Los Convenios

Elder Boyd K. Packer

Del Quórum de los Doce Apóstoles


Elder Boyd K. Packer

Que gran experiencia fue la de escuchar orar al presidente Joseph Fielding Smith. Aun después de cumplir los 90 años, solía pedir que pudiera “cumplir sus convenios y obligaciones y perseverar hasta el fin”. Y hoy el término convenio es el tema de mi mensaje.

El Señor dijo a los de la antigüedad: “… estableceré mi pacto contigo” (Génesis 6:18), y a los nefitas les declaro: “… sois los hijos del convenio” (3 Nefi 20:26) y él describió el evangelio restaurado como el “convenio nuevo y sempiterno” (D. y C. 22:1; cursiva agregada). Todo Santo de los Ultimos Días ha hecho convenios. El bautismo es uno y la Santa Cena es otro. Con este ultimo renovamos el convenio bautismal y nos comprometernos a “recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos” (D. y C. 20:77).

Tres estilos de vida peligrosos

Mi mensaje es para los que tenéis la tentación de entrar, de promover o de permanecer en un estilo de vida que va en contra de vuestros convenios y que con el tiempo llegara a ser motivo de pesar tanto para vosotros como para vuestros seres queridos.

Un creciente numero de personas se esfuerza por hacer que ciertos estilos de vida espiritualmente peligrosos, se acepten ante la ley y en la sociedad. Entre ellos están los movimientos a favor del aborto, la homosexualidad y el lesbianismo y la adicción a las drogas. Estos temas se analizan en debates públicos y seminarios, en clases y en conversaciones, en convenciones y tribunales en todo el mundo, y sus aspectos políticos y sociales son diariamente la comidilla de la prensa.

El aspecto moral y espiritual

El punto que deseo recalcar es este: Que en todos estos estilos hay un aspecto moral y espiritual que universalmente se pasa por alto. Para los Santos de los Ultimos Días, la moral es un elemento que no debe faltar cuando se consideran estos estilos de vida, ya que de lo contrario ponemos en riesgo los convenios sagrados. Guardad vuestros convenios y estaréis a salvo; quebrantadlos y perderéis todo.

Los mandamientos que se encuentran en las Escrituras, tanto sobre lo que debemos hacer como lo que no, constituyen la letra de la ley. También existe el espíritu de la ley, y de ambos somos responsables.

Algunos quieren que les mostremos específicamente en que parte de las Escrituras se prohibe el aborto, las relaciones homosexuales y el uso de las drogas. “Si estamos tan equivocados”, preguntan, “¿por qué las Escrituras no lo indican en forma clara que evite cualquier controversia?” Estos puntos no se pasan por alto en las revelaciones.[*] Los temas de las Escrituras por lo general son más positivos que negativos, y es un error suponer que lo que no se prohiba según la letra de la ley es porque el Señor lo ha aprobado. Todo lo que el Señor aprueba no se detalla en las Escrituras, ni tampoco todo lo que El prohibe. Por ejemplo, la Palabra de Sabiduría no nos dice que no debemos tomar veneno; estoy seguro de que no necesitamos una revelación que nos lo prohiba.

El Señor dijo: “Porque he aquí, no conviene que yo mande en todas las cosas; porque el que es compelido en todo es un siervo negligente y no sabio” (D. y C. 58:26). En el Libro de Mormón los profetas nos dijeron que “los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5; véase Helamán 14:31).

La vida es una prueba para ver si obedeceremos los mandamientos de Dios. (Véase 2 Nefi 2:5). Tenemos la libertad de obedecer o de hacer caso omiso tanto del espíritu como de la letra de la ley. Sin embargo, el albedrío dado al hombre es un albedrío moral. (Véase D. y C. 101:78.) Es imposible que quebrantemos nuestros convenios y escapemos a las consecuencias.

Las leyes de Dios se nos dan para hacernos felices, y la felicidad no puede coexistir con la inmoralidad. El profeta Alma, con gran sencillez, nos dijo que “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10)

El derecho de elegir

Siempre que se habla de estos estilos de vida destructivos, se invoca “el derecho de elección” que tiene el individuo como el derecho que prevalece sobre todos los demás. Eso podría ser verdad si se tratara de una sola persona. Pero los derechos de cualquier individuo tropiezan con los de otro, y por lo tanto la verdad es simplemente que no podemos ser felices, ni salvarnos, ni recibir la exaltación sin una cooperación mutua.

La tolerancia

La palabra tolerancia también se invoca como si invalidara a todo lo demás. Tal vez sea una virtud, mas no es la principal. Hay gran diferencia entre lo que uno es y lo que uno hace. Lo que uno es, tal vez merezca tolerancia ilimitada; mas lo que uno hace, merece sólo cierta cantidad. Demasiado afán por una virtud puede convertirse en vicio. Una devoción irracional por un ideal, sin considerar su aplicación practica, destruye ese mismo ideal.

