“La promesa mas importante que todos podríamos hacer seria: Seguiré a los profetas.”

Hermanos, me siento muy humilde al compartir este histórico estrado con otras Autoridades Generales, en especial con los quince profetas, videntes y reveladores sentados a mis espaldas, a quienes amo y respeto. Doy testimonio de que estos extraordinarios hombres de Dios que integran la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han sido preparados, refinados, probados, y llamados a presidir y dirigir esta labor del sacerdocio que esta en progreso constante.

En un centro comercial de Manila, en Filipinas, hay un cartel colocado en un lugar muy visible, que dice: “Su voluntad es mucho mas importante que su inteligencia”. Al meditar sobre el significado de esa frase, me vienen a la memoria las palabras de una hermosa canción de la Primaria, basada en 1 Nefi 3:7: “Iré y haré lo que el Señor me mande. La vía El preparara y obedeceré” (Canciones para los niños, pág. 65). Al mismo tiempo, me pongo a tararear y a silbar el estribillo de este famoso himno de la Restauración:

A donde me mandes iré, Señor …
diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que tu quieras, seré’.

Hay muchas personas que han sido bendecidas con gran capacidad y una inteligencia excepcional, pero que no están dispuestas cuando hay que ir, hacer, decir y ser lo que el Señor manda.

Las palabras iré’, haré’, diré, seré’, implican una resuelta obediencia. Nuestro tercer Articulo de Fe declara:

“Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el genero humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.”

Por cierto el mas magnífico acto de obediencia tuvo lugar en Getsemaní. Recordemos la sincera suplica del Salvador: “Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Para aquellos que poseemos el Sacerdocio de Dios, hay muchos importantes “seré”: Seré leal al juramento y convenio del sacerdocio; seré siempre un apoyo para el presidente del quórum; seré’ perfectamente fiel a los convenios hechos en lugares santos; y seré un siervo excelente en el ministerio del Sacerdocio Aarónico, preparándome así para mi futuro servicio en el sacerdocio. Posiblemente, la promesa mas importante que todos podríamos hacer seria: Seguiré a los profetas.

El presidente Brigham Young dijo lo siguiente:

“Ustedes no pueden destruir el llamamiento de un Profeta de Dios, pero en cambio, pueden cortar el hilo que les une al Profeta de Dios y hundirse en el infierno” (citado en “(Conference Report”, mayo de 1963, pág. 81).

El elder John A. Widtsoe expresó:

“En cualquier época, el mas importante de los profetas es el que este vivo en esos días … Seguir al Profeta, el que interpreta el pasado, es la esencia de la sabiduría. Toda la fortaleza de la Iglesia descansa en la doctrina de la revelación continua a traves de un profeta” (Evidences and Reconciliations, 3 tomos en 1, arr. por G. Homer Durham, Salt Lake City: Bookcraft, 1960, pág. 352).

El presidente Wilford Woodruff recordaba una reunión en la que el profeta José Smith le dijo a Brigham Young: “Hermano Brigham, quiero que suba al estrado y nos diga sus puntos de vista acerca de los oráculos escritos y de la palabra escrita de Dios”. Se dice que Brigham Young coloco delante de si las Escrituras, una por una, y luego dijo que consideraba que las palabras de un profeta viviente eran mas importantes que los escritos, porque lo que dicen los oráculos vivientes comunica la palabra de Dios para los que vivan en esos días. El presidente Woodruff continuo diciendo: “Cuando el hubo terminado, el hermano José dijo a la congregación: El hermano Brigham ha hablado la palabra del Señor, y les ha dicho la verdad” (en “Conference Report”, oct. de 1897, págs. 2223).

¿Hasta que punto obedecemos nosotros a los profetas actuales? Recuerdan el consejo que nos dieron hace seis meses, en la ultima reunión general del sacerdocio? Por ejemplo, ¿recuerdan esto que dijo el presidente Faust?:

“No hay responsabilidad mas grande que la de ser un esposo y padre, y de esta no se recibe un relevo … Amaras a tu esposa con todo tu corazón, y te allegaras a ella y a ninguna otra (D. y C. 42:22) (James E. Faust, “Las responsabilidades de los pastores, Liahona, julio de 1995, pág. 52).

¿Y se acuerdan del ferviente ruego del presidente Monson?:

“Hermanos del sacerdocio, el mundo tiene necesidad de su ayuda. Hay pies que estabilizar, manos que aferrar, mentes que animar, corazones que inspirar y almas que salvar … Tienen el privilegio de no ser espectadores sino participantes en el escenario del servicio del sacerdocio” (Thomas S. Monson, “Haced discípulos a todas las naciones”, Liahona, julio de 1995, págs. 54-55)

Y espero, jóvenes, que todavía resuene en sus oídos este magnifico consejo del presidente Hinckley:

“… es imposible dejarse arrastrar por un comportamiento indigno sin dañar la belleza de la trama de la vida; con los actos inmorales de cualquier clase se entreteje en ella un hilo repulsivo; todo tipo de deshonestidad deja una mancha, y el lenguaje profano, vulgar o soez le roban al diseño su belleza” (Gordon B. Hinckley, “Esta obra esta dedicada a la gente”, Liahona, julio de 1995, pág. 59).

