El amor de Cristo

C. Max Caldwell


“La frase ‘el amor … de Cristo’ puede tener tres significados: El amor por Cristo, el amor que proviene de Cristo, el amor como el de Cristo.”

He aprendido el valor que tiene el Libro de Mormón como testigo de Jesucristo y atesoro las enseñanzas que contiene en sus sagradas paginas. Hoy quisiera hablar de uno de los preceptos mas peculiares que se enseñan en el.

Cuando era joven y estaba en la misión, recuerdo haber leído las palabras de Pablo a los corintios, preguntándome lo que querría decir la frase que habla de la fe, la esperanza y la caridad, diciendo que entre estas tres la caridad es la mas importante (véase 1 Cor. 13:13). [En algunas revisiones modernas de la Biblia se ha cambiado la palabra “caridad” por “amor”, mientras que en la versión del rey Santiago, en ingles, continua siendo “caridad”.] Me preguntaba por que sena la caridad la mas importante, pues no entendía bien el significado de esta palabra. En parte, el motivo de mi confusión era que la acepción que comúnmente se le da a la palabra caridad no es la misma que el significado doctrinal que tiene ni el de las Escrituras.

Al estudiar este asunto en las paginas del Libro de Mormón, tuve otra perspectiva. Mormón, un profeta antiguo de las Américas, relacionó la palabra caridad con el Salvador, diciendo que “la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre” (Moroni 7:47).

Medite sobre lo que quiere decir la frase “el amor … de Cristo”. La respuesta a este interrogante es sumamente importante, porque “el Señor Dios ha dado el mandamiento de que todos los hombres tengan caridad, y esta caridad es amor”. (2 Nefi 2ó:30.) Si debemos tener caridad, es preciso que sepamos lo que es. La frase “el amor … de Cristo” puede tener tres significados:

  1. 1.

    El amor por Cristo.

  2. 2.

    El amor que proviene de Cristo.

  3. 3.

    El amor como el de Cristo.

Primero, tratare el amor por Cristo. Este concepto mantiene que Jesús es el recipiente de nuestro amor y que nuestra vida debe ser una expresión de nuestra gratitud por El; esto es a veces difícil de hacer. Una vez fui a una reunión de un grupo de sumos sacerdotes cuyo maestro era un hermano ya mayor. El dijo: “Muchas veces, cuando oramos, agradecemos las bendiciones de que disfrutamos, pero ¿que pasa con las que no disfrutamos? Es bastante difícil estar agradecidos por ellas”. Este hermano acababa de pasar la primera Navidad sin su esposa después de mas de cincuenta años de casado. Es muy difícil agradecer al Señor las circunstancias que no nos hacen felices.

Nuestro amado presidente Benson nos contó algunas experiencias que tuvo con los santos en países devastados por la guerra, entre ellas la siguiente: “Una hermana salió de su casa en Polonia y caminó mas de mil quinientos kilómetros con sus cuatro hijitos; los cuatro se le. murieron de hambre y frío. Sin embargo, aun en la condición desnutrida en que se hallaba, con la ropa desgarrada y los pies envueltos en arpillera, se puso de pie y nos dio su testimonio de lo bendecida que se sentía” (Ensign, nov. de 1980, pág. 33).

Las cosas que no disfrutemos no deben eclipsar las razones que tengamos para amar al Salvador. De ser así, podríamos perder nuestra visión de la realidad o amargarnos y perder el amor por Cristo.

¿Con cuanta intensidad lo amamos? ¿Depende nuestro amor de circunstancias favorables? ¿Disminuye o se fortalece con nuestras experiencias? ¿Demuestran nuestra actitud y nuestro comportamiento el amor que sentimos por El? La caridad, o el amor por Cristo, nos sostiene en todas nuestras necesidades e influye en todas nuestras decisiones.

Otro aspecto del significado de la caridad es el del amor que proviene de Cristo. Un profeta del Libro de Mormón nos da una explicación inspirada de este concepto. Hablando con el Señor, Moroni dijo:

“… te has dicho que has amado al mundo, aun al grado de dar tu vida por el mundo …

“… este amor que has tenido por los hijos de los hombres es la caridad … “ (Eter 12:33-34).

Al cumplir con los difíciles requisitos de la Expiación, el Salvador nos dio el ejemplo de lo que es el amor en su expresión suprema. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13.) Y al permitir que Su Hijo hiciera un sacrificio tan abnegado y lleno de padecimiento, el Padre nos manifestó la suprema demostración de Su amor como dádiva para el resto de Sus hijos.

El apóstol Juan testificó con exactitud sobre esta infinita, aunque condicional, demostración de la caridad de los Dioses cuando escribió:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el crea, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Esta ofrenda de caridad debe ser aceptada por nosotros. La acción redentora del Salvador por nuestros pecados no tiene efecto sobre nosotros si no estamos dispuestos a cumplir con las condiciones de Su expiación.

