“Recibí, Por Tanto, Alguna Instrucción”

Tom Perry


“Todas las familias de la Iglesia deben evaluar otra vez el progreso que están teniendo al observar con regularidad la Noche de Hogar.”

EIder Hales, le. damos la bienvenida como miembro del Consejo de los Doce. Nuestra amistad se remonta, creo, hasta mas de tres décadas. Claro que yo siempre me he preguntado por que cuando yo me mude a Nueva York usted se mudó a Boston; y mas tarde, cuando yo me mude a Boston, usted se mudó otra vez a Nueva York. ¡Ya no puede escaparse! Usted se une al mejor de todos los quórumes y esto es a causa de la hermandad y camaradería que hay en el. ¡Bienvenido, elder Hales!

El Libro de Mormón comienza con las siguientes palabras: “Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre …” (1 Nefi 1:1). ¡Cuan diferente seria el mundo si el diario personal de cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial comenzara con una frase similar, diciendo que se ha tenido buenos padres y que ellos les han enseñado!

Estamos viviendo en una época muy especial, en la que el Evangelio del Señor ha sido restaurado en su plenitud. Nuestro ejército misional está acrecentándose en calidad y en cantidad; en consecuencia, se predica el evangelio en mas idiomas y naciones, y a un numero mucho mayor que nunca de oídos atentos. A medida que se establecen nuestros barrios y estacas en la mayor parte del mundo, la mente creativa del hombre ha estado recibiendo la inspiración para desarrollar los instrumentos de comunicación necesarios a fin de hacer llegar al oído de esos pueblos las instrucciones de los Profetas. Las buenas nuevas del evangelio pueden ahora extenderse mas rápidamente, llevando consigo la esperanza de una paz sempiterna al corazón de los seres humanos.

Uno de los principales mensajes del evangelio es la doctrina de que la familia es de naturaleza eterna. Nosotros proclamamos al mundo el valor y la importancia de la vida familiar, en tanto que la confusión y las dificultades que existen en la actualidad se deben, en gran medida, al deterioro de la vida familiar. Las experiencias del hogar en que los padres enseñan y adiestran a sus hijos son cada vez menores.

La vida familiar en que hijos y padres se mantienen en comunicación mediante el estudio, el entretenimiento y el trabajo, ha sido reemplazada con una cena rápida, individual y recalentada, frente al televisor. En 1991 la Asociación Nacional de Distritos de Estados Unidos consideró que la falta de la buena influencia del hogar había alcanzado un nivel critico en el país y llevó a cabo una reunión para que sus miembros analizaran el problema. Y así reconocieron cinco conceptos básicos que podrían aumentar las posibilidades de éxito en la familia: Primero, fortalecer las relaciones mediante actividades de familia; segundo, establecer normas y aspiraciones razonables; tercero, fomentar el amor propio; cuarto, establecer metas asequibles; y quinto, evaluar con regularidad las virtudes y necesidades de la familia.

De pronto, la voz apremiante y amonestadora de nuestros Profetas desde el principio de los tiempos adquiere especial importancia. Tal como se nos ha aconsejado y alentado a que lo hagamos, debemos prestar atención a nuestra propia familia e incrementar nuestro esfuerzo misional para comunicar a otros la verdad del concepto de la importancia que tiene la unidad familiar.

Las instrucciones que en el principio dio el Señor a Adán y Eva establecieron claramente sus responsabilidades de padres; sus funciones quedaron bien definidas. Después de recibir las instrucciones del Señor, respondieron de esta manera a Su consejo:

“Y Adán bendijo a Dios en ese día y fue lleno, y empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de su transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios.

“Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamas el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes.

“Y. Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas” (Moisés 5:10-12).

En efecto, la responsabilidad que los padres tienen de enseñar a sus hijos fue una de las instrucciones que el Señor dio desde el principio a nuestros primeros padres terrenales.

Al restaurarse la Iglesia en nuestros días, se han recibido revelaciones encomendando nuevamente a los padres la obligación de enseñar y educar a sus hijos. En la Sección 93 de Doctrina y Convenios, el Señor reprendió a algunos hermanos que no habían cumplido sus responsabilidades para con sus familias. Las Escrituras nos dicen:

“Pero yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad. “No has enseñado a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos; y aquel inicuo todavía tiene poder sobre ti, y esta es la causa de tu aflicción.

