¡Sed Hombres!

Carlos E. Asay


“Un verdadero hombre es aquel que se entrega a la inspiración del Santo Espíritu y se esfuerza por adquirir las virtudes de Cristo.”

Un jovencito en edad de diácono relató lo siguiente:

“Mis amigos me presionan mucho para que fume y robe y haga cosas por el estilo … Mis mejores amigos me están empujando a hacerlo. Si me niego, me llaman marica y nene de mama. Realmente no quiero fumar, pero mi buen amigo, Steve, me dijo enfrente de otros amigos: ‘Kevin, eres un idiota y un gallina metidos en un cuerpo pequeño”‘ a Santrock, Adolescence, Nueva York, William C. Brown: 1987, págs. 268–270; cursiva agregada).

Un presbítero de dieciocho años contó esto:

“En una ocasión, me convencieron de que fuera con un grupo a una excursión durante el fin de semana. Me dijeron que los planes para ese día eran … recorrer el lugar, ir a almorzar y luego al cine; me prometieron que no habría actividades impropias. Todos … sabían que yo era Santo de los Últimos Días … que me apegaba firmemente a las normas morales de la Iglesia.

“Al llegar a la ciudad, visitamos uno o dos lugares históricos y comimos. Entonces ocurrió lo inevitable: el grupo se dirigió a una cantina y a una casa de prostitución. Rehusé entrar en esas guaridas de iniquidad, y exprese francamente el enfado que sentía por las promesas que mis amigos habían roto.

“Mientras me alejaba … mis compañeros se burlaron de mi gritándome: ‘¿Cuando dejaras de ser un niño? ¿”Cuando dejaras de ser un gallina y un fanático religioso?’ ‘¿Cuando vas a ser hombre?’“ (Carlos E. Asay, In the Lord’s Service, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1990, pág. 46).

¿Que Es “Ser Hombre”?

Parece que todos han recibido alguna vez la invitación de algunos amigos a fumar, tomar, robar o participar en otros actos inmorales, todos con la excusa de la hombría. Y cuando alguien rehusa participar, a menudo se le ridiculiza y se le tacha de marica, nene de mama, idiota, gallina, afeminado y fanático religioso. Estos epítetos los usan los compañeros que equiparan la hombría con la capacidad para tomar bebidas alcohólicas, echar humo de tabaco por todas las cavidades faciales, entregarse a una conducta desenfrenada y quebrantar las leyes morales sin el mas mínimo cargo de conciencia.

En los carteles de las calles, en las revistas y la televisión vemos coloridas laminas de propaganda que fomentan el consumo del cigarrillo, la cerveza y otros vicios. Aquellos que usan tácticas sagaces para la venta de sus productos son completamente indiferentes a las almas de los jóvenes y lo único que les importa es su dinero. Ellos nos quieren hacer creer que una persona con un cigarrillo o una bebida alcohólica en la mano es un verdadero hombre, cuando en realidad no es nada mas que el esclavo de una substancia destructiva; nos quieren hacer creer que una persona que tiene relaciones sexuales ilícitas es un hombre, cuando en realidad no es nada mas que alguien que abusa de las personas que tienen sentimientos “tiernos”, “castos” y “delicados” (Jacob 2:7); nos quieren hacer creer que la fuerza bestial, el comportamiento grosero, el temperamento ingobernable, el lenguaje obsceno y la apariencia descuidada hacen a un hombre, cuando en realidad estas características son, para decir lo mejor, de naturaleza animal y, en realidad, completamente lo opuesto a la hombría

Nosotros, los que poseemos el sacerdocio, debemos estar alerta; en nuestro deseo de tener virilidad no debemos dejarnos influir por voces que nos llevaran por un camino errado (véase 1 Corintios 14:8–11). Debemos recordar que “creó Dios al hombre a su imagen” y que se espera que el hombre mantenga esa imagen grabada en su rostro (Génesis 1:27; véase también Alma 5:14, 19).

“¿Qué es el hombre?”, preguntó el salmista. La respuesta: “[Dios] le [ha] hecho poco menos que los ángeles, y lo [ha coronado] de gloria y de honra” (Salmos 8:4–6). Por lo tanto, es nuestra responsabilidad tratar de elevarnos siempre y de llevar honorablemente las coronas que Dios nos ha dado. Los jóvenes, especialmente aquellos que son “linaje escogido” y “real sacerdocio”, deben comprender que son progenie espiritual de Dios y que nadie se convierte verdaderamente en hombre hasta que rinda reverencia al Padre de los espíritus y permita que los poderes innatos gobiernen sus pensamientos, palabras y acciones (véase 1 Pedro 2:9; Hechos 17:28; Hebreos 12:9).

