Escuchemos La Voz Del Profeta

L. Tom Perry


“¡Que consuelo es saber que el Señor mantiene abierto un canal de comunicación con Sus hijos por medio del Profeta!”

Hermana Grassli, en nombre de mis nietos, y de cientos de miles de otros hermosos niños que tenemos en la Iglesia, a quienes usted ha dirigido fielmente y con gran inspiración, le agradezco desde lo mas profundo de mi corazón. (Muchas gracias!

El 6 de abril de 1830 es una fecha importante para los Santos de los Últimos Días por ser. el día. en que se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La traducción y la impresión del Libro de Mormón se habían terminado, el sacerdocio se había restaurado y el Señor mandó entonces que Su Iglesia se organizara de nuevo sobre la tierra.

Los futuros miembros de la Iglesia se reunieron en la casa de Peter Whitmer, en Fayette, estado de Nueva York, para esa ocasión especial. La reunión fue sencilla: José Smith, que tenía veinticuatro años, dio comienzo a la reunión y nombró a cinco colegas para que, junto con el, tuvieran el numero de personas que exigía el requisito legal de Nueva York para la formación de una sociedad religiosa. Después de arrodillarse en solemne oración, José Smith propuso que el y Oliver Cowdery fueran llamados como maestros y asesores espirituales en la recién organizada Iglesia. Todos levantaron la mano derecha, estableciéndose así el modelo del sostenimiento de los lideres de la Iglesia.

En aquella reunión, se recibió la revelación que aparece en la sección 21 de Doctrina y Convenios. En esa revelación, el Señor le dijo al profeta José Smith:

“He aquí, se llevara entre vosotros una historia; y en ella serás llamado vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, elder de la iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo,

“habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima” (vers. 1–2).

Hoy tuvimos la oportunidad de levantar la mano derecha para sostener a Howard W. Hunter como nuestro Presidente. Es un suceso histórico, así como una oportunidad para meditar sobre la bendición de tener un Profeta de Dios para guiarnos. Creo que al concluir esta inolvidable sesión debemos detenernos a considerar lo que significa sostener al Presidente de nuestra Iglesia como Vidente y Profeta.

Primero, el titulo de vidente. Moisés, Samuel, Isaías, Ezequiel y muchos otros fueron videntes. Lo fueron, por haber sido bendecidos con una visión mas cara que la que tenían otras personas de la gloria y del poder divinos.

Quizás la mejor descripción que tengamos de un vidente sea la que esta en el Libro de Mormón, cuando Ammón encuentra la tierra de Lehi-Nefi. Hubo un gran gozo en el lugar al llegar Ammón; el rey Limhi habló a su pueblo y le pidió a Ammón que relatara lo que les había pasado a sus hermanos desde que se habían separado; luego, mando a la gente de regreso a sus casas y pidió que le llevasen las planchas que contenían un registro de su pueblo desde el tiempo en que había salido de Zarahemla, a fin de que Ammón pudiera leerlas. Tan pronto como este leyó el registro, el rey le preguntó si podía interpretar idiomas de otros registros que tenían en su posesión, y Ammón le respondió que no, y le dijo

“Puedo de seguro decirte, oh rey, de un hombre que puede traducir los anales; pues el tiene algo con lo que puede mirar y traducir todos los anales que son de fecha antigua; y es un don de Dios …

“Y dijo el rey que un vidente es mayor que un profeta.

“Y Ammón dijo que un vidente es también revelador y profeta; y que no hay mayor don que un hombre pueda tener, a menos que posea el poder de Dios, que nadie puede tener; sin embargo, el hombre puede recibir gran poder de Dios.

“Mas un vidente puede saber de cosas que han pasado y también de cosas futuras; y por este medio todas las cosas serán reveladas, o mejor dicho, las cosas secretas serán manifestadas, y las cosas ocultas saldrán a la luz; y lo que no es sabido, ellos lo darán a conocer; y también manifestaran cosas que de otra manera no se podrían saber” (Mosíah 8:13, 15–17).

