No Toquen El Don Mal Ni La Cosa Impura

H. Burke Peterson


“No podemos participar en el programa de diversiones auspiciado por Satanás y esperar que se nos considere inocentes. ¿Por qué?, porque somos hombres jóvenes y adultos del convenio.”

Hermanos, les saludo con un espíritu de amor y respeto. Les agradezco todo lo que hacen por los hijos de nuestro Padre en todo el mundo. Quisiera que supieran que esta asignación de dirigirles la palabra me ha tenido muy preocupado.

Como sé que ésta será la última oportunidad que tenga de dirigirme desde este púlpito a ustedes, hermanos del sacerdocio, he sentido que debía tratar un tema que quizás desconcierte a algunos. Así como el rey Benjamín suplicó, yo también lo hago, para que “… abráis vuestros oídos para que podáis oír, y vuestros corazones para que podáis entender, y vuestras mentes para que los misterios de Dios sean desplegados a vuestra vista” (Mosíah 2:9).

Ruego que esta noche reciban lo que voy a decirles por medio del Espíritu.

En Moroni 10:30 dice: “Y otra vez quisiera exhortaras a que vinieseis a Cristo, y procuraseis toda buena dádiva; y que no tocaseis el don malo, ni la cosa impura” (cursiva agregada).

Mis palabras se referirán a la participación, algunas veces inocente, en una de las terribles i, cosas impuras” a las que se refirió este antiguo profeta.

Satanás, el diablo, el padre de todas las mentiras, astuta y lentamente ha ido rebajando a un nivel trágico y destructivo las normas morales de la sociedad. En revistas como en libros, en discos y videos, así como en las pantallas del cine y la televisión, se exhibe cada vez con más frecuencia, un estilo de vida que podría competir con el de los habitantes de Sodoma y Gomorra; se ven personas desnudas, escenas sexuales y se escuchan palabras vulgares.

La gran tragedia es que muchos hermanos, tanto jóvenes como adultos, que poseen el sacerdocio de Dios miran y escuchan esas cosas. Al principio, algunos lo hacen de vez en cuando y se consideran espiritualmente fuertes e inmunes a su influencia. Esta inmundicia no es nada más ni nada menos que pornografía ataviada con esplendor; es una de los mejores instrumentos del maestro del engaño.

El problema es que estos hermanos no reconocen que están atrapados o que pronto lo estarán. Me temo que, lamentablemente, incluso algunos de los que me están escuchando tienen ese vicio y no se dan cuenta. Lo consideran una forma de diversión que les quita en forma temporaria el peso de los problemas diarios. Pero, en realidad, lo que les quita es la espiritualidad y la capacidad para invocar el poder de los cielos cuando lo necesitan. Debemos comprender plenamente las consecuencias de tomarle el gusto a esa clase de diversión. Los padres y las madres deben prevenir a sus hijos y hacerles ver el castigo eterno que tendrán. Ningún hombre o joven aquí presente puede mirar, leer o escuchar esa clase de vulgaridad explícita, por más leve que sea, sin causarle dolor a un Dios amoroso y un daño terrible al espíritu propio. No podemos mirar ni escuchar esas cosas inicuas en nuestros propios hogares, o dondequiera que se exhiban, sin sufrir las consecuencias.. y esas consecuencias son reales.

Debemos recordar que las recompensas de un vivir recto sólo se gozan parcialmente en esta vida terrenal; asimismo, las penas por quebrantar los mandamientos de Dios tampoco se sentirán en su totalidad mientras estemos en la tierra. La eternidad es muy, muy larga.

Hermanos, les suplico que no participen en ello; manténganse alejados de cualquier video, película, publicación o música, no importa si dicen que es apto para menores, que muestre o en el que se escuchen cosas ¡lícitas u obscenas. Tengan el valor de apagar el aparato que sea si están en su casa; desechen esas cintas y publicaciones en el tarro de la basura, ya que eso son, basura.

En Doctrina y Convenios se encuentra una exhortación y una promesa. La promesa dice: “Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas paso, “he visto llevarse a cabo cientos de milagros. Sin la oración, uno no puede librarse del vicio y continúa desdichado y desesperanzado” (Ibid.).

Si han tratado de hacerlo y se han dado por vencidos, les suplico que sigan esforzándose. Si perseveran, nuestro Padre Celestial no los abandonará.

El segundo paso de este plan de ataque es obtener fortaleza espiritual mediante el estudio diario de las Escrituras.

El estudio no tiene que ser largo pero debe hacerse todos los días. Si yo fuera ustedes, empezaría a leer las Escrituras esta noche y nunca dejaría pasar un día sin leerlas, aunque fuese sólo por unos minutos. A los que leen las Escrituras con regularidad se les promete más inspiración de Dios.

Las Escrituras nos ayudarán a vencer las tinieblas con la luz.

El tercer paso que les aconsejaría es el siguiente: Cuando sea necesario, confiesen sus pecados al obispo y recibirán bendiciones. Muchas personas guardan en su interior el sentimiento de culpabilidad que resulta de los pecados impenitentes. La confesión es parte del proceso del arrepentimiento. Si usted es una de esas personas que necesita confesarse, le suplico que vaya a ver a su obispo mañana antes del atardecer.

Testifico que el Salvador está a la cabeza de esta obra. Quisiera hacer eco de las palabras que el gran profeta Moroni pronunció en su discurso de despedida: “Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios” (Moroni 10:32).

De El testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.