1990–1999
Hyrum Smith, Firme Como Un Pilar
Octubre 1995


Hyrum Smith, Firme Como Un Pilar

“José Smith dijo una vez que sus seguidores harían bien en emular el ejemplo de la vida de Hyrum.”

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido de encontrarme de pie ante ustedes hoy día. Después de haber tenido una operación al corazón hace dos meses, estoy agradecido de poder estar de pie en cualquier parte. Sentí el poder de la fe y de la oración de los miembros de la Iglesia en mi favor estos últimos meses, y sinceramente lo agradezco. He sido grandemente bendecido y públicamente expreso mi humilde gratitud a mi Padre Celestial.

A principios de julio, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de viajar a los lugares históricos de la Iglesia en Palmyra, Kirtland y Nauvoo, con nuestros siete hijos, sus cónyuges y veinte de nuestros nietos. Algunas personas me sugirieron que eso quizás haya contribuido a causarme los problemas del corazón … Lo dudo, pero si se que nuestro viaje a esos lugares llenó nuestra alma con un mayor amor y respeto por el profeta José Smith, por su familia y por la gente fiel y fuerte que abrazó el evangelio restaurado y se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¡Que experiencia extraordinaria enseñar a mi familia usando Doctrina y Convenios en el mismo lugar donde se recibieron muchas de esas revelaciones e instrucciones!

El visitar esos lugares de inspiración y sumergirnos con la familia en los acontecimientos de la Restauración, me recordaron el maravilloso privilegio que tenemos de vivir en una época en que poseemos un conocimiento doctrinal tan claro del plan de salvación y de exaltación de nuestro Padre Celestial para nosotros. La claridad de nuestra relación con el Señor Jesucristo y Su Iglesia restaurada es un conocimiento preciado que nos fortalece. Agradezco a Dios que en estos días difíciles de decadencia moral y alejamiento de los valores íntegros no nos falten las verdades reveladas que guíen nuestra vida.

Durante varias de estas últimas semanas de recuperación física me encontré con mas tiempo libre del que acostumbro tener, lo que me dio la oportunidad inesperada de pensar, meditar y orar. No recomiendo los medios por los que recibí ese regalo de tiempo, pero creo que todos nos beneficiaríamos si dejáramos algo del que tenemos para pensar y meditar. El Espíritu nos puede enseñar mucho durante los silenciosos momentos de introspección.

El Espíritu me ha confirmado la importante responsabilidad que tenemos de que nunca se pierda el legado de fe que nos dejaron nuestros antepasados pioneros. Podemos obtener gran fortaleza, en especial los jóvenes, del conocimiento de la historia de la Iglesia. Como descendiente de Hyrum Smith, considero una obligación solemne el asegurarme de que la Iglesia jamás olvide el importante ministerio de ese gran líder. Reconociendo que nadie, con la excepción de Jesús, sobrepasó la gran obra y el singular cometido del profeta José Smith, mi alma se conmueve al recordar y respetar la valiente vida y las contribuciones extraordinarias de su hermano mayor, el patriarca Hyrum Smith.

En septiembre de 1840, Joseph Smith reunió a su familia. El venerable patriarca estaba agonizante y deseaba dejar una bendición a su amada esposa y a sus hijos. Hyrum, el mayor de los hijos que todavía vivían, le pidió a su padre que intercediera en los cielos a su llegada para que los enemigos de la Iglesia “no tuvieran tanto poder” sobre los santos. Luego, el padre le puso las manos sobre la cabeza y lo bendijo para que tuviera “paz … suficiente … para cumplir la obra que Dios le habla encomendado”. Conociendo la vida de fidelidad de su hijo, concluyó esa ultima bendición que le dio con la promesa de que Hyrum “sería tan firme como un pilar de los cielos hasta el fin de sus días” (Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, ed. por Preston Nibley. Salt Lake City: Bookcraft, 1958, pág. 309).

