Construyamos Fortalezas

Horacio A. Tenorio


“Construimos nuestra fortaleza demostrando, a nuestros hijos, por medio del ejemplo, que los principios y las enseñanzas del evangelio son una forma de vida.”

En un mundo cada vez mas congestionado por crisis, donde las guerras fratricidas, la corrupción, las combinaciones secretas y la inmoralidad nos hacen recordar la iniquidad descrita en el Libro de Mormón, Satanás ha intensificado sus esfuerzos por destruir a la familia, corrompiendo a la juventud y quitándoles a los niños su inocencia.

Nuestra juventud, en particular, es muy vulnerable a las astucias del enemigo, que se vale de todos los medios disponibles, aun las leyes constitucionales y los medios de difusión, para engañarla. Por medio de la televisión, el cine, la prensa, los libros, etc., el bombardea nuestros hogares con una propaganda destinada a seducirnos a usar productos nocivos y destructivos.

Los Santos de los Últimos Días y la gente de bien, dondequiera que estén, deben evaluar concienzudamente lo que permiten entrar en su hogar. Los padres de familia tienen el derecho inalienable y la responsabilidad de educar a sus hijos. Ninguna persona inapropiada debe imponer lo que se enseñe a nuestros hijos ni la moral que viva la familia.

El evangelio se basa en el principio del albedrío, y nuestro Padre Celestial nos ha hecho responsables de criar a nuestras familias de tal manera que puedan salvarse y regresar a Su presencia. En la sección 68 de Doctrina y Convenios, versículo 25, el Señor nos dice: “Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos … el pecado será sobre la cabeza de los padres”.

En la edad media, se construían grandes fortalezas alrededor de los castillos o de las ciudades para defenderse de ataques enemigos. En el Libro de Mormón, los nefitas construyeron fortaleza para defender a sus familias de sus enemigos. Debemos hacer que nuestros hogares sean una fortaleza para proteger a nuestra familia de los ataques constantes del adversario.

No estoy diciendo que nos aislemos del mundo construyendo fosos profundos o barreras de varios metros de altura alrededor de nuestra casa, sino que, por medio del Espíritu y en consejos familiares, decidamos las actividades, las diversiones, la lectura, las amistades, las normas y las costumbres que constituirán nuestra fortaleza.

Nuestra fortaleza consistirá en enseñar a nuestros hijos el evangelio por medio de las Escrituras, en establecer la costumbre de leerlas a diario como familia y en basar gran parte de nuestras conversaciones en ellas. Consistirá en arrodillarnos juntos todos los días para orar y enseñar a nuestros hijos la importancia de tener una comunicación personal y directa con nuestro Padre Celestial.

Construimos nuestra fortaleza demostrando a nuestros hijos, por medio del ejemplo, que los principios y las enseñanzas del evangelio son una forma de vida que nos ayudan a tener paz y felicidad en esta tierra y que proveen la fortaleza necesaria para soportar las pruebas y los sufrimientos que todo ser humano tiene que pasar. Debemos enseñarles a decir que “no”, a fin de que puedan evitar transigir con las modas y costumbres negativas del mundo cada vez que se vean enfrentados con ellas.

El crear una fortaleza requiere que la familia se reúna semanalmente, durante la noche de hogar, para que juntos tomen decisiones y se pongan de acuerdo.

En tiempos antiguos, era preciso inspeccionar con regularidad las fortalezas a fin de asegurarse de que no hubiera ningún punto débil que el enemigo pudiera aprovechar, y se establecían turnos de vigilancia constante en las torres de vigía, llamados también atalayas, para que el adversario no se acercara desapercibido. En otras palabras, una vez fortificada la ciudad, había que hacer un esfuerzo constante por mantener segura la fortaleza a fin de que cumpliera su propósito.

También nosotros, si establecemos nuestro propio sistema de vigilancia, podemos evitar que el enemigo encuentre y aproveche las debilidades que existan en nuestra fortaleza familiar, permitiéndole introducirse y dañar nuestro tesoro mas preciado: nuestra familia.

Una de las torres de vigías de nuestra fortaleza puede ser la costumbre regular de que el padre entreviste a todos los miembros de la familia. La entrevista personal es un medio sabio e importante para mantener intacta nuestra fortaleza. Mediante la entrevista, tenemos la oportunidad de conocer mejor a nuestros hijos, saber de sus problemas y preocupaciones, establecer corrientes de comunicación y confianza que nos permitirán detectar cualquier peligro, ayudarlos a tomar decisiones y apoyarlos en cualquier trance difícil. Como padres de familia, nuestro Padre Celestial nos ha dado la mayordomía de cuidar y proteger a nuestra familia, y esta es una responsabilidad que no podemos ni debemos delegar a nadie.

En Doctrina y Convenios, sección 93, versículos 39 y 40 dice: “Y aquel inicuo viene y despoja a los hijos de los hombres de la luz y la verdad, por medio de la desobediencia, y a causa de las tradiciones de sus padres.

“Pero yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad”.

Una entrevista llevada a cabo con amor y bajo la dirección del Espíritu puede servir como guía en la vida de nuestros hijos, puede originar algún cambio o ajuste necesarios e incluso resultar en milagros.

Deseo relatarles una experiencia familiar muy especial para mi. Se trata de una entrevista que tuve con mi nieto. Hace varios años, en una ocasión en que me estaba preparando espiritualmente con oración para entrevistar a una de mis hijas, sentí que debía entrevistar a Kemish, mi nieto, que en ese tiempo tenía poco mas de tres años y vivía con nosotros. Quiero aclarar que Kemish era un niño lleno de energía, que no podía mantenerse quieto por mas de un minuto, que siempre estaba corriendo, brincando y jugando. Pero deje pasar ese sentimiento, pensando que le haría una entrevista cuando fuera mas grande, ya que seguramente para entonces me prestaría mas atención.

Algunos meses después, mientras estaba orando, tuve otra vez esa impresión, pero mas fuerte, y en esa ocasión le hice caso. Busque a Kemish y le dije: “Mañana tu y yo tendremos una entrevista”. Al día siguiente, al comenzar, le explique, entre otras cosas, que durante una entrevista debemos mirarnos a los ojos y estar sentados un corto tiempo. Fue un verdadero milagro; Kemish estuvo sentado y quieto durante casi diez minutos; pero lo mas maravilloso fue que pude saber lo que sentía y pensaba. Lo que el mas deseaba saber era cuando podría tener una bicicleta. Cuando le explique que tendría que esperar hasta que fuera un poco mayor, lo entendió perfectamente. Me habló entonces de lo que había aprendido de Nefi y sus hermanos, pero la mayor experiencia para mi, como su abuelo, fue cuando me dijo que el sabia quien era Jesucristo y me dio su testimonio acerca del Salvador. En ninguna parte puede haber mas pureza y mas verdad que en el testimonio de un niño de tres años de edad.

Puedo imaginarme que antes de venir a esta tierra, tuve una entrevista con mi Padre Celestial, una entrevista en la cual me llamó y habló conmigo para mostrarme lo que tenía reservado para mi. Debió haber sido una entrevista llena de ternura con un Padre amoroso que se iba a separar de Su hijo por un tiempo. Espero ansioso la siguiente entrevista.

Se que tenemos un Padre amoroso que nos espera; se que El nos instruye por medio de su Hijo Unigénito, nuestro Salvador y Redentor; se que Su Iglesia y Su evangelio son verdaderas fortalezas que brindaran paz y seguridad a nuestro tesoro mas valioso en esta tierra: nuestra familia. Lo testifico en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.