Pioneras modernas

Janette Hales Beckham


“Debemos tener fe para decir no a lo que nos. pueda dañar o destruir, o apartarnos de nuestro destino. Todas debemos tener fe en cada paso que demos hacia adelante.”

En esta ocasión rindo homenaje a estas tres jóvenes pioneras y a cada una de ustedes, las pioneras de esta generación. Ustedes, jóvenes pioneras deben tener la misma fe en cada paso que tuvieron los pioneros del pasado de los que se nos ha hablado. Me siento muy orgullosa de ustedes, las mujeres jóvenes, al verlas dar el ejemplo por medio de actos de valentía y de rectitud. Su fe en el Señor fortalece a los que siguen su ejemplo.

El apóstol Pablo amonestó a un joven de su época a ser pionero; le dijo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Ese es el tema del mensaje que les daré en esta oportunidad.

Sean ustedes Abejitas, Damitas o Laureles, pueden ser un ejemplo para los demás: un ejemplo de los creyentes. Los principios del Evangelio son los mismos ayer, hoy y mañana. El guardar los mandamientos nunca pasa de moda.

Ustedes, las jóvenes, encuentran a su paso obstáculos tan difíciles de salvar como los que tuvieron que encarar los pioneros de antaño. Una jovencita escribió: “En la actualidad siempre se oye decir a las personas que no se imaginan cómo pudieron los pioneros salir adelante en medio de todas sus penurias; pero no me cabe duda de que hoy, algunos de ellos, desde el cielo, dicen lo mismo acerca de nosotros”.

La valentía para dar un paso de fe hacia adelante hace falta hoy en día como nunca antes. Para muchas de ustedes, el primer paso de fe hacia adelante ha sido el bautismo. LeeAnn tenía quince años de edad cuando leyó el Libro de Mormon, oró acerca de la veracidad de este y obtuvo un testimonio del Evangelio. La joven deseaba unirse a la Iglesia, pero la madre le dijo que no se lo permitiría. LeeAnn y los misioneros ayunaron y oraron, y aquel mismo día del ayuno, la madre le dio su consentimiento para que se uniera a la Iglesia, por lo que LeeAnn se bautizó. Cuando sus amigas se enteraron, se rieron de ella y la abandonaron. Aun la directora de la escuela religiosa a la que asistía la llamo a su despacho y le dijo que había cometido un necio error. No obstante, LeeAnn se mantuvo fiel al Señor; comprendía las consecuencias eternas de sus actos y, andando el tiempo, tuvo la maravillosa bendición de casarse en templo con un joven recto. Con el tiempo, su madre se unió a la Iglesia.

Kara también fue pionera en su familia. Sus familiares nunca asistían a las reuniones de la Iglesia; el día en el que cumplió ocho años llego y pasó, y no fue bautizada. Sin embargo, con el mismo valor que caracterizo a los fieles pioneros, cuando cumplió los doce años, le pregunto directamente a su padre si podía bautizarse. El le dijo que sí. Hoy ya se ha casado en el templo y puede inculcar en sus propios hijos su fortaleza, su integridad y su fe pioneras. (Que magnifico patrimonio pionero les ha dado a sus vástagos!

De la misma forma en que se sacrificaron los primeros pioneros para recorrer el camino hasta las Montañas Rocosas, las pioneras de hoy, como LeeAnn, Kara y todas ustedes se encuentran en el sendero que conduce a una montaña: “el monte de la casa del Señor” (véase 2 Nefi 12:2). Así se refirió el profeta Isaías con respecto a los templos de los últimos días, donde hacemos convenios sagrados con nuestro Padre Celestial; es el destino mas importante que tenemos aquí en la tierra. Al hacer convenios sagrados con nuestro Padre Celestial en el templo, El nos promete que podremos volver a vivir con El. Al proyectar y prepararse ustedes para ir al templo, el ejemplo que den las hará pioneras ante sus amigas y también ante sus familiares.

Un importante paso de fe hacia adelante que ustedes deben dar como pioneras es el oponerse a hacer lo que sus amigos hagan si es que hacen lo que las llevaría por mal camino. Una pionera moderna también alienta a los demás a mantenerse en el camino que nos lleva de regreso a la presencia de nuestro Padre Celestial. Si ustedes señalan el camino con rectitud, los demás las seguirán.

