El Porque Del Guardar Los Mandamientos

Of the Quorum of the Twelve Apostles


M. Russell Ballard
“Se engañan a ustedes mismos si piensan que pueden quebrantar las promesas que han hecho al Padre Celestial y no sufrir los consecuencias.”

En esta ocasión deseo hablar principalmente a los jóvenes y a las jóvenes de la Iglesia. Ruego que el Espíritu me ayude a inspirarles para que deseen llevar una vida recta.

Algunos de ustedes quizá no comprendan bien el plan de nuestro Padre Celestial y no se den cuenta cabal de lo importante que es llevar una vida moralmente limpia para tener paz, felicidad y una sólida propia estimación. Si lo comprenden, las verdades del evangelio les brindaran la guía que precisan para ser dignos miembros de la Iglesia. Si aceptan los principios básicos del evangelio y resuelven vivirlos, tendrán la comprensión espiritual indispensable para ser hombres y mujeres jóvenes de pureza, integridad y fe.

Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que abundan los tóxicos morales de todo tipo, entre ellos, las drogas, la violencia, el lenguaje soez, las publicaciones pornográficas, los videocasetes, las películas y los programas de televisión que fomentan el concepto de que las relaciones sexuales ilícitas son un proceder normal. Y hay actualmente en los Estados Unidos un candente debate sobre si el escoger el aborto es aceptable.

En medio de esas dificultades, es preciso que tengan presente que no se encuentran solos para hacerles frente, ya que hay personas que les aman y desean que sean felices. Nosotros deseamos lo mejor para ustedes. Mas que nadie, su Padre Celestial les ama y desea que tengan regocijo y alegría. El ha hecho promesas extraordinarias a Sus hijos fieles que le aman, que se bautizan y guardan Sus mandamientos.

Cuando ustedes entraron en las aguas del bautismo, hicieron al Señor la promesa de que “se humillarían ante Dios … y testificarían ante la iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados, y que están dispuestos a tomar sobre ustedes el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifestarle por sus obras que han recibido del espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados” (véase D. y C. 20:37). Por tanto, quedaron obligados por convenio a manifestar “por su comportamiento y conversación según Dios, que son dignos … andando en santidad delante del Señor” (D. y C. 20:69).

Muchos de ustedes fueron bautizados a los ocho años de edad y quizá no se den cuenta de que esa es la promesa que hicieron a su Padre Celestial cuando fueron bautizados. Siempre deben recordar que están bajo este convenio. Su Padre Celestial les ha prometido a Su vez que El dará inefables bendiciones a los que cumplan con los convenios que hayan hecho, guarden Sus mandamientos y perseveren siendo fieles hasta el fin; estos serán sellados por el Santo Espíritu de la promesa y les serán entregadas “todas las cosas” (cursiva agregada) incluso una herencia en el reino celestial (véase D. y C. 76:50–55, 70; 2 Nefi 31:16–20).

El apóstol Pablo escribió: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Los que lleven una vida limpia y guarden los mandamientos “moraran en la presencia de Dios y su Cristo para siempre jamas” (D y C 76 62), tendrán “la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios” (D. y C. 14:7).

Deseo recordar a ustedes, los varones jóvenes que han sido ordenados al sacerdocio, que han hecho un convenio adicional con Dios. Cuando fueron ordenados, hicieron al Señor la promesa sagrada de que magnificarían su sacerdocio siendo fieles (véase D. y C. 84:33–42). Nos complace saber que muchos de ustedes son leales y fieles en todo aspecto a sus convenios del sacerdocio y que se están preparando para recibir las bendiciones que el Señor ha prometido. Lamentablemente, también sabemos que demasiados jóvenes poseedores del sacerdocio otorgan poca o ninguna consideración a la seriedad de las promesas sagradas que han hecho con nuestro Padre Celestial. Permítanme explicar las razones por las que ustedes, los jóvenes y las jóvenes, deben guardar los convenios que han hecho con Dios.

En el mundo preterrenal, antes de que saliéramos de la presencia de nuestro Padre Celestial, El nos previno y nos advirtió con respecto a lo que enfrentaríamos aquí en la vida terrenal. Se nos hizo saber que íbamos a tener un cuerpo físico de carne y hueso. Como nunca antes habíamos sido mortales, no teníamos idea de lo que eran las tentaciones de la vida mortal. Pero nuestro Padre Celestial, que lo sabia y lo comprendía, nos encomendó que dominásemos nuestro cuerpo mortal, sujetándolo al imperio del espíritu. Nuestro espíritu tendría que vencer las tentaciones que sobrevendrían a nuestro cuerpo físico en el mundo temporal. El poder espiritual para vencer la influencia de Satanás lo adquirimos al guardar los mandamientos de nuestro Señor Jesucristo.

