Las Bendiciones Del Sacerdocio

James E. Faust


“Si mediante estas bendiciones pudiésemos percibir, aunque fuera en parte, la clase de persona que Dios desea que seamos, se nos. quitaría el temor y nunca volveríamos a dudar.”

Mis amados hermanos, hermanas y amigos, quisiera afirmar mi amor y agradecimiento a todos ustedes por su fidelidad y devoción. Con fervor suplico su fe y sus oraciones al hablar sobre un tema muy sagrado e importante: el poder divino, magnificador y fortalecedor que podemos recibir de las bendiciones del sacerdocio.

Una bendición del sacerdocio es sagrada, y puede ser una declaración santa e inspirada de nuestros deseos y necesidades. Si estamos en armonía con el Espíritu, recibiremos un testimonio que confirme la veracidad de las bendiciones prometidas. Las bendiciones del sacerdocio nos darán guía en las decisiones que tomemos en la vida, ya sean importantes o de menor trascendencia. Si mediante estas bendiciones pudiésemos percibir, aunque fuera en parte, la clase de persona que Dios desea que seamos, se nos quitaría el temor y nunca volveríamos a dudar.

Recuerdo lo intrigado que estaba cuando era niño con una lupa que mi abuela usaba en su vejez para leer y tejer. Al enfocar el lente, todo lo que miraba me parecía mucho mas grande. Pero lo que mas me llamaba la atención era lo que sucedía cuando el lente hacia que se concentraran los rayos del sol en un objeto; al pasar a través del lente de aumento, el poder de la luz solar era absolutamente extraordinario.

Este grandioso efecto magnificador se puede comparar con una gran bendición que Dios le dio a Jacob, al luchar el la mayor parte de la noche para recibirla:

“Así se quedó Jacob solo; y lucho [con un mensajero de Dios (véase de Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, 3 tomos, 1:16)] hasta que rayaba el alba …

“Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

“Y el varón le dijo: ¿Cual es tu nombre? Y el respondió: Jacob.

“Y el varón le dijo: No se dirá mas tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Génesis 32:24, 26-28).

Jacob recibió su bendición por medio de esta maravillosa experiencia y, como herederos de Abraham por la sangre de Israel, nosotros también recibimos nuestras bendiciones del favor divino. Como el Señor dice en Doctrina y Convenios:

“Porque sois herederos legítimos, según la carne …

“por tanto, vuestra vida y el sacerdocio han permanecido, y es necesario que permanezcan por medio de vosotros y de vuestro linaje hasta la restauración de todas las cosas que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo’’ (D. y C. 86:9-10) .

A diferencia de Jacob, no es preciso que luchemos físicamente la mayor parte de la noche para recibir bendiciones que nos fortalezcan y magnifiquen. En la Iglesia, mediante aquellos que han sido autorizados e incluso señalados para dar bendiciones del sacerdocio, estas están a disposición de todos los que sean dignos. Los presidentes de estaca , obispos, presidentes de quórum [del Sacerdocio de Melquisedec] y maestros orientadores están autorizados para dar bendiciones. Los padres y los abuelos dignos, así como otros poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, también pueden dar bendiciones a los miembros en tiempos de enfermedad y cuando ocurran acontecimientos importantes. Tales bendiciones individuales son parte de la revelación continua que afirmamos tener los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El elder John A. Widtsoe dijo lo siguiente:

“Todo padre a quien le nazcan hijos en el convenio es patriarca para ellos, y tiene el derecho de bendecir a su posteridad en virtud de la autoridad del sacerdocio que posee” (Evidences and Reconciliations, 3a ed., Salt Lake City: Bookcraft, 1943, pág. 72).

Sabemos que el evangelio siempre ha funcionado y siempre funcionara por medio de la familia. Desde los primeros tiempos bíblicos, se ha establecido el orden en la casa de Israel a través de las unidades

familiares; dentro del grupo familiar existían en forma inherente un amor y una preocupación naturales por sus integrantes, así como los lazos de sangre para brindar paz y estabilidad a los pueblos de Dios. Lo mismo ocurre hoy día esencialmente por las mismas razones. Ninguna otra unidad de la sociedad puede servir como substituto eficaz de los lazos de amor y afecto innatos en las familias.

