El Milagro De La Traducción Del Libro De Mormón

K. Dellenbach


“El Libro de Mormón se destaca como una obra milagrosa para que el mundo la examine. Esa divina chispa que provino de los cielos hace ya ciento sesenta y cinco años ha prendido la llama del amanecer de un nuevo día.”

Mis queridos hermanos, nos damos cuenta del milagro maravilloso que es la traducción del Libro de Mormón? Un milagro es “un hecho no explicable por las leyes naturales, que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino” (Diccionario de la Lengua Española, vigésima primera edición, Real Academia Española, 1992). De acuerdo con esa definición, la traducción del Libro de Mormón que hizo José Smith es en realidad un milagro moderno.

En la actualidad, el Libro de Mormón se imprime en mas de ochenta idiomas y se esta traduciendo o preparando su publicación en muchísimos mas. Examinemos el proceso actual que se sigue para traducir el Libro de Mormón del inglés a otros idiomas. La Iglesia contrata a traductores capaces y con experiencia, que dominan tanto el inglés como su lengua natal, que son fieles miembros de la Iglesia, íntegros y con un carácter moral intachable, para que de esa forma el espíritu de inspiración los guíe en su trabajo. Al igual que en la época de José Smith, la capacidad de traducir escritos sagrados en la actualidad es un don espiritual de Dios.

Sin embargo, a diferencia de los días del Profeta, mucho de estos traductores modernos utilizan computadoras (ordenadores), procesadores de datos, glosarios, léxicos y enciclopedias que los asisten y guían para llevar a cabo esa asignación sagrada. La obra moderna es extensa y los expertos en traducción de la Iglesia analizan con sumo cuidado cada uno de los pasos. De todas formas, aun con el equipo mas competente de traductores y avanzada tecnología disponible, el proceso entero, desde el principio hasta la publicación, lleva aproximadamente cuatro años.

Comparemos eso con la traducción del Libro de Mormón que hizo el

joven José Smith. El se crió en una zona rural del norte del estado de Nueva York y tenía solo veinticuatro años cuando terminó) de traducir esos sagrados anales del egipcio reformado al inglés.

Su situación económica era muy limitada y estaba muy ocupado trabajando para mantener a su esposa e hijos; por necesidad, plantaba y cosechaba, cortaba lena, acarreaba agua y cuidaba a los animales.

Las condiciones en las cuales traducía el Profeta no eran ciertamente ideales. Su vida estaba amenazada y el populacho trataba de robarle las planchas, por lo que se vi(r obligado a esconder los antiguos anales y cambiarlos varias veces de lugar (véase José Smith-Historia 1:60). No tenía telefonó, dictáfono, procesador de datos, facsímile ni máquina copiadora, ni siquiera luz eléctrica.

Tampoco había recibido instrucción escolar extensa, y con seguridad solo habría ido hasta el tercer grado de escuela primaria. Antes de comenzar la traducción, no se había inscrito en una universidad ni recibía periódicamente revistas de literatura o académicas. Nunca estuvo en América del Sur o el Medio Oriente. No pertenecía a ningún grupo profesional, no había llevado a cabo proyectos que requirieran extensa investigación ni tenía colegas eruditos con los cuales analizar el antiguo texto de las planchas. Debe de haber aprendido a leer, escribir y sacar cuentas, y quizás también un p(lCO de historia de su país; sabemos que leía la Biblia en inglés, pero, según las normas del mundo, José Smith no era ni un erudito ni un teólogo, y menos aun un traductor profesional de las Sagradas Escrituras.

¡Que habilidades y talento poseía el Profeta para ayudarle en la traducción? Oliver Cowdery, que fue el escribiente principal del Libro de Mormón, dijo, hablando de la fuente del poder de traducción del profeta José Smith, que el “tradujo mediante el don y el poder de Dios, con ayuda del Urim y Tumim” (“Last Days of Oliver Cowdery”, Deseret News, 13 de abril de 1859, pág. 48).

Una obra literaria pasa por extensas revisiones y ediciones antes de terminar la copia final, cuidadosamente pulida. Por ejemplo, Abraham Lincoln escribió su famoso Discurso de Gettysburgo por lo menos cinco veces, y cada versión era algo diferente de las anteriores (véase World Book Encyclope~ edición de 1992, “Gettysburg Address”) .

Al preparar mi discurso para esta conferencia, tuve la extraordinaria experiencia de examinar varias páginas del manuscrito original que hizo José Smith del Libro de Mormón, el cual se encuentra protegido y a salvo en el Archivo de la Iglesia. Me sentí sumamente emocionado al ver la pureza de la transcripción, la cual, sólo tenía algunas correcciones insignificantes, tales como algunos errores de ortografía. El manuscrito original era tan perfecto que solamente podría provenir de una fuente: la revelación divina.