Al estar aquí en la tierra por vez primera en nuestra existencia eterna, nos encontramos lejos de la presencia protectora de nuestro Padre Celestial y estamos sujetos a la influencia de Satanás y sus secuaces. Recordemos que Satanás procuró tentar aun a nuestro Salvador para que no cumpliera las promesas que había hecho a Dios. Después que Jesús fue bautizado, se fue al desierto para ayunar y orar durante cuarenta días. Satanás escogió los momentos en que Cristo tenia hambre y estaba físicamente débil para tentarle. Pero Jesús no sucumbió, sino que se mantuvo firme.

Satanás procurara tentarnos en las ocasiones en que pueda valerse con mayor eficacia de nuestras debilidades o en que pueda echar por tierra nuestros puntos fuertes. Pero el placer que el promete no es mas que el engaño de un deleite fugaz; su intención maligna es llevarnos a pecar, porque sabe que cuando pecamos nos separamos de nuestro Padre Celestial y de nuestro Salvador Jesucristo, y comenzamos a alejarnos de las bendiciones que nuestro Padre Celestial nos ha prometido, dirigiendo nuestros pasos a la miseria espiritual y a la angustia en que se encuentran Satanás y los suyos. Cuando pecamos, nos ponemos a merced del poder de Satanás.

Mis queridos y jóvenes amigos, comprendo lo que luchan día tras día por guardar los mandamientos del Señor. La batalla por llevar las riendas de sus propias almas es cada vez mas encarnizada. El adversario es fuerte y astuto. No obstante, ustedes tienen en su cuerpo físico el espíritu poderoso de un hijo o hija de Dios. Por motivo de que nuestro Padre Celestial les ama y desea que vuelvan a Su lado, les ha dado una conciencia que dice al espíritu de ustedes cuando están observando los mandamientos del Señor y cuando no lo están haciendo. Si prestan mas atención a su yo espiritual, que es eterno, que a su yo mortal, que es temporal, siempre resistirán las tentaciones de Satanás y vencerán los malignos esfuerzos de el por atraparles en su poder.

Es preciso que sean sinceros con ustedes mismos y que permanezcan fieles a los convenios que han hecho con Dios. No caigan en la trampa de pensar que pueden pecar un poco y que el hacerlo no tendrá mayor trascendencia. Recuerden que el Señor “no pued[e] considerar el pecado con el mas mínimo grado de tolerancia” (D. y C. 1:31 ). Hay hombres y mujeres jóvenes en la Iglesia que hablan sin tapujos de la transgresión sexual, habiendo olvidado que el Señor prohibe las relaciones sexuales antes del matrimonio, incluso las caricias impúdicas, la perversión sexual de cualquier clase y el interés desmedido por lo sexual ya sea en pensamiento, en palabra o en acción. Hay jóvenes que con necedad se dicen que no es tan grave pecar en el momento, ya que al fin y al cabo podrán arrepentirse después cuando vayan al templo o a la misión. El que hace eso quebranta las promesas que ha hecho a Dios tanto en la existencia preterrenal como en las aguas del bautismo. Eso de que se pueda pecar un poco equivale a engañarse a uno mismo. ¡El pecado es pecado! El pecado debilita espiritualmente y siempre pone al pecador en peligro en lo que toca a las cosas eternas. El escoger el camino del pecado, aun cuando se tenga la intención de arrepentirse, es sencillamente volver la espalda a Dios y violar los convenios.

Felizmente, muchos de ustedes los hombres jóvenes honran su sacerdocio y muchas mujeres jóvenes “defienden la verdad y la rectitud”, como lo dice el lema de las Mujeres Jóvenes (Manual de las Mujeres Jóvenes, pág. 6). Les felicitamos por su fidelidad e integridad.

Para los que se han extraviado, nuestro Salvador ha preparado el camino de regreso; sin embargo, este no está desprovisto de dolor. El arrepentimiento no es fácil, y toma tiempo … ¡tiempo doloroso! Se engañan a ustedes mismos si piensan que pueden quebrantar las promesas que han hecho al Padre Celestial y no sufrir las consecuencias.

Ustedes sostienen a la Primera Presidencia y a los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores. Hemos preparado para ustedes un folleto titulado La fortaleza de la juventud. La mayor{a de ustedes saben que ese inspirado folleto contiene pautas que les servirán para medir su proceder moral. Les insto a leerlo palabra por palabra una y otra vez para que comprendan lo que el Señor y Su Iglesia esperan de ustedes. El mensaje de la Primera Presidencia es tan importante que citare algunas partes de el:

“Nuestros amados jóvenes y señoritas:

“Deseamos hacerles saber que les amamos y que tenemos plena confianza en ustedes, por lo que quisiéramos hablarles con franqueza y honradez …

“Dios les ama tal como ama a todos y a cada uno de sus hijos. Su deseo, propósito y gloria es que regresen a su lado puros y sin mancha, habiendo probado que son dignos de heredar una eternidad de gozo en su presencia …

“Les aconsejamos que escojan vivir una vida moralmente limpia. El profeta Alma declaró: ‘… la maldad nunca fue felicidad’ (Alma 41:10). ¡Nunca se dijeron palabras tan ciertas!