Los lideres naturales de la familia son los padres, que hombro a hombro, como iguales, comparten la responsabilidad de guiar amorosamente a sus hijos. Cada uno de los padres tiene su propio efecto ennoblecedor. El poder del sacerdocio debe ser la influencia predominante en los asuntos familiares. Las bendiciones del sacerdocio no son sólo para los hombres, sino que las reciben en forma equitativa y plena tanto ellos como las mujeres y los hijos de la familia. Cualquier cosa que disminuya el orden familiar es destructivo para la familia y la sociedad.

Somos en verdad afortunados de que haya hombres que han sido específicamente ordenados y autorizados, mediante su oficio y llamamiento en el sacerdocio, para dar bendiciones y declarar nuestro linaje en la casa de Israel. La inspirada declaración del linaje es una parte integral de la bendición patriarcal. Rindo honor y tributo a los hombres nobles y fieles que han sido ordenados para ser nuestros patriarcas. Ellos no han buscado esta pesada y solitaria responsabilidad; muchos de ellos se cuentan entre los mas humildes y devotos de nuestros hermanos. Estos hombres elegidos son dignos de recibir la inspiración de los cielos. Los patriarcas tienen el privilegio de conferir bendiciones, ya que tienen el derecho de hablar con autoridad por la inspiración del Señor.

El oficio de patriarca es un oficio del Sacerdocio de Melquisedec y su función es bendecir, no administrar; es un llamamiento revelador, sagrado y espiritual que por lo general continua durante gran parte de la vida del que lo haya recibido. Nuestros patriarcas se dedican plenamente a sus llamamientos y hacen todo lo posible por vivir con fe y dignidad a fin de que cada bendición sea inspirada.

El llamamiento de patriarca se convierte en una experiencia bella, sagrada, espiritual que brinda gran satisfacción. Recibiendo guía del Espíritu Santo, el patriarca declara, por medio de la inspiración, el linaje de la casa de Israel al cual pertenece la persona que recibe la bendición, junto con las bendiciones, los dones espirituales, las promesas, los consejos, exhortaciones y advertencias que el patriarca se sienta inclinado a pronunciar. La bendición patriarcal es, en esencia, una bendición y pronunciación profética.

La bendición patriarcal que recibamos de un patriarca ordenado nos puede indicar las metas a las que debemos aspirar, lo cual es una revelación personal de Dios para cada uno de Sus hijos. Si seguimos los consejos que recibamos, seremos menos propensos a tropezar o a caer en el engaño. Nuestra bendición patriarcal será como un ancla para nuestra alma, y si somos dignos, ni la muerte ni el diablo podrán privarnos de las bendiciones prometidas; son bendiciones de las que podemos gozar ahora y para siempre.

Al igual que muchas otras, la bendición patriarcal la debe solicitar por lo general la persona que desee recibirla. Una vez que llega a comprender lo que significa esa bendición, la persona misma es quien tiene la responsabilidad principal de procurarla. Exhorto a todos los miembros de la Iglesia que tengan esa madurez a que se hagan dignos de obtener su bendición. Por su propia naturaleza, el cumplimiento de todas las bendiciones depende de la dignidad del que las reciba, ya sea que la bendición explique o no específicamente las condiciones que haya que llenar. La bendición patriarcal es principalmente una guía para el futuro y no una lista de los hechos del pasado; por lo tanto, es importante que la persona que la reciba sea suficientemente joven para que muchos de los acontecimientos significativos de la vida aún estén en el futuro. Recientemente me entere de que una persona de mas de noventa años recibió la bendición patriarcal; seria interesante leerla.

