Misiones, Templos Y Responsabilidades

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“Es maravilloso y altamente satisfactorio saber que cada uno de nosotros puede hacer algo para fortalecer esta obra del Todopoderoso.”

Si puedo contar con su fe y oraciones, espero decir algo de provecho para todos. Hace una semana, el sábado pasado, tuvo lugar en este Tabernáculo una gran conferencia de la Sociedad de Socorro. Fue una experiencia inspiradora contemplar los rostros de la congregación de mujeres fuertes, valientes y capaces. También es una experiencia inspiradora contemplar sus caras, hermanos, y sentir su fortaleza, su fe, su lealtad y devoción.

Estos han sido momentos de inspiración, en los que hemos oído buenos consejos que nos bendecirán si los aceptamos. Deseo hablar de dos o tres asuntos.

Del primero ya han hablado el presidente Monson y el hermano Hillam, pero quiero agregar mi apoyo a lo que han dicho y algunas observaciones.

Me refiero al servicio misional. Hace poco estuve en Londres y tuve una reunión con los misioneros que trabajan allá. Había representantes de la BBC (British Broadcasting Corporation) para filmar parte de esas reuniones, pues están preparando un documental sobre nuestra obra misional en las Islas Británicas.

Antes de eso, ya me había entrevistado un representante de la radio mundial BBC, que había observado que los misioneros son muy jóvenes. El me preguntó: “¿Cómo puede esperar que la gente escuche a estos jovencitos inexpertos?”

Con eso me quiso decir que son inmaduros, sin experiencia y sin roce social.

Le respondí sonriente: “~Jovencitos inexpertos? Con estos misioneros pasa lo mismo que pasaba con Timoteo, en la época de Pablo. Fue Pablo quien escribió a su joven compañero: ‘Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza’ (1 Timoteo 4: 12).

“Lo extraordinario es que la gente los recibe y los escucha. Son sinceros, son inteligentes, vivaces y sobresalientes; tienen aspecto aseado, atraen a las personas y les inspiran confianza.”

Debería haber agregado: “Son un milagro”. Ellos van a golpear puertas, pero como en estos días no hay mucha gente en casa en una ciudad como Londres, también se acercan a las personas en la calle y se ponen a conversar con ellas.

No es fácil para un joven sensible hacer esto. Pero ellos creen en estas otras palabras de Pablo a Timoteo:

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Timoteo 1:7-8).

Reconocen que el temor no proviene de Dios sino del adversario de la verdad. Y por eso, desarrollan la habilidad de hablar con la gente sobre la obra que realizan y el mensaje que llevan. Esos misioneros traerán a la Iglesia en 1995 cerca de trescientos mil conversos, o sea, el equivalente a cien estacas de Sión y a mas de quinientos barrios.

“Jóvenes inexpertos?” Es cierto que no tienen mucho roce social. ¿y que bendición es! No hay en ellos rastro de engaño; no se expresan con falsedad. Hablan del corazón, con firme convicción. Cada uno es un siervo de Dios, un embajador del Señor Jesucristo. Su poder no proviene de una erudición en las cosas del mundo, sino de la fe, la oración y la humildad. Su obra no es fácil, ni lo ha sido nunca.

Hace mucho tiempo, Jeremías dijo que el Señor juntaría a Su pueblo, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y los llevaría a Sión y les daría pastores según Su corazón (véase Jeremías 3:14-15). Individualmente, la cosecha de los misioneros no es muy grande en la mayoría de los casos, pero el total es enorme. La obra exige valor, esfuerzo, dedicación y la humildad necesaria para ponerse de rodillas y suplicar al Señor ayuda y guía.

