Cinco Panes De Cebada Y Dos Panecillos

James E. Faust


“Una razón importante del crecimiento de la Iglesia … es la fe y devoción de millones … que tienen solo cinco panes de cebada y dos pececillos que ofrecer al servicio del Maestro.”

Vengo ante ustedes, mis hermanos, hermanas y amigos, con la sincera esperanza de que me ayuden con su fe y sus oraciones mientras trato humildemente de reconocer la mano del Señor Dios en nuestra vida. Extiendo a la hermana Norma Ashton nuestro amor y oraciones por el fallecimiento de nuestro querido hermano, el elder Marvin J. Ashton del Quórum de los Doce Apóstoles.

Hace algunos meses, mientras estaba con el elder Spencer J. Condie en el aeropuerto de Salt Lake, en forma imprevista nos encontramos con un matrimonio fiel y devoto, amigos de muchos años. Esta pareja ha dedicado su vida al servicio humilde, fiel y efectivo tratando de edificar la Iglesia en muchas partes del mundo. El elder Condie comentó: “Es extraordinario lo que hace la gente con cinco panes de cebada y dos pececillos para edificar el Reino de Dios”. Este servicio silencioso y devoto es una aseveración para mi de la palabra de Dios cuando dijo que “la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra, y ante reyes y gobernantes” (D. y C. 1:23).

Hoy día deseo hablar sobre esas personas que sólo tienen cinco panes de cebada y dos pececillos que ofrecer al Señor para alimentar a las multitudes.

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a el gran multitud, dijo a Felipe: )De dónde compraremos pan para que coman estos?

“Pero esto decía para probarle; porque el sabía lo que había de hacer” (Juan 6:5-6).

Felipe contestó de inmediato que no había suficiente dinero para comprar pan para la multitud. Entonces Andrés, el hermano de Pedro, dijo: “Aquí esta un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos …” (Juan 6:5-6, 9)

“Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.

“Y comieron todos, y se saciaron.

“Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces.

“Y los que comieron eran cinco mil hombres” (Marcos 6:41-44).

Con posterioridad, sus corazones se endurecieron y olvidaron la divina misión de Jesús, “porque aun no habían entendido lo de los panes” (Marcos 6:52).

En la actualidad, parece que hemos olvidado el milagro de los cinco panes de cebada y de los dos pececillos porque prestamos mas atención a los milagros que nos muestran la mente y las manos de los hombres; me refiero a las maravillas del transporte moderno y al complejo aumento del conocimiento científico, incluso los nuevos sistemas de computadoras modernas. Hemos olvidado que ese sorprendente conocimiento llega al genero humano sólo porque Dios decidió revelarlo y se debe utilizar para objetivos nobles y sabios y no solamente para fines de entretenimiento. Este conocimiento permite que las palabras de los profetas de Dios reboten en los satélites que viajan por la órbita de la tierra para dar la posibilidad a una gran parte del genero humano de escuchar sus mensajes.

Junto con este gran conocimiento ha venido aparejado un cierto escepticismo ante las verdades sencillas y profundas que se enseñan en el milagro de los cinco panes de cebada y los peces, o en otras palabras, que Dios gobierna los cielos y la tierra por medio de Su inteligencia y bondad divinas.

Debemos entender y recordar que también nosotros, como el muchacho de la narración del Nuevo Testamento, somos hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y el Redentor del mundo. Creemos que al pasar los siglos, después del establecimiento de Su reino en la tierra, cambiaron la doctrina y las ordenanzas, dando como resultado la apostasía y la perdida de las llaves de la autoridad del sacerdocio que había en la tierra.

Un milagro aun mas grande que el de los panes y los peces fue la visión del profeta José Smith, quien vio al Padre y a su Hijo en la arboleda sagrada en Palmyra, estado de Nueva York. Después de esto se restauraron en su plenitud las llaves, el sacerdocio y las ordenanzas salvadoras, y se restableció la Iglesia de (Cristo en nuestro tiempo. Así, Dios nuevamente nos “alimentó” y llenó nuestras “cestas” para que sobreabunde.

