La Constancia En Medio Del Cambio

Russell M. Nelson

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Russell M. Nelson
“Aun cuando la comprensión que se tenga de ella sea fragmentada, la verdad en si no cambia. La verdad y la sabiduría eternas provienen del Señor.”

Al igual que el presidente Monson, felicito a los hermanos Peterson, Komatsu y de Jager, quienes se merecen nuestro mayor agradecimiento. Y también expreso gratitud por este excelente coro de jóvenes de la Universidad Brigham Young; son maravillosos.

Nuestros jóvenes son admirables y tienen una habilidad especial para hacer preguntas que hagan reflexionar. Hace poco, tuve una conversación con dos a quienes llamaré “Ruth” y “Juan”. Ruth fue quien comenzó a hablar preguntando, con un suspiro: -Nuestro mundo esta sufriendo un cambio constante, ¿verdad?

-Si-le respondí-, desde su creación, tanto geológico como geográfico; y sus habitantes también están cambiando, política y espiritualmente. Puedes preguntar a tus abuelos como se vivía en la época en que ellos tenían tu edad, y veras lo que piensan al respecto.

-Ya les pregunté-contesto ella-. Mi abuelo resumió su opinión con este ingenioso comentario: “A mi que me den los viejos tiempos … pero con penicilina”.

A continuación, Juan expresó una gran preocupación:

-Esas condiciones que están cambiando constantemente hacen que el futuro sea muy incierto para nosotros. Me asusta eso; es como si estuviéramos parados en arena movediza.

Y los dos me preguntaron:

-¿En que podemos confiar? ¿Hay algo que sea constante y que no cambie con el correr del tiempo?

Les respondí a esa pregunta con un enérgico,

-¡Sí, muchas cosas!

Debido a que Ruth y Juan son típicos representantes de muchas personas que actualmente buscan la invariabilidad y la constancia en un mundo siempre variable, me gustaría hablar de ese tema dando a mis palabras el titulo de “La constancia en medio del cambio”. A través de los años, los profetas y Apóstoles han hablado de muchas cosas que permanecen inalterables y constantes. Para que mis palabras sean mas fáciles de entender, agruparé esos elementos en tres categorías: los personajes, los planes y los principios celestiales.

I. Los Personajes

Nuestro Padre Celestial tiene un cuerpo glorificado de carne y huesos, que esta inseparablemente unido con Su espíritu. Las Escrituras dicen que El es “infinito y eterno, de eternidad en eternidad el mismo Dios inmutable” (D. y C. 20: 17).

Su Hijo Amado, Jesucristo, es nuestro Salvador y la piedra angular de nuestra religión. “El es la vida y la luz del mundo” (Alma 38:9). “Y … no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre” (Mosíah 3:17)

El otro Ser es el Espíritu Santo, cuya influencia perdurable trasciende los límites del tiempo. Las Escrituras afirman:

“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamas” (D. y C. 12 l :46; cursiva agregada).

Mis hermanos, estos Seres Celestiales los aman y Su amor es constante como lo es el amor mas grande que pueda encontrarse entre los padres terrenales.

Pero hay otro personaje que no deben os olvidar: Satanás, que también existe y que procura “que todos los hombres sean miserables como cl” (2 Nefi 2:27).

II. LOS PLANES

Me referiré ahora a la segunda categoría: la de los planes inalterables. Una vez, se convocó un Concilio Celestial, en el cual, según parece, todos participamos; allí, nuestro Padre Celestial nos anuncio Su plan. Las Escrituras se refieren a ese plan de Dios dándole diferentes nombres. Quizás por respeto al nombre sagrado de la Deidad, o para dar una idea de su amplio alcance, se le. llama también el plan de felicidad, el plan de salvación, el plan de redención, el plan de restauración, el plan de misericordia, el plan de liberación y el evangelio sempiterno. Los profetas han utilizado esas denominaciones indistintamente. Pero, sea como sea que se le llame, la esencia misma de ese plan es la expiación de Jesucristo. Por tratarse del punto central del plan, es preciso que comprendamos el significado de la Expiación; sin embargo, antes de que podamos entenderlo, debemos comprender la caída de Adán; y antes de poder comprender plenamente la Caída, debemos comprender la Creación. Estos tres acontecimientos-la Creación, la Caída y la Expiación- son tres pilares principales del plan de Dios y se hallan relacionados entre si en la doctrina.

III. LOS PRINCIPIOS

Los principios son inalterables porque provienen de nuestro Padre Celestial, que es inmutable. Por mucho que traten, no habrá parlamento ni congreso en la tierra que pueda jamas anular la ley de la gravedad de la tierra ni enmendar los Diez Mandamientos; esas leyes son constantes. Todas las leyes de la naturaleza y de Dios forman parte del evangelio sempiterno; por eso, son muchos los principios inalterables; pero el tiempo sólo nos permitirá considerar unos cuantos.