Quiero hacer un desafío a todo joven que me escuche esta noche: Prepárate ahora para ser digno de servir al Señor como misionero regular. El ha dicho : “ Si estáis preparados, no temeréis” (D. y C. 38:30). Prepárense para consagrar dos años de su vida a este servicio sagrado; ese tiempo es, en efecto, un diezmo de los primeros veinte años de su vida. Piensen en todo lo bueno que tienen: la vida misma, la salud, fortaleza, comida, ropa, padres, hermanos y amigos. Todos son dones del Señor. Por supuesto, su tiempo es muy valioso, y quizás piensen que no pueden dedicar dos años. Pero les prometo que el tiempo que pasen en una misión, si lo pasan dedicados al servicio, será una inversión que les dejara mayores dividendos que cualesquiera otros dos años de su vida . Se darán cuenta del significado de la dedicación y de la consagración; desarrollaran un poder de persuasión que los bendecirá toda su vida; su timidez, sus temores, su cortedad, desaparecerán gradualmente al seguir adelante con convicción; aprenderán a trabajar con otras personas, a desarrollar un espíritu de equipo. El destructivo mal del egoísmo será reemplazado con un sentido del servicio al prójimo. Se acercaran mas al Señor de lo que lo harían en cualquier otra circunstancia, y llegaran a saber que sin El son realmente “débiles y sencillos”, pero que con Su ayuda pueden lograr milagros.

Establecerán el habito de la industriosidad; desarrollaran la habilidad de ponerse metas que les requieran esfuerzo; aprenderán a trabajar con sencillez de corazón. ¡Que base tan solida para sus estudios y su ocupación en el futuro! Esos dos años no representaran tiempo perdido, sino habilidades ganadas.

Bendecirán la vida de aquellos a quienes enseñen y la de los de su posteridad. Y se bendecirán ustedes mismos. También serán una bendición para sus familiares, que los sostendrán y oraran por ustedes.

Por encima de todo, recibirán en el corazón esa dulce paz de saber que han servido a su Señor fielmente y bien; su servicio será una expresión de gratitud hacia su Padre Celestial.

Llegaran a conocer a su Redentor como el mejor Amigo que tendrán en esta vida o en la eternidad. Comprenderán que por medio de Su sacrificio expiatorio El les ha abierto el camino hacia la vida eterna y a una exaltación que va mas allá de sus mas grandiosos sueños.

Si cumplen la misión fielmente y bien, serán mejores esposos, mejores padres, mejores estudiantes, mejores trabajadores en la ocupación que elijan. El amor es la esencia de la obra misional; la abnegación es una de sus principales características; la autodisciplina es una de sus exigencias. La oración abre la reserva del poder de esta obra.

Por eso, mis queridos jóvenes hermanos, resuelvan hoy mismo incluir en el programa de su vida el servicio en el campo de la cosecha del Señor como misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Ahora, paso a otro tema. La obra misional tiene el objeto de proveer las ordenanzas salvadoras a los hijos de nuestro Padre que viven por todo el mundo. La obra del templo tiene por objeto principal el beneficio de los hijos de Dios que han pasado mas allá del velo de la muerte. Dios no hace acepción de personas. Si los que viven en todas las naciones merecen las ordenanzas salvadoras del evangelio, los que han vivido en épocas pasadas también deben de merecerlas.

Nuestros miembros no pueden participar de todas las bendiciones del evangelio a menos que reciban sus propias ordenanzas del templo y luego las pongan a disposición de sus antepasados muertos. Si han de hacer esto, necesitan templos. De ello estoy firmemente convencido.

En 1954, antes de ser yo Autoridad General, el presidente McKay me llamó a su oficina y me habló de los planes de construcción del Templo de Suiza. Me dio la asignación de hallar la manera de administrar las ordenanzas del templo a personas de diversos idiomas sin tener que aumentar mucho la cantidad de obreros del templo. Desde entonces he tenido mucha participación en estos sagrados edificios y en las ordenanzas que en ellos se administran.

En la actualidad, tenemos cuarenta y siete templos abiertos. Ocho están en Utah, dieciséis en otras partes de los Estados Unidos, dos en Canadá y los otros veintiuno en otras partes del mundo. Desde que pase a integrar la Primera Presidencia, en 1981, se han dedicado veintiocho de los cuarenta y siete; además, se han vuelto a dedicar cuatro que ya estaban construidos, después de una extensa remodelación. Tenemos seis mas en construcción, en American Fork y en Vernal, Utah; en Saint Louis, Missouri; en Hong Kong; en Preston, Inglaterra, y en Bogotá, Colombia.

