Un Ancla Para La Eternidad Y Para Hoy

Bonnie D. Parkin


“El mensaje que el Profeta tiene para nosotros es mucho mas importante que el verlo en persona, y el poner en práctica ese mensaje es una manera segura de obtener un testimonio de su llamamiento sagrado.”

Esta noche tenemos el privilegio de estar en la presencia de un profeta, el presidente Gordon B. Hinckley. Su presencia demuestra el amor que tiene por cada una de nosotras y el sentir su influencia nos ayuda a obtener un testimonio de su divino llamamiento. El testimonio personal de que tenemos un profeta viviente no es sólo un tesoro de incalculable valor, sino un ancla a la verdad. El tener un testimonio de nuestro Profeta es vital para los miembros de nuestra Iglesia, algo en lo que hacemos mucho hincapié: a menudo hablamos acerca de ese testimonio, escuchamos a otros expresarlo en la reunión de testimonios, viene a la mente cuando los amigos nos preguntan algo al respecto. Pero la responsabilidad de obtenerlo es únicamente nuestra, porque sólo el Espíritu Santo nos lo puede dar.

¿Tienen ustedes un testimonio de que el presidente Hinckley es el Profeta viviente de nuestro Padre Celestial? Quisiera ayudarles a entender cómo pueden obtener ese don tan preciado.

Cuando yo era una jovencita, vine al centro de Salt Lake City un día invernal. Me había estacionado frente al Edificio de Administración de la Iglesia y estaba a punto de colocar una moneda en el parquímetro cuando vi a un hombre que salía del edificio. Llevaba puesto un abrigo obscuro y un sombrero de lana, pero llevaba algo mas: un espíritu que me conmovió el alma. No pude apartar los ojos de su figura, y cuando descendió las escaleras, de pronto me di cuenta de que era el presidente David 0. McKay. No dijo nada cuando pasó a mi lado; simplemente sonrió y levantó ligeramente el sombrero. El Espíritu literalmente llenó mi ser; sabia que había visto a un Profeta de Dios.

No todos tendrán la oportunidad de ver a un profeta en persona. Afortunadamente, eso no es necesario. Todos podemos recibir el mismo testimonio que yo recibí hace mucho tiempo cuando lo vi bajar esos peldaños. Pero el mensaje que el Profeta tiene para nosotros es mucho mas importante que el verlo en persona y el poner en practica ese mensaje es una manera segura de obtener un testimonio de su llamamiento sagrado.

La hermana Diana Lacey, una hermana líder de las Mujeres Jóvenes de Farmington, Nuevo México, se esforzaba por ayudar a las jovencitas a considerar el programa de Progreso Personal como algo emocionante y positivo, pero no hallaba la manera de hacerlo. Un día. en una conferencia, escuchó al presidente Hinckley relatar la historia de Caleb y Josué, quienes, con diez hombres mas, fueron enviados a Canaán para dar un informe de sus recursos y habitantes. A su regreso, los diez informaron todo lo negativo que presenciaron, pero Caleb y Josué vieron mas allá de lo negativo y hablaron sólo de lo positivo. Desafortunadamente, al igual que en nuestros días, el pueblo decidió creer a los incrédulos, y así fue como solamente Caleb y Josué fueron preservados para entrar en la tierra prometida. El presidente Hinckley agregó:

“Vemos a nuestro derredor a algunos que son indiferentes en cuanto al futuro de esta obra, que son apáticos, que hablan de limitaciones, que expresan temores … carecen de visión en cuanto al futuro.

“Bien se ha dicho en tiempos antiguos: ‘Sin profecía el pueblo se desenfrena’ (Proverbios 29:18)” (Liahona, enero de 1996, pág. 79).

Este mensaje profético conmovió a la hermana Lacey, quien comprendió que el Progreso Personal tiene que ver con la visión, y dijo: “Hice un cambio y los resultados me han asombrado … El cambio de actitud y la manera de considerar el programa de Progreso Personal tuvo un efecto positivo en la actitud de las jovencitas … El espíritu del discurso del presidente Hinckley ha sido una bendición en mi vida”.

¿Pueden ver cómo se fortaleció el testimonio de la hermana Lacey cuando siguió al Profeta? Ella utilizó los cuatro pasos de los que habló la hermana Pearce: escuchó y leyó las palabras del presidente Hinckley,

busco un mensaje personal, lo puso en practica y notó los cambios que ocurrieron después en su vida y en su modo de pensar.

Conozco a una joven que se crió en el barrio del presidente Kimball. Ella tenía un ferviente testimonio del llamamiento de el, pero mientras ella se encontraba sirviendo en una misión, el presidente Kimball falleció. A esta joven misionera le preocupo tener que testificar de un profeta al que no conocía, y una noche, al rogar en oración por el presidente Benson, que recientemente había sido sostenido, de pronto la inundo la calidez del Espíritu y obtuvo un nuevo testimonio. “El Señor sabia que yo tenía que saberlo”, dijo, “y sabia que yo daría a conocer ese testimonio para ayudar en la conversión de otras personas”. Hermanas, también les puede suceder a ustedes!

El presidente Hinckley ha prometido que toda persona tiene el derecho de recibir un testimonio personal (véase Liahona, enero de 1996, pág. 4). Se que pueden sentir un poco de temor al pedir que se les conceda ese testimonio porque a veces pensamos que no recibiremos una respuesta, o que si la recibimos tendremos que vivir de acuerdo con ella.

Pero piensen en esto: ¿Como las beneficiaria el recibir un testimonio del Profeta viviente? ¿De que manera les ayudaría en sus problemas diarios? ¿Como cambiaria y bendeciría su vida?

Únicamente ustedes y el Espíritu Santo pueden contestar a esas preguntas. Si por el momento no tienen un testimonio del presidente Hinckley, dependan del testimonio de otros hasta que obtengan el suyo. Oren por el, estudien sus palabras, busquen un mensaje personal, pónganlo en practica y experimenten los buenos sentimientos que vendrán como resultado.

¿Lo harán? ¿Escucharan sus palabras ahora y buscaran en ellas un mensaje para su propia vida? Espero y ruego que lo hagan. Les testifico que se que tenemos un Profeta viviente que nos guía. Ruego que todas salgamos de aquí buscando nuestro propio testimonio divino de que Dios dirige Su Iglesia por medio de los profetas y que Gordon B. Hinckley es Su Profeta actual, en el nombre de Jesucristo. Amén.