Las Ventanas De Luz Y Verdad

Joseph B. Wirthlin

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Joseph B. Wirthlin
“Cuando los embates de la vida nos confunden, las ventanas de revelación pueden guiarnos sanos y salvos al hogar junto a nuestro Padre Celestial.”

Mis queridos hermanos y hermanas, al entrar en esta reunión esta tarde, el presidente Hinckley comento: “Decidimos volver”, a lo que le respondí: “Menos mal”. Es un privilegio estar aquí en esta ocasión para dirigirles la palabra, y pido que el Espíritu del Señor este conmigo.

En esta era de información digital, nuestras computadoras se han convertido en ventanas por medio de las cuales podemos contemplar un mundo virtualmente sin horizontes ni fronteras. Literalmente, con solo apretar una tecla, podemos curiosear de un extremo al otro por bibliotecas computarizadas de universidades, de museos, de agencias gubernamentales e instituciones de investigación ubicadas en todo el mundo. En la actualidad, una red mundial de conexiones electrónicas transporta un volumen de información cada vez mayor y a una velocidad que va siempre en aumento por lo que se le llama la super vía de información. A traves de las ventanas de los monitores de las computadoras, ya sea en nuestra casa o en el trabajo, tenemos acceso a este depósito interconectado de información para ver libros de estudio, arte, fotografías, mapas y gráficas, y para escuchar música y discursos que se encuentran almacenados en lugares ubicados a grandes distancias los unos de los otros.

De la misma forma, hay instrumentos de muchas clases que nos proporcionan una perspectiva que no tendríamos si careciéramos de ellos. Los telescopios y los microscopios nos permiten ver cosas que de otra forma no veríamos ni conoceríamos. La medicina moderna se vale de “ventanas” de imágenes, tales como los detectores de imágenes por resonancia magnética, a traves de las cuales se obtiene información de suma importancia que de otra forma no se podría detectar, y que los médicos capacitados pueden utilizar para beneficio de los pacientes. El radariscopio que utilizan los controladores del trafico aéreo es otra clase de “ventana”, el cual nos permite ver objetos a grandes distancias, los que serían invisibles si no tuviéramos ese instrumento tan esencial. Un controlador capacitado puede utilizar la información del radariscopio para guiar al piloto a su destino sin contratiempos.

Ventanas De Revelación

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días declara con firmeza que a traves de otro tipo de “ventana”-las ventanas de los cielos-, podemos tener acceso a la información espiritual, que proviene de la Fuente de luz y verdad. “Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (Artículos de Fe, 1:9).

En esta dispensación del cumplimiento de los tiempos, la super vía electrónica de la revelación ha llevado un denso trafico de verdades eternas, desde aquel día de la prima vera de 1820 cuando en la Arboleda Sagrada el Señor dio respuesta a la oración ferviente de un muchacho campesino y se dio comienzo a la restauración del Evangelio de Jesucristo.

Es una bendición vivir en estos, los postreros días, en que un amoroso Padre Celestial ha llamado a un gran líder, el presidente Gordon B. Hinckley, como profeta, vidente y revelador. Por medio de el, el Señor abre las ventanas de la revelación con el fin de guiar y bendecir a todos los hijos de nuestro Padre que escuchen y obedezcan las palabras del Profeta. En la actualidad, como en los tiempos antiguos, E)ins abre las ventanas del evangelio de luz y verdad al revelar “su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Quienes tengan “ojos para ver, [y] oídos para oír” (Deuteronomio 29:4), aprenderán principios eternos; contemplaran un majestuoso panorama de conocimiento, prudencia y sabiduría; y recibirán dirección sobre la mejor forma de vivir.

Si preparamos nuestro corazón y nuestra mente en forma apropiada, mediante la obediencia, la oración y el estudio de las Escrituras, tendremos acceso al sistema de difusión de verdades divinas y eternas. Podemos escuchar las enseñanzas y el consejo del Profeta de Dios, y de esa manera recibir conocimiento y revelación de nuestro Padre Celestial y de Su amado Hijo, Jesucristo.

