1990–1999
La Inminencia De La Perfección
Octubre 1995


La Inminencia De La Perfección

“No debemos desalentarnos si nuestros esfuerzos mas sinceros en busca de la perfección nos parecen demasiado arduos e interminables. La perfección … Llegará en su totalidad únicamente después de la resurrección y solo por medio del Señor.”

Si les preguntara cual de los mandamientos del Señor es el mas difícil de guardar, muchos de nosotros tal vez citaríamos Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto”.

El guardar este mandamiento puede ser una preocupación ya que todos estamos muy lejos de ser perfectos, tanto en el aspecto espiritual como temporal. Y las pruebas de ello se nos presentan muy a menudo. Podemos dejar olvidadas las llaves dentro del auto o incluso olvidar donde lo estacionamos; y con frecuencia caminamos resueltamente de un lado a otro de la casa y nos damos cuenta de que hemos olvidado lo que Íbamos a hacer.

Cuando comparamos nuestro desempeño personal con la norma suprema de lo que el Señor espera de nosotros, la realidad de nuestra imperfección puede resultar a veces desalentadora. Me siento muy triste por aquellos miembros de la Iglesia que, por motivo de sus defectos, permiten que la depresión les prive de la felicidad de sus vidas.

Es preciso que recordemos lo siguiente: “existen los hombres para que tengan gozo” ¡sin sentimientos de culpabilidad! (Véase 2 Nefi 2:25.)

Asimismo, debemos recordar que el Señor no nos da mandamientos que sean imposibles de obedecer, sino que a veces no los comprendemos plenamente.

Tal vez podríamos comprender mejor la perfección si la clasificáramos en dos categorías: la primera podría tener que ver únicamente con esta vida: la perfección mortal; la segunda categoría podría aplicarse únicamente a la vida venidera: la perfección Inmortal o eterna.

La Perfección Mortal

En esta vida podemos perfeccionar determinadas acciones: un lanzador de béisbol podría lograr una victoria en la que no se anotara ninguna carrera; un cirujano podría realizar una operación sin error alguno y un músico podría ejecutar un numero musical sin equivocarse ni una vez. De la misma forma, una persona puede lograr la perfección en ser puntual, pagar el diezmo, guardar la Palabra de Sabiduría, etc. El enorme esfuerzo que se requiere para lograr tal autodominio se ve recompensado con un profundo sentimiento de satisfacción. Pero, mas importante aun, es que los logros espirituales que obtengamos en esta vida mortal permanecerán con nosotros en la eternidad (véase D. y C. 130:18-19).

Santiago nos dejó una guía practica por medio de la cual se podría medir la perfección. El dijo: “Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto” (Santiago 3:2; cursiva agregada).

Las Escrituras describen a Noé, a Set y a Jacob como hombres perfectos (véase Génesis 6:9; D. y C. 107:43; Job 1:1).

Indudablemente, se podría aplicar el mismo termino a un gran numero de fieles discípulos en varias dispensaciones. Alma dijo que “hubo muchos, muchísimos” (Alma 13:12) que eran puros ante el Señor.

Eso no quiere decir que esas personas nunca cometían errores ni necesitaban que se les corrigiera. El proceso de la perfección abarca retos difíciles de superar y pasos hacia el arrepentimiento que pueden ser muy dolorosos (véase Hebreos 5:8).

En la formación del carácter hay un lugar apropiado para el castigo, porque sabemos que “el Señor al que ama, disciplina” (Hebreos 12:6).

La perfección mortal se puede lograr cuando tratamos de llevar a cabo toda responsabilidad, cumplimos toda ley y nos esforzarnos por ser igualmente perfectos en nuestra esfera como nuestro Padre lo es en la suya. Si ponemos lo mejor de nuestra parte, el Señor nos bendecirá según nuestras obras y los deseos de nuestro corazón (véase D. y C. 137:9).

La Perfección Eterna

Sin embargo, Jesús ha pedido mas que una perfección mortal. En el momento en que pronunció las palabras: “como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto”, El hizo que eleváramos la mirada mas allá de los limites de la mortalidad. Nuestro Padre Celestial tiene una perfección eterna; por tanto, este hecho en sí merece tener una perspectiva mucho mas amplia.

Hace poco, estudie las versiones inglesa y griega del Nuevo Testamento, concentrándome en el uso del termino perfecto y sus derivados. El estudiar ambos idiomas al mismo tiempo, me brindo algunas perspectivas interesantes, ya que el Nuevo Testamento se escribió originalmente en griego.

En Mateo 5:48, el termino perfectos fue traducido del griego teleios, que significa “completo”. Teleios es un adjetivo derivado del sustantivo telos, que quiere decir “final” 1.

La forma infinitiva del verbo es teleiono que quiere decir “llegar a un punto distante, estar completamente desarrollado, consumar o terminar”.

