estas cosas, os dejo mis bendiciones. Que Dios este con vosotros al regresar a vuestro hogar y que su luz guiadora sea la estrella que dirija vuestra vida, lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amen.