El Señor nos aconseja que nos capacitemos en el uso de esas ventanas espirituales a fin de buscar y recibir revelación personal para nosotros y nuestra familia. Cuando los embates de la vida nos confunden, las ventanas de revelación pueden guiarnos sanos y salvos al hogar junto a nuestro Padre Celestial. Si cedemos a las tentaciones del adversario y nos encontramos debilitados espiritualmente, los inspirados obispos y otros lideres pueden abrir las ventanas de la revelación para proporcionarnos dirección espiritual. Los misioneros bien preparados e inspirados pueden abrir las ventanas de los cielos para iluminar a quienes “… no llegan a la verdad sólo porque disposición y la voluntad del Señor. no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).

La Obediencia Abre Las Ventanas De Los Cielos

Las ventanas de los cielos se abren de par en par para los fieles y rectos; nada las cierra con mas rapidez que la desobediencia. Es imposible que las personas indignas tengan pleno acceso al sistema de la verdad revelada. “… los poderes del cielo … no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios e la rectitud” (D. y C. 121:36).

“La obediencia es la primera ley de los cielos” (Bruce R. McConkie, Morrnon Doctrine, pág. 516).

Es por eso que Alma nos exhortó a que seamos “… humildes … sumisos y … diligentes en guardar los mandamientos de Dios en todo momento” (Alma 7:23; cursiva agregada).

Para abrir las ventanas de los cielos, debemos ajustar nuestra voluntad a la de Dios. La obediencia diligente y constante a las leyes de Dios es la clave que abre las ventanas de los cielos. La obediencia hace posible que seamos receptivos a la “… el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes” (D. y C. 64:34) son quienes reciben las bendiciones de la revelación por medio de las ventanas abiertas de los cielos.

El Servicio Misional

El Señor ha mandado a los miembros de la Iglesia que “proclam[en]… al mundo” (D. y C. 1:18) la restauración de la plenitud del evangelio, que abran las ventanas de luz y verdad a todos nuestros hermanos y hermanas y que lo hagamos “con todo [nuestro] corazón, alma, mente y fuerza” (D. y C. 4:2). Nuestro Salvador ha dicho que “la voz de amonestación ira a todo pueblo por boca de [sus] discípulos”, quienes “irán y no habrá quien los detenga” (D. y C. 1:4-5).

Los miembros de la Iglesia del Señor pueden con regocijo hacer eco de las siguientes palabras del profeta Mormón: “He aquí, soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por el para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida eterna” (3 Nefi 5:13).

Nosotros somos los discípulos del Salvador que “irán”. Todos “he[mos] sido llamado[s] por el [como misioneros] para declarar su palabra entre los de su pueblo”. Podemos prestar servicio como misioneros regulares durante nuestra juventud o mas tarde como matrimonio jubilado. La ventana de la oportunidad se abre sólo por un período de tiempo relativamente corto, por lo que debemos seguir el consejo del presidente Kimball: “hazlo”, y luego el agregó: “y hazlo ahora”. Los misioneros de estaca y toda persona que se preocupe por su vecino tienen la oportunidad de prestar esta clase de servicio divino. Todos tenemos la sagrada obligación y la gozosa oportunidad de abrir las ventanas de luz y verdad al proclamar las bendiciones de la vida eterna a un mundo en tinieblas. Si por timidez evadimos esa responsabilidad, debemos recordar que el Señor ha prometido que “no habrá quien [nos] detenga” y que “ni habrá ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni corazón que no sea penetrado” (D. y C. 1:5, 2; cursiva agregada).

No hay gozo mas grande que el de ver la luz del evangelio brillar en los ojos y en el semblante de un nuevo converso que haya “nacido espiritualmente de Dios”, quien haya”experimentado [un] gran cambio en [el] corazón” y que tenga “la imagen de Dios grabada en [su] semblante” (Alma 5: 14, l9) .

Si hemos de cumplir con el mandamiento de Dios de abrir las ventanas de los cielos a todos nuestros hermanos y hermanas, debemos prepararnos para enseñar el evangelio. Al estudiar las Escrituras, ayunar y orar, fortificamos nuestro testimonio; cultivamos los atributos cristianos de “la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, [y] diligencia” (D. y C. 4:6).