¿Que Hace Hombre A Un Hombre?

“¿Que hace hombre a un hombre?” Esta pregunta aparece en un popular anuncio de cerveza. Lo que esa propaganda sugiere es que al tomar esa cerveza, el que la beba se hará hombre. ¡Que idea tan errada y estúpida! Aquellos que tratan de convenceros de que bebáis bebidas alcohólicas y uséis drogas no tienen ningún interés en el bienestar de vosotros, los que sois “templo de Dios”. Es por eso que quieren que destruyáis vuestro cuerpo y ofendáis al Espíritu de Dios que mora en vosotros (véase 1 Corintios 3:16–17).

¿Que hace hombre a un hombre? Acudamos al Libro de Mormón y al patriarca Lehi para recibir la respuesta. Poco antes de morir, Lehi les dio este mandato a sus hijos: “… levantaos del polvo … y sed hombres …” (2 Nefi 1:21; cursiva agregada). “… quisiera … que despertaseis de ese profundo sueño, si, del sueno del infierno, y os sacudieseis de las espantosas cadenas que os tienen atados … estad resueltos en un mismo parecer y con un solo corazón, unidos en todas las cosas … ceñíos con la armadura de la justicia … salid de la obscuridad … No os rebeléis mas …” (2 Nefi 1:13, 21, 23–24; cursiva agregada).

La exhortación a levantarnos “del polvo” significa que debemos vencer los malos hábitos que destruyen el carácter y arruinan la vida. Los apetitos físicos se deben controlar.

Despertar “de ese profundo sueño … si, del sueno del infierno” sugiere un proceso de aprendizaje y de reconocer los santos propósitos de Dios. Ningún sueno es mas profundo ni mas nocivo que el de la ignorancia.

Sacudiros “de las espantosas cadenas que os tienen atados” significa la necesidad de vencer los malos hábitos, incluso los hábitos aparentemente insignificantes que se convierten en fuertes “cadenas del infierno” (véase 2 Nefi 26:22, Alma 5:7).

“Estad resueltos en un mismo parecer y con un solo corazón, unidos en todas las cosas” requiere una plena dedicación a lo que es bueno y una determinación invencible, a fin de que nuestra voluntad sea compatible con la de Dios.

“Ceñíos con la armadura de la justicia” nos recuerda la necesidad de ponernos el yelmo de la salvación, levantar la espada de la verdad, usar el escudo de la fe y aceptar todos los elementos protectores del Señor (véase Efesios 6:11–18).

“Salid de la obscuridad” nos instruye a ser un modelo de lo bueno y servir como una luz para los demás. Los verdaderos hombres son fuentes de luz viviente … cerca de las cuales se quiere estar” (Thomas Carlylei véase también D. y C. 103:9–10).

“No os rebeléis mas” aclara perfectamente que el pasar por alto o quebrantar los mandamientos a sabiendas es un esfuerzo en vano.

Una Mentira Perversa

Hay una mentira -una mentira perversa- que anda rondando entre los Santos de los Últimos Días y que esta causando estragos entre los jóvenes. Y es que un “hombre equilibrado” es aquel que se cuida mucho de no poner en practica demasiada rectitud. Esta mentira os quiere hacer creer que es posible vivir felizmente y con éxito siendo una persona de dos caras: con un pie en Babilonia y el otro en Sión. (Véase Santiago 1:8.)

Me gusta la anécdota acerca de dos jóvenes que habían sido educados en un monasterio. Una mañana en que andaban en busca de aventuras pasaron por una catedral. El mas virtuoso de los dos se acordó de que esa mañana no habían orado y le dijo al otro: “)Cómo podemos esperar recibir las bendiciones de Dios este día?”

Su compañero le respondió: “He orado tanto durante los últimos dos meses que creo que con eso será mas que suficiente”.

“¿Cómo puede ser un hombre demasiado religioso?”, preguntó el primero. “Es la única cosa de valor. El hombre es tan sólo una bestia al vivir día tras día comiendo y bebiendo, respirando y durmiendo. Solo cuando se eleva por encima de si mismo y se ocupa del espíritu inmortal que lleva dentro llega a convertirse en realidad en hombre. Piensa en lo triste que seria si la sangre del Redentor se hubiera derramado en vano” (A. Conan Doyle, The White Company, Nueva York: Cosmopolitan Book Corporation, 1988, págs. 58–59; cursiva agregada).

