Tu Confianza Se Fortalecerá

Richard C. Edgley


“Toda decisión buena que tomemos, cada vez que ejerzamos en forma responsable el sacerdocio y todo servicio que rindamos al prójimo aumentaran nuestra confianza en el Señor.

Yo, como muchas otras personas, me deleito al observar la actuación extraordinaria de algunos deportistas de categoría en el campo de los deportes. Es siempre emocionante ver el resultado de miles de horas de practica, de dedicación y sacrificio que se manifiesta en una jugada sobresaliente, en un pase genial en los últimos segundos del partido, en un gol que los lleve al triunfo y en los segundos de tensión de un tiro libre. Nunca deja de admirarme ver a un jugador de básketbol que se acerca a tirar y, una y otra vez, bajo toda la presión del momento y, con gran calma, le acierta al aro sin siquiera tocarlo. El año pasado, Jeff Hornacek, después de entrar en el equipo Jazz de Utah en mitad del campeonato, acertó en treinta y tres tiros libres consecutivos, un récord para el equipo. Tiraba con gran confianza en si mismo.

Me interesa estar al tanto de esos récords porque yo también batí uno en la escuela secundaria, aunque no quedó registrado; pero creo que ese récord se destacaría aun en la actualidad. Ocurrió en un partido entre el colegio del que me gradué, Preston High, y la escuela secundaria de Malad, estado de Idaho. Se jugó en el gimnasio de la vieja escuela de Malad en 1954.

A principios del partido, me hicieron una falta [“foul”] cuando estaba tirando, por la que me dieron dos tiros libres. Muy tranquilo, me acerque, coloque el pie a milímetros de la línea apropiada y trate de imitar a Bob Cousy, mi ídolo de básketbol de aquella época, picando dos veces la pelota, haciéndola girar en las manos, respirando hondo y tirándola. Fue una buena imitación hasta que tire: no emboque ninguno de los dos.

Minutos mas tarde, debido a las reglas del juego, tuve que volver a tirar. Para mi desgracia, volví a errar los dos tiros. Cuando el partido llevaba solo seis o siete minutos de empezado, quiso la mala suerte que volviera a errar otros dos tiros por tercera vez. Al volver a hacerme una infracción el equipo contrario y aproximarme para mi noveno y décimo tiros libres, de pronto vi que el aro, que al principio del partido era del tamaño reglamentario, como por arte de magia se habla empezado a encoger; cada vez que me acercaba a tirar, se hacia mas y mas chiquito.

La confianza en mi mismo también disminuía al ver el desencanto en la cara de mis compañeros y el brillo y el deleite solapado en los ojos de los contrarios cuando yo me acercaba a la línea. Después de errar el decimoquinto tiro, ya sentía las piernas y los brazos paralizados y vela el aro tan pequeño que ni siquiera una pelota de béisbol hubiera podido pasar por el. Cuando me acerque a la línea para errar el decimoctavo tiro libre consecutivo, el aro ya estaba del tamaño de un agujero de golf, y pensé que ni siguiera Bob Cousy hubiera podido embocarle. Indudablemente, no estaba jugando con mucha seguridad en mi mismo.

Por suerte, termino el partido y me quede con un récord de dieciocho tiros errados consecutivos, un récord difícil de alcanzar y que seguramente ninguno de ustedes entusiastas del deporte habrá presenciado jamas. Cuando salí de la cancha, no me quedaba ni un ápice de confianza en mi mismo, y lo peor, sabia que en los próximos partidos me volverían a hacer faltas [fouls] y tendría que seguir haciendo tiros libres. El problema ya no tenía relación con los tiros libres en si, sino con la falta de confianza en mi habilidad.

Estoy convencido de que cuando Jeff Hornacek estableció su récord, cada vez que se acercaba a tirar tenla plena confianza en sí mismo y que el aro, de esa manera mágica, le parecía cada vez mas grande. La diferencia consistía en la confianza.

Como leemos en Doctrina y Convenios, sección 121, versículo 45, el Señor le dijo a José Smith durante momentos de extrema desesperación en la cárcel de Liberty:

“… Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilara sobre tu alma como rocío del cielo”. (Que hermosa promesa para nosotros, los poseedores del sacerdocio: confianza en la presencia de Dios!

Cada uno de los presentes en este gran grupo del sacerdocio ha sido llamado y ordenado por Dios. Somos Sus emisarios y hemos contraído un santo convenio con El de honrar y magnificar el sacerdocio, y esto pasa a ser nuestra asignación mas importante y sagrada aquí en la tierra. Repito: nuestra asignación mas importante aquí en la tierra es honrar y magnificar el sacerdocio. Es mas importante que embocar tiros libres cruciales; es mas importante que atrapar un pase para lograr un tanto o que patear al arco y hacer un gol. Es mas importante que recibir la aprobación de los amigos; mas importante que firmar un contrato vital de negocios.

