Paciencia En Las Aflicciones

Ángel Abrea


“La gran prueba de esta vida terrenal no consiste en buscar la forma de escapar de las aflicciones y los problemas, sino en prepararnos concienzudamente para enfrentarnos con ellos.”

En los momentos en que se agudizaban las persecuciones a la Iglesia recién organizada, el Señor les dijo a José Smith y a Oliverio Cowdery: “Se paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas; pero sopórtalas, pues he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días” (D. y C. 24:8).

Las tribulaciones, las aflicciones y las pruebas nos acompañaran continuamente en nuestra jornada por este segmento de la eternidad, tal como lo dijo el Salvador: “… En el mundo tendréis aflicción …” (Juan l 6:33). Por lo tanto, la gran prueba de esta vida terrenal no consiste en buscar la forma de escapar de las aflicciones y los problemas, sino en prepararnos concienzudamente para enfrentarnos con ellos.

Y digo “prepararnos” porque exige un esfuerzo persistente desarrollar la paciencia como atributo personal. Al ejercerla, se llega a comprenderla y obtenerla.

En un período de angustia y profundo sufrimiento por la causa del evangelio, el profeta José Smith escribió el siguiente mensaje a los santos desde la cárcel de Liberty:

“Queridos hermanos, no penséis que nuestros corazones se desaniman, como si nos hubiese acontecido algo inesperado, porque de antemano hemos visto estas cosas y se nos ha asegurado que ocurrirían, mas tenemos la seguridad de una esperanza mejor que la de nuestros perseguidores. Por tanto, Dios ha fortalecido nuestros hombros para llevar la carga. Nos gloriamos en la tribulación, porque sabemos que Dios esta con nosotros y que es nuestro amigo y salvara nuestras almas” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. l 44).

Debemos tener paciencia a fin de poder soportar el dolor y la aflicción sin quejarnos ni desalentarnos, porque esto degrada el espíritu. Es necesario tener paciencia al afrontar la tribulación y la persecución por la causa de la verdad, pues esto es un ejemplo, puesto que la forma en que carguemos nuestra cruz influirá sobre los demás ayudándoles a aliviar sus cargas.

Se debe ejercer de la misma manera y con el mismo espíritu que tenían los hijos de Mosíah cuando se les confió esta tarea: “… Id entre los lamanitas, vuestros hermanos, y estableced mi palabra; empero seréis pacientes en las congojas y aflicciones, para que podáis darles buenos ejemplos en mi; y os haré instrumentos en mis manos, para la salvación de muchas almas” (Alma 17:1 1).

La paciencia debe ser nuestra compañera constante en la jornada que nos conduzca a esa gran meta: “… continuad en paciencia hasta perfeccionaros” fue el consejo que dio el Señor a los élderes de la Iglesia (D. y C. 67:13).

Es preciso aclarar que no nos referimos a una paciencia pasiva, que espera que el solo transcurso del tiempo corrija o resuelva las cosas que nos pasen, sino a una paciencia activa, que hace que las cosas pasen. Este es el atributo que Pablo describió en su Epístola a los Romanos cuando utilizó las palabras “perseverando en bien hacer” (Romanos 2:7).

Quizás uno de los mejores ejemplos de paciencia que nos presenta una perspectiva eterna de la aplicación personal que debemos dar a esta virtud se encuentre en lo que dijo Pedro:

“Pues ¡que gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis J Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios” ( l Pedro 2:20).

Tener paciencia en la aflicción y la adversidad significa persistir tenazmente en lo que sabemos que es verdad y no abandonarlo, manteniéndonos firmes con la esperanza de que en el debido tiempo del Señor llegaremos a comprender lo que ahora no entendemos y nos hace sufrir.

Entonces, se hará realidad la promesa de Malaquías que dice: “Entonces os volveréis y discerniréis … entre el que sirve a Dios y el que no le sirve” (Malaquías 3:18).

A la fiel hermana cuyo hijo fue muerto mientras estaba en la misión,

muchas preguntas le. cruzaron por la mente, las que le. hicieron algunos incrédulos, incitándola a las dudas, preguntas como: “¿Por que había de morir mi hijo si era un buen misionero y un hijo excelente?” “Mi hijo estaba sirviendo al Señor y era un gran ejemplo para sus hermanos que se preparan para la obra misional. ¿Por que pasó esto?” Para esa hermana, la paciencia en la aflicción y el sufrimiento significa dar la respuesta que ella dio: “No lo se, ni tengo una respuesta para todo, pero lo que se es que algún día. en el horario divino del Señor, volveré a ver a mi hijo y a estar con el”.

Seguramente, la respuesta de esta hermana habrá sido inspirada por el mismo espíritu que dio lugar a estas palabras de Nefi: “… Se que ama a SUS hijos; sin embargo, no se el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:17). ¡Que hermoso ejemplo de la fe que da ese sentido de seguridad al enfrentarse a lo desconocido!

En medio de la persecución y las amenazas que sufrieron los primeros cristianos, la paciencia llena de testimonio se puso de manifiesto en su fe y su esperanza en Cristo, que se describen en estas palabras de Pablo:

“… estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;

“perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;

“llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos …

“sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitara con Jesús, y nos presentara juntamente con vosotros …

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez mas excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:8–10, 14, 16–17).