¿Puede el hombre tener demasiada rectitud? ¿Puede ser demasiado semejante a Cristo? ¡Imposible! ¿Puede el llamado “hombre equilibrado” andar sin problema por la viga que separa el bien del mal? No. Cada paso es incierto y finalmente vacilara y caerá, estrellándose contra los mandamientos de Dios.

La carnalidad nunca fue hombría, y nunca lo será. Un verdadero hombre es aquel que se entrega a la inspiración del Santo Espíritu y se esfuerza por adquirir las virtudes de Cristo. Un verdadero hombre es aquel que permite que el Espíritu guíe el curso y establezca el ritmo de su vida. “Tened presente que ser de animo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna” (2 Nefi 9:39).

EJEMPLOS DE HOMBRÍA

Un hombre de Cristo se puso de pie el 1°. de octubre de 1959 ante una multitud de 1.500 personas en una iglesia en Rusia, e intrépidamente se refirió a Jesús como el Gran Redentor. Con voz llena de emoción, declaró:

“Creo firmemente en la oración … Es posible extendernos y percibir el poder invisible que nos da fuerzas y apoyo en los momentos difíciles. No tengáis miedo. Guardad los mandamientos de Dios … amaos los unos a los otros. Amad a todos los seres humanos. Luchad por lograr la paz y todo marchara bien. La verdad triunfara. El tiempo esta del lado de la verdad” (Véase Mi Reino se extenderá, pág. 175).

La gente lloró abiertamente en esa ocasión, incluso los reporteros que habían asistido con desengaño al servicio de adoración. Uno de ellos, que había sido marino, calificó la experiencia como una de las dos mas espirituales y memorables de su vida.

He allí a un hombre, en aquella catedral de Rusia, ese día especial. Su nombre: Ezra Taft Benson, quien actualmente preside como Presidente y Profeta de la Iglesia.

Parley P. Pratt nos proporciona la descripción de un verdadero hombre en el relato de su encarcelamiento en Richmond, Misuri, junto con José Smith y otros. En una de aquellas terribles noches en la prisión, el hermano Pratt y sus compañeros tuvieron que escuchar el lenguaje obsceno de los guardias que se jactaban de sus proezas de ultrajes, asesinatos, robos y otros crímenes llevados a cabo contra los mormones. Cuando el profeta José no pudo soportarlo mas, se puso de pie y habló como con voz de trueno:

“¡SILENCIO, fieras de la caverna infernal! Os reprendo en el nombre de Jesucristo y os mando callar. No viviré un minuto mas escuchando esa clase de lenguaje. Callad, o de lo contrario, ¡vosotros o yo moriremos EN ESTE INSTANTE!”

El élder Pratt continuó: “En los tribunales de Inglaterra … he visto a los ministros de justicia, ataviados con sus túnicas de magistrados … he sido testigo de un congreso reunido en asamblea solemne … He tratado de imaginar a reyes … y emperadores congregados para decidir el futuro de los reinos. Pero sólo he presenciado la dignidad y la majestad una vez, de pie, en cadenas, a medianoche, en el calabozo de un obscuro pueblo de Misuri” (Autobiography of Parley P. Pratt, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1985, págs. 179–180).

¡He ahí a un hombre! José Smith, el Profeta de la Restauración.

El Salvador, el modelo perfecto de la hombría, permaneció de pie ante sus acusadores después de que lo golpearon, lo azotaron, lo escupieron y le colocaron una corona de espinas en la cabeza. Pilato admitió: “… ningún delito hallo en el”. Luego pronunció aquellas irrefutables y conmovedoras palabras: “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:4–5).

Jesús, nuestro Salvador, fue el hombre entre hombres, porque creció “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52); sujetó la carne al Espíritu y no cedió a la tentación (véase Mosíah 15:1–8); aprendió la obediencia por las cosas que sufrió (véase Hebreos 5:8); creció de gracia en gracia (véase D. y C. 93:12–14); y, en las palabras de Shakespeare:

“Su vida fue pura, y los elementos que la constituían se compaginaron de tal modo, que la Naturaleza, irguiéndose, podía decir al mundo entero: ‘¡Este era un hombre!’“ (“Julio Cesar”, en Obras Completas, pág. 1329).

Es por eso que El, el único hombre perfecto y sin pecado que haya vivido en la tierra, puede hacer la declaración: “… que clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).

El rey David le dijo a su hijo Salomón:

“… esfuérzate, y se hombre.

“Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos … para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas” (1 Reyes 2:2 3; cursiva agregada).

Me hago eco de esas palabras: ¡Sed hombres! ¡Sed hombres de Cristo, hombres de Dios! Lo ruego en el nombre de Jesucristo Amén.