El aborto

En ningún otro caso se defiende con tanto vigor el derecho de elección como se hace en el caso del aborto. Si basándose en ese derecho un hombre y una mujer optan por tener relaciones sexuales, y si por ese acto conciben una criatura, los resultados de este ya no se pueden deshacer. Sin embargo, todavía existen alternativas, y siempre hay una mejor.

Algunas veces se ha quebrantado el convenio del matrimonio, pero en la mayoría de los casos ese convenio no se hizo. Ya sea dentro o fuera de los vínculos matrimoniales, el aborto no es algo que pueda decidir una sola persona, ya que por lo menos tres vidas son las que se ven afectadas.

Las Escrituras nos dicen: “No … mataras, ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6; cursiva agregada).

Con excepción del embarazo como consecuencia del terrible crimen de incesto o violación, o cuando la ciencia medica confirma que la vida de la madre esta en peligro, o que debido a una seria anormalidad el feto no sobrevivirá al nacimiento, el aborto esta en la categoría de lo que “no harás”. Aun en esos casos tan singulares, es necesario orar mucho para poder tomar la decisión correcta. Tenemos estas decisiones tan delicadas porque somos hijos de Dios.

El hombre no es un animal

Casi no nos damos cuenta de las consecuencias de haber permitido que a nuestros hijos se les haya enseñado que el hombre no es mas que un animal que ha progresado mas que los demás. Ese error se ha agravado aun más al no enseñar los valores morales y espirituales. Las leyes morales no se aplican a los animales porque ellos no tienen albedrío. Estas leyes se deben aplicar siempre que exista el albedrío, o el derecho de elegir; simplemente no se puede tener de las dos maneras.

Cuando a nuestros jóvenes se les enseña que tan sólo son animales, se sienten libres y aun atraídos a responder a sus impulsos. No nos debe sorprender lo que le esta sucediendo a la sociedad, porque hemos sembrado viento y ahora estamos cosechando tempestades. Como dice el adagio: recogemos lo que sembramos.

Los derechos de los homosexuales y las lesbianas

Varias son las publicaciones que circulan entre los miembros de la Iglesia que defienden y promueven la conducta homosexual y el lesbianismo. Estas tergiversan las Escrituras para probar que estos impulsos son innatos, que no pueden superarse y que no se deben resistir, y que, por lo tanto, esa conducta tiene su propia moral. Citan pasajes de las Escrituras para justificar actos perversos entre adultos. Esta clase de lógica justificaría el incesto y los actos de abuso sexual contra los niños de cualquier sexo. Ni la letra ni el espíritu de la ley moral toleran esa clase de conducta.

Espero que ninguno de nuestros jóvenes se deje engañar aceptando esas fuentes como autoridad para interpretar las Escrituras. En cuanto a este tema, el apóstol Pablo condeno a los que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25). Mas adelante, en ese mismo capitulo de las Escrituras, se usa la palabra desleales al hablar de los que practican tales cosas. (Véase Romanos 1:31.)

Algunos eligen rechazar las escrituras, sin haberlo pensado bien, y abandonan sus convenios, mas no pueden evitar las consecuencias. Ni ellos, ni nosotros, ni nadie, puede evitarlas.

Todos estamos sujetos a sentimientos e impulsos. Algunos son buenos y otros no; algunos son naturales y otros no. Debemos controlarlos, lo que significa que debemos encauzarlos según la ley moral.

La unión legitima del hombre y la mujer es una ley de Dios. Los convenios sagrados que los cónyuges hacen con Dios protegen la expresión digna de esos impulsos y sentimientos, que son esenciales para la perpetuidad de la raza y primordiales para la felicidad familiar. La conducta ilícita o perversa lleva, sin excepción alguna, a la decepción, al sufrimiento y a la tragedia.

Lideres locales del sacerdocio

Muchas son las cartas que recibimos implorando ayuda y preguntando por que algunos son atormentados con deseos que conducen al enviciamiento o la perversión. Desesperadamente buscan una explicación lógica del porque se sienten tan atraídos, aun una predisposición, hacia cosas que son destructivas y prohibidas.

Preguntan, ¿por qué yo? ¡No es justo! Opinan que no es justo que otras personas no sufren las mismas tentaciones. Dicen que sus obispos no pueden dar respuesta a sus “¿por qués?” ni liberarlos del vicio, ni hacer desaparecer sus tendencias.

Algunas veces se nos dice que los lideres eclesiásticos no comprenden verdaderamente estos problemas. Tal vez sea cierto. Son muchos los “¿por qués?” para los que no tenemos respuestas fáciles. Mas todos entendemos lo que es la tentación por propia experiencia. Nadie esta exento de la tentación, ya que es la prueba por la que tenemos que pasar en esta vida; es parte de este periodo de probación. La tentación, sea cual fuere, es inevitable.

