1990–1999
Los muchos testigos de Jesucristo y de su obra
Octubre 1990


Los muchos testigos de Jesucristo y de su obra

Mis queridos hermanos y hermanas, os quiero mucho, y deseo vuestra fe y oraciones al hablaros hoy unas palabras. Hace varias semanas conocí a un Señor muy simpático mientras viajaba hacia Texas. Hoy quisiera leeros una carta que le he escrito.

Estimado Ken: Me siento inspirado a escribirle esta carta, después de nuestra larga conversación de hace algunas semanas en el avión. Espero que haya recibido mis cartas y los impresos de nuestra Iglesia que le envíe. He pensado a menudo en usted y en su gran deseo de aprender todo lo posible sobre el Evangelio de Jesucristo.

Hoy quisiera escribirle acerca de algunas ideas que tengo sobre la gran cantidad de testigos que existen de nuestro Señor, Jesucristo, y de su misión, para bendecir a toda la humanidad. Debido a que Él es la figura central de la vida en esta tierra, se debe aprovechar toda oportunidad que se presente de comprenderlo mejor, de entender Sus objetivos y los testimonios que puedan acercarnos a Él. Nada puede ser más importante para este mundo y para cada uno de nosotros que saber esas cosas.

Usted sabe bien que todas las Navidades cantamos con gran entusiasmo estas palabras de una canción: “¡Regocijad! Jesús nació, del mundo Salvador; y cada corazón tornad a recibir al Rey” (Himnos de Sión, 49). Estas palabras inmortales, que se podrían considerar sagradas, declaran la venida de Jesús al mundo. Y le aseguro, Ken, que El ya ha venido al mundo. Y es de su venida-en muchas ocasiones-y de los testimonios que se han dado de este hecho, que quisiera escribirle hoy.

Dios, nuestro Padre, ha establecido un plan para esta tierra y para todos nosotros; Jesucristo es la figura central de ese plan. Cristo vendría a la tierra, daría mucho de sí mismo a la gente, vencería lo mundano, establecería Su camino para que otros lo siguieran, tomaría sobre Si los pecados del mundo en Getsemani y después saldría de la tumba para vivir otra vez y aseguramos que nosotros también volveríamos a vivir. Él daría al mundo esperanzas y una perspectiva eterna y ofrecería el camino, la verdad y la luz para guiamos hacia ellas. Su mensaje iluminaría todas las aspiraciones humanas, todas las esperanzas y los anhelos.

Ya no podemos exclamar: “¡Si yo supiera quien soy, cual es mi destino, quien es Dios y por que estoy aquí!” El muchas veces nos dio las respuestas por medio de su vida, de sus enseñanzas y de lo que se escribió acerca de Él. Gracias a nuestro Padre Celestial hay muchos testigos y testimonios de Él en todas las épocas, a los que podemos recurrir para saber con certeza absoluta en cuanto a El y sus vías. Todos estos testigos certifican su existencia, las enseñanzas que dejó y la guía o normas, o sea, los mandamientos, que dio para que el hombre pudiera pasar a salvo por esta tierra con gozo, felicidad y bendiciones eternas.

A medida que leemos en las paginas de las Escrituras sobre el plan de la vida en la tierra, vemos que nuestro Padre Celestial les hizo saber a sus profetas del Antiguo Testamento que un Salvador, su Hijo Unigénito, vendría a la tierra. Isaías, el Profeta, dijo: “… la virgen concebirá, y dará a luz un hijo” (Isaías 7:14), y “el principado [estará] sobre su hombro” (Isaías 9:6); y más adelante dijo que “Jehová, el cual creó los confines de la tierra” es “el Santo de Israel”, y el “Redentor … que lo [hace] todo” (Isaías 43:3; véase Isaías 40-45). Jeremías, Zacarías, Job, Moisés y otros profetas tuvieron revelaciones acerca del Cristo y de que Él vendría a abrirnos el camino para que todos regresáramos a nuestro Padre Celestial. Estos profetas dejaron sus testimonios del tan esperado Salvador del Antiguo Testamento. Amigo mío, el mundo esperaba la llegada del Salvador, sin saber con seguridad cual seria su obra. Después, llegó el día tan anhelado en el que El vino a la tierra como el niño de Belén. Acontecimientos milagrosos ocurrieron al tiempo de Su nacimiento y desde el cielo se nos hizo saber que Él era por cierto el Hijo Unigénito de Dios que había sido enviado a la tierra para redimir de la muerte a toda la humanidad.

Mientras estuvo en la tierra esos pocos años, cumplió con su ministerio, diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6), y reconociendo que había sido enviado para hacer la obra de su Padre Celestial y cumplir con toda justicia, El mismo fue bautizado por Juan el Bautista, a quien Él reconoció como Profeta. Dio un poder especial, el don del Espíritu Santo, a todos los que lo siguieran y se bautizaran, con la promesa de que seria un Consolador que los guiaría hacia toda verdad, les enseñaría todas las cosas, les recordaría todo, les mostraría lo que habría de ven* y seria un testigo que testificaría de El (véase Juan 14:16, 26).

Además, Él llamó a Apóstoles y profetas y a otros y les dio la autoridad para actuar en su nombre. Estableció su Iglesia para que en ella los santos pudieran refugiarse del mundo, aprendieran acerca de Él y de Sus verdades y de Su camino, y supieran amarse y servirse unos a otros.

