1990–1999
Escuchen Por El Poder Del Espíritu
Octubre 1996


Escuchen Por El Poder Del Espíritu

“Estamos todos reunidos como creyentes en esta, la causa de Cristo. Cada uno de nosotros es siervo del Señor en la edificación de Su reino.”

Nos hallamos reunidos aquí en el histórico Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City; otras personas se unen a nosotros en miles de centros de reuniones y en sus hogares en los Estados Unidos y a través de todo el mundo. Estamos muy agradecidos por los medios de comunicación que se nos han proporcionado, por conducto de los cuales podemos hablarles a ustedes y, en muchos casos, ustedes pueden oírnos y vernos a nosotros. Captamos su cordialidad, su hermandad, su fe y sus oraciones de apoyo. Gracias a todos y a cada uno.

Después de una conferencia anterior, recibimos una carta de Inglaterra que quisiera leer. La persona que la escribió decía:

“El pasado fin de semana, solo poco después de nuestro aniversario numero 40, tuvimos el gran placer de reunir a nuestros hijos y nietos para ver la conferencia general transmitida a nuestro propio hogar …

“Tuvimos la maravillosa bendición de ponernos de pie y levantar la mano como familia para sostener al Profeta viviente, a sus consejeros, junto con el Quórum de los Doce, y, nuestro propio hogar!

“Le hacemos llegar nuestro informe: la votación fue unánime y afirmativa, sin ningún voto de abstención o disidencia.

“Nuestros tres hijos han cumplido misiones honorables, para gran mérito de ellos. A su regreso se han casado en el templo con honorables señoritas y en total han criado a diez hermosos hijos. Todos los adultos sirven en cargos de liderazgo y mi esposa y yo tenemos el placer de servir en una misión de servicio a la Iglesia … Cuan gratas han sido las bendiciones del Señor para con mi familia.

“Toda mi familia le agradece la inspirada instrucción y los edificantes discursos que se dieron; y sin vacilar le decimos que corrieron lágrimas por nuestras mejillas al sentarnos literalmente a los pies de los siervos del Señor. Tras haber disfrutado el gozo de tener su presencia en nuestro hogar, nos sentimos vacíos al terminar la transmisión; fue como despedirse de seres queridos. Todos nos arrodillamos y oramos, y sentimos la cálida serenidad y seguridad del Espíritu que nos rodeaba”.

Es una responsabilidad impresionante decir algunas palabras para empezar la conferencia. Ustedes se han reunido para ser alentados, inspirados, edificados y dirigidos como miembros de la Iglesia. Estamos todos reunidos como creyentes en esta, la causa de Cristo. Cada uno de nosotros es siervo del Señor en la edificación de Su reino en anticipación al tiempo cuando El venga como Rey de reyes y Señor de señores. Ustedes se han reunido para recibir ayuda con respecto a sus preocupaciones temporales, sus derrotas y sus victorias. Han venido a escuchar la voz del Señor ensenada por aquellos que, no por su propia elección, han sido llamados como maestros de esta gran obra.

Ustedes han orado pidiendo que puedan escuchar aquello que les ayude a resolver sus problemas y sume fortaleza a su fe. Les aseguro que nosotros también hemos orado. Hemos orado en busca de inspiración y de dirección. Hay una oración constante en nuestro corazón de que no fallemos en el cumplimiento de la gran responsabilidad que el Señor nos ha encomendado ni a la confianza que ustedes han depositado en nosotros. Hemos rogado que podamos recibir la inspiración de decir las palabras que edificaran la fe y el testimonio y que se convertirán en respuestas a las oraciones de los que las escuchen.

Nos tranquiliza la palabra del Señor de que “el que la predica [por el Espíritu] y el que la recibe [por el Espíritu] se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente” (D. y C. 50:22) .

Hace ciento cincuenta años nuestra gente salía de Nauvoo y emprendía su viaje a través de las llanuras de lowa. Estoy seguro de que ninguno de nosotros puede darse cuenta cabal del sacrificio que hicieron al abandonar sus cómodos hogares para enfrentar con valentía las tempestades del desierto en un viaje que no terminaría sino hasta llegar a este valle del Gran Lago Salado. El sufrimiento de ellos fue inmensurable. Murieron a centenares por esta causa, de la cual cada uno de nosotros forma parte.

El verano pasado estuve en Palmyra, y en Nauvoo, y en Council Bluffs, Iowa, lugar al que ahora llaman Kanesville por respeto y amor a un querido amigo. Estuve en el lugar donde se reunió el Gran Campamento cuando llegaron a la orilla del Río Misuri. Varias veces he estado en el camino de Misuri a este valle y para mi siempre es una experiencia sagrada. Estoy profundamente agradecido por el legado que nos dejaron nuestros antecesores; lo recordaremos en forma especial el año que viene al conmemorar la llegada de nuestros antepasados pioneros a este valle.

Es nuestra la bendición de vivir en una época mejor. Las terribles persecuciones son ahora cosas del pasado; hoy día. personas de todo el mundo nos miran con respeto; siempre debemos ser dignos de ese respeto. Debemos ganarlo o no podremos tenerlo. Durante esta conferencia se nos recordara ese principio.

Les invito a que escuchen, a que escuchen por el poder del Espíritu a los discursantes que les hablaran hoy y mañana, y esta noche. Si lo hacen así, no dudo en prometerles que serán edificados, la resolución que tienen de ser mejores se robustecerá, encontraran soluciones a sus problemas y a sus necesidades, y serán guiados a agradecer al Señor lo que habrán escuchado.

Hemos llegado a ser como una gran familia diseminada a través de este vasto mundo; hablamos idiomas diferentes, vivimos bajo una gama de circunstancias, pero en el corazón de cada uno de nosotros palpita un testimonio común: Ustedes y yo sabemos que Dios vive y que esta en el mando de esta, Su obra sagrada. Sabemos que Jesús es nuestro Redentor, que esta a la cabeza de esta Iglesia que lleva Su nombre. Sabemos que José Smith fue un Profeta y es el Profeta que esta a la cabeza de esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Sabemos que se restauró el sacerdocio sobre su cabeza, el cual ha llegado hasta nosotros en esta época en una línea inquebrantable. Sabemos que el Libro de Mormón es un verdadero testamento de la realidad y de la divinidad del Señor Jesucristo. Nuestro testimonio de esas y de otras verdades se fortalecerá; nuestra fe se profundizara al participar unidos en esta grande y sagrada reunión.

Ruego que así sea, en el nombre de Jesucristo. Amén.