Lo que sí sabemos es a dónde nos llevan estas tentaciones, ya que hemos visto en muchos el desenlace de estos estilos de vida. Hemos visto el final del camino por el cual nos lleva la tentación. Un obispo probablemente no pueda deciros que es lo que causa estas condiciones ni por que las padecéis; tampoco puede hacer que desaparezca la tentación. Mas él puede deciros lo que es correcto y lo que es erróneo. Si podéis distinguir el bien del mal, entonces tenéis un punto de partida, porque es allí donde comenzamos a emplear nuestro libre albedrío, y es también allí donde el arrepentimiento y el perdón ejercen un gran poder espiritual.

Creo que muchos de los que inician una vida de enviciamiento a las drogas, o a la perversión, o se someten a un aborto, lo hacen sin darse cuenta de cuan peligroso es ese estilo de vida, tanto moral como espiritualmente.

Un tentador

Tal vez la peor condición a la que podamos llegar es a la de ser un tentador para engañar al inocente, guiándole a un estilo de vida destructivo. El tentador induce a otros a perder sus inhibiciones y a violar los convenios hechos con Dios. Él promete liberación y placer, sin aclarar que ese camino puede ser fatal para nuestro espíritu.

El tentador dirá que esos impulsos no pueden cambiarse ni deben resistirse. ¿Acaso hay otra cosa que el adversario quisiera que creyéramos?

El Señor amonestó: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (Marcos 9:42).

Grupos de apoyo

Existen toda clase de grupos que desean ayudar a quienes estén tratando de dejar el vicio de las drogas o de vencer otras tentaciones. Pero por otra parte, hay organizaciones que hacen lo contrario, justificando la conducta inmoral y apretando aun más las cadenas del enviciamiento o de la perversión. No os unáis a estas ultimas y, si lo habéis hecho, apartaos de inmediato.

Espíritu de compasión y amor

Ahora quisiera hablaros, en un espíritu de compasión y amor, a los que estéis luchando contra tentaciones moralmente censurables. Algunos han resistido, pero parece que nunca se libraran de ellas. ¡No cedáis! Cultivad la fuerza espiritual para continuar luchando, aun el resto de vuestra vida, si fuere necesario.

A algunos les torturan pensamientos de convenios ya quebrantados y hasta han pensado en suicidarse. Esa no es la solución. Ni siquiera lo penséis. El hecho mismo de que sufrís indica almas sensibles para las que sin lugar a dudas hay esperanza.

Os preguntareis, tal vez, por que Dios no escucha vuestras plegarias y os aparta de la tentación. Al conocer el plan del evangelio, comprenderéis que las condiciones de nuestro estado mortal requieren que se nos permita elegir. El probarnos de esa manera es el propósito de la vida. Aunque estos vicios hayan destruido, por un tiempo, vuestro sentido de lo que es moral, o apagado vuestra sensibilidad espiritual, nunca es demasiado tarde.

Tal vez no podáis, simplemente por tomar la decisión, deshaceros en seguida de los sentimientos indignos, pero si podéis elegir dejar a un lado los actos inmorales.

Lo que sufriréis al abandonar un estilo de vida perverso no es ni una centésima parte de lo que sufrirían vuestros padres, vuestro cónyuge o vuestros hijos si no lo hacéis y os dais por vencidos. Ellos sufren inocentemente porque os aman. Él continuar resistiendo o el abandonar esa clase de vida es un verdadero acto desinteresado, un sacrificio de obediencia que proporcionara enormes recompensas espirituales.

¿Recordáis ese albedrío, esa libertad de escoger que exigisteis cuando abandonasteis vuestros convenios? Ese mismo albedrío se puede utilizar ahora para ejercer un gran poder espiritual de redención.

Tal vez nuestro amor refleje una actitud estricta. Sin embargo, es realmente puro y podemos ofreceros mucho mas que ese amor: Podemos enseñaros sobre el poder purificador del arrepentimiento, y aunque hayáis quebrantado convenios, por difícil que sea, estos pueden renovarse y vosotros podréis ser perdonados. ¿Aun en caso de abortos? Sí, ¡aun en ese caso!

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” (Isaías 1:18.)

Dios os bendiga, a los que estéis luchando por resistir o libraros de esas terribles tentaciones que prevalecen en el mundo, y que también afectan a los miembros de la Iglesia. Gracias por aquellos que os aman y apoyan. Hay gran poder purificador en el sacerdocio; hay gran poder purificador en la Iglesia. Es un evangelio de arrepentimiento. Jesucristo es nuestro Redentor y de Él testifico. Es el Hijo de Dios, el Hijo Unigénito del Padre, que se sacrificó a fin de que recibiéramos purificación. Y de Él testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.

[*]Génesis 13:13; 18:20- 22; 19:4-9 (véase la traducción de lose Smith de Génesis 19: 9-15); Levítico 18:22, 29; 20:13; Deuteronomio 23 17; Romanos 1:24-27; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:9-10.