Hemos anunciado la construcción de otros siete templos, en Santo Domingo, en Madrid, en Guayaquil, en Recife, en Cochabamba; y en Nashville, Texas, y Hartford, Connecticut [EE. UU.]. Y estamos considerando la posibilidad de un templo en Venezuela.

Después de tratar durante años de adquirir un sitio apropiado en Hartford, tiempo en el cual la Iglesia ha crecido considerablemente hacia el sur y hacia el norte de esa ciudad, hemos decidido no construir ahora un templo en los alrededores de Hartford, sino que edificaremos uno en Boston, estado de Massachusetts, y otro en White Plains, estado de Nueva York. En otras palabras, donde antes habíamos planeado tener un templo habrá en el futuro dos para atender a las necesidades de nuestra gente. En ambas ciudades tenemos lugares muy hermosos para los templos.

Pedimos disculpas a nuestros fieles santos de la región de Hartford, pues sabemos que quedaran desilusionados con este anuncio. Como saben, hemos pasado incontables horas con sus oficiales locales, tratando de encontrar un lugar apropiado que fuera conveniente para los miembros de Nueva York y de la región de Nueva Inglaterra. Aunque nos apena muchísimo desilusionar a los miembros de Hartford, tenemos la seguridad de haber recibido una guía especial al tomar esta decisión, así como de que esos templos se edificaran en localidades que no les exigirán recorrer grandes distancias para llegar a ellos.

Además, estamos procurando adquirir otros seis sitios. Este es un programa de proporciones gigantescas.

Tengo el ferviente deseo de que haya un templo de acceso razonable para todo Santo de los Últimos Días, en todo el mundo. Sin embargo, no podemos ir mas rápido de lo debido. Tratamos de asegurarnos de que cada templo este en un lugar excelente, donde haya buenos vecinos durante mucho tiempo. Los terrenos en esos lugares son por lo general caros. El templo es un edificio mucho mas complicado de construir que un centro de reuniones o un centro de estaca; su arquitectura es mejor; su construcción lleva mas tiempo y cuesta mas. La obra se mueve con toda la rapidez con que nos es posible. Constantemente suplico que se pueda apresurar a fin de que haya mas miembros que tengan fácil acceso a la sagrada Casa del Señor.

Brigham Young una vez dijo que si los jóvenes comprendieran realmente las bendiciones del matrimonio en el templo, caminarían toda la distancia hasta Inglaterra, si ello fuera necesario. Esperamos que no sea necesario caminar tanto.

Estos edificios únicos y maravillosos, y las ordenanzas que en ellos se efectúan, representan lo máximo de nuestra adoración; estas son la expresión mas profunda de nuestra teología. Exhorto a nuestros miembros de todas partes, con todo el poder de persuasión de que soy capaz, a que sean dignos de tener una recomendación para el templo, a conseguir una y considerarla una posesión preciada, y a hacer un esfuerzo mayor por ir a la Casa del Señor y participar del espíritu y las bendiciones que se reciben allí. Estoy seguro de que todo hombre y mujer que vayan al templo con sinceridad y fe saldrán de allí convertidos en mejores personas. Constantemente tenemos la necesidad de mejorar. De vez en cuando, sentimos el deseo de dejar atrás el alboroto y el tumulto del mundo y entrar en los recintos de la santa casa de Dios, para sentir Su Espíritu en ese ambiente de santidad y paz.

Si todo hombre de la Iglesia que haya recibido el Sacerdocio de Melquisedec se hiciera digno de tener una recomendación para el templo, y luego fuera a la Casa del Señor a renovar sus convenios con solemnidad ante Dios y los testigos, seríamos una gente mejor. Habría poca o ninguna infidelidad entre nosotros; el divorcio casi desaparecería y se evitaría gran parte del dolor y el sufrimiento. Habría mas paz, amor y felicidad en nuestros hogares; habría menos mujeres y niños llorando. Existiría entre nosotros mayor aprecio y respeto mutuos. Y estoy seguro de que el Señor estaría mas contento con nosotros y nos favorecería mas.

