“A Fin De Que Sepáis.”

Keith B. McMullin


“El Padre Celestial … nos ha dado un medio para zanjar nuestras diferencias, un medio por el cual cada uno de nosotros puede llegar a saber: ese medio es por el poder y el testimonio seguro del Espíritu

Humilde y agradecido estoy ante ustedes para testificar de las palabras y de las obras de Dios; he venido con la disposición del que va delante para preparar la vía, comisionado por el Señor. Mi deseo es ayudar a que nos preparemos para Su segunda venida y para morar en Su presencia, con el fin de disfrutar de los dones y gracias que sólo El nos puede conceder.

Durante el transcurso de esta conferencia, se hablara mucho sobre la obra del Señor y sobre lo que nuestro Padre Celestial desea para Sus hijos; todos son temas sagrados. Pero los discursantes no es tan solos en sus afirmaciones; haciendo eco a sus testimonios, yo levanto mi voz como otro testigo. A este proceso se le llama la ley de los testigos.

Esta ley se estableció con el fin de presentar, afirmar y sellar la verdad en el corazón de los hijos de Dios. Cuando se lleva la palabra de Dios al mundo, jamas se esta solo. Moisés fue llamado como Profeta para conducir al pueblo de Israel, pero no se le dejó solo, sino que el Señor le envió a su hermano, Aarón, no solamente para que le sirviera de portavoz sino también para que fuera un testigo con el de que el Dios de Abraham había hablado.

Esa misma ley de los testigos sirvió para anunciar el nacimiento, la vida y la misión de Cristo Jesús; los ángeles santos, Juan el Bautista, los profetas y Apóstoles, el Espíritu Santo, el Salvador mismo y Dios el Padre, todos han declarado de Su divinidad.

Ese mismo modelo se siguió en cada paso de la restauración del Evangelio de Jesucristo , en estos , los postreros días. Multitud de testigos, todos de confianza intachable, han escrito y han hablado de lo que sus oídos oyeron, de lo que sus ojos vieron y de lo que entendieron con el corazón. En toda dispensación, dos o mas testigos han unido sus voces en proclamaciones de atestación; ese es el modelo de los cielos. El apóstol Pablo dijo: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto” (2 Corintios 13:1).

Hace unos años, al hablar con un hombre a fin de conseguir permiso para que la esposa y los hijos se bautizaran, me vi forzado a considerar la naturaleza esencial de la ley de los testigos. Nuestros misioneros habían enseñado a la familia sobre la divinidad de Cristo, la sagrada aparición de Dios el Padre y de Su Hijo amado al profeta José Smith en 1820, y sobre la posterior restauración de la Iglesia verdadera sobre la tierra. Los misioneros habían dado un testimonio ferviente de cada uno de esos puntos y el Espíritu Santo les había confirmado a la madre y a los hijos que todo ello era verdad; por lo tanto, deseaban bautizarse.

No obstante, el hombre tenía mucho escepticismo; cl no había recibido ninguna confirmación espiritual y las creencias y tradiciones de toda una vida le llenaban la mente de dudas. Me reuní con el para hablar de sus vacilaciones y del deseo que tenían su esposa e hijos de bautizarse. Aunque no quería impedirles que tomaran su propia decisión, le molestaba mucho el conflicto que percibía entre sus creencias y tradiciones familiares y el mensaje de la Restauración. Al acercarnos al fin de nuestra conversación, le exprese mi testimonio, que era una atestación de lo que los misioneros les habían enseñado. Al explicarle la naturaleza divina de esta Iglesia, recordé las palabras del Señor que se encuentran en Doctrina y Convenios, y le atestigué que esta es “la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra” (D. y C. 1:30).

Mi amigo se quedó asombrado; mis palabras lo inquietaron y con tono incrédulo me dijo:

“¿Cómo puede afirmar semejante cosa? Mi religión tiene muchos mas miembros que la suya; esta mucho mas extendida y tiene mas influencia; mas aun, la historia y las tradiciones de mi iglesia se remontan mucho mas allá de la época de José Smith. ¿Cómo es posible que usted afirme que la suya es la única iglesia verdadera?”

Su reacción fue similar a la que muchas personas tienen al principio, cuando oyen un testimonio así; una reacción que quizás tengan algunos de los que escuchan esta conferencia. Los que participen en ella ofreciendo oraciones, pronunciando discursos o cantando estarán testificando de lo que saben es la verdad. Esos testimonios comprenderán los siguientes elementos:

·La realidad de la existencia de Dios, la divinidad de Su Hijo amado y la doctrina de Cristo.

·El llamamiento divino de los profetas, videntes y reveladores, destacando a José Smith, el primer Profeta de esta dispensación, y al presidente Gordon B. Hinckley, el Profeta del Señor en la actualidad.

Esos testigos harán hincapié en:

Las verdades que se han revelado sobre los propósitos de la vida, nuestro origen y nuestro destino.

Las Santas Escrituras, refiriéndose a menudo al Libro de Mormón como otro testamento de Jesucristo.

Esa atestación resultara inquietante para algunas personas, por lo mucho que difiere de lo que opinan o creen; y quizás pregunten: “Cómo puede afirmar algo así? Cómo lo sabe?”

A los que piensen de esa forma, les digo: antes de reaccionar, antes de cerrarse a la idea, antes de considerarla errada por causa de una palabra, tengan a bien escuchar y reflexionar sobre estas palabras inspiradas:

“Las palabras no comunican significados, sino que los despiertan en nosotros. Cuando yo hablo, lo hago influido por mi propia experiencia, y el que me oye me interpreta de acuerdo con la suya; por eso es tan difícil comunicarse” (David O. McKay, citado por Lowell L. Bennion en “Conference Report”, abril de 1968, pág. 94).