“No se puede hacer el mal y sentirse bien. ¡Es imposible! …

“Rogamos que ustedes —la generación joven— mantengan sus cuerpos y sus mentes limpios, libres de la contaminación del mundo, que sean instrumentos aptos y puros para cumplir triunfalmente con las responsabilidades del reino de Dios en preparación para la segunda venida de nuestro Salvador” (págs. 3–5).

Por favor, consigan un ejemplar del folleto La fortaleza de la juventud y léanlo con regularidad. Lleven a todas partes la tarjeta con el resumen de el. Lean detenidamente la sección del folleto sobre la pureza sexual y sigan el consejo al pie de la letra. Los que imprudentemente hayan caído en transgresión deben leer la sección sobre el arrepentimiento y orar acerca de ello. Puesto que esto también es muy importante, citare partes de esta sección:

“Algunas personas desobedecen a sabiendas los mandamientos de Dios. Piensan arrepentirse antes de salir a una misión o antes de recibir los convenios y las ordenanzas sagrados del templo. Arrepentirse de un comportamiento de este tipo es difícil y doloroso y puede tomar mucho tiempo. Lo mejor es no cometer el pecado, porque algunos, entre ellos los sexuales, son de tal gravedad que pueden poner en peligro tu calidad de miembro de la Iglesia y tu vida eterna.

“Si tus decisiones ya te han conducido a la impureza sexual, el camino de regreso es el arrepentimiento. Habla con tus padres y con tu obispo, ya que ellos te aman y te explicarán cómo arrepentirte y poner tu vida en orden. Sigue sus consejos.

“El milagro del perdón es real, y el Señor acepta el verdadero arrepentimiento. Hay algunos pecados cuyo arrepentimiento pleno requiere, además de confesárselos al Señor y resolverlos con El, que también los resolvamos ante la Iglesia. El obispo y el presidente de estaca han sido nombrados por revelación para servir como jueces en estos casos. “Solamente el Señor puede perdonar los pecados, pero estos lideres del sacerdocio pueden ayudar al transgresor a seguir el proceso del arrepentimiento … Si has pecado, cuanto mas pronto retomes el camino de regreso, mas pronto encontraras la dulce paz y el gozo que se reciben a través del milagro del perdón”.

Los presidentes de estaca y de misión y los obispos y los presidentes de rama han recibido hace poco instrucciones de la Primera Presidencia referentes a recomendar miembros dignos y calificados para el servicio misional regular. Hermanos, confiamos en que ustedes enseñen a los lideres de los jóvenes, a los padres de estos y a los mismos jóvenes estos principios desde hace largo tiempo establecidos. Los misioneros deben ser moralmente puros y ser espire preparados por ustedes para servir al Señor en el mundo de hoy. Les insto a seguir las instrucciones paso a paso y a hacer todo lo que este a su alcance por ayudar a la gente joven a evitar cualquier pecado que les descalifique para servir en el reino de Dios.

Y. bien, mis queridos y jóvenes amigos, les insto a tomar un tiempo todas las semanas para estar a solas con ustedes mismos, lejos de la televisión y de los demás. Lean las Escrituras y, al hacerlo, mediten en ellas y oren al respecto, para evaluar con realismo su propia vida. Echen una mirada a la forma en que estén cumpliendo con las promesas que han hecho a nuestro Padre Celestial. Si tienen algún problema, hablen de el con el Señor en ferviente y humilde oración. Hablen con sus padres; ellos les ayudaran. Su obispo y sus lideres de los Hombres Jóvenes y de las Mujeres Jóvenes les ayudaran. Ellos les aman y desean que estén en paz con ustedes mismos para que participen dignamente de la Santa Cena todas las semanas. Sin embargo, al fin de cuentas, sólo ustedes saben si en verdad están siendo fieles a los convenios que han hecho con Dios.

¡Que agradecidos se sentirán cuando llegue el día en que vayan al templo por haber seguido el consejo del Señor y por haber escogido ser moralmente limpios! Que Dios les bendiga a cada uno de ustedes, jóvenes y señoritas, con pureza de corazón y el deseo sincero de servir al Señor siendo dignos.

Se que esta Iglesia es verdadera. Se que Dios vive y que Jesús es el Cristo. Se que si ustedes, los jóvenes de la Iglesia, tienen la valentía de guardar sus convenios y de seguir el consejo de sus padres y de los lideres de la Iglesia, desearan llevar una vida digna y tendrán la fortaleza para hacerlo. Entonces estarán preparados para cumplir con sus responsabilidades tanto en el hogar como en la Iglesia y en su comunidad, y, asimismo, estarán preparados para volver a la presencia de su Padre Celestial. Ruego que Dios les bendiga, a cada uno de ustedes, los jóvenes, en el nombre de Jesucristo. Amen.