Receta Divina Para La Curación Espiritual

Malcolm S. Jeppsen


“Testifico que aun cuando hay dolencias físicas que no tienen cura, todos las dolencias espirituales se pueden sanar gracias a la expiación de Jesucristo.”

A las magistrales palabras del elder Scott en cuanto a sanar espiritualmente, quisiera expresar algunas observaciones de parte de alguien cuya vida profesional estuvo dedicada a curar.

Habiendo practicado la medicina durante mas de cuarenta años, he tenido ocasión de ver a muchos pacientes enfermos o que habían sufrido lesiones corporales. Por eso, estoy en condiciones de hacer una confesión: Los médicos no curan a los pacientes. Esta asombrosa y complicada maquina a la que llamamos el cuerpo humano ha incorporado dentro de si un maravilloso mecanismo sanador; todo lo que puede hacer el médico es proveer un buen ambiente para la curación del enfermo.

Muy temprano en mi practica de la medicina aprendí que nuestro Padre Celestial ya ha proporcionado el proceso fundamental para la curación de un cuerpo enfermo o lesionado. Además, aprendí que la actitud del paciente tiene una gran influencia en su curación; aquellos que confiaban en el Padre Celestial y ejercían la fe en el poder del sacerdocio a menudo se recuperaban mas rápidamente.

(He presenciado milagros! Muchas veces, cuando mis conocimientos profesionales me indicaban que había muy pocas esperanzas, he visto al paciente recuperarse completamente. Pero también he visto a otros que confiaron con fe en el Señor al pedir Sus bendiciones por medio de la oración, mas su oración no recibió la respuesta que la persona o sus seres queridos esperaban.

El Señor ha establecido una condición para las bendiciones de salud, que es: “… el que tuviere fe en mi para ser sanado, y no estuviera señalado para morir, sanara” (19. y C. 42:48; cursiva agregada). Aun cuando una persona confíe en la fe que tiene en el Señor para recibir bendiciones, si le ha llegado el momento de morir, no se le restaurara la salud. Es cierto que “la muerte [pasa] sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador” (2 Nefi 9:6). El presidente Spencer W. Kimball escribió lo siguiente:

“Si todos los enfermos por quienes oramos fueran sanados, y todos los justos protegidos, y si todos los pecadores fueran destruidos, se anularía así todo el programa de nuestro Padre … y nadie tendría que vivir por la fe.

“… Entonces existiría muy poco o ningún sufrimiento, dolor, decepción, o ni la muerte aun; y si estos no existieran, tampoco habría gozo, éxito, resurrección ni vida eterna …” (La fe precede al milagro, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1983, págs. 96-91).

Así como en mi practica profesional de la medicina asistí a personas enfermas y les receté medicamentos, ahora tengo la responsabilidad de ayudar a personas que han pecado gravemente a arrepentirse y a volver completamente a la hermandad del evangelio empleando una receta que el Señor ha proporcionado. En esta asignación, he sido testigo de mucho pesar, remordimiento, dolor y sufrimiento porque las personas han quebrantado leyes que nuestro Padre Celestial nos ha dado para que seamos felices; también he visto la gran aflicción de una familia entera por la transgresión de uno de sus miembros. Y repetidas veces he observado lo que todos ya deberíamos saber: que en el pecado no hay felicidad.

El único que puede lograr sanar a un alma enferma es el Gran Médico, nuestro Padre Celestial, por medio de su Hijo Jesucristo. Jesús prometió que sanaría a los que vinieran a El “con integro propósito de corazón” (3 Nefi 18:32). La Iglesia no los puede sanar, los lideres del sacerdocio no los pueden sanar; solo un Dios Omnipotente puede lograr el milagro de la curación espiritual. Quiero dedicar unos momentos a hablar de lo que puede hacer una persona cuya alma se ha manchado con el pecado para ayudar en el proceso de su curación espiritual.

Hace poco, nuestra nieta de ocho años estaba muy ocupada haciendo galletas; tenía una receta que su madre le había dado, pero estaba confusa con uno de los ingredientes decía que se debía agregar dos cucharaditas de soda, sin la palabra “bicarbonato”. Así que fue a preguntar a sus padres: “)Tiene importancia si la soda es de limón o de naranja?” Cuando salieron las galletas, tenían un gusto terrible. La madre sacó en conclusión que la receta había fallado porque su hija se había confundido y le había puesto media taza de sal en lugar de media cucharadita.

Si los ingredientes de una receta para galletas son importantes , cuanto mas importantes serán los de una receta para la curación espiritual; y cuanto mas importante que no interpretemos mal las instrucciones, como hizo la niña con las galletitas.

Nuestro Padre Celestial nos ha dado una receta divina para esa curación, la cual tiene importantes repercusiones eternas. Voy a repetir los ingredientes de esta prescripción, tal como el Señor los ha dado a Sus siervos y a nosotros, Sus hijos.

El primer ingrediente es el reconocimiento de la causa de la enfermedad espiritual; en la curación del cuerpo, llamamos a esto el “diagnóstico”, y procedemos a hacerlo después de tomar una cuidadosa historia clínica y un examen físico minucioso. En la curación espiritual se le llama “confesión”. No sólo vale la pena sino que es necesario hacernos regularmente un examen concienzudo de nuestro estado espiritual. La confesión de los pecados es siempre indispensable cuando hay transgresiones serias (véase D. y C. 58:43). Un momento apropiado para dar ese paso es la entrevista que tenemos con el obispo para conseguir la recomendación para el templo; sus preguntas se asemejan a la historia clínica que toma el médico antes de dar el diagnóstico.