Sobre los hombros del Profeta no solo descansaba la traducción del Libro de Mormón, sino también la restauración y el restablecimiento de la Iglesia de Jesucristo. Aun durante la época en que se encontraba traduciendo, recibió muchas revelaciones y visitaciones de mensajeros celestiales, los cuales le dieron además otras asignaciones importantes, como la restauración del sacerdocio y la revelación sobre el bautismo (véase José Smith- Historia 1:68-75).

La gran cantidad de responsabilidades que tenía interrumpían muchas veces la traducción, en ocasiones durante varios meses. No obstante, cuando estaba libre para dedicarse por entero a esa labor, la obra avanzaba y traducía de ocho a diez páginas por día; la mayor parte de la traducción del Libro de Mormón se terminó en aproximadamente sesenta y tres días (véase de John W. Welch y Ti Radiaban “Te Translation of te Book of Mormón: Basic Historical Information”, Provo, Utah: FA.R.M.S., 1986, pag. 14).

Oliver Cowdery, refiriéndose a ese hecho milagroso, dijo:

“Día tras día yo continuaba escribiendo las palabras de su boca, sin interrupción, según el traducía … la historia o relato llamado ‘El Libro de Mormón”’ (José Smith-Historia, Nota al pie de la página, pág. 67).

En casi mil cuatrocientos años, el Profeta fue la primera persona que leyó las palabras del Salvador tales como las escribieron Nefi, Alma, Mormón, Moroni y los demás profetas del Libro de Mormón. Su habilidad para traducir el Libro de Mormón no era nada menos que “una obra maravillosa y un prodigio” (2 Nefi 25:17).

La traducción original de José Smith al inglés, con excepción de unos pocos errores gramaticales y pequeñas enmiendas en el texto, continua siendo el mismo Libro de Mormón que utilizamos hoy día. del cual se efectúan todas las traducciones que se llevan a cabo en el mundo (véase Encyclopedia of Mormonism, ed. por Daniel H. Ludlow, 4 vol., Nueva York: Macmillan, 1992, “Book of Mormón manuscripts”) .

Como antiguamente profetizo Nefi, Sus “palabras [del Señor] resonarán hasta los extremos de la tierra, por estandarte a los de [Su] pueblo” (2 Nefi 29:2).

¿Podría alguien de nosotros hacer una obra similar? ¿Podría un consejo de mil de los mejores te(Slogos y eruditos de idiomas antiguos o de antigüedades del mundo escribir un libro similar con un valor tan transcendente y excelso?

Ninguna otra persona con una educación y en condiciones tan limitadas como el Profeta ha traducido a mano, de escritos antiguos y en tan corto tiempo, casi quinientas páginas de texto de las Escrituras. Esa traducción tiene ahora una distribución de setenta y tres millones de ejemplares.

La traducción de José Smith de esa escritura sagrada y antigua ha resistido el escrutinio de muchos escépticos. El Libro de Mormón se destaca como una obra milagrosa para que el mundo la examine. Esa divina chispa que provino de los cielos hace ya ciento sesenta y cinco años ha prendido la llama del amanecer de un nuevo día. No es entonces de extrañar que “como un fuego se ve ya ardiendo el Santo Espíritu del gran Creador” (Himnos, N° 2). En todo el mundo las personas buscan el testimonio de Jesucristo que se encuentra en el Libro de Mormón; vienen de toda nación, tribu, lengua y pueblo. Tal como se le revelo al profeta José Smith: “Los extremos de la tierra indagaran tu nombre …” (D. y C. 122:1). Y ¿por que preguntan su nombre? Porque la traducción que hizo del Libro de Mormón testifica de Jesucristo; y porque el es el Profeta de la Restauración.

Con profundo agradecimiento por el milagro que aconteció en la traducción del Libro de Mormón, cantamos:

Al gran Profeta rindamos honores.
Fue ordenado por Cristo Jesús
a restaurar la verdad a los hombres …
el conocido por miles será. (Himnos, N° 15.)

Testifico que el milagro de la traducción del Libro de Mormón es una clara evidencia de que José Smith es un Profeta de Dios, llamado para ‘ establecer los cimientos de esta iglesia y … hacerla salir de la obscuridad y de las tinieblas, la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra” (D. y C. 1:30). El Libro de Mormón es “la clave de nuestra religión” y acercara al hombre “mas a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 233-234 ). Que agradezcamos ese milagro y que tengamos el deseo de conocer y seguir al Salvador por medio de las enseñanzas del Libro de Mormón, es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amen.