La paciencia en la aflicción y el sufrimiento describe la vida de Cristo, el gran ejemplo, en los momentos de extremo sufrimiento y dolor transcurridos en Getsemaní, al expresar en oración ferviente: “… Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tu” (Mateo 26:39), dando así el ejemplo y el marco de referencia para una vida de obediencia y perseverancia, sean cuales sean las circunstancias o las condiciones en que nos hallemos.

¿Cuantas veces damos fin a nuestras oraciones diciendo: “Pase de mi esta copa”?

En circunstancias en que la copa simbólica puede estar representada por enfermedad, dolor, ansiedad, desocupación laboral o el sufrimiento de un ser querido, ¿somos capaces de continuar la oración con las palabras “pero no sea como yo quiero, sino como tu”? La palabra clave “pero” comunica la firme convicción de que lo ponemos todo en las manos del Señor.

Cuando en alguno de los tramos del viaje de la vida nos toque viajar con la critica de los incrédulos, el odio de algunos, el rechazo de otros, la impaciencia de muchos o la traición de un amigo, debemos ser capaces de orar de tal manera que la fe constante y el fuerte testimonio de que el Señor estará con nosotros hasta el fin nos impulsen a decir:

“Pero, que se haga tu voluntad, Padre, y con tu ayuda seguiré firmemente con paciencia el sendero que me lleve de regreso a ti”.

En el año 1833, el Señor consoló a los santos por medio del profeta José Smith, porque habían sido “… afligidos, perseguidos y expulsados de la tierra de su herencia” (D. y C. 101:1), con estas palabras de consuelo y esperanza: “Consuélense, pues, vuestros corazones … porque toda carne esta en mis manos; estad quietos y sabed que yo soy Dios” (D. y C. 101: 16).

El Señor le dijo a Enoc, que era “tardo en el habla” y se hallaba en momentos de gran tribulación: “Abre tu boca y se llenara, y yo te daré poder para expresarte, porque toda carne esta en mis manos, y haré conforme bien me parezca” (Moisés 6:32).

Y a José Smith, cuando se enfrentaba con pruebas, le dijo, refiriéndose a sus enemigos: ‘… persevera en tu camino … porque los limites de ellos están señalados, no pueden pasar” (D. y C. 122:9).

Estas palabras claves de consejo se dieron cuando los que las recibieron pasaban por circunstancias adversas: “toda carne esta en mis manos”, “sabed que yo soy Dios”, “haré conforme bien me parezca”, “los limites de ellos están señalados, no pueden pasar”. En momentos de pruebas esas frases motivan a la paciencia y la perseverancia, fundadas en principios que de por si son un testimonio.

En las palabras del Salvador, la vida eterna es conocer al “único Dios”, lo cual implica conocer Sus atributos y tener un testimonio de estos. Conocer a Dios significa incluso conocernos a nosotros mismos, porque, como dijo el profeta José Smith: “Si los hombres no entienden cl carácter de Dios, no se entienden a si mismos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 424–425). Conocer a Dios es mucho mas que hablar de El. El élder McConkie explicó que es “pensar como El piensa, sentir lo que El siente”.

¿Cómo no vamos a soportar entonces pacientemente las pruebas en la vida, si conocemos a Dios y sabemos que El es todopoderoso? Con Nefi podemos decir que “… el es mas poderoso que toda la tierra” (1 Nefi 4:1). También sabemos y tenemos un testimonio de Su omnisciencia y con Lehi podemos repetir: “… todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe” (2 Nefi 2:24).

Basado en ese conocimiento, cimentado en un fuerte testimonio de los atributos de nuestro Padre Celestial, el fiel Santo de los Últimos Días en vez de desesperarse porque SU agenda no se cumple, o porque su vida ocupada no le permite buscar la solución a sus problemas, o porque no llega el bálsamo para calmar las aflicciones de hoy-espera pacientemente el cumplimiento de las promesas, de acuerdo con la agenda de Aquel que “… conoce todas las épocas que le están señaladas al hombre” (Alma 40:10). El fiel Santo de los Últimos Días espera con paciencia porque la fe, “… la certeza de lo que se espera” (Hebreos 11:1), se ejerce con la convicción de que las promesas se cumplirán “… en su propio tiempo y en su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad” (D. y C. 88:68).

Dios vive y El cumple Sus promesas, y a los muchos testimonios que se han expresado deseo agregar el mío. Se que si soportamos pacientemente con fe en los tiempos de aflicción y tribulación, recibiremos bendiciones de consuelo y esperanza y podremos participar de ese ‘‘incomprensible gozo” que Ammón y sus hermanos recibieron.

Por lo tanto, repitiendo lo que dijo José Smith:

“Sosteneos firmes, santos de Dios, y aguantad un poco mas; entonces pasaran las tormentas de la vida y recibiréis vuestro galardón de ese Dios cuyos siervos sois, y quien debidamente aprecia todos vuestros afanes y aflicciones por el amor de Cristo y del evangelio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 222).

Esto lo digo en el nombre de Jesucristo. Amen.