)En que condiciones estamos con el Señor? )Estamos satisfechos con nuestra propia espiritualidad? )Nos gusta lo que vemos al contemplarnos? )Es el Espíritu Santo nuestro compañero constante? )Reconocemos las impresiones del Espíritu? Las respuestas a estas y otras preguntas similares de intropección pueden ayudarnos a diagnosticar cualquier enfermedad espiritual que podamos tener.

El segundo ingrediente es un remordimiento y una contrición profundos por los errores que podamos encontrar en nosotros. El Salvador menciona este ingrediente cuando dice

“Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Y al que venga a mí con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, lo bautizaré con fuego y con el Espíritu Santo …” (3 Nefi 9 20).

Estoy seguro de que cuanto mas nos acerquemos a nuestro Padre Celestial, tanto mas claras serán para nosotros nuestras faltas. El Señor nos ha aconsejado esto

“Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis …” (1). y C. 88:63).

No obstante, la tristeza y el pesar en si no constituyen la cura espiritual; sin embargo, casi siempre acompañan al pecado y la transgresión

El tercer ingrediente es procurar el perdón de aquellos a quienes la transgresión haya perjudicado; ellos, a su vez, deben perdonar como el Señor lo ha dicho con mucho énfasis

“Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres” (D. y C. 64 10) .

Hace poco, llegaron a mi poder las palabras conmovedoras de un hombre que hace años había cometido un error del cual se había arrepentido después; con gran sufrimiento relataba como sus hijos rehusaban perdonarlo, hasta el punto de negarse a verlo o a dirigirle la palabra aun después de haber pasado mas de cinco años. El Señor nos dice en el capítulo 64 de Doctrina y Convenios:

“Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en el permanece el mayor pecado” (ver. 9).

Me pregunte si aquellos hijos llevarían en si “el mayor pecado”. En la asignación que tengo ahora, he visto muchos ejemplos de personas que parecen incapaces de perdonar a otros y hasta de perdornarse a si mismos después de haberse arrepentido. Este es, sin duda, uno de los ingredientes mas importantes de la curación espiritual.

El cuarto ingrediente es que debe abandonarse totalmente el pecado. Veo a demasiadas personas que después de haberse arrepentido vuelven a caer mas tarde en sus viejos errores. Cuando eso sucede, el pecado retorna al pecador, que, después de todo, quizás no se hubiera arrepentido de verdad. Leemos lo siguiente

“… no os imputaré ningún pecado; id y no pequéis mas; pero los pecados anteriores volverán al alma que peque …” (D. y C 82 7).

El quinto ingrediente: Tiene que haber obediencia a todos los mandamientos de Dios; esto quiere decir que los que han cometido transgresiones graves y se arrepienten no se habrán arrepentido de verdad hasta que paguen el diezmo integro, hasta que hayan vencido los problemas que tengan para cumplir la Palabra de Sabiduría, hasta que sean moralmente limpios y guarden santo el día de reposo.

Sexto, el pecador debe suplicar al Señor misericordia, fortaleza y perdón hasta que reciba “paz de conciencia” (Mosíah 4:3) por medio del Espíritu Santo. Esa es la esencia de la expiación de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Cuando cl rey Benjamín hubo acabado de hablar a su pueblo, miró alrededor, a la multitud y “… he aquí, habían caído a tierra …

“Y se habían visto a si mismos en su propio estado carnal, aun menos que el polvo de la tierra. Y todos a una voz clamaron, diciendo: (Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados, y sean purificados nuestros corazones … “Y … el Espíritu dal Señor descendió sobre ellos, y fueron llenos de gozo, habiendo recibido la remisión de sus pecados …” (Mosíah 4:1-3).

El perdón definitivo emana del Señor al pecador arrepentido; y la persona sabe, por el poder del Espíritu Santo, que ha sido perdonada.

El séptimo y último ingrediente es: Deben existir una fidelidad y un servicio constantes , a lo largo de toda la vida de la persona. Estos siete ingredientes componen la receta para sanar espiritualmente y nos permiten acercarnos al Señor con “integro propósito de corazón” (D. y C. 17:1). El profeta Nefi explicó esto cuando dijo:

“… se que si seguís al Hijo con integro propósito de corazón, sin acción hipócrita y sin engaño ante Dios, sino con verdadera intención, arrepintiéndoos de vuestros pecados … he aquí, entonces recibiréis el Espíritu Santo … y entonces podéis hablar con lengua de ángeles y prorrumpir en alabanzas al Santo de Israel” (2 Nefi 31:13).

Exhorto a todo aquel que necesite esa curación espiritual a seguir esta receta divina que ha dado el Salvador; a venir a El; a reconocer sus pecados; a arrepentirse completa y sinceramente. Permitan a los lideres del sacerdocio que les ayuden; sean sufridos y pacientes; supliquen que la expiación del Salvador tenga el efecto en ustedes. Y después, permítanle a El que los sane.

Hay un himno que explica así ese concepto:

Testifico que aun cuando hay dolencias físicas que no tienen cura, todas las dolencias espirituales se pueden sanar gracias a la expiación de Jesucristo. No tenemos mas que emplear los ingredientes que Dios nos dado, y el milagro sucederá. Testifico de Su poder sanador y les prometo que la receta que El nos da es la única cura para lograr la paz, la felicidad y el descanso de nuestra alma. En el nombre de Jesucristo. Amen.