Se ha dicho que esta Iglesia no atrae precisamente a grandes personas, pero en cambio, por lo general hace grandes a las personas comunes. Mucha gente casi desconocida, poseyendo dones que sólo equivalen a cinco panes de cebada y a dos pececillos, magnifican sus llamamientos y sirven sin reconocimiento ni atención, alimentando literalmente a miles de personas. En gran medida, hacen posible el sueno de Nabucodonosor de que en los últimos días el Evangelio de Cristo sería como una piedra cortada del monte, no con manos, rodando hasta llenar toda la tierra (véase Daniel 2 34-35; D. y C. 65 2). Esos son los cientos de miles de líderes y maestros de todas las organizaciones auxiliares y los quórumes del sacerdocio, los maestros orientadores, las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro; son los muchos humildes obispos de la Iglesia, algunos sin educación académica, pero magnificando su cargo, aprendiendo siempre con un deseo humilde de servir al Señor y a la gente de su barrio.

Cualquier hombre o mujer que disfrute de la influencia del Maestro es como arcilla maleable en Sus manos. Mas importante que el adquirir fama y fortuna es llegar a ser como Dios desea que seamos. Antes de venir a la tierra, debemos de haber estado preparados para hacer algún pequeño bien en esta vida que nadie mas podría hacer. A Jeremías el Señor le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). Si Dios tiene una obra para aquellos con mucho talento creo que también tendrá una obra importante para los que tienen poco.

Cual es la característica común de aquellas personas que sólo tienen cinco panes de cebada y dos pececillos? )Que hace posible que, con la influencia del Maestro, sirvan, prediquen y bendigan a los demás y así lleguen a influir para el bien en cientos y aun en miles de personas? Después de toda una vida trabajando con asuntos de hombres y mujeres he llegado a creer que es la habilidad de sobreponerse al egoísmo y al orgullo, enemigos ambos del gozo pleno del Espíritu de Dios y de la actitud humilde ante Dios. El egoísmo no deja que marido y mujer se pidan perdón mutuamente; impide que disfruten plenamente de la ternura de un amor superior. El egoísmo a menudo impide que padres e hijos se entiendan y aumenta nuestra idea de que somos una persona importante y valiosa; nos ciega ante la realidad. El orgullo nos impide confesar al Señor nuestros pecados y errores y esforzarnos por llegar al arrepentimiento.

Que les sucede a aquellos que tienen un talento equivalente a sólo dos panes y un pez? Son los que hacen la mayoría del trabajo arduo, doméstico, rutinario y mal pagado en el mundo. La vida puede no haber sido muy justa para ellos; luchan por tener lo suficiente para sobrevivir; pero no han sido olvidados. Si usan su talento para edificar el Reino de Dios y para servir a sus semejantes, disfrutarán plenamente de las promesas del Salvador; y la gran promesa del Salvador es que ellos recibirán “su galardón, si, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D y C. 59:23).

En la parábola, aquel que tenía sólo dos talentos pudo decir: “Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos”. Entonces el Señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25:22-23).

Para algunos es una bendición el haber recibido contribuir, pero entre ellos hay quienes no logran llegar donde deberían; no alcanzan su potencial de servicio, quizás porque se enorgullecen demasiado de lo que creen saber y de lo que tienen. Parecen que no desean ni son capaces de someterse “al influjo del Espíritu Santo … y [volverse] como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre el, tal como un niño se somete a su padre” (Mosíah 3: 19) .

Durante gran parte de mi vida unos cuantos periodistas y disidentes han predicho la caída inminente de esta Iglesia; muchas veces han señalado el supuesto descontento de la juventud de la Iglesia. La vida y la dedicación de cerca de cincuenta mil jóvenes misioneros son un testamento indiscutible de la fidelidad de muchos de nuestros jóvenes. Además, durante mi vida la Iglesia ha aumentado de 525.000 miembros hasta casi ocho millones y medio. Creo y testifico que esto se debe a la restauración de la plenitud de las llaves y de la autoridad del Evangelio de Cristo por intermedio de José Smith.