“Y ahora te doy un mandamiento: Si quieres verte libre, has de poner tu propia casa en orden, porque hay en tu casa muchas cosas que no son rectas.” (D. y C. 93:40,42-43).

Hace muchos años la Iglesia exhortó a todos los padres a tener semanalmente la Noche de Hogar.

Esta recomendación se pone en practica en los hogares de los miembros de la Iglesia en la actualidad; el lunes por la noche se ha reservado para que la familia se junte. La Iglesia no debe realizar ninguna actividad ni auspiciar reuniones sociales en esa noche de la semana.

Se nos ha prometido que, si somos fieles en tal sentido, recibiremos grandes bendiciones. El presidente Harold B. Lee nos aconsejó hace tiempo: “Tengamos en cuenta estas cosas, que cuando la misión de Elías el Profeta se entienda cabalmente, el corazón de los hijos se volverá hacia los padres y el de los padres a los hijos. Esto parece suceder tanto de este lado del velo como del otro. Si descuidamos a nuestra familia en cuanto a la Noche de Hogar y fracasamos en nuestras responsabilidades aquí, ¿cómo nos parecería el cielo si perdiéramos a alguien a causa de nuestro descuido? El cielo no será tal hasta que hayamos hecho todo lo que podamos por salvar a aquellos que el Señor ha enviado a través de nuestro linaje”.

Y continuó diciendo:

“Así es que el corazón de ustedes, padres y madres, si tienen el verdadero espíritu de Elías, debe volverse hacia sus hijos ahora mismo y no creer que esto se refiere simplemente a los que están del otro lado del velo. Hagan que su corazón se vuelva hacia sus hijos y enséñenles. Pero deben hacerlo mientras sean pequeños y dóciles para enseñarles debidamente; y si descuidan la Noche de Hogar, estarán descuidando el comienzo de la misión de Elías de la misma manera que si estuvieren desatendiendo la investigación de su historia familiar” (Manual de la Sociedad de Socorro 1977-78, pág. 2).

A menudo he pensado acerca de los momentos felices que pasábamos cuando nuestra familia era joven y teníamos a nuestros hijos en casa. He hecho un análisis mental de aquellos días, considerando los cambios que haría en cuanto a la organización y administración de nuestra familia si tuviéramos la oportunidad de revivir esa época. Hay dos aspectos que me dispondría a mejorar si se me concediera el privilegio de tener hijos menores nuevamente en el hogar.

En primer lugar, dedicaría un tiempo mayor para reunirme en junta ejecutiva con mi esposa a fin de aprender, comunicarnos, planear y organizarnos para cumplir mejor con nuestros deberes de padres.

En segundo lugar, si pudiera vivir de nuevo esos años, me gastaría dedicar mas tiempo a mi familia, teniendo incluso Noches de Hogar con mayor persistencia y significado.

La responsabilidad de planear y preparar la Noche de Hogar no debiera encomendarse solamente a los padres; las de mayor éxito que he presenciado han sido aquellas en que toman parte activa los miembros jóvenes de la familia.

Les recomiendo, excelentes diáconos, maestros y presbíteros, y a ustedes, Abejitas, Damitas y Laureles, que aporten sus mejores contribuciones para que las Noches de Hogar de su familia tengan el mayor de los éxitos. En su hogar, muchos de ustedes podrían ser la verdadera conciencia familiar; al fin y al cabo, son ustedes quienes obtendrán el mayor beneficio de esas experiencias. Si quieren vivir en un mundo de paz, de seguridad y de oportunidades, la familia a cuyo éxito contribuyan quizás incremente el bienestar del mundo entero.

Recuerdo un ejemplo de esto que ocurrió hace años, durante las fiestas navideñas, en un paseo que hicimos con nuestros nietos. A fin de gozar de una verdadera unión familiar, hicimos los planes para viajar en una camioneta todos juntos. En el vehículo íbamos nosotros, mi hijo y sus tres hijos mayores; mi nuera había permanecido en casa con sus hijitos menores. Manejaba yo en esos momentos, mientras mi esposa iba sentada junto a mi oficiando de “copiloto”. De pronto, desde el asiento de atrás, oí que Audrey, la mayor de mis nietas, consultaba con su padre, diciéndole: “Papa, una de nuestras metas este año era terminar el Libro de Mormón en nuestro estudio familiar. Este es el ultimo día del año. ¿Por que no lo completamos ahora y así cumplimos la tarea?”