Ahora, hermanos, antes de concluir, debo tratar otro asunto, y si me extiendo un poco, espero que me disculpen.

Quiero presentar al sacerdocio de la Iglesia mi evaluación de la condición presente de esta gran organización en la que tenemos un interés y de la cual forma parte cada uno de nosotros. Creo que tienen derecho a recibir este tipo de informe de cuando en cuando.

Me siento agradecido de poder decir que la Iglesia esta en buenas condiciones, y que sus filas aumentan. Al finalizar 1994, el numero de miembros era de 9.025.000, un aumento de 300.730 desde el año anterior. Esto quiere decir que agregamos un millón de miembros nuevos cada tres años y medio, y estoy seguro de que esa cantidad aumentara. La Iglesia se expande geográficamente, y creo que esta bien administrada. No es que no tengamos problemas. Demasiados miembros caen en la inactividad, y son muchos los que no viven los principios del evangelio. Pero con todo eso, aun tenemos causa para regocijarnos por lo que sucede.

La Iglesia no tiene deudas. Debo aclarar respecto a esto que tenemos contratos para la compra de propiedades en los cuales los vendedores han insistido en que paguemos cuotas en ciertas fechas. Sin embargo, tenemos los recursos que aseguran que esos contratos se pagaran a su debido tiempo.

En nuestras pocas empresas comerciales, se utiliza la deuda como instrumento de administración; pero la proporción de deudas y valores seria la envidia de los ejecutivos de cualquier organización importante.

La Iglesia ha vivido dentro de sus medios y así seguirá. Siento gratitud por la ley del diezmo. Es un milagro; y es posible mediante la fe de la gente. Es el plan del Señor para la administración económica de Su reino.

Es muy claro y sencillo, y consiste en unas cuantas palabras que se hallan en la sección 119 de Doctrina y Convenios. Es un enorme contraste con los engorrosos, complejos y difíciles códigos de los impuestos que los ciudadanos tenemos la obligación de obedecer.

En el pago del diezmo no hay compulsión, aparte de que es un mandamiento del Señor lo cual se convierte, por supuesto, en la mejor razón para pagarlo. Esta es la única sociedad que conozco que no anula la afiliación de aquellos que no pagan lo que se podría considerar su cuota.

El pago del diezmo lleva aparejada la convicción de la veracidad de ese principio.

Sabemos que estos fondos son sagrados. Hemos recibido el encargo de emplearlos prudente y cuidadosamente. He dicho antes que tengo sobre el escritorio de mi oficina una blanca, como las de la viuda, que me dio hace mucho tiempo el hermano David B. Galbraith, que entonces era Presidente de la Rama de Jerusalén (es tan pequeña que es casi invisible, pero esta ahí). La conservo para recordarme el sacrificio que representa, y que administramos la consagración de la viuda tanto como la ofrenda del rico. Agradezco a todo el que sea honesto con el Señor en el pago de su diezmo y ofrendas. Pero se que no necesitan que les de las gracias, porque ustedes tienen un testimonio como el mío de la divinidad de esta ley y de las bendiciones que se reciben en abundancia por obedecerla.

No sólo estamos determinados a vivir dentro de los medios de la Iglesia, sino que todos los años ponemos en reserva una porción de nuestro presupuesto anual. Sólo estamos haciendo lo mismo que hemos aconsejado a toda familia que haga. Si viniera una época de desastre económico, confiamos en tener los medios para capear el temporal.

Reconocemos la importancia del servicio voluntario para llevar adelante los programas de la Iglesia. Contamos con un verdadero ejército de personas dedicadas que dan su tiempo con generosidad para ayudar en la obra de la Iglesia. El grupo de Recursos Humanos informa que tenemos en el presente 96.484 voluntarios; estos representan el equivalente a diez mil empleados regulares y su servicio tiene un valor anual de $360.000.000 (de dó1ares). Son personas que trabajan como misioneros o voluntarios en el Sistema Educativo de la Iglesia, en la organización de Historia Familiar, en los

templos y en otros diversos departamentos y oficinas de la Iglesia. Les estamos profundamente agradecidos y en deuda por sus contribuciones. Estoy seguro de que el Señor se halla complacido con su servicio consagrado.