Sírvanse notar que la palabra no implica “sin errores”, sino “alcanzar un objetivo distante”.2 De hecho, cuando los autores del Nuevo Testamento en griego deseaban describir la perfección en el comportamiento-la precisión o la excelencia del esfuerzo humano-no utilizaron el termino teleios en ninguna de sus formas, sino que eligieron palabras diferentes.

El termino teleios no es del todo desconocido para nosotros, ya que de el se deriva el prefijo tele que usamos en forma cotidiana; teléfono literalmente significa “conversación distante”; televisión significa “ver desde lo lejos”; telefoto quiere decir “luz distante”, etc.

Teniendo presentes estos antecedentes, consideremos otra declaración de suma importancia que hizo el Señor. Momentos antes de Su crucifixión, El dijo que “… al tercer día termino mi obra” (Lucas 13:32) [en lugar de decir “termino mi obra”, en la Biblia en inglés dice: “seré perfeccionado”].

Reflexionen en esta declaración. El Señor, sin pecados ni errores- quien según nuestras normas mortales ya era perfecto-, proclamo que Su propio estado de perfección estaba aun en el futuro.3

Su perfección eterna llegaría después de Su resurrección y de recibir “toda potestad … en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18; véase también D. y C. 93:2-22) .

La perfección que el Salvador espera de nosotros es mucho mas que actuar sin errores. Es la expectativa eterna, tal como lo expreso el Salvador en Su extraordinaria oración en la que intercedió por nosotros ante Su Padre, de que fuésemos perfectos para que de esa forma pudiéramos morar con ellos en las eternidades venideras (véase Juan 17:23-24).

La obra y la gloria completas del Señor se relacionan con la inmortalidad y la vida eterna de cada ser humano (véase Moisés 1:39).

El vino al mundo para hacer la voluntad de su Padre que lo envió (véase 3 Nefi 27: 13) .

Su sagrada responsabilidad fue prevista desde antes de la Creación (Moisés 4: 1-2; 7:62; Abraham 3:22-28) y profetizada por todos Sus santos profetas desde el comienzo del mundo (véase Hechos 3:19-21).

La expiación de Cristo cumplió el propósito tan extensamente esperado para el cual El había venido a la tierra. Las últimas palabras que pronunció en la cruz, en el Calvario, hicieron alusión a la culminación de la asignación que se le había encomendado: de expiar en beneficio de toda la humanidad. Entonces dijo: “Consumado es” (Juan 19:30)4.

No es de sorprenderse que la palabra consumado se haya derivado del termino griego teleios.

El Libro de Mormón confirma el hecho de que Jesús alcanzo la perfección después de Su resurrección; registra la visita del Señor resucitado a la gente de la antigua América, donde El repitió el importante mandato citado anteriormente, pero agregando algo de gran significado. El dijo: “quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto” (3 Nefi 12:48; cursiva agregada) .

Esta vez El se nombró juntamente con su Padre como un personaje perfecto, cosa que previamente no había hecho (véase Mateo 5:48).

La resurrección es un requisito para la perfección eterna. Gracias a la expiación de Jesucristo, nuestro cuerpo, corruptible en la vida terrenal, llegara a ser incorruptible. Nuestro ser físico, ahora sujeto a las enfermedades, a la muerte y al deterioro, adquiriría una gloria inmortal (véase Alma 11:45; D. y C. 76:64-70) .

Nuestro cuerpo, cuya vida se la debe a la sangre, y que va envejeciendo paso a paso (véase Levítico 17:11), recibirá el sustento del espíritu, no envejecerá y superara los lazos de la muerte5.

La perfección eterna esta reservada para los que superan todas las cosas y heredan la plenitud del Padre en Sus mansiones celestiales. La perfección consiste en obtener la vida eterna: la clase de vida que Dios tiene. (Véase Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection [Independence, Misuri: La Sociedad Genealógica de Utah, 1946], pág. 331; Bruce R. McConkie, Mormón Doctrine, segunda edición, [Salt Lake City: Bookcraft, 1966], pág. 237.)

Las Ordenanzas Y Los Convenios Del Templo

Las Escrituras mencionan otros requisitos importantes para la perfección eterna, los cuales se relacionan con las ordenanzas y los convenios del templo.6

Ninguna persona que tenga uso de razón podrá recibir la exaltación en el reino celestial sin las ordenanzas del templo. Las investiduras y los sellamientos forman parte de nuestra perfección personal y se aseguran por medio de nuestra fidelidad. (Véase Joseph Fielding Smith, Doctrinas de Salvación, 3 tomos, compilación por Bruce R. McConkie; Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1979, Tomo II, págs. 42-43.)

Este requisito también atañe a nuestros antepasados . Pablo enseñó “que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:40; cursiva agregada).

Nuevamente, en este versículo, del termino griego del cual se tradujo la palabra perfeccionados era una forma del termino teleios7.

En una revelación contemporánea, el Señor ha sido todavía mas explícito. Su Profeta escribió:

“… mis muy queridos hermanos y hermanas, permítanme aseguraros que estos son principios referentes a los muertos y a los vivos que no se pueden desatender, en lo que atañe a nuestra salvación. Porque su salvación es necesaria y esencial para la nuestra … ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos” (D. y C. 128:15; véase también Enseñanzas del Profeta Jose Smith, pág. 185) .

