Dediquen Tiempo A Sus Hijos

Ben B. Banks

Of the First Quorum of the Seventy


Ben B. Banks
“Cuando los hijos sienten que pueden hablar libremente acerca de lo que piensan, de sus problemas y sus logros, se desarrolla una maravillosa relación entre padres e hijos.”

Al dirigirse a los habitantes de Sión, el Señor dijo: “Enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:28).

Un sábado temprano por la mañana, en la época en que era presidente de estaca, recibí una llamada telefónica del obispo Nelson, solicitándome ayuda. Me contó que la familia Janzen, que pertenecía a su barrio, durante un paseo que habían realizado a las montañas, había perdido a su hijo Mathew, de siete años de edad. Debido a la obscuridad, el viernes por la noche tuvieron que detener la búsqueda del pequeño, pero al cabo de pocas horas, el sábado por la mañana, mas de cien hermanos y hermanas de la estaca se dirigieron hacia el lugar para unirse a la búsqueda. Después de varias horas de buscar cuidadosamente por los senderos, los caminos y las laderas arboladas, encontraron finalmente a Mathew. ¿Pueden imaginar la alegría de todos cuando sus padres lo estrecharon entre sus brazos? Entre las lágrimas de gratitud de los padres, les escuche preguntar:

-¿Que te pasó?

-Me equivoque de camino y me perdí-fue su respuesta-. Cuando se hizo de noche trate de idear algo en donde refugiarme y dormir, pero hacia tanto frío que no pude. Me arrodille sobre una piedra y ore cinco veces durante la noche y otra vez esta mañana. Ustedes me enseñaron que si alguna vez me perdía, debía orar a nuestro Padre Celestial y permanecer en el sendero, y que ustedes me encontrarían. El Padre Celestial escuchó mis oraciones.

El élder Richard L. Evans declaró: “A pesar de que los años pasan con mucha rapidez, de tanto en tanto pareciera que una voz apremiante, que se eleva por encima de todas las demás, nos dijera: ‘Dediquen tiempo a sus hijos’. Cada vez mas profesionales en la materia nos dicen que los niños se moldean y se forman a una edad muy temprana” (Improvement Era, noviembre de 1970, pág. 125).

En la vida tan ocupada que la mayoría de nosotros llevamos, es difícil encontrar el tiempo para hacer lo que deseamos hacer. Como regla general, todos los padres quieren ser buenos padres y están al tanto de que es dentro del núcleo familiar que se presentan las mejores oportunidades para enseñar los principios del evangelio a los hijos y de ayudarlos a comprenderlo mejor.

Cuando el Señor resucitado visito a los nefitas, cito las palabras de Isaías:

“Y todos tus hijos serán instruidos por el Señor; y grande será la paz de tus hijos” (3 Nefi 22: 13).

Hace pocas semanas, mientras asistía a una conferencia de estaca en las Filipinas, donde estoy viviendo en este momento, escuche a un niño, de once años de edad, pararse en el púlpito y decir con la fe característica de los niños:

“Mi hermana tenía dolor de muelas, pero yo le dije que le pidiera a papa una bendición. El se la dio y el dolor se le paso. Mis padres me enseñaron a orar cuando era pequeño y yo decía cosas muy graciosas cuando lo hacia, pero se que mi Padre Celestial igual me escuchaba. Siempre leíamos las Escrituras cuando yo era chico; y en ese entonces no las comprendía, pero ahora si las entiendo”.

Nunca será demasiado el hincapié que hagamos en la importancia que tiene la paternidad y la familia. Algunas familias de miembros de la Iglesia son lo que llamamos “familias tradicionales”, las cuales consisten en padres e hijos juntos en una relación estable, en las que tanto la madre como el padre comparten la responsabilidad de cuidar a los hijos. Otras sólo tienen al padre o a la madre en el hogar. Ese era el caso de mi familia. Mi padre perdió la vida en un accidente de construcción cuando yo apenas tenía dos al os, dejando a mi madre con siete hijos para criar. Sin embargo, aun esas familias siguen existiendo, porque las familias son eternas. Quizás haya muy pocos desafíos que sean mas grandes que el de ser buenos padres. Aun con las mejores intenciones, padres buenos y responsables experimentan muchas veces sentimientos de desesperación, de fracaso y de dolor cuando los hijos no toman decisiones correctas y no son lo que ellos quisieran que fuesen. Aun en esas circunstancias, es sumamente importante que los padres amen a sus hijos, oren y nunca se den por vencidos cuando un hijo o una hija se haya desviado del camino o los haya decepcionado. El presidente Howard W. Hunter declaró:

“Las responsabilidades de los padres son de máxima importancia, y los resultados de nuestros esfuerzos tendrán consecuencias eternas para nosotros y para los jóvenes que criemos. Toda persona que llega a ser padre tiene la estricta obligación de proteger, amar y ayudar a sus hijos a regresar a nuestro Padre Celestial” (“¿Se ha extraviado vuestro hijo?”, Liahona, enero de 1984, pág. 113).

Los padres deben ser los maestros principales de sus hijos. La Iglesia ayuda a los padres en la enseñanza de los hijos, pero no puede hacer mas que eso: ayudar. La Iglesia no puede tomar sobre si la responsabilidad de los padres.

