“Nuestro Padre Celestial ha prometido que pondrá un nuevo espíritu dentro de los personas … Los grandes cambios que hemos visto en los últimos años son el comienzo de una nueva época”.

Hermanos, es un placer estar con vosotros esta noche. Hablar en la sesión del sacerdocio de la conferencia general es una oportunidad única en mi vida, porque durante los quince años que he pertenecido al Quórum de los Setenta nunca lo había hecho y no creo que vuelva a tener este privilegio. Por lo tanto, considero una bendición personal dirigirme a tan vasto auditorio de hombres dignos que poseen el sacerdocio de Dios.

Muchos de vosotros todavía estáis solteros y otro gran numero de vosotros estáis casados. A los que conforman este segundo grupo quisiera testificaros, basándome en mi experiencia personal, que una esposa amorosa que os brinde su apoyo os dará gran fortaleza. Tal vez hayáis oído decir: “Junto a todo gran hombre, hay una gran mujer”. En la Iglesia, sin embargo, hemos cambiado un poco este adagio y decimos: “Junto a todo gran hombre en la Iglesia hay una suegra sorprendida”. Tal vez ella diga: “¿Es este el joven que se casó con mi hija? ¿Es ya obispo? ¡No puedo creerlo!” Si, querida suegra, ese joven maduró, adquirió experiencia al tomar sobre si mayores responsabilidades y aprendió a servir al Señor sirviendo a los demás. En pocas palabras, ¡ha cambiado!

Esta noche me gustaría hablar del cambio porque todo a nuestro alrededor parece estar cambiando a un paso acelerado. En los dos últimos años hemos visto grandes cambios en Europa oriental, y lo que acaba de suceder en el Golfo Pérsico, sin lugar a dudas ha cambiado en forma dramática la vida de muchas personas. Fue inevitable que los acontecimientos del momento influyeran en nuestra vida y tal vez hayamos tenido el sentimiento desconsolador de que todos esos cambios que se han verificado en el mundo estaban fuera de nuestro control.

Sin embargo, existen cambios importantes que todos debemos poder realizar con la debida preparación, y sobre los cuales si tenemos control. Hermanos, como poseedores del sacerdocio debemos hacernos estas preguntas: “¡Dedico la atención y el tiempo que se requieren para cambiar aquellos aspectos personales que requieren un cambio y que me ayudaran a ser mejor ante los ojos del Señor?” Y “como padre y líder espiritual de mi propio hogar, ¿presto la atención necesaria y dedico el tiempo que haga falta para cumplir con mis deberes y responsabilidades básicos?” Estas responsabilidades son:

  1. Numero 1.

    Guiar y dirigir a mi familia en la oración familiar y en el estudio de las Escrituras.

  2. Numero 2.

    Preparar a mis hijos varones para recibir el sacerdocio y a los demás miembros de la familia para honrar el sacerdocio.

  3. Numero 3.

    Instar a los miembros de mi familia a ser dignos de recibir las ordenanzas del templo y a ser fieles a los convenios que han hecho.

  4. Numero 4.

    Ayudar a los miembros de mi familia a desarrollar sus talentos y dones que Dios les ha dado con el fin de fortalecer y servir a los demás.

  5. Numero 5.

    Inspirar a los miembros de mi familia a obedecer los mandamientos de Dios y a perseverar con fe hasta el final.

Cuando de verdad comprendemos, aceptamos y nos comprometemos a cumplir estas responsabilidades que tenemos como poseedores del sacerdocio, nos preparamos para tener un cambio milagroso de consecuencias eternas.

¿Acaso no se nos ha prometido que podremos “ser participantes de la naturaleza divina”? (Véase 2 Pedro 1:4.) En otras palabras, por medio del cambio individual sentiremos el deseo de vivir en armonía con las enseñanzas divinas del Señor y libraremos nuestra mente de los malos sentimientos que tengamos hacia los demás. El hacerlo nos hará mas dignos y mas perfectos.

El antiguo adagio: “Cambiar es progresar” adquiere entonces un significado especial para todos nosotros, puesto que el arrepentirse es cambiar, el convertirse es cambiar, el perfeccionarse es cambiar. Todo esta en completa armonía con los deseos de nuestro Padre Celestial y las amorosas suplicas del Redentor.