El Ejemplo Del Salvador Nos Da Aliento

Nuestra ascensión por el camino hacia la perfección recibe el aliento y el empuje que nos brindan las Escrituras. En estas se encuentra la promesa de que si somos fieles en todas las cosas, llegaremos a ser como Dios. Juan, el Apóstol amado, escribió:

“… para que seamos llamados hijos [e hijas] de Dios …

“… cuando El se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal como El es.

“Y todo hombre que tiene esta esperanza en El, se purifica a si mismo, así como El es puro” (1 Juan 3:1-3. Para información adicional véase Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, págs. 7-9).

El seguir el ejemplo de Jesús nos brinda constante aliento. El enseñó:

“Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16; véase también Levítico 11:44-45; 19:2; 20:26).

¡Su esperanza en nosotros es muy clara! El declaró:

“… ¿que clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).

Por consiguiente, la mejor manera de expresar nuestra adoración por Jesús es emulando Su ejemplo. (Véase Neal A. Maxwell, We Talk of Cltrlst, We Rejoice in Christ, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1984, pág 145; Hugh B. Brown, The Abundant Life, Salt Lake City: Bookcraft, 1965, pág. 199).

Las personas nunca han dejado de seguir a Jesús porque Sus normas hayan sido imprecisas o no muy elevadas. Por el contrario, algunos han descartado sus enseñanzas porque las consideraron demasiado precisas o inalcanzables. Sin embargo, esas elevadas normas, cuando se buscan con diligencia, producen una gran paz interior y un gozo incomparable.

No hay otro ser que se compare a Jesucristo, ni tampoco exhortación alguna que se asemeje a Su expresión sublime de esperanza:

“… quisiera que fueseis perfectos así como yo, o como vuestro Padre que esta en los cielos es perfecto” (3 Nefi 12:48).

Esa gran invitación divina es compatible con el hecho de que, como hijos engendrados de Padres Celestiales, estamos investidos con el potencial de llegar a ser como Ellos; de la misma forma que a los hijos terrenales les es posible llegar a ser como sus padres terrenales.

El Señor restauró Su Iglesia para ayudarnos a prepararnos para alcanzar la perfección. Pablo dijo que el Salvador puso en la Iglesia apóstoles, profetas … y maestros, “a fin de perfeccionar a los santos, … para la edificación del cuerpo de Cristo:

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:12-13; cursiva agregada).

El hombre perfecto descrito en la cita de Pablo es la persona completa -teleios-¡el alma glorificada!

Moroni enseñó la manera de obtener ese glorioso objetivo. En cualquier época, sus enseñanzas son un antídoto para la depresión y un precepto para alcanzar la felicidad. Yo hago eco a su suplica:

“Venid a Cristo, y perfeccionaos en el, y absteneos de toda impiedad … [amad] a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces … [seréis] perfectos en Cristo … santos, [y] sin mancha” (Moroni 10:32-33).

Mientras tanto, hermanos y hermanas, hagamos todo lo que este a nuestro alcance por tratar de mejorar cada día. Cuando surjan nuestras imperfecciones, continuemos corrigiéndolas; aprendamos a perdonar los defectos en nosotros mismos así como en las personas que amamos; recibiremos consuelo y paciencia. El Señor enseñó:

“No podéis aguantar ahora la presencia de Dios … ; por consiguiente, continuad con paciencia hasta perfeccionaros” (D. y C. 67:13).

No debemos desalentarnos si nuestros esfuerzos mas sinceros en busca de la perfección nos parecen demasiado arduos e interminables. La perfección es inminente; llegara en su totalidad únicamente después de la resurrección y sólo por medio del Señor; esta en espera de todos los que le aman a El y guardan Sus mandamientos; abarca tronos, reinos, principados, potestades y dominios (véase D. y C. 132:19).

Es el fin para el cual hemos de perseverar.

Es la perfección eterna que Dios tiene reservada para cada uno de nosotros; de lo cual testifico en cl nombre de Jesucristo. Amén.

  1. La forma femenina del nombre es teleia, el termino griego de un punto al final de una frase.

  2. Algunos de los ejemplos son:

  3. En el texto en griego, se utilizo nuevamente el verbo telelono, esta vez en tiempo futuro: tálamo.

  4. En una revelación moderna, Jesus utilizo un lenguaje semejante al decir. “… bebí, y acabe mis preparativos para con los hijos de los hombres” (D. y C. 19:19; cursiva agregada).

  5. Según el diccionario blíblico en inglés, la resurrección significa volverse inmortal, sin sangre, pero con un cuerpo de carne y huesos.

  6. Jose Smith enseñó: “El nuevo nacimiento viene por el Espíritu de Dios mediante las ordenanzas” (Enseñanzas del Profeta Jose Smith, pág. 188).

  7. teleloo.