¡ Que grata experiencia fue aquella al escuchar a mi hijo y sus tres hijos mientras se turnaban para leer los últimos capítulos de Moroni, completando así su meta de leer el Libro de Mormón! Y no olvidemos que fue una jovencita, no uno de los padres, quien hizo la sugerencia.

Ustedes son una generación escogida, reservada para esta época tan especial en la historia de la humanidad. Es mucho lo que pueden contribuir al progreso y desarrollo de la familia a la que pertenecen. Les exhorto a tomar parte activa en su familia con ese espíritu tan especial y entusiasta de la juventud para hacer del evangelio un elemento primordial en su hogar. Recuerden el consejo del presidente Joseph F. Smith, cuando dijo:

“Quisiera que mis hijos y todos los hijos de Sión supieran que no hay nada en este mundo que tenga tanto valor para ellos como el conocimiento del evangelio que ha sido restaurado en la tierra en estos últimos días por medio del profeta José Smith. Nada podría compensar la ausencia de ese conocimiento. No hay nada en la tierra que pueda compensar la perdida de la excelencia del conocimiento de Jesucristo.

“Por lo tanto, todos los padres de Sión deben velar por sus hijos y enseñarles los principios del evangelio, y procurar, tanto como les sea posible, que cumplan con sus deberes, no como autómatas porque se les apremie a hacerlo; deben tratar de infundir en su corazón el espíritu de la verdad, el amor al evangelio, a fin de que cumplan con su deber no solamente para complacer a sus padres, sino porque es una satisfacción para ellos mismos” (Masterpieces of Latter day Saint Leaders, Presidente Joseph F. Smith, pág. 78).

La Noche de Hogar es para todos, ya sea en el hogar donde estén ambos padres, o en el que cuenten con uno solo de ellos o en el compuesto por una sola persona. A los maestros orientadores recomendamos que, al visitar a las familias, las alienten y estimulen para que realicen la Noche de Hogar.

Nuestro Profeta actual, el presidente Ezra Taft Benson, nos ha hecho notar una vez mas la necesidad de efectuar la Noche de Hogar, como también cuales son los elementos que contribuyen a su eficacia; el dijo:

“Habiéndose concebido para el fortalecimiento y la seguridad de la familia, el programa de la Noche de Hogar de la Iglesia dispone que una noche por semana se reserve para que los padres reúnan con ellos a sus hijos en el hogar. Juntos entonces ofrecen una oración, cantan himnos y otras canciones, leen las Escrituras, analizan temas de interés particular, hacen demostraciones de talento, enseñan los principios del evangelio y a menudo participan en juegos y se sirven refrescos caseros”.

Quisiera que tomen nota de cada una de esas sugerencias hechas por el Profeta en cuanto a lo que debiera formar parte de la Noche de Hogar. El continuó diciendo:

“He aquí las bendiciones que promete un Profeta de Dios a todos los que realicen solamente la Noche de Hogar. Si los santos obedecen este consejo, les prometemos que recibirán grandes bendiciones. Aumentaran el amor en el hogar y la obediencia a los padres; se desarrollara la fe en el corazón de la juventud de Israel y obtendrán así el poder para combatir la influencia y l as tentaciones de la maldad que les acosan” (en Conference Report, Conferencia de Area de las Islas Filipinas, 1975, pág. 10).

Exhortamos a cada uno de ustedes a seguir el consejo de nuestro Profeta.

Todas las familias de la Iglesia deben evaluar otra vez el progreso que están teniendo al observar con regularidad la Noche de Hogar. El cumplimiento de este programa será para ustedes una armadura protectora contra las maldades de esta época y les proporcionara, individual y colectivamente, un gozo mayor y mas abundante en esta vida y en las eternidades.

Que Dios nos bendiga para que, al reunirnos en consulta familiar, podamos restablecer y fortalecer este programa tan importante, es mi oración, en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amen.