Esta bendición define la característica mas fuerte de Hyrum Smith: la cualidad que mas se destacaba en el es que era “firme como un pilar de los cielos”. A través de su vida, se combinaron en contra de el las fuerzas del mal en un intento de vencerlo, o por lo menos de alejarlo del camino recto.

Después de la muerte de su hermano mayor, Alvin, ocurrida en 1823, heredó responsabilidades importantes en la familia Smith. En esa misma época, ayudó y sirvió a su hermano, el profeta José, en el largo y arduo proceso de la Restauración. Finalmente, se unió al Profeta y a otros mártires de dispensaciones pasadas: Se vertió su sangre como póstumo testimonio al mundo.

Hyrum Smith se mantuvo firme a pesar de las circunstancias adversas; el sabía el curso que tomaría su vida y con conocimiento de causa decidió seguirlo; con el tiempo, llegó a ser compañero, protector, proveedor y confidente del Profeta y al fin murió como un mártir junto a el. Vivieron rodeados de injustas persecuciones durante toda su vida y, aun cuando era mayor, el reconocía el llamamiento de autoridad divina de su hermano. Aunque en ciertas ocasiones le daba firmes consejos, siempre obedeció a su hermano menor.

José Smith le dijo una vez: “Hermano,¡que corazón tan fiel tienes! ¡Que el Eterno Jehová corone tu cabeza con bendiciones sempiternas como recompensa por el cuidado que has brindado a mi alma! ¡Cuantos dolores hemos compartido juntos!” (History of the Church, 5: 107108).

En otra oportunidad, el Profeta se refirió a su hermano con estas palabras profundas y tiernas: “Lo amo con un amor que es mas fuerte que la muerte” (History of the Church, 2:338).

Hyrum Smith sirvió fielmente a la Iglesia. En 1829 estuvo entre las pocas personas a quienes se les permitió ver las planchas de oro de las cuales se tradujo el Libro de Mormón, y durante el resto de su vida testificó de la naturaleza divina del libro, como uno de los Ocho Testigos que “habían visto las planchas con sus ojos y las habían tocado con sus manos” (citado por Richard Lloyd Anderson en Investigating the Book of Mormon Witnesses, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1981, págs. 158159).

El estuvo entre los primeros que se bautizaron en esta dispensación del evangelio. En 1830 tenía treinta años y era el mayor de los seis hombres elegidos para organizar formalmente La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En 1831 habló en una conferencia en Ohio y se comprometió diciendo que “todo lo que tenía pertenecía al Señor y que estaba preparado para hacer la voluntad del Señor” (citado por Donald Q. Cannon y Lyndon W. Cook, editores, en Far West Record, Salt Lake City: Deseret Book Company, 1983, pág. 21). En 1833, cuando el Señor reprendió a la Iglesia por demorar el comienzo del Templo de Kirtland, Hyrum Smith fue el primero en empezar a cavar para los cimientos. Como presidente del comite del templo, reunió a la gente de la Iglesia para llevar a cabo la tarea casi imposible de edificar el Templo de Kirtland cuando la mayoría de los miembros no tenían nada, literalmente, para dar a la causa. Pocos años después repitió ese servicio con la edificación del Templo de Nauvoo.

Hyrum Smith prestó servicio como integrante del obispado de Ohio, en el primer sumo consejo, como patriarca; fue consejero en la Primera Presidencia y, finalmente, fue uno de los dos únicos hombres que tuvieron el oficio de Presidente Asistente de la Iglesia.

Cumplió muchas misiones para la Iglesia; durante una de ellas, mientras viajaba de Kirtland a Indiana, sufrió una de sus mas grandes pruebas cuando su primera esposa, Jerusha, murió poco después de haber dado a luz al sexto hijo de ambos. La madre de los Smith, Lucy Mack Smith, escribió que la muerte de su nuera “nos estrujó el corazón con un dolor muy grande … Era una mujer que todos amábamos” (Smith, History of Joseph Smith, pág. 246).