Esa es una característica de los mortales y la base del escepticismo. Pero a pesar de las discrepancias que puedan surgir concerniente a los asuntos espirituales, de las Escrituras sale esta maravillosa y consoladora promesa: “… que sepáis con perfecto conocimiento …” (Moroni 7:15). Aunque nuestros antecedentes difieran, todos somos hijos del mismo Padre Celestial, y El nos ha dado un medio para zanjar nuestras diferencias, un medio por el cual cada uno de nosotros puede llegar a saber: ese medio es por el poder y el testimonio seguro del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad y Dios lo ha enviado para revelar todo lo necesario; El enseña y testifica con poder divino y con claridad. Es posible que su testimonio no se escuche o que no se le preste atención, que se deje de lado o se niegue, pero aun así es inconfundible. “El Espíritu Santo es un Revelador” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 405). Lo que se recibe por medio de El tiene un efecto mas potente en el alma que cualquier otra cosa que se reciba por cualquier otro medio. Mil años de vivencias a través de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, y todos los poderes del universo combinados, no se comparan con la experiencia completa y sublime de un breve momento bajo la influencia del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es un personaje de espíritu, y tiene poder para hablar al espíritu de todo hombre, toda mujer y todo niño. El comunica su mensaje con absoluta certeza y ese conocimiento revelado constituye el testimonio personal de la verdad (véase de Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, vol. 1, pág. 756).

El Señor dijo por medio del profeta José Smith:

“Si, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morara en tu corazón.

“Ahora, he aquí, este es el espíritu de revelación …” (D. y C. 8:23; cursiva agregada).

(Que perfecto y completo! (Que extraordinario! (Que maravilloso! Aun cuando nuestros estilos de vida difieran, todos podemos recibir la misma ancla segura: la verdad de Dios. Y es absoluta, infinita y esta a disposición de todos. Jesús dijo:

“… la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo.

“Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu” (D. y C. 84:45-46).

Mas adelante el Señor explicó:

“… la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser …

“El Espíritu de verdad es de Dios …” (D. y C. 93:24, 26).

Y. además, nos exhortó, diciendo que pidamos a Dios, que lo que pidamos se nos dará (véase Mateo 7:7; la Traducción de José Smith en inglés, Mateo 7:12).

Ahora, terminaré mi relato. Mi interlocutor me había hecho estas preguntas desafiantes: “¿Cómo puede afirmar semejante cosa? ¿Cómo es posible que usted afirme que la suya es la única iglesia verdadera?” La respuesta llegó no de mi, sino por medio de mi persona:

“Yo no soy quien lo afirma; lo he citado. Jesucristo lo afirmo. No discuta conmigo; si desea argüir al respecto, ore y hable con el Padre Celestial sobre el asunto”.

Así llegamos al fin de nuestra conversación, el dio permiso a los miembros de su familia para bautizarse y nos despedimos.

Unas cuantas semanas mas tarde, al disponerme a salir después de la conferencia de una estaca, vi que dos hombres se abrían paso entre la multitud para acercarse a mi; uno de ellos era el hombre de quien he hablado antes. Lo primero que se me ocurrió pensar fue: “¡Ay, no! Acá viene con otro argumento”.

El hombre se acercó, me extendió la mano y me preguntó:

-¿Se acuerda de mi?

-Por supuesto-le contesté-. Y quiero que sepa que esta es todavía la única Iglesia verdadera.

Antes de que pudiera decirle mas, sentí que me estrechaba mas fuerte la mano al mismo tiempo que me decía:

¡Ya se! He orado, como usted me dijo. El Señor me ha dicho por el poder de Su Espíritu que todo es verdad. El fin de semana pasado me bautice y me ordenaron presbítero; y hoy voy a bautizar a este amigo mió, porque el también sabe que es la verdad.

Ese es el propósito de los testigos, ese es el poder del Espíritu Santo, esa es el ancla de la verdad. A todo lo que se ha testificado y todavía se testificara agrego mi testimonio de que ustedes también pueden saber “con perfecto conocimiento”. ¡Dios vive! Somos Sus hijos y El nos ama. Jesucristo es Su Hijo amado, nuestro Redentor y el Salvador del mundo. El Padre y el Hijo aparecieron al profeta José Smith, contestaron su oración y le dieron instrucciones. Después, lo visitaron otros mensajeros celestiales para restaurar lo que se había perdido; entre ellos se encuentran: Moroni, que trajo el Libro de Mormón; Juan el Bautista, que restauró el Sacerdocio Aarónico; Pedro, Santiago y Juan, que les confirieron a el y a Oliver Cowdery el Sacerdocio Mayor y el Santo Apostolado; Moisés, que trajo las llaves del recogimiento de Israel; Elías, con el evangelio de Abraham; y Elías el profeta, con el poder de sellar padres e hijos como familias eternas. El Evangelio del Señor ha sido restaurado y El ha restablecido Su reino terrenal al que ha llamado La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 115:34; 3 Nefi 27:78).

Si encuentran inquietantes estas palabras o cualesquiera otras que oigan en esta conferencia, presenten el asunto a su Padre Celestial en una oración.

“… pida[n] con fe, no dudando nada …” (Santiago 1:6).

Porque, “si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, el os manifestara la verdad … por el poder del Espíritu Santo; “y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:45; cursiva agregada).

Les expreso mi testimonio de que (todo esto es verdad! En el nombre de Jesucristo. Amen.