¿Que significa ser profeta? La palabra profeta en el idioma griego significa “maestro inspirado” (Encyclopedia of Mormonism, ed. por Daniel H. Ludlow, 4 tomos, Nueva York: Macmillan Publishing Co., 1992, 3:1164). En hebreo, la palabra profeta significa “aquel que anuncia o trae un mensaje de Dios”.

Según explicó el elder John A. Widtsoe:

“Un profeta es un maestro. Ese es el sentido esencial del vocablo. El profeta enseña el núcleo de la verdad, que es el evangelio, revelado por el Señor al hombre; y por inspiración lo explica para que las personas lo entiendan; es un expositor de la verdad y, además, enseña que la senda hacia la felicidad humana es la obediencia a la ley de Dios; el llama al arrepentimiento a quienes se aparten del camino de la verdad, y se torna guerrero para defender la consumación de los propósitos del Señor con respecto a la familia humana. El objeto de su vida es sostener el plan de salvación del Señor. Todo eso lo hace mediante la íntima comunión que tiene con el Señor hasta que esta lleno ‘de poder del Espíritu del Señor”‘ (Evidences and Reconciliatiorls, Salt Lake City: Bookcraft, 1943, págs. 204–205).

Cuando mi padre asistía a la Escuela Secundaria SUD, trabajó y vivió en la casa del presidente Joseph F. Smith. En la historia de su vida, escribió lo siguiente acerca del presidente Smith:

“La mayoría de los grandes hombres que he conocido han perdido parte de su grandeza al llegar a conocerlos bien; pero no ha sucedido así con el profeta Joseph F. Smith. El acto cotidiano mas sencillo aumentaba su grandeza. Para m{, el era un Profeta aun cuando se estaba lavando las manos o atando los zapatos”.

Mi padre relata una experiencia en la que el Profeta le enseñó una lección practica una noche en que el llegó tarde a casa. Cito nuevamente de la historia de su vida:

“Atravesé con pasos silenciosos la oficina y luego el estudio privado hasta la puerta que estaba al pie de los escalones que conducían a mi habitación. Pero la puerta no se abrió; la empuje y la empuje sin poder abrirla; por fin, me di por vencido y me dirigí hacia la alfombra que había visto en el pasillo con la intención de pasar ahí la noche.

“En la obscuridad, me tope contra otra puerta entreabierta y el ruido despertó al Profeta. El encendió la luz y, al ver quien era, bajó las escaleras y me preguntó que me pasaba.

“La puerta que da a mi habitación esta cerrada con llave’, le explique. Se dirigió a la puerta, la tiró hacia si en vez de empujarla, y la abrió. No me hubiera sorprendido verlo enfadado por tremenda tontería de mi parte, ya que aquel acto descuidado le había robado valioso tiempo de sueno. Pero el sonrió y se detuvo para preguntarme con que había tropezado. Le señalé la puerta entreabierta al final del pasillo.

“‘Déjame mostrarte algo’, me dijo. A pesar de ser medianoche, se tomó el tiempo para explicarme: ‘En la oscuridad nunca vayas a tientas con los brazos extendidos hacia adelante, pues de ese modo puedes chocarte contra una puerta. Mantén los brazos frente a ti, con las manos juntas, y de ese modo podrás tantear con las manos y no con la cabeza’. Le di las gracias y me fui a mi habitación. Esperó hasta que llegue a las escaleras de atrás y luego se fue a acostar”.

¿No es un profeta alguien que nos enseña a abrir las puertas que no podemos abrir, puertas de mas luz y verdad? ¿no es un profeta como un par de manos extendidas al frente de los miembros de la Iglesia, ayudándoles a atravesar los tenebrosos pasillos del mundo? ¿no es un profeta alguien que nos observa y espera con paciencia mientras llegamos al lugar donde debemos estar?