Por medio de la obediencia ejemplar, podemos hacer que “alumbre [nuestra] luz delante de los hombres, para que vean [nuestras] buenas obras, y glorifiquen a [nuestro] Padre que esta en los cielos” (Mateo 5: 16) .

Al guardar los mandamientos, encendemos la luz del evangelio y la ponemos “sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:15; cursiva agregada).

La Ley Del Diezmo

Las siguientes palabras del tercer capitulo de Malaquías son familiares para los Santos de los Últimos Días:

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3: 10) .

Tal vez pensemos que la ley del diezmo es un mandamiento temporal solamente y lo veamos desde el punto de vista material. Careceríamos de visión y de gratitud si no viéramos y reconociéramos las grandes bendiciones espirituales que se reciben por medio de la obediencia a esta ley divina. Cuando somos obedientes, las ventanas de los cielos se abren no sólo para derramar bendiciones de abundancia material sino también bendiciones de abundancia espiritual, bendiciones de valor infinito y eterno.

El presidente Hinckley ha declarado que las bendiciones que se reciben por pagar el diezmo “no son necesariamente las de ser recompensados material o económicamente”. El explicó:

“Hay muchas maneras en las que el Señor nos puede bendecir mas allá de las riquezas del mundo. La merced de la salud es una de ellas. El Señor nos ha prometido que reprenderá al devorador por nosotros. Malaquías habla de los frutos de la tierra. ¿No podría aplicarse esa reprensión del devorador a nuestros esfuerzos e inquietudes en general? (“Tres asuntos vitales”, Liahona, julio de 1982, pagase. 83-84).

La Palabra De Sabiduría

En 1833, cuando el Señor abrió las ventanas de los cielos y reveló “una Palabra de Sabiduría para el beneficio de … los santos de Sión” (D. y C. 89: 1), el profeta Jose Smith empezó a enseñar acerca de las bendiciones que vienen al evitar el consumo de tabaco y otras substancias adictivas. El Señor dio esa revelación como una advertencia contra “las maldades y designios que existen y que existirán en el corazón de hombres conspiradores en los últimos días” (D. y C. 89:4).

Uno de los primeros artículos que se publicó acerca de la conexión que existe entre el fumar y el cáncer de pulmón apareció en 1950, en la revista Journal of the American Medical Association (la revista de la Asociación Médica de Estados Unidos) (véase “Milestones”, Time, 24 de julio de 1995, pág. 19), ciento diecisiete años después de que el Señor abriera esa ventana a Su profeta.

Las bendiciones de salud y fortaleza que se prometen (D. y C. 89:18-21) mediante la obediencia a la Palabra de Sabiduría es bien conocida y esta bien documentada (véase “El gozo vendrá mañana”, Liahona, enero de 1987, pág. 68). Además, las bendiciones espirituales de “sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos” (D. y C. 89:19) los reciben quienes guardan su cuerpo limpio de substancias adictivas. Cuando obedecemos la Palabra de Sabiduría, se nos abren ventanas de revelación personal y nuestra alma se llena de luz y verdad divinas. Si mantenemos nuestro cuerpo sin mancha, el Espíritu Santo “vendrá sobre [nosotros] y morara en [nuestro] corazón” (D. y C. 8:2), y nos enseñará “las cosas pacificas de la gloria inmortal’’ (Moisés 6:61).

La Palabra De Sabiduría Para La Mente

Nuestro Padre Celestial abrió las ventanas de los cielos y dio a Sus hijos la Palabra de Sabiduría para prevenirlos en cuanto al consumo de substancias que pudieran dañar y destruir nuestro cuerpo físico. Asimismo, El nos ha advertido por medio de los profetas no consumir la constante dieta de maldad que se ofrece implacablemente en los medios de difusión y en la prensa de la actualidad, especialmente en las revistas, las películas, los videos, los juegos de video y la televisión. Las “ventanas” de los monitores de la computadora y de la televisión nos ofrecen información realmente valiosa, pero también pueden brindarnos información maligna, degradante y destructiva.

El Señor nos ha advertido repetidamente en contra de las maldades y los designios de hombres conspiradores de nuestros días que buscan esclavizarnos por medio de nuestros apetitos y pasiones al tentarnos y provocarnos con imágenes, palabras y música obscenas. Mediante Sus siervos, el Señor nos ha amonestado a no dejar entrar en nuestra mente pensamientos que puedan perjudicar nuestro espíritu.