La bendición que da el patriarca no proviene de el. El elder LeGrand Richards contaba de un patriarca que una vez le dijo a una hermana: “Tengo una bendición maravillosa para darle”. Pero cuando le colocó las manos sobre la cabeza, la mente se le quedó completamente en blanco. Entonces se disculpó y le dijo: “Me equivoque; yo no tengo una bendición para usted; es el Señor quien la tiene”. La mujer regresó al día siguiente, después que el patriarca hubo orado con fervor al Señor, y recibió una bendición en la que se mencionaban algunos asuntos y preocupaciones que únicamente la buena hermana conocía. Todas las bendiciones provienen de Dios. Nuestro Padre Celestial conoce a Sus hijos; El conoce sus fortalezas y sus debilidades; conoce sus capacidades y su potencial. Nuestra bendición patriarcal indica lo que El espera de nosotros y cual es nuestro potencial.

La bendición patriarcal se debe leer con humildad, con un espíritu de oración y a menudo. Aunque es algo muy sagrado y personal se puede compartir con miembros cercanos de la familia. Es una guía sagrada que contiene consejos, promesas e instrucción del Señor; no obstante, la persona no debe esperar que la bendición detalle todo lo que le sucederá ni que de respuesta a todas sus preguntas. El hecho de que una bendición patriarcal no mencione acontecimientos importantes de la vida, tales como una misión o el casamiento, no significa que no se llevaran a cabo. A fin de que se cumpla lo que se nos promete en la bendición, debemos atesorar en nuestro corazón las bellas palabras que contiene, meditarlas y vivir de tal manera que obtengamos las bendiciones prometidas en la vida terrenal y una corona de justicia en el mas allá.

Mi propia bendición es breve, y se limita quizás a las tres cuartas partes de una página; sin embargo, ha sido completamente adecuada y perfecta para mi. La recibí al entrar en la adolescencia. El patriarca me prometió que seria “un consuelo y una guía” para mi durante la vida. Cuando era joven, la leía una y otra vez; meditaba sobre cada palabra; y oraba fervientemente con el fin de comprender plenamente su significado espiritual. El haber tenido esa bendición a temprana edad me sirvió de guía a través de todos los acontecimientos importantes y de las dificultades de la vida. No obtuve un pleno conocimiento de su significado hasta que adquirí mas madurez y experiencia. La bendición señalaba algunas de las responsabilidades que tendría en el Reino de Dios aquí en la tierra.

El presidente Heber J. Grant hizo este comentario acerca de la bendición patriarcal que el recibió:

“El patriarca me puso las manos sobre la cabeza y me confirió una breve bendición que quizás serla un tercio de una página escrita a maquina. Esa bendición predijo mi vida hasta el momento actual” (citado por James R. Clark, comp., en Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, Salt Lake City: Bookcraft, 1965-1975, 5:152).

El elder John A. Widtsoe dijo:

“Siempre se debe tener presente que el cumplimiento de las promesas recibidas puede llevarse a cabo en esta o en la vida futura. A veces, las personas han tropezado porque las bendiciones que se les han prometido no han ocurrido en esta vida; pero no han tenido presente que en el evangelio, la vida, con todas sus actividades, continua para siempre, y que las labores de la tierra prosiguen en los cielos. Además, el Señor, que es quien da las bendiciones, se reserva el derecho de activarlas en nuestra vida según Sus propósitos divinos. Nosotros estamos en las manos del Señor, y así también nuestras bendiciones. Pero, existe el testimonio general de que cuando se ha obedecido la ley del evangelio, las bendiciones prometidas se han cumplido” (Evidences and Reconciliations, pág. 75).

Este punto quedó bien ilustrado en la bendición patriarcal de mi padre. En ella se le dijo que seria bendecido con “muchas bellas hijas”. El y mi madre fueron padres de cinco varones. No les nació ninguna hija; pero trataron a las esposas de sus hijos como hijas. Hace unos años, en una reunión familiar, vi a las nueras, nietas y biznietas de mi padre ocupadas preparando y sirviendo la comida, cuidando a los niños y a los ancianos y me di cuenta de que la bendición de mi padre literalmente se había cumplido. El en verdad tiene muchas bellas hijas. El patriarca que le dio la bendición tenía visión espiritual para ver mas allá de esta vida. La línea divisoria entre esta vida y la eternidad desapareció.

