Busquemos Lo Bueno

Joseph B. Wirthlin

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Joseph B. Wirthlin
“Para los miembros de la Iglesia, el buscar lo bueno es más que un alto ideal. Es una obligación que aceptamos cuando entramos en los aguas del bautismo.”

Mis estimados hermanos y hermanas, considero un privilegio el estar aquí, en esta ocasión, y tener la oportunidad de expresar mi testimonio en cuanto a la veracidad del evangelio y mi amor hacia sus lideres. Ruego que el Espíritu del Señor me acompañe mientras os dirijo la palabra.

He asistido a las conferencias desde que tenía aproximadamente cinco años de edad. Recuerdo que mi padre y yo solíamos sentarnos en la tercera fila de la sección del centro. Siempre me gustaron todas las conferencias a las que me llevó, pero creo que nunca he asistido a una que fuera mejor o más inspirada que esta. Cabe mencionar también que quizás sea la mas larga, ya que soy uno de los últimos discursantes.

Un documento clave de la restauración del evangelio es la carta que el profeta José Smith escribió en respuesta a una pregunta de John Wentworth, editor de un diario de Chicago. En esa carta, el Profeta escribió un resumen del origen, progreso, persecución y fe de los Santos de los Últimos Días. Es uno de los primeros relatos publicados de los acontecimientos ocurridos en el período de treinta y seis años después del nacimiento del Profeta. La ultima parte de la carta, los Artículos de Fe, es una declaración de las principales creencias de la Iglesia. El hecho de que una persona inspirada de los cielos y no un grupo de eruditos escribiera este documento es otra evidencia del llamamiento divino de José Smith (véase Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 332).

La palabra buscar significa tratar de obtener, procurar. Esto requiere una actitud enérgica y positiva. Por ejemplo, Abraham buscó “las bendiciones de los patriarcas … y ser un partidario mas fiel de la justicia” (Abraham 1:2). Es lo opuesto a esperar pasivamente que nos llegue algo bueno, sin hacer ningún esfuerzo de nuestra parte.

Podemos llenar nuestra vida de cosas buenas, sin dejar lugar para nada mas. Tenemos tanto bueno para elegir que no tenemos por que hacer lo malo. El élder Richard L. Evans dijo: “Lo malo esta en el mundo, pero también esta lo bueno. Esta en nosotros distinguir y elegir entre los dos, para crecer en autodisciplina, en capacidad, en bondad, para seguir adelante -paso a paso- un día, una hora, un momento, una tarea a la vez” (Richard L. Evans, Thoughts for Cone Hundred Days, 5 tomos; Salt Lake City: Publishers Press, 1970, pág. 4:199)

Si buscamos lo que es virtuoso y bello, con seguridad lo encontraremos. Por el contrario, si buscamos lo malo, lo hallaremos. Lucifer sabe cómo tentar y arrastrar a muchos de los hijos de nuestro Padre Celestial hasta donde el y sus secuaces están. El se reveló y fue echado; el quiere que seamos miserables como el es. (Véase 2 Nefi 2:18.)

Mi mensaje puede ser lo opuesto al mensaje engañador de Satanás. Nefi lo describe así: “… muchos … dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos ira bien …

“… no obstante, temed a Dios, pues el justificara la comisión de unos cuantos pecados; si, mentid un poco, aprovechaos de uno … en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos correazos, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios” (2 Nefi 28:7–8).

Aunque vivamos en el mundo, no debemos ser del mundo. Para los miembros de la Iglesia, el busca lo bueno es mas que un alto ideal. Es una obligación que aceptamos cuando entramos en las aguas del bautismo y que renovamos cada vez que participamos de la Santa Cena. Debemos recordar: El Señor no puede “considerar el pecado con el mas mínimo grado de tolerancia.

“No obstante, el que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor será perdonado …” (D. y C. 1:31–32.)

Debemos fortalecer a nuestras familias y promover la paz y la felicidad en nuestros hogares, convirtiéndolos en refugios contra los problemas que nos rodean. Por medio del ejemplo, los padres pueden enseñar a los hijos a ser amables, considerados, respetuosos y a apoyarse el uno al otro para evitar la contención. A veces los miembros de la familia se tratan con menos cortesía de la que usan para tratar a los conocidos y hasta a los extraños. Los miembros de la familia tienen desacuerdos que pueden causar tensión, pero deben reservar su mas tierno afecto para sus seres queridos: el cónyuge, los padres y los hermanos. La verdadera grandeza de una persona, en mi opinión, se manifiesta en la forma en que trata a las personas donde la cortesía no es una imposición social.