Hace poco un periodista de fuera del estado de Utah dijo que estaban apareciendo “grietas en los muros del templo”; me imagino que con eso quería decir que los cimientos de la Iglesia se tambaleaban debido a unas pocas personas que no apoyan de lleno a los lideres de la Iglesia ni guardan los convenios. Para eliminar este concepto de grietas en la fe de nuestros miembros basta observar el gozo de la gente que asiste a cada uno de los cuarenta y cinco templos que hay por todo el mundo. Muchos son matrimonios que portan sus ropas del templo en un maletín, asidos de la mano, y muchos que no estando casados buscan la paz de las bendiciones de la Casa del Señor. Sus semblantes reflejan gran gozo y satisfacción.

Una razón importante del crecimiento de la Iglesia, desde sus humildes comienzos hasta la solidez actual, es la fe y devoción de millones de humildes y sacrificadas gentes que tienen sólo cinco panes de cebada y dos pececillos que ofrecer al servicio del Maestro. Han dejado de lado sus intereses personales, y al hacerlo, han encontrado “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Yo sólo deseo ser uno de aquellos que experimentan esa paz interior celestial.

Hace poco converse con Jeff y Joyce Underwood, de Pocatello, estado de Idaho. Son los padres de Jeralee y de otros cinco hijos. El trabaja en un equipo de mantenimiento de edificios que esta a cargo de algunas de nuestras capillas en Pocatello; ella es madre y ama de casa. Cierto día de julio del año pasado, su hija Jeralee, de once años, salió para ir de casa en casa recolectando el dinero correspondiente a los periódicos que había repartido durante el mes. Jeralee no regresó a casa ese día. ni al día siguiente, ni nunca.

Dos mil personas de los alrededores salieron en su búsqueda, día tras día; otras religiones enviaron ayuda y alimentos para los que la buscaban. Mas tarde se supo que Jeralee había sido secuestrada y asesinada brutalmente por un vil homicida. Cuando se encontró su cuerpo, todo el pueblo se horrorizo. De todos los estratos de la comunidad se dirigieron a los Underwood con amor y condolencias; algunos se enfurecieron y querían tomar venganza. Después de haberse encontrado el cuerpo de Jeralee, sus padres se presentaron aparentemente tranquilos ante las cámaras de televisión y otros medios de difusión para expresar su profundo agradecimiento hacia aquellos que habían ayudado en la búsqueda y a los que habían hecho llegar su amor y condolencias. La hermana Underwood dijo: “Se que un cerebro y un talento equivalentes a quince panes y a diez peces; tienen tanto con que nuestro Padre Celestial escuchó y contestó nuestras oraciones, y nos ha entregado a nuestra hija”; su esposo agregó: “Ya no dudamos de donde esta”. Ella continuó diciendo: “He aprendido mucho sobre el amor esta semana, y también se que hay mucho odio. He mirado hacia el lado del amor y deseo sentir ese amor y no el odio. Podemos perdonar”.

El elder Joe J. Christensen y yo estuvimos entre los miles de personas que tuvieron el privilegio de asistir al funeral de Jeralee. El Espíritu Santo bendijo esa reunión en forma admirable y habló paz a las almas de todos los que asistieron. Mas tarde, el presidente Kert W. Howard, presidente de la estaca de Jeralee, escribió

“Los Underwood han recibido cartas tanto de gente de la Iglesia como de personas que nos son miembros diciendo que habían orado por Jeralee; algunos, que no habían orado por años, debido a ese acontecimiento habían renovado su deseo de regresar a la Iglesia”. El presidente Howard dijo después: “Jamas sabremos cuan grande fue el proceso de activación y rededicación que causo este acontecimiento. Nadie sabe cuan lejos llegaran los efectos de la vida de Jeralee en las generaciones por venir”. Muchos han deseado venir a la Iglesia para saber que clase de religión podría dar a los Underwood esa fortaleza espiritual.

Con la aprobación y el estímulo de los padres de Jeralee, he mencionado los resultados positivos de este trágico acontecimiento. Esa tierna niña era como el muchacho que tenía solamente cinco panes de cebada y dos pececillos para darlos a la causa del Salvador; pero, por medio del poder de Dios, incontables miles de personas se han alimentado espiritualmente.

Testifico que el evangelio que enseñamos es el “poder de Dios para salvación” de todo aquel que escuche y obedezca (Romanos 1:16), sean cuales sean su talento o habilidades. En el nombre de Jesucristo. Amen.