Nunca ha habido otra época en que la palabra escrita y hablada nos llegue desde tantas fuentes diferentes. En los medios de difusión encontramos comentaristas que analizan lo que dicen otros comentaristas, dándonos una sobreabundancia de opiniones y copiosos puntos de vista.

¡Que consuelo es saber que el Señor mantiene abierto un canal de comunicación con Sus hijos por medio del Profeta! Que bendición es saber que tenemos una voz de confianza que nos declara la voluntad del Señor. Como el profeta Amos enseñó: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Por cierto, el Señor comprendía la necesidad de mantener Su doctrina pura y de confiar la interpretación de esta a un solo portavoz. Naturalmente, se nos exhorta a estudiar y a obtener todo el conocimiento que podamos en esta vida; se nos aconseja analizar e intercambiar ideas el uno con el otro para ganar mas conocimiento. No obstante, el Señor cuenta con una sola fuente para la declaración de Sus doctrinas fundamentales. Incluso las Autoridades Generales hemos recibido la siguiente exhortación:

“Con el objeto de preservar la uniformidad de la interpretación de la doctrina y de las normas, tenga la bondad de acudir a la oficina de la Primera Presidencia a fin de considerar cualquier duda de índole doctrinal o de normas que no este claramente definida en las Escrituras o en el Manual General de Instrucciones”.

De este modo, se eliminan los conflictos, la confusión y las opiniones diversas.

El presidente Brigham Young nos aseguró que podemos tener plena confianza en los profetas. El dijo:

“El Todopoderoso dirige esta Iglesia y no permitirá que os desviéis si estáis cumpliendo vuestro deber. Podéis iros a dormir tan tranquilamente como un bebe en los brazos de su madre, sin preocuparos de que vuestros lideres os lleven por mal camino, ya que si trataran de hacerlo, el Señor rápidamente los quitaría de la tierra. Vuestros lideres están tratando de vivir su religión de la mejor manera que les es posible” (Journal of Discourses, 9:289) .

Hoy, al sostener a un nuevo Profeta, hemos hecho el convenio solemne de escuchar su voz. El Señor ha designado a Howard W. Hunter como nuestro Profeta, Vidente y Revelador.

Un ejemplo del espíritu del presidente Hunter se hizo evidente después de concluir una conferencia regional en una sala de conferencias de la Universidad Brigham Young, mientras el se disponía a salir del edificio por el túnel del oeste. Fue la época en que apenas empezaba a volver a caminar con la ayuda de un andador [después de haber estado muy enfermo], pero lo hacía con mucha dificultad. Mi hijo Lee había asistido a la conferencia con tres de sus hijos e iban saliendo también de la sala por el mismo camino. Mientras mi hijo y los niños avanzaban por el túnel, su hijo Justin, que en lugar de andar en línea recta iba caminando haciendo curvas de un lado para el otro, por poco se tropieza con el presidente Hunter. Lee le dijo al niño: “No te atravieses en el camino del presidente Hunter”. Este se detuvo, se volvió, sonrió y con una chispa de picardía en los ojos les dijo: “Nada se atraviesa en mi camino”.

¡Algo muy típico del presidente Hunter! La historia de su vida esta llena de relatos de determinación, logros, fe y verdadero amor cristiano. El es una inspiración para todos nosotros. El es nuestro Profeta. Estamos a sus pies, dispuestos a beber de la fuente de sabiduría de este firme y fiel siervo y líder. Estamos listos para escuchar su voz porque sabemos que habla por el Señor.

Que Dios nos bendiga para que sigamos al que ha sido llamado para ser nuestro Profeta, Vidente y Revelador. Testifico que Dios ha preservado y preparado al presidente Hunter para esta grande e importante responsabilidad. El es el siervo del Señor. De esto testifico en el nombre de Aquel de quien es esta Iglesia, nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amén.