Podemos ser buenos vecinos. En la mayoría de los casos, los que sean buenos vecinos tendrán buenos vecinos. Ser un buen vecino es mas que tener un gesto de atención de vez en cuando para las fiestas o en una crisis; significa esforzarse siempre por edificar y mantener una verdadera amistad. Reaccionamos de inmediato en una emergencia. Por ejemplo, la Navidad pasada el automóvil de nuestro vecino se incendió. Todos los que vieron las llamas corrieron para ayudar. )Respondemos así cuando la necesidad es menos urgente pero posiblemente muy importante? ¿Visitamos a nuestros vecinos aunque nadie este enfermo ni haya crisis?

Podemos prestar servicio desinteresado por el amor que tenemos por nuestros semejantes. El Salvador puso ese amor en segundo lugar después del amor a Dios cuando dijo: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

“Este es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

“De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37–40).

En cuanto a estos dos mandamientos, leemos en 1 Juan: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

“Y nosotros tenemos este mandamiento de el: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:20–21).

El servir a otros debe ser parte de la vida de todo discípulo de nuestro Salvador. Cuando dejamos de lado los intereses personales y damos de nosotros sin esperar recibir nada en cambio, estamos avanzando para llegar a ser verdaderos discípulos. “El Señor … ha mandado a su pueblo a cuidar de los pobres y de los necesitados. El dijo: ‘Y recordad en todas las cosas a los pobres y necesitados, los enfermos y afligidos, porque el que no hace estas cosas no es mi discípulo’“ (D. y C. 52:40). (El proveer conforme a la manera del Señor, pág. 3.) En una estaca que visite hace poco, el porcentaje de desempleo era muy alto. Sin embargo, los fieles santos y sus lideres se habían unido para hacer una generosa contribución de ayuno a fin de que nadie pase necesidades.

Debemos ser autosuficientes, tanto como sea posible, en vez de esperar que otros provean por nosotros. Muchos piensan que tenemos el derecho de tener todo en la vida sin hacer ningún esfuerzo de nuestra parte. Muchos creen que el gobierno y otras organizaciones deben ocuparse de nosotros, que deben proveernos alimentos, cuidados médicos y vivienda. Por supuesto, la sociedad debe ocuparse de algunas de estas personas, pero la población en general debe quitarse la idea de depender del gobierno para cosas que ellos pueden proveer para si mismos y sus familias.

Debemos estar contentos y animados, y no dejar que Satanás nos abrume con el desaliento, la desesperación y la depresión. El presidente Benson dijo: “De toda la gente, nosotros, como Santos de los Últimos Días, debemos ser los mas optimistas y los menos pesimistas” (“Do Not Despair”, Ensign, oct. de 1986, pág. 2). En donde el pecado es la causa de la infelicidad, tenemos que arrepentirnos y volver a una vida de rectitud porque “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10) y “no se puede hacer lo malo y sentir paz interior. Es imposible” (Ezra Taft Benson, New Era, junio de 1986 pág. 5).

Creo que la felicidad viene de una conciencia limpia y sin engaño. Esto es, evitando los celos y la envidia, cultivando la paz en nuestros hogares y gozando de la paz en nuestros corazones que trae el vivir con rectitud. Esto se recibe por el conocimiento y la seguridad, que da el Espíritu, de que la vida que llevamos esta de acuerdo con la voluntad de Dios y es aceptable para El (véase Joseph Smith, Lectures on Faith, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1985, 3:5). Después de todo, las palabras a menudo citadas del profeta José siguen en vigor; el dijo: “La felicidad es el objetivo y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad. Este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios” (Mi reino se extenderá, pág. 7). No tenemos que sentirnos deprimidos ni desalentados por la situación del mundo, porque el Señor nos ayudara a encontrar lo bueno que nos llevara a la felicidad.

En estos días en que los medios de comunicación tienen casi entrada libre en nuestros hogares, debemos buscar entretenimientos edificantes, ya sea en la televisión, videos, películas, revistas, libros y otros materiales impresos. Debemos saber seleccionar y elegir sólo lo que pruebe ser virtuoso, bello, de buena reputación o digno de alabanza. Si tenemos dudas, debemos evitarlos.

Especialmente en un año de elecciones, que se efectuaran en los Estados Unidos este año, debemos apoyar a aquellos que creemos actuaran con integridad y cumplirán nuestras ideas de buen gobierno. El Señor dijo:

“Cuando los inicuos gobiernan, el pueblo se lamenta. Por tanto, debe buscarse diligentemente a hombres honrados y sabios, y a hombres buenos y sabios debéis esforzaros por apoyar” (D. y C. 98:9–10).