El élder Richard L. Evans dijo: “El hogar determina nuestra vida y, por ende, también puede determinar nuestra vida eterna. Por tanto, rogamos a los padres que dediquen el tiempo que sea necesario para acercarse a los hijos que Dios les ha dado. Permitan que el amor reine en su hogar, que haya en el cariño y enseñanzas, y que no deleguen a otros el cuidado de los hijos. Que Dios nos ayude para que nunca estemos demasiado ocupados para hacer las cosas que tienen mas importancia, ya que es en el hogar donde se moldea al hombre” (Richard L. Evans, Quote Book, pág. 21).

Al hablar de esta gran responsabilidad de la paternidad, deseo analizar con ustedes algunos conceptos que los padres pueden utilizar para fortalecer a sus familias en contra de las tentaciones del mundo y para crear amor, unidad y tener el éxito que todos deseamos.

  1. 1.

    Comiencen desde temprana edad. “Una vez, un padre muy preocupado le preguntó al periodista Sydney Harris:

  2. 2.

    Una comunicación eficaz. Los padres deben pasar un tiempo considerable escuchando a los hijos y no solo diciéndoles lo que deben hacer o saber. Al escuchar deben hacerlo con la mente y el corazón abiertos o receptivos, libres de prejuicios e imparcialmente. Cuando los hijos sienten que pueden hablar libremente acerca de lo que piensan, de sus problemas y sus logros, se desarrolla una maravillosa relación entre padres e hijos.

  3. 3.

    Hacer que el amor y la unidad adquieran mas importancia. Es importante que sus hijos sepan que ustedes los quieren y que sepan lo que piensan. Eso lo pueden lograr por medio de cientos de pequeños hechos y gestos, tales como el de taparlos cuando se van a la cama después de escuchar sus oraciones; consolarlos con un abrazo o escucharlos cuando se sientan desanimados. Insten a sus hijos a apoyarse mutuamente asistiendo a los partidos o actuaciones en los que alguno de ellos participe.

  4. 4.

    Hacer cosas juntos. Las vacaciones y las actividades recreativas, y aun los proyectos de trabajo a nivel familiar, dan a los padres una buena oportunidad para enseñar la importancia de desarrollar buenos hábitos de trabajo. El hacer cosas juntos da al hijo y al padre o a la madre la oportunidad de trabajar juntos para alcanzar un objetivo en común.

  5. 5.

    Dar oportunidades para que aprendan a ser independientes y responsables. Enseñar a los hijos a tomar sus propias decisiones, aun cuando fracasen de vez en cuando. Es necesario que ayudemos a nuestros hijos a distinguir el bien del mal para que, como dijo Lehi, puedan “… actuar por si mismos, y no … se actúe sobre ellos” (2 Nefi 2:26).

  6. 6.

    Disciplinar con amor. La “disciplina” y el “castigo” no son sinónimos. Castigar es vengarse c alguien por algo que haya hecho mal. La disciplina se aplica para ayudar a la persona a ser mejor. (William E. Homan, “How to Be Better Parent”, Reader’s Digest, octubre de 1969).

  7. 7.

    Servicio. En su grandioso discurso de despedida, el rey Benjamín enseñó: “Cuando os halláis en el servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). Existen muy pocas recompensas en la vida que den mas satisfacción, gozo y paz que servir a alguien que necesite ayuda.

  8. 8.

    Lo ultimo y mas importante es establecer una “casa de Dios”. Las instrucciones que el Señor le dio al profeta José Smith, registradas en la sección 88 de Doctrina y Convenios, se refieren especifica-mente a la construcción de un templo; sin embargo, en este versículo de las Escrituras se describe en forma muy hermosa la clase de hogar que debemos tener:

No es fácil para los niños y los jóvenes mantenerse puros en el mundo de hoy. Hay muchas veces que se hace muy difícil para ellos distinguir el bien del mal. Necesitamos enseñar a nuestros hijos, tal como Alma enseñó a su hijo, Coriantón, que: “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10). Enséñenles a permanecer del lado del Señor. Lleven a cabo noches de hogar en forma regular; si es posible oren como familia dos veces al día; enséñenles a amar las Escrituras y cómo pueden sentir la cálida contestación de la oración individual. Enséñenles a comprender y a reconocer la forma en que el Espíritu Santo se comunica con nosotros por medio de la inspiración, los pensamientos, las impresiones y los sentimientos. Enséñenles el sagrado significado del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador Jesucristo.

El élder Boyd K. Packer ha dicho “Enseñen a nuestros jóvenes a expresar su testimonio, a testificar que Jesús es el Cristo, que José Smith es un profeta de Dios, que el Libro de Mormón es verdadero, que hemos vivido antes de venir a la tierra, que Cristo murió para redimirnos y que El es el Hijo de Dios” (Let Not Your Heart Be Troubled, Salt Lake City: Bookcraft, 1991, pág. 154).

Si, “lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hijos es nuestro tiempo” (Arnold Glasow, Richard L. Evans’ Quote Book, pág. 18).

Que todos los que son padres tengan éxito en convencer a sus hijos de que el verdadero gozo y la verdadera felicidad se obtienen viviendo el Evangelio de Jesucristo; y que los padres se sientan realizados y felices en sus esfuerzos y en su sagrada misión, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.