Cada vez que ejercemos el sacerdocio, ya sea por asignación o en un acto de servicio, es como si nos acercáramos a la línea de tiro libre; cada vez que se nos pone a prueba el sacerdocio por medio de tentaciones o problemas, es como si tuviéramos que embocarle al aro. El haber errado o embocado antes de que llegue la tentación tendrá mucha influencia en el resultado del próximo tiro. Nuestra confianza espiritual depende mucho de los éxitos espirituales que hayamos tenido y, desgraciadamente, también depende de los errores espirituales que hayamos cometido. Las decisiones que hayamos tomado influirán grandemente en la forma que veamos el aro, ya sea grande o pequeño, la próxima vez que estemos en la “línea de tiro libre”.

No podemos darnos el lujo de decir que quizás podamos cometer algún pecadillo mientras somos jóvenes o hacer picar un poco la pelota sobre los limites del pecado; no se puede pecar un poco. Todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen consecuencias. Toda buena acción mejora nuestra capacidad de hacer el bien y nos fortalece para resistir mejor el pecado o el fracaso. En cambio, toda transgresión, aunque minúscula, nos hace mas susceptibles a la influencia de Satanás la próxima vez que el nos tiente; el nos atrapa poquito a poco, haciendo disminuir a nuestros ojos las consecuencias de lo que se da en llamar “pecados leves”, hasta que nos aprisiona en sus redes al cometer uno grave. Nefi habla de esa técnica diciendo que el diablo nos pacifica y adormece y nos lisonjea hasta que nos “prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate” (2 Nefi 28:22; véase también el vers. 21). No se puede pecar un poco . Constantemente tiramos al aro y la canasta se agranda, o como le gusta a Satanás, se achica. Nuestra confianza, o se fortalece en el Señor o se fortalece en Satanás.

Cuando el Señor le pidió a Nefi y a sus hermanos que volvieran a Jerusalén a buscar las planchas de bronce, Nefi, debido a sus experiencias pasadas y a su preparación espiritual, vio la canasta muy grande; sabia que podía lograrlo, y dijo: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque se que el nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7). Por el contrario, Laman y Lemuel, que ya tenían la costumbre de quejarse y de ser irresponsables, vieron la canasta muy pequeña y por eso se rebelaron. Ninguno de los dos tenía la confianza ni la fe que se obtienen al prepararse con rectitud y no confiaban en que podían embocar en el aro.

Cuando David fue a pelear contra Goliat, Saúl lo desanimo recordándole que era muy jovencito y que no iba a poder con el gigante. Pero David contesto:

“… Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venia un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, “salía yo tras el, y lo hería, y lo libraba de su boca” ( 1 Samuel 1 7:3435) David había embocado ya varios tiros libres y veía la canasta de gran tamaño.

Cuando José Smith fue a la arboleda, cuando comenzó a traducir el Libro de Mormón y cuando organizo la Iglesia con solo seis miembros, su confianza en el Señor era muy grande.

El Señor ha hablado de enseñar línea sobre línea y precepto tras precepto. Esa es también la forma en que nos preparamos nosotros y magnificamos nuestro llamamiento, acción tras acción y hecho tras hecho. Cada buena acción agranda el aro y nos prepara para magnificar mejor nuestro llamamiento. Cuando ustedes, los poseedores del Sacerdocio Aarónico, bendicen y reparten la Santa Cena con pureza y reverencia, la percepción que tienen de la canasta aumenta un poco, al igual que su confianza en el Señor y su habilidad para actuar bien. Los que hayan resistido las tentaciones de menos peso son capaces de rechazar a Satanás con mas facilidad en momentos de pruebas mayores. Los que tengan una buena relación con nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador por medio de las Escrituras y la oración ven grande la canasta y sienten cada vez mas confianza.

Estoy muy seguro de que cada uno de nosotros ve su propia canasta de tamaño diferente. Algunos posiblemente piensen que acaban de errar dieciocho tiros consecutivos y que el tamaño de la canasta se ha reducido considerablemente. He conocido hombres, jóvenes y adultos, cuyas decisiones y acciones previas los han hecho perder la confianza en si mismos y en el Señor; es como si estuvieran paralizados de manos y piernas y la tarea de romper el ciclo de pecados y de fracasos les pareciera casi imposible de realizar. Sin embargo, comprender la misión de nuestro Salvador nos ayuda a saber que por medio del arrepentimiento sincero nuestras canastas volverán a ser del tamaño reglamentario. Toda decisión buena que tomemos, cada vez que ejerzamos en forma responsable el sacerdocio y todo servicio que rindamos al prójimo aumentaran nuestra confianza en el Señor.

Hermanos del sacerdocio, emboquemos nuestros tiros libres cumplamos nuestro deber cada vez que nos toqueCpara que nuestra confianza se fortalezca en la presencia de Dios y la doctrina del sacerdocio destile sobre nuestra alma como rocío del cielo. Porque somos el Sacerdocio de Dios. De esto testifico humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.