Jóvenes poseedores del Sacerdocio de Aarón, ¿puedo proponerles un “seré” para que lo consideren seriamente? Es este: Seré estudioso para familiarizarme muy bien con el noble profeta Nefi, escudriñando los dos primeros libros del Libro de Mormón, meditándolos y deleitándome con sus palabras. Mis jóvenes amigos, les prometo que cuando realmente lleguen a conocer a Nefi, les impresionara tanto su determinación, su valor y su deseo de obedecer “lo que el Señor ha mandado”, que sentirán un fuerte deseo de incorporar sus atributos en su propio carácter. Entonces, cuando los tiente el adversario, como sucederá casi todos los días, al desviarse del consejo de los profetas, de los deseos de sus padres o de “lo que el Señor ha mandado”, de inmediato les vendrán automáticamente a la memoria las palabras del valiente Nefi: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado …” (1 Nefi 3:7). Y cuando uno de sus conocidos los invite a participar en algo que no es “lo que el Señor ha mandado”, pensaran en la valerosa suplica que Nefi hizo a sus hermanos mayores “… seamos fieles en guardar los mandamientos del Señor” (1 Nefi 3:16).

Conozco un grupo de bravos jóvenes que siguieron el ejemplo de Nefi. Luego de ganar un campeonato estatal de béisbol para jóvenes de su edad, el equipo, compuesto en su

mayoría por poseedores del Sacerdocio Aarónico, fue invitado a representar al estado en un torneo a disputarse en un lugar lejano. Luego de llegar al sitio del campeonato, supieron que algunos de los encuentros habían sido programados para un domingo. Cada uno de estos jóvenes debía tomar una difícil decisión personal: ¿Apoyaría al equipo y a los compañeros que no eran miembros de la Iglesia, o, si le tocaba jugar el domingo, haría “lo que el Señor ha mandado” para guardar el día de reposo? Su respeto por el día de reposo podía dar como resultado que el equipo perdiera las posibilidades de ganar el torneo. Uno por uno, hablaron con sus entrenadores, y, siguiendo el ejemplo de Nefi, declinaron la participación en el día de reposo. Lo que sucedió fue que al llegar el domingo, por la secuencia de los encuentros y del mal tiempo, se modificó la programación. He seguido con atención la actuación de estos jóvenes a traves de los años; han continuado amoldando su vida al excelente ejemplo de Nefi; han cumplido misiones; y continúan diciendo, enseñando y esforzándose por hacer “lo que el Señor ha mandado”.

Hace unas semanas, presenció por televisión cómo se batía un récord muy antiguo en el béisbol, que se consideraba imbatible. Con lágrimas en los ojos, observe cuando el excelente jugador que batió el récord recibía, junto a su familia, en el campo de juego las aclamaciones del publico y de sus compañeros. Aunque me impresiona su habilidad de jugador, mucho mas impresión me causan los atributos que demostró en la obtención de su logro, evidenciando gran perseverancia, constancia, sacrificio, valor y determinación para alcanzar la meta. Estos son los mismos atributos que necesitamos para tener éxito en ir, hacer y decir “lo que el Señor ha mandado”.

A los hermanos adultos, quiero sugerirles dos “haré” que los profetas de nuestros días han destacado repetidamente. Tiene fundamental importancia en el mundo de hoy, donde la influencia del adversario se intensifica y la base de nuestra sociedad, la familia, se esta desintegrando. Son estos: haré que el gobierno de mi familia sea mi responsabilidad mas importante y sagrada; y no haré que la enseñanza y la guía de mi familia queden en manos de la sociedad, de la escuela ni de la Iglesia. Se nos recuerda en Doctrina y Convenios que los padres son responsables ante el Señor de enseñar a sus hijos la fe, el arrepentimiento, el bautismo, el Espíritu Santo, y la necesidad de orar y andar rectamente delante del Señor (véase D. y C. 68:25, 28).

Quizás hayan escuchado a alguien decir: “Estoy tan ocupado con las obligaciones de la vida que tengo muy poco tiempo para dedicar a mi familia; pero hago todo lo posible para que ese poco tiempo sea tiempo de calidad”. Hermanos, ese razonamiento falla por la base; para que sea eficaz, la dirección de la familia requiere tiempo, tanto en cantidad como en calidad.

Cuando se me llamó como obispo del barrio, nuestro pequeño hijo de cuatro años me preguntó: “¡Tu eres entonces el que recibe esos sobres con dinero?” Dándome cuenta de que seria necesario darle una pequeña lección acerca del diezmo, le conteste: “Sí, soy yo”. Brandon entonces, palmoteando con alegría, exclamó: “¡Que bueno, vamos a ser ricos!” Mas tarde nos enteramos de que el pensaba que su papa no tendría que trabajar mas, y así dispondría de mas tiempo para dedicarle a el.

Si el dedicar mas tiempo a su familia significa ocuparse menos de proveer pequeños “lujos” o dejar de lado actividades que no incluyan a la familia con canas de pescar, palos de golf, botes, viajes, etc., deben poner manos a la obra de inmediato. Hermanos, necesitamos desesperadamente reafirmar el compromiso con estos “haré” tan importantes. Que nunca estemos demasiado ocupados para hacer las cosas de máxima importancia: presidir con rectitud en nuestro hogar y seguir incondicionalmente el consejo de los profetas de nuestros días.

Hermanos, ruego que podamos recordar a menudo, e incluso tararear y cantar esa sencilla y contagiosa canción de la Primaria que mencione: “Iré y haré lo que el Señor me mande. La vía El preparara y obedeceré”. Que podamos someter nuestra voluntad a la Suya. Testifico que el Señor quiere que obedezcamos a los profetas que tenemos en la actualidad. Y testifico que nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, vive; es nuestro Salvador y Redentor. Y. basándose en los principios de nuestro arrepentimiento, El ha expiado nuestros pecados. Testifico que así es, en el santo nombre de Jesucristo. Amen.