La Iglesia esta creciendo a un ritmo acelerado. Actualmente tenemos estacas de Sión en muchos países del mundo, y la mayoría de esas estacas tienen por lo menos un patriarca. Este progreso hace posible que por todo el mundo mucha gente tenga el privilegio de recibir su bendición patriarcal. Como dijo el presidente Joseph Fielding Smith:

“La gran mayoría de aquellos que se hacen miembros de la Iglesia son descendientes literales de Abraham por conducto de Efrain, hijo de José” (Doctrina de Salvación, 3:232).

No obstante, Manasés, el otro hijo de José, así como los otros hijos de Jacob, tienen muchos descendientes en la Iglesia. Y tal vez en nuestros días ingresen a la Iglesia algunos que no sean del linaje directo de Jacob. Nadie tiene por que pensar que a esa persona se le negara alguna bendición por no ser descendiente directo de Israel. El Señor le dijo a Abraham:

“Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantaran y te bendecirán como padre de ellos” (Abraham 2:10)

Nefi nos dice que “cuantos de los gentiles se arrepienten son el pueblo del convenio del Señor” (2 Nefi 30:2). Por lo tanto, no importa si se reciben las bendiciones prometidas a la casa de Israel mediante el linaje o la adopción.

Algunas personas tal vez se inquieten debido a que los miembros de una misma familia tienen bendiciones en las que se les revela que provienen de linajes diferentes. Hay familias que son de linaje mixto. Creemos que la casa de Israel hoy día constituye una porción considerable de la familia humana. Debido a que las tribus se han entremezclado, a un hijo tal vez se le declare ser de la tribu de Efraín, mientras que otro de la misma familia sea de Manasés o de una de las otras tribus. Es posible entonces que las bendiciones de una tribu predominen en un hijo, mientras que las bendiciones de otra tribu predominen en otro. Es así que los hijos de los mismos padres podrían recibir las bendiciones de tribus diferentes.

Una de las razones principales por las que hablo sobre este tema es que la bendición patriarcal testifica de la divinidad de Cristo y de la veracidad de la Iglesia. Además, estas bendiciones sagradas fortalecen la vida de aquellas personas dignas que las reciben. Por lo tanto, las bendiciones de padre, las bendiciones patriarcales y otras bendiciones del sacerdocio son un privilegio extraordinario que pueden recibir los miembros fieles que posean la madurez suficiente para comprender su naturaleza e importancia. Estas bendiciones del sacerdocio, que se dan en forma individual, son un testimonio poderoso del amor del Señor Jesucristo, quien desea que todo ser humano alcance la exaltación; son la revelación personal que recibimos proveniente de Dios.

Nuestras bendiciones nos alientan en momentos de desánimo, nos fortalecen cuando tenemos temor, nos consuelan cuando estamos afligidos, nos dan valor cuando nos sentimos llenos de dudas y nos dan fuerza cuando nos sentimos débiles de espíritu. Nuestro testimonio se puede fortalecer cada vez que leamos la bendición patriarcal.

Al igual que las imágenes en el lente de aumento de mi abuela, nos haremos mas fuertes, nuestro talento y habilidades se magnificaran y multiplicaran, nuestro conocimiento se ensanchara considerablemente y nuestra espiritualidad florecerá. Moroni enseñó que “toda buena dádiva viene de Cristo” (Moroni 10:18). Pero el Señor dijo: “… ¿en que se beneficia el hombre a quien se le confiere un don, si no lo recibe?” (D. y C. 88:33.)

Humilde y fervientemente exhorto a los que, por cualquier razón, no hayan vivido de tal manera de ser merecedores del cumplimiento de las bendiciones del sacerdocio pronunciadas sobre ellos, a que pongan su vida en orden para obtener esas bendiciones.

Exhorto a los miembros fieles de esta Iglesia a que traten de comprender el pleno significado de su bendición. Quizás se les haya conferido dones sin que ustedes se hayan dado cuenta de ello; esos dones pueden ser tanto de naturaleza profundamente espiritual como temporal. Ruego que todos recibamos nuestros dones.

Al hacerlo, aumentara nuestro conocimiento, nuestra fe y nuestro testimonio en el Señor Jesucristo. Testifico de ello humildemente en el nombre de Jesucristo. Amen.