Como miembros de la Iglesia restaurada del Señor, hemos recibido, por medio de revelación

divina, un conocimiento perfecto de lo que el futuro nos depara. El plan de redención se nos. ha revelado en toda su gloria. Este abarca perfectamente nuestra existencia preterrenal, nuestra vida terrenal y nuestra existencia venidera tal como se enseña en el Libro de Mormón.

El élder Neal A. Maxwell hizo la siguiente declaración en cuanto a la forma en que debemos leer el Libro de Mormón: “Algunos miembros mantienen el Libro de Mormón cerrado, mientras que otros lo utilizan de vez en cuando como si simplemente fuera un libro de citas famosas. Hay otros en cambio que lo aceptan y lo leen pero no lo estudian. El Libro de Mormón es para ingerir, no solamente para saborear” (But for a Small Moment, Salt Lake City: Bookcraft, 1986, pág. 28).

Disfrutemos hoy las palabras de Amulek, el compañero misional de Alma, hijo, como se hacen constar en el capitulo 34 de Alma, comenzando con el versículo 30:

“Y ahora, hermanos míos, después de haber recibido vosotros tantos testimonios, ya que las Santas Escrituras testifican de estas cosas, yo quisiera que vinieseis y dieseis fruto para arrepentimiento.

“Sí, quisiera que vinieseis y no endurecieseis mas vuestros corazones; porque he aquí, hoy es el tiempo y el día de vuestra salvación; y por tanto, si os arrepentís y no endurecéis vuestros corazones, inmediatamente obrara para vosotros el gran plan de redención.

“Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; si, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.

“Y como os dije antes, ya que habéis tenido tantos testimonios, os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer nada.

“No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” (versículos 30-34; cursiva agregada)

Hermanos, ruego que recordemos siempre esos consejos de Amulek tanto en el hogar como en el trabajo, en el lugar donde vivamos y al cumplir con nuestros llamamientos en la Iglesia, y que respondamos de todo corazón con un rotundo “si”, a la pregunta de Alma, que tan a menudo se nos hace: “¿Habéis experimentado este gran cambio en vuestros corazones?” (Alma 5:14) .

Hermanos, tenemos que mejorar tanto en forma personal como colectiva, para fortalecer el sacerdocio, el cual es la base de la Iglesia, y para prepararnos para cumplir con el mandato que hemos recibido del Señor para el próximo siglo, en el que tal vez veamos el mas marcado cambio en la historia de la humanidad: un cambio en el corazón de los hombres, un gran aumento de personas verdaderamente convertidas y el avance del reino hasta los cabos de la tierra, “como la piedra cortada del monte, no con mano … hasta que llene toda la tierra” (D. y C. 65:2).

Nuestro Padre Celestial ha prometido que pondrá un nuevo espíritu dentro de las personas y les quitara “el corazón de piedra de en medio de su carne” (Ezequiel 11:19). Los grandes cambios que hemos visto en los últimos años son el comienzo de una nueva época. Durante el seminario para Representantes Regionales de abril de 1987, el élder Maxwell habló sobre lo que ha de suceder en lo futuro:

“Todo debe hacerse con sabiduría y orden. A los pioneros mormones se les alabó por irrigar el desierto de Utah, mas ahora nos estamos preparando para llevar a cabo la irrigación mormona mas importante, la cual se llevara a cabo cuando la Iglesia haya aumentado tanto numérica como espiritualmente, y de tal manera que la verdad restaurada y la justicia inundaran la tierra. La historia de la Iglesia esta ahora en un breve interludio que precede una era especial, que pronto estará aquí, en que el evangelio se dará a conocer a nuestros hermanos y hermanas de los países del Tercer Mundo. Su reacción tal vez nos sorprenda; por eso es que debemos estar firmemente establecidos y listos para recibirlos, pues ellos lo están para aceptarnos, ya que están ahora preparándose para oír el evangelio. Que Dios nos bendiga en nuestra preparación para enseñarlo”.

Hermanos, os testifico solemnemente que las enseñanzas de que he hablado con vosotros esta noche son verdaderas. El Libro de Mormón es efectivamente la palabra de Dios y el libro mas correcto sobre la tierra con respecto a la salvación y a la exaltación del hombre.

Sé que Dios vive y que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Testifico, además, que el presidente Ezra Taft Benson es el Profeta del Señor en la tierra hoy día. Que todos testifiquemos al mundo sobre estas verdades, ruego en el nombre de Jesucristo. Amen.