Desde el año 1950, los lideres de la Iglesia nos han aconsejado en las conferencias generales unas setenta y cinco veces en contra de mirar, leer o escuchar materiales nocivos para nuestro espíritu. En años recientes, con el deterioro de las normas de decencia y moral publica y debido a que los medios de difusión han reflejado y muchas veces promovido esa decadencia, se han recibido con mas y mas frecuencia y premura estas palabras de tierna preocupación de pastores inspirados del rebaño del Señor. Los atalayas sobre la torre han levantado su voz de amonestación.

Yo agrego a ello mi propia voz y sugiero que prestemos mayor atención a las voces de amonestación que nuestro Padre Celestial ha levantado en contra de las numerosas fuerzas de Satanás que tan fácilmente llegan a nuestros hogares a traves de los medios de difusión. Considero que todas las palabras de consuelo y guía que hemos recibido al respecto constituyen en forma colectiva una “palabra de sabiduría para la mente”. De la misma forma que ejercemos un gran cuidado acerca de lo que ponemos dentro de nuestro cuerpo a traves de la boca, debemos ejercer una vigilancia similar acerca de los que ponemos en nuestra mente a traves de los ojos y los oídos.

El Don Del Espíritu Santo

El don del Espíritu Santo se puede comparar a una precisa brújula personal; es una ventana espiritual que nos indica el camino hacia la salvación y que nos proporciona sabiduría y discernimiento. El Espíritu Santo nos da una guía y una dirección firmes en un mundo falto de fe. El presidente James E. Faust expresó su inquebrantable testimonio de que “el Espíritu Santo es lo que nos garantiza paz interior en este mundo inestable … Calmara los nervios; dará sosiego al alma … Agudizará nuestros sentidos naturales haciendo posible que veamos con mas claridad, que tengamos un oído mas fino y recordemos todo aquello que debemos recordar. Nos hace sentir una felicidad suprema” (Ensign, mayo de 1989, pagase. 3233; cursiva agregada).

La Adoración Digna

Las ventanas se deben limpiar con regularidad a fin de quitarles el polvo y la mugre. Si no se limpian en forma regular, después de un tiempo se ponen tan sucias que la luz que por ellas se filtra se vuelve obscura. Así como es preciso limpiar constante y concienzudamente las ventanas en esta vida, también las ventanas espirituales requieren esa clase de cuidado.

La asistencia semanal a la reunión sacramental fortifica nuestra determinación de mantener nuestras ventanas personales de los cielos libres de las distracciones engañosas del mundo y de la tentación. Al participar dignamente de la Santa Cena para renovar nuestros convenios bautismales, vemos con mas claridad el propósito eterno de la vida y el orden de prioridad de las cosas. Las oraciones sacramentales nos impulsan a hacer examen de conciencia, a arrepentirnos y a ser mas fieles a nuestra promesa de recordar siempre al Salvador, Jesús el Cristo. Este cometido de ser como Cristo, si se renueva semana tras semana, se convierte en la aspiración suprema de todo Santo de los Últimos Días.

La asistencia frecuente al templo, según lo permitan nuestras circunstancias, es otra forma de mantener limpias las ventanas espirituales. El adorar en la casa del Señor hará que percibamos con mas claridad las cosas que son realmente importantes sin la obstrucción de la contaminación del mundo.

El Testimonio

Testifico que las ventanas de los cielos realmente están abiertas. El presidente Gordon B. Hinckley es el Profeta del Señor hoy en día. Jose Smith es el Profeta de la Restauración. Jesús es el Cristo, el Señor y Salvador de la humanidad. Nuestro Padre Celestial vive y ama a cada uno de Sus hijos. El Señor ha restaurado una “red” mediante la cual podemos recibir verdades eternas. Podemos abrir las ventanas de los cielos para contemplar, junto con el Salvador, “la vasta expansión de la eternidad”

(D. y C. 38:1), un universo sin horizonte, “por los siglos de los siglos” (D. y C. 76: 112)

De esto testifico, en el nombre de Jesucristo. Amen.