Nuestro programa diario de educación religiosa sigue adelante. En donde este la Iglesia organizada, se pone en marcha el programa de Seminario. También los institutos proveen un maravilloso servicio a los que están estudiando. Durante el año escolar 19951996 hay mas de 583.000 alumnos inscritos en seminario e instituto. Muchos de jóvenes que están aquí hoy- diría que casi todos ustedes- han beneficiado con este programa. Por favor, pónganse de pie todos los que asistan a clases de seminario o instituto. ¡Son muchos! Eso lo dice todo en cuanto a este programa. Gracias.

Esperamos que todos aquellos que tengan estos programas a su disposición los aprovechen. Verán que aumenta su conocimiento del evangelio, se fortalece su fe y disfrutaran de hermosas amistades con sus compañeros de la misma creencia.

Recuerdo los esfuerzos del Profeta para sacar la primera edición del Libro de Mormón. Constaba de cinco mil ejemplares y fue posible imprimirlo solamente gracias a la generosidad de Martin Harris. Les interesara saber que el año pasado se repartieron 3.742.629 ejemplares del libro, que se imprime, todo o en extractos, en ochenta y cinco idiomas. No estaremos inundando la tierra con el Libro de Mormón, como el presidente Benson nos aconsejó, pero no deja de ser importante el haber entregado mas de tres millones y medio en un solo año.

Tuve el privilegio de presidir la estaca 150, creada en 1945, ciento quince años después de haberse organizado la Iglesia. Ahora, apenas cincuenta años después, hay 2.101 estacas de Sión. En 1994 se organizaron setecientos setenta y dos barrios y ramas nuevos, haciendo que el numero total a fin de año fuera de 21.774 unidades. Es muy obvia la razón por la cual tenemos que construir tantos edificios de adoración e instrucción para nuestra gente. Actualmente, tenemos 375 edificios en construcción; cada vez son mas caros. Esperamos que los cuiden bien. A los jóvenes, quiero pedirles algo para que hagan todo lo posible al respecto: Queremos que esos edificios se usen con el propósito para el que fueron hechos, pero no queremos que se abuse de ellos. Los servicios públicos son muy caros; por favor, apaguen las luces cuando no se necesiten; no dejen basura dentro; mantengan los jardines limpios y atractivos. En todas partes donde haya uno de nuestros edificios, su estructura debe expresar lo siguiente: “La gente que adora al Señor aquí es gente que cree en la limpieza, el orden, la belleza y la respetabilidad” .

Ya les he hablado sobre el aumento del numero de templos. Lo mismo pasa con todos los aspectos del programa. Veo un futuro brillante. No descuento la posibilidad de que haya problemas, puesto que esta obra siempre los ha enfrentado. El adversario sigue sus labores contra ella. Pero seguiremos adelante, del mismo modo que lo hicieron los que nos precedieron. Todo hombre y jovencito que oiga mi voz esta noche tiene la responsabilidad de ayudar en esta gran obra de influir en otros y fortalecernos.

Hermanos, gracias por su fe y su devoción. Nos damos cuenta de la gran confianza que han puesto en nosotros, y también de la gran confianza que nos tiene el Señor. Del mismo modo, El ha colocado una encomienda sagrada sobre cada uno de los que poseen Su divino sacerdocio. Como lo he dicho antes, estamos juntos en esto; cada uno de nosotros tiene su parte en la edificación de este reino. Es maravilloso y altamente satisfactorio saber que cada uno de nosotros puede hacer algo para fortalecer esta obra del Todopoderoso.

Es verdadera y es la obra de nuestro Padre; es la Iglesia de nuestro Redentor. El sacerdocio que poseemos es un don real y precioso. Les dejo mi testimonio, mi amor y mi bendición, con gratitud, en el nombre de Jesucristo. Amén.