Hablando de lo esencial que es para nosotros recibir el amor divino de Dios, Moroni declaró reflexivamente:

“… a menos que los hombres tengan caridad, no pueden heredar ese lugar que has preparado en las mansiones de tu Padre” (Eter 12:34).

Unos años atrás me prepare para enseñar una clase sobre un tema que me parecía bastante difícil. La noche antes de la clase, ore pidiendo ayuda y después me acosté, todavía preocupado. Cuando me desperté, se me ocurrió una idea que presente a la clase esa mañana. Después de la lección, un joven me habló en privado, diciendo “Esa lección era para mi; ahora se lo que debo hacer”. Después me entere de que el haber ido a esa clase había sido el primer contacto que había tenido con la Iglesia desde hacia años. Después de eso, puso su vida en orden y mas adelante sirvió fielmente en una misión. En estos momentos goza de la felicidad de haber hecho convenios eternos con su familia. El posee el don de la caridad porque aceptó el amor redentor de Cristo.

El tercer aspecto del significado de la caridad es saber sentir un amor como el de Cristo, o sea que lo que se debe sentir por los demás es ese amor cristiano. Nefi dijo:

Tengo caridad para con mi pueblo …

“Tengo caridad para con el judío …

“Tengo también caridad para con los gentiles …” (2 Nefi 33:7-9).

Al ver que Nefi sentía tanto amor por todos, no podemos menos que preguntarnos cómo lo habría logrado. Debe de haber vivido de acuerdo con el mandamiento divino que el Salvador daría mucho después como la clave para desarrollar el amor:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado … “ (Juan 13:34; cursiva agregada) .

El amor de Jesús era resultado de una vida llena de sacrificio, de servicio y de abnegación hacia los demás y estaba inseparablemente unido a esas condiciones. Nosotros no podemos desarrollar el amor cristiano a menos que pongamos en practica ese mismo proceso que nos enseñó el Maestro.

El apóstol Juan no sólo era amado por el Señor sino que el también amaba a otros como el Señor los amaba. Juan reafirmó este concepto cuando dijo:

“En esto hemos conocido el amor, en que el puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

No es una coincidencia que los misioneros den una parte de su vida en beneficio de otros y que después, cuando vuelven, testifiquen lo mucho que aman a la gente que han servido. No es extraño que los obispos y otros lideres del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares que se sacrifican por los demás sientan amor por los que se benefician con su labor. ¿Hay un amor mas grande entre los mortales que el de una madre que lo da todo por su hijo? Los que desean poseer la misma caridad que Jesús poseyó lo logran haciendo lo que El hacia.

En una ocasión, mi esposa iba a tener que viajar y le pidió a una de las hermanas del barrio que diera la lección de la Sociedad de Socorro por ella. A la semana siguiente, esa hermana vino a nuestra casa a devolverle el manual, y le trajo un pan que acababa de hornear y una tarjetita en la que había escrito:

“Eres una persona especial y te quiero. Gracias por pensar en mi para dar la lección”. Se sentía agradecida de haber podido prestar un servicio. Estaba llena del amor de Cristo.

La caridad no es sólo un precepto ni un principio; tampoco es únicamente una palabra que describe acciones o actitudes. Es un estado interno que debe adquirirse y sentirse para poder entenderse. Poseemos caridad cuando esta llega a formar parte integral de nuestro ser. Los que tienen caridad sienten amor por el Salvador, han recibido Su amor y aman a otros como El los ama.

Es interesante notar que la palabra caridad no aparece ni en un sólo versículo del Antiguo Testamento. Sin embargo, no hay duda de que los profetas de la antigüedad entendían la necesidad de tener la caridad de la misma manera que lo entendían el apóstol Pablo y los profetas de la América antigua. Y estoy seguro de que esos profetas sabían que la caridad es “el amor puro de Cristo” (Moroni 7:47), y enseñaban ese concepto.

Esto da lugar a que nos preguntemos si los enemigos de Cristo eliminarían deliberadamente de las Santas Escrituras estas verdades salvadoras, que formaban parte de las enseñanzas claras y preciosas que Nefi profetizó que se quitarían (véase 1 Nefi 13:20-29). Además, la caridad se explica sólo parcialmente en el Nuevo Testamento.

Gracias al Libro de Mormón, otro Testamento de Jesucristo, se ha restaurado la definición de este precepto eterno y podemos comprenderlo. Testifico que si obedecemos este precepto, nos acercaremos mas a Dios; y sin duda, nos pareceremos mas a El.

Individual y colectivamente, podemos sentir la paz y la felicidad que gozaron durante casi doscientos años las gentes de la antigüedad cuando “no había contenciones en la tierra, a causa del amor de Dios que moraba en el corazón del pueblo” (4 Nefi 1:15). Esto lo se como se que el Señor vive, en el santo nombre de Jesucristo. Amén.