Llamados a servir

L Tom Perry


“Os exhortamos, jóvenes poseedores del sacerdocio, a empezar ya vuestra preparación temporal y espiritual para ser. dignos y estar listos para … usar la placa especial que distingue a los misioneros”.

Y Jesús se acercó y les hablo diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20).

Para concluir su evangelio, Mateo eligió estas palabras del Señor resucitado dando a Sus discípulos el encargo de llevar Sus enseñanzas a los pueblos del mundo. El encargo era claro: debían enseñar, bautizar y continuar enseñando para que los frutos fueran permanentes.

A través de la historia del evangelio, ese encargo ha sido el mismo, especialmente entre los poseedores del Santo Sacerdocio: enseñar, bautizar y continuar enseñando para forjar un testimonio firme en el corazón de todos los hijos de nuestro Padre Celestial en los que podamos influir. ¡Hemos sido llamados a servir!

Al encontrarme con jóvenes poseedores del sacerdocio en todo el mundo, los saludo con esta pregunta: “¿Piensa ir a una misión?” A menudo la cara se les ilumina con una respuesta afirmativa, y los animo a empezar a prepararse de inmediato para esa gran experiencia.

Que preparación se necesita para este extraordinario servicio? Lo principal es que el Señor lo espera de nosotros; El espera que ayudemos a edificar Su reino. Los profetas de todas las épocas nos recuerdan que todo joven capaz y digno debe ir a una misión.

Esa preparación debe llevaros a poder sentaros con el obispo y asegurarle que sois dignos de ser misioneros; os sentiréis mucho mas cómodos si el obispo ya es vuestro amigo.

Nunca olvidaré la entrevista que tuve al prepararme para salir a la misión. El obispo era mi padre, y pasábamos mucho tiempo juntos. Podía haberme entrevistado en casa, en el granero, en el campo o en cualquier lugar mientras estábamos juntos. Pero el quería que fuera una ocasión especial e inolvidable para mi.

Un día me llamo por teléfono porque quería darme hora para una entrevista; me pareció extraño, porque nunca había hecho eso antes. Arreglamos la hora para encontrarnos en su oficina. Cuando llegue, la oficina estaba ordenada y no había papeles encima del escritorio, lo que me pareció raro, pues siempre estaba cubierto de papeles; pero ese día solo tenía allí las Escrituras. La entrevista consistió en un breve estudio que hicimos juntos.

Si mal no recuerdo, el me dio las Escrituras y me pidió que leyera Doctrina y Convenios 59:6, que dice: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo. No hurtaras, ni cometerás adulterio … ni harás ninguna cosa semejante”.

Después hablamos de lo que significa ser moralmente limpio, concentrándonos en la limpieza de pensamientos; si estos son puros, nunca haremos nada que nos impida servir en la obra misional. Es muy común entre los muchachos pensar que pueden pecar un poco y divertirse con los amigos, y luego vivir un breve período rectamente, antes de ser llamados, y así cumplir con los requisitos para el servicio misional. ¡Que gran error!

La disciplina de la obediencia diaria y de la vida limpia crea a vuestro alrededor un escudo de protección contra las tentaciones que os acosan en este mundo. Podréis partir con la conciencia limpia; pero algunos quizás ya hayáis cedido a tentaciones y la única manera de recobrar vuestro autorrespeto es mediante el arrepentimiento. Recordad que con la ayuda del obispo podéis volver al camino. ¡No vaciléis en pedirla!

Después, leímos Doctrina y Convenios 89:18-21:

“Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en su

ombligo y médula en sus huesos;

“y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos;

“y correrán sin fatigarse, y andarán sin desmayar.

“Y. yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasara de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matara”.

Seguidamente, la conversación giró en tomo a la importancia de mantener nuestro cuerpo saludable, como una morada integra para nuestro espíritu eterno. Las drogas y las bebidas nocivas destruyen la mente y el cuerpo y nos hacen indignos de la guía del Espíritu del Señor.

Leímos otros pasajes de las Escrituras con respecto a sostener al Profeta y a obedecer la ley del Señor; después de tratar cada tema, yo tenía que decirle si mi vida estaba de acuerdo con ese principio.

Al fin, leímos juntos Doctrina y Convenios 110:1-4, que dice:

“El velo fue retirado de nuestras mentes, y los ojos de nuestro entendimiento fueron abiertos.

“Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un embaldosado de oro puro del color del ámbar.

“Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como sonido del estruendo de muchas aguas, si, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el ultimo; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre”.

A continuación, hablamos de la eterna esperanza en la expiación de nuestro Señor y Salvador, y de la necesidad de participar en las ordenanzas sagradas imprescindibles antes de recibir el mas grande de todos los dones de nuestro Padre: el don de la vida eterna.

Después, papa llenó el formulario de recomendación y me hizo firmarlo; se despidió de mi cariñosamente y me felicitó con sinceridad por ser digno de ir a una misión. Salí de su oficina caminando en las nubes; había pasado una de las pruebas mas importantes de mi vida y era digno de ser misionero, lo que significaba contar con la aprobación de mi padre, del obispo y de mi Salvador. Al salir, me hice la promesa de que siempre seria digno de una entrevista similar con los lideres del sacerdocio.

Aquella entrevista con el obispo me preparó con los tres elementos básicos de la misión: Primero, necesitaba el conocimiento del evangelio que contienen las Escrituras y el testimonio de su veracidad; para ello, la oración y el estudio diarios eran esenciales para prepararme.

Segundo, la rectitud es un requisito fundamental del servicio misional.

Tercero, la entrevista aumentó en mi el deseo de ir a una misión.

Además de la preparación espiritual, es necesario una preparación económica; el costo de una misión es una carga adicional sobre la familia, y no seria así si el joven decidiera desde mucho antes tomar esa responsabilidad sobre si. El nuevo programa misional de igualdad económica para los Estados Unidos y Canadá ha eliminado la incertidumbre de lo que se requería para una misión.

Una de las bendiciones de ese programa es que padres y jóvenes pueden calcular el costo de la misión y se pueden planear ahorros basándose en ese costo. El planear con anticipación les ayuda a ser autosuficientes para pagar su misión; además, les da el beneficio de aprender desde muy jóvenes la recompensa del trabajo honrado.

Para ayudaros en vuestra preparación, hemos hecho un conmovedor video titulado “Llamados a servir”. Se ha notificado a los lideres del sacerdocio en las áreas de habla inglesa que tienen esa cinta disponible, y esperamos que los obispados y los presidentes de rama la muestren para que todo joven y su familia tengan la oportunidad de verla varias veces mientras el o ella se prepara para el servicio misional. Aunque la he visto muchas veces, todavía siento un nudo en la garganta cuando la vuelvo a ver.

Si os fijáis en las pantallas, veréis escenas de ese video en las que aparecen varios futuros misioneros al recibir la carta de la Primera Presidencia con el llamamiento para salir a la misión. Ese será el grandioso momento para el que os estáis preparando y esperamos que lo compartáis con familiares y amigos. Jamas olvidaréis la emoción que vais a sentir al leer la carta que os asignara a una de las grandes misiones de la Iglesia.

El tiempo vuela al servir en la obra misional; los días están llenos del espíritu de servicio del evangelio. No quiero daros la impresión de que no tendréis momentos difíciles; si que los tendréis. Y ahí es cuando mas progresaréis. Sin embargo, veréis cómo cambia la vida cuando la gente abraza el evangelio. Vuestro corazón se llenara del gozo que se siente al enseñar las verdades que nuestro Padre Celestial nos ha dado para guiar nuestra vida aquí en la tierra.

Esta noche os exhortamos, jóvenes poseedores del sacerdocio, a empezar ya vuestra preparación temporal y espiritual para ser dignos y estar listos para aceptar el llamamiento y usar la placa especial que distingue a los misioneros. Sed como esos que veis en la pantalla. Os prometo sinceramente que será una de las experiencias mas grandes de vuestra vida. Es imposible estar al día con el Señor; cuanto mas tratamos de darle, tanto mas nos bendice; hasta cien veces mas. Salgamos entonces de aquí con este canto en el corazón:

“Somos hoy llamados al servicio,

a dar testimonio de Jesús.

Vamos a un mundo en tinieblas para proclamar la luz.

Prestos, todos prestos, cantaremos en unión.

Listos, siempre listos, entonemos la canción …

Dios nos da poder; luchemos en la causa celestial” (“Llamados a servir”, Canta conmigo, B-85).

¡Dios vive! Testifico que estamos en Su obra. Que El nos bendiga con el espíritu del servicio misional es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.