La Iglesia tiene una norma de estricta neutralidad política, sin favorecer a ningún partido ni candidato, pero todo miembro debe tomar parte activa en el proceso político. Debemos estudiar los asuntos y los candidatos para estar seguros de que nuestros votos se basen en el conocimiento y no en los rumores. Tenemos que orar por los que ocupan puestos públicos y pedirle al Señor que les ayude al tomar decisiones importantes que nos afecten. Nuestras creencias en cuanto a gobiernos y leyes de la tierra se resumen en la sección 134 de Doctrina y Convenios y en el Articulo de Fe 12. Debemos apoyar las leyes que estén en armonía con esas creencias morales.

Los miembros de la Iglesia deben llevar el mensaje del evangelio a todos los que quieran oírlo. Debemos predicar sin tardar, por el precepto y por el ejemplo, para estar seguros de que todo el que quiera aceptar las verdades del evangelio tenga la oportunidad de hacerlo. La mejor manera de enseñar el evangelio es vivirlo. Los padres deben preparar a sus hijos enseñándoles principios del evangelio, enseñándoles a vivir limpios y puros para ser dignos misioneros y embajadores del Señor; alentándoles a obtener un firme testimonio del evangelio y ayudándoles a prepararse económicamente para ese servicio. Asimismo, las parejas mayores deben hacer planes para servir como misioneros.

Debemos ir a los santos templos con frecuencia para efectuar las ordenanzas esenciales por los que han muerto. La obra del templo nos permite hacer por otros lo que ellos no pueden hacer por si mismos. Esta es una obra de amor gracias a la cual nuestros antepasados pueden seguir su progreso hacia la vida eterna. Tan valiosa como es para ellos la obra del templo, así es para nosotros. La Casa del Señor es un lugar [a donde podemos ir] para escapar de lo mundano y ver nuestra vida desde una perspectiva eterna. Podemos meditar en instrucciones y convenios que nos sirven para entender con mas claridad el plan de salvación y el infinito amor de nuestro Padre Celestial por Sus hijos. Podemos meditar en nuestra relación con Dios, el Padre, y Su Hijo, Jesucristo. De Doctrina y Convenios aprendemos que un templo es “un sitio de instrucción para todos aquellos que son llamados a la obra del ministerio en sus varios llamamientos y oficios; “a fin de que se perfeccionen en el entendimiento de su ministerio, en teoría, en principio y en doctrina, en todas las cosas pertenecientes al reino de Dios sobre la tierra” (D. y C. 97:13–14).

El hacer la obra del templo a menudo nos da fortaleza espiritual. Puede ser un apoyo en nuestra vida diaria, una fuente de guía, protección, seguridad, paz y revelación. No hay obra mas espiritual que la obra del templo.

Según las palabras de Hugh Nibley: “El templo es un modelo escala del universo. Ese misticismo del templo se debe a su conexión con otros mundos; es el ejemplo en la tierra del orden celestial, y el poder que hay en el viene de lo alto” (Insights, An Ancient Window, marzo de 1992, pág. 1).

Como hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, siempre debemos reconocer el divino potencial que hay en nosotros y nunca restringir nuestra perspectiva a la visión limitada de la vida mortal.

Debemos buscar al Espíritu Santo, que puede ser el compañero constante de los que son obedientes y dignos. El puede revelarnos toda verdad en nuestra mente y en nuestro corazón, consolarnos en tiempos de aflicción, inspirarnos para tomar decisiones correctas y ayudarnos para que nos limpiemos del pecado. No conozco bendición mas grande que podamos recibir en la mortalidad que la compañía del Espíritu Santo.

Sin duda vivimos en tiempos difíciles, pero podemos buscar y obtener lo bueno a pesar de las tentaciones y trampas de Satanás. El no nos puede tentar mas allá de nuestro poder para resistir (véase 1 Corintios 10:13). Cuando buscamos “algo virtuoso, o bello, o de buena reputación”, estamos tratando de imitar al Salvador y seguir Sus enseñanzas. Entonces estamos en el camino que lleva a la salvación.

Doy mi humilde testimonio de que nuestro Padre Celestial conoce y ama a cada uno de Sus hijos, y que Su Hijo Amado, Jesucristo, es nuestro Salvador y Redentor. José Smith es el Profeta de la Restauración del Evangelio de Jesucristo. Sus sucesores, desde Brigham Young hasta nuestro Profeta actual, el presidente Ezra Taft Benson, son Profetas de Dios de nuestros días. Ellos nos enseñan a buscar lo que es bueno. Y así lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amen.