Aun cuando Hyrum Smith quedó muy dolorido, su fe era inquebrantable, y la determinación que tenía de servir a nuestro Padre Celestial y a Su Iglesia nunca disminuyó. Creo que el Señor lo recompensó por su fidelidad dándole una de las mujeres mas grandes de la historia de la Iglesia, Mary Fielding, con quien se casó mas tarde. Juntos edificaron un legado extraordinario de amor y de ejemplo.

En realidad, Hyrum Smith fue uno de los pilares firmes de la Restauración; pero lamentablemente, muchos miembros de la Iglesia saben muy poco sobre el fuera de que murió junto a su hermano, en la Cárcel de Carthage; eso es de gran importancia, pero el hizo mucho mas. En verdad, el mismo José Smith dijo una vez que sus seguidores harían bien en emular el ejemplo de la vida de Hyrum (véase History of the Church, 5:108). Deseo mencionar algunos de los ejemplos de su vida que quizás deberíamos seguir.

En 1829, cuando José Smith estaba terminando la traducción del Libro de Mormón, su hermano estaba ansioso por empezar a propagar el evangelio y a edificar la Iglesia y le pidió que le preguntara al Señor que debía hacer el. En la sección 11 de Doctrina y Convenios leemos la respuesta del Señor:

“No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla …

“… estudia mi palabra que ha salido … y también estudia mi palabra … lo que ahora se es está traduciendo” (D. y C. 1 1:2 1-22) .

La vida de Hyrum Smith es un testimonio de obediencia a esta instrucción divina. Hasta el último día de su vida se dedicó a obtener la palabra por medio del estudio de las Escrituras. Estando en la cárcel de Carthage leyó e hizo comentarios de pasajes del Libro de Mormón. Indudablemente, las Escrituras formaban parte de su ser y se volvió a ellas en momentos en que mas necesitaba consuelo y fortaleza.

Pensemos en la fortaleza espiritual que lograríamos y en cuanto mas eficaces seríamos como maestros, misioneros y amigos si estudiáramos las Escrituras a diario. Estoy seguro de que, al igual que Hyrum Smith, podremos enfrentar las pruebas mas grandes que se nos presenten si escudriñamos la palabra de Dios como el lo hizo.

El segundo gran ejemplo de la vida de Hyrum Smith que podríamos emular ocurrió muy a principios de la Restauración. De acuerdo con Lucy Mack Smith, la madre, cuando el joven José contó por primera vez al resto de su familia la experiencia en la Arboleda Sagrada, Hyrum y los demás recibieron el mensaje “con jubilo”; la familia se sentó formando un “circulo … prestando la mayor atención a un muchachito … que jamas en su vida había leído toda la Biblia” (Smith, History of Joseph Smith, pág. 82).

En contraste con la reacción de Laman y Lemuel ante el llamamiento divino de su hermano menor Nefi, y con los celos de los hermanos de José que fue vendido a Egipto, no había celos ni animosidad en Hyrum Smith. Por el contrario, nació una gran fe en su corazón como resultado de la simple y gozosa respuesta que sintió con respecto a la veracidad del mensaje de su hermano. El Señor le hizo saber en lo íntima de su ser que era verdad y siguió fielmente al Profeta por el resto de su vida.

“… yo, el Señor, lo amo [a Hyrum Smith]”, reveló el Salvador en Doctrina y Convenios, “a causa de la integridad de su corazón, y porque el ama lo que es justo ante mi …” (DyC.124:15).

El fiel Hyrum tenía un corazón creyente; para creer, no necesitaba ver todo lo que José Smith veía sino que le era suficiente oír la verdad de los labios del Profeta y sentir la impresión espiritual de que era verdad. La fe para creer fuesu fuente de fortaleza espiritual y ha sido la fuente de fortaleza espiritual de los miembros fieles de la Iglesia de antaño y de hoy. No necesitamos miembros que cuestionen todo detalle, sino los que hayan sentido con el corazón, que vivan cerca del Espíritu y que sigan Sus impresiones con jubilo; necesitamos corazones y mentes inquisitivas que reciban con alegría las verdades del evangelio sin argumentos ni quejas y sin demandar manifestaciones milagrosas. ¡Cuan bendecidos somos cuando los miembros responden con gozo ante los consejos del obispo, del presidente de la estaca, de los lideres de los quórumes y las organizaciones auxiliares, algunos de los cuales pueden ser menores que ellos o tener menos experiencia! ¡Que bendición tan grande recibimos cuando seguimos “lo que es justo” contentos y sin protestas!