Nos sentimos llenos de admiración y respeto al leer acerca de la gran influencia que han tenido Sus enseñanzas y Su vida y sentirla nosotros mismos. Él revivió a los muertos y dio la vista a los ciegos; dio de comer a miles de personas en varias ocasiones con unos pocos panes y pescados; perdonó a los pecadores arrepentidos y dio esperanzas, aliento y ayuda a otros durante toda su vida. Después, aun en medio de la peor agonía y el dolor más terrible que pueda haber experimentado el hombre, se ofreció a Sí mismo sobre la cruz como un testimonio final de Su amor por todos nosotros, tomando sobre si nuestros pecados, Él, el puro e inocente Hijo de Dios, para que tuviéramos vida eterna. Hizo por nosotros algo que no hubiéramos podido hacer nosotros mismos. Piense en la gran bendición que tuvo lugar unos días mas tarde cuando se abrió la tumba y Él salió de allí como el Cristo resucitado e inmortal, demostrándonos que como Él vive nosotros también viviremos.

Volvamos ahora a los testigos La historia en el Nuevo Testamento revela su vida y los muchos testimonios que se dieron de Él. De nuevo se nos dan los mandamientos, guías o normas y las ordenanzas por medio de las cuales la humanidad podría verse bendecida eternamente.

Ken, cuando Jesús estaba en Palestina dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16). Después de su resurrección, visitó a algunas de esas otras ovejas en el continente americano y volvió a establecer testigos de El como lo había hecho en Palestina.

Cuando estaba entre ellos, les dijo: “Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo” (3 Nefi 11: 11). “He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas [incluso los del continente americano] testificaron que vendría al mundo” (vers. 10).

El Señor estableció su Iglesia entre ellos. Les dio el sacerdocio y las ordenanzas del bautismo, y también dejó el don del Espíritu Santo para todos los que desearan seguirlo. Les dio profetas y discípulos para dirigir a su Iglesia y su pueblo. Bendijo a la gente y ocurrieron muchos milagros.

Amigo mío, los pocos días que Él pasó entre esa gente se encuentran registrados en el Libro de Mormón para que podamos obtener el testimonio de Su visita nosotros mismos. Las gentes de la América antigua se conmovieron y cambiaron tanto con el poder del Salvador y sus enseñanzas que siguieron cumpliéndolas durante más de doscientos años.

Este hecho es un testigo permanente del poder del Salvador para motivar a la gente a vivir en paz y unidad y gozar de Sus bendiciones. Le transcribo un relato de un testigo muy especial, el Libro de Mormón:

“Y ocurrió que … se convirtió al Señor toda la gente sobre toda la faz de la tierra … y no había contiendas ni disputas entre ellos, y obraban rectamente unos con otros.

“Y … marchaban según los mandamientos que habían recibido de su Señor …

“… y ciertamente no podía haber un pueblo más dichoso entre todos los que habían sido creados por la mano de Dios.

“[Y todo esto] a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo.” (4 Nefi 2, 12, 16, 15.)

Amigo mío, ¡qué testimonios poderosos dio Jesús en esos pocos años sobre la tierra! Pero, lamentablemente, con el tiempo, el hombre cambiaría Sus verdades, cambiaría su Iglesia y terminaría por olvidar sus promesas. Entonces, en el año 1820, Jesús otra vez cruzó el velo que separa la vida terrenal de la vida venidera para contestar la ferviente oración de un joven llamado José Smith, hijo, y de nuevo proveer más testigos.

José Smith leyó en el Nuevo Testamento: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Después, con fe sincera en esta promesa del Señor, el joven oró con fervor a Dios. Los cielos se abrieron y dos personajes celestiales descendieron y se detuvieron en el aire, cerca de él. Esto fue lo que dijo acerca de lo que vio:

“… vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me hablo, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith–Historia 17.)

Y así, el Señor Jesucristo le hablo al joven y nos dio testigos que nos llevarían otra vez al conocimiento de la verdad. Ken, los cielos se abrieron, no sólo para José Smith, sino también para todo el mundo. Esta revelación llevaría de nuevo al mundo todo lo que Él había establecido cuando estaba en la tierra.

De esta manera, otra vez se proporcionaron testigos, como en el tiempo del Antiguo Testamento y durante la vida del Salvador en la tierra, y como cuando El se apareció a los habitantes del continente americano después de Su resurrección. El siempre proporciona testigos de las verdades y las bendiciones que nos trae.

Finalmente, tenemos en la actualidad como antes, los testimonios de los miembros de la Iglesia que siguen todas esas verdades eternas, las conocen y testifican de ellas por el poder del Espíritu Santo.

Amigo, hace muchos años, alrededor del principio de este siglo, a un escritor de un periódico se le hizo una importante pregunta: “¿Cuál seria la noticia más significativa que podría recibir el mundo?” Después de reflexionar mucho sobre el tema, de consultar a muchas personas y de leer todo lo que pudo para encontrar una respuesta satisfactoria, por fin publicó su contestación: “Saber que Jesucristo esta vivo seria la noticia más importante que el mundo podría recibir, porque si Él esta vivo, nosotros también viviremos eternamente como Él dijo”.

Ken, Dios no se ha olvidado de sus hijos, no, aunque ellos se vayan de su presencia por un tiempo para vivir en la tierra. Todos estamos embarcados en la empresa de venir a la tierra y de probarnos a nosotros mismos, de encontrar al Salvador y a los testigos que he mencionado, y de aceptarlos con toda el alma. Si lo hacemos, tendremos paz y seguridad en este mundo lleno de problemas cada vez más aterradores, y al fin seremos nosotros mismos testigos de Él y de su obra y podremos volver a nuestro hogar con nuestro Padre Celestial coronados de gloria y vidas eternas. Ken, ¿querría usted embarcarse en esta empresa? Le testifico solemnemente que es la verdad. Hay testigos: El Antiguo y el Nuevo Testamentos. Hay Apóstoles y profetas aquí en la tierra hoy. La iglesia de Cristo esta en la tierra. De esto doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amen.