El tercer ejemplo proviene de la forma desinteresada en que Hyrum Smith sirvió a sus semejantes. El comentario de su madre al respecto fue que “era sumamente tierno y amable’’ (Smith, History of Joseph Smith, pág. 55). Cuando el pequeño José sufría fuertes dolores en una pierna, su hermano Hyrum reemplazó a la madre y se sentó junto a el para cuidarlo durante casi todas las veinticuatro horas del día y por un período de mas de una semana.

El era siempre el primero en demostrar amistad a un forastero, el primero en intentar pacificar en una disputa, el primero en perdonar a un enemigo; se sabia que el profeta José Smith había dicho que “si Hyrum no podía hacer las paces entre dos que se habían peleado, ni siquiera los ángeles tendrían la esperanza de lograrlo” (J. P. Widtsoe, “Hyrum Smith, Patriarch”, The Utah Genealogical and Historical Magazine, abril de 191 1, pág. 56) .

¿Existen exigencias similares en la Iglesia y en nuestras familias hoy día? ¡Somos sensibles a los intereses de aquellos que necesiten atención especial? ¿Percibimos los problemas de familias que luchen espiritual o emocionalmente, a quienes les hagan falta nuestro amor, aliento y apoyo? El ejemplo de servicio desinteresado de Hyrum Smith seria una fuerte influencia en el mundo de hoy día si muchos de nos otros decidiéramos seguirlo.

Otro gran ejemplo nos llega desde el obscuro calabozo de la cárcel de Liberty. Allí Hyrum y José Smith y otros hermanos sufrieron el frío, el hambre, el tratamiento inhumano y la separación de sus amigos. En esa cárcel, que fue una experiencia de

aprendizaje, el Patriarca aprendió una lección de paciencia ante la adversidad y la aflicción. En medio de esta severa prueba, su preocupación primordial no era por si mismo ni por sus compañeros, sino por su familia. En una carta a su esposa, escribió que “lo mas duro de mi dificultad” era preguntarsecomo estarían ella y la familia. “Cuando pienso en tus aflicciones, mi corazón se atormenta de dolor … Pero, ¿que puedo hacer? … que se haga Tu voluntad, oh Señor” (carta de Hyrum Smith a su esposa, Mary Fielding, fechada el 16 de marzo de 1839).

Al viajar por toda la Iglesia, veo a miembros que han sido probados con aflicciones personales. Veo esposos, esposas y padres que viven en circunstancias difíciles de sobrellevar y que no pueden cambiar con respecto a SU cónyuge o sus hijos. Todos nosotros nos enfrentamos a veces con situaciones desagradables, con adversidades y aflicciones que no podemos cambiar. Muchas circunstancias se pueden encarar sólo con tiempo, lágrimas, oración y fe. Nosotros, como Hyrum Smith, sólo lograremos la paz cuando nos digamos: “Pero, ¿que puedo hacer? … Hágase Tu voluntad, oh Señor”.

Indudablemente, José Smith estaba inspirado cuando escribió sobre su hermano mayor, Hyrum: “Tu nombre será escrito … para que aquellos que vendrían después de ti lo consideren con veneración y puedan moldear su carácter según tus obras” (History of the Church, 5:108).

Ruego que podamos guardar la promesa que se le hizo a Hyrum Smith en la sección 124 de Doctrina y Convenios de que “su nombre se guarde en memoria honorable, de generación en generación para siempre jamas” (D. y C. 124:96). Su nombre seguramente será reverenciado si seguimos su ejemplo y moldeamos nuestro “carácter según [sus] obras”. Ruego que el recuerdo de Hyrum Smith y el de todos nuestros fieles antepasados nunca se aleje de nuestra memoria, y lo hago humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.