Una joven llamada Allison nos contó de una amiga que fue un ejemplo para ella por motivo de que resolvió no tomar parte en habladurías ni chismes y alentaba a sus amigas a no hacerlo. Estas le prestaron oídos, y Allison y sus amigas dejaron de murmurar.

Cuando Rachel llego a la adolescencia, sus amigos comenzaron a decir palabrotas cada vez con mas frecuencia. Sabiendo que eso no era correcto, Rachel tuvo la valentía de no hacer lo que hacían los demás y resolvió no decir improperios. Por medio de su ejemplo, fue una pionera de esta época.

Danielle es presidenta de la clase de Abejitas y procura ser un buen ejemplo para las demás jovencitas de su clase, para lo cual asiste a todas las reuniones; vive en un área donde las drogas y la violencia constituyen un problema considerable. “He resuelto no tener tratos con esa clase de personas”, escribió, y añadió: “No deseo arruinar mi vida. He escogido guardar los mandamientos y seguir a mi Padre Celestial, y, para lograrlo, haré lo que es correcto y seguiré Sus pasos”.

Otra joven, Melinda, se hallaba en el primer ciclo de enseñanza secundaria cuando, en una galería comercial, un par de muchachos les ofrecieron bebidas alcohólicas a ella y a su amiga. Melinda no supo que hacer, pero su mejor amiga les dijo a los chicos que ella y Melinda no bebían alcohol. Aunque los jóvenes se rieron de ellas, la burla no les importó. Melinda dijo: “ [Mi amiga] señala a los demás el camino que hay que seguir … al igual que una pionera … los pioneros Santos de los Últimos Días me mantienen en la senda que conduce al reino celestial, por lo que me siento agradecida a ellos”.

Muchas de ustedes, las mujeres jóvenes, son excelentes ejemplos. Conozco un grupo de jovencitas que, a la hora de almuerzo, siempre tratan de sentarse a la mesa con alguien que este merendando solo o sola y de hacerse amigas de esa persona. Algunas de ustedes se encuentran en difíciles situaciones familiares y, pese a ello, se conservan firmes en el Evangelio. Otras, son los únicos miembros de la Iglesia activos de su familia. Una joven que vive en una ciudad grande tiene que transbordar a tres autobuses diferentes para llegar ella sola a la reunión sacramental.

El Señor las ama por su fortaleza y por su valentía. El siempre esta cerca de ustedes para ayudarlas. No están solas. El nos ha prometido que si nos esforzamos por vivir con rectitud y por servirle: “Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).

Le hemos pedimos a algunas de ustedes, las mujeres jóvenes, que nos contaran de las nobles características de los pioneros que viven a su alrededor, y no es sorprendente que en muchos casos ustedes hayan descrito a miembros de su familia: a la madre o al padre, a una abuela o a un abuelo, a una hermana o hermano mayores. Muchas de ustedes también consideran a sus líderes como a pioneros, ya sea que se trate de su asesora, de su directora de campamento o de su obispo.

Una joven dijo: “Estoy tan agradecida por mi moderna madre pionera, que le puso fin a la tradición del alcoholismo de su familia. Mama se unió a la Iglesia a los quince años de edad después de haber pasado un verano con parientes Santos de los Últimos Días. Se aplico mucho a los estudios escolares y se apego a la firme resolución que tomó de vivir el Evangelio, lo cual le ha atraído las correspondientes bendiciones a nuestra familia”.

Nuestros líderes del sacerdocio que se encuentran en el estrado en esta reunión son padres y abuelos. Sus hijos y sus nietos ciertamente los consideran pioneros. Una jovencita llamada Tarynn nos contó que su abuelo fue el pionero de la vida de ella; que la vida del abuelo había sido difícil, pues había sufrido muchas desgracias y aflicciones, pero que pese a todas esas dificultades, siempre se había mantenido fiel. Es pionero, dijo la joven, quien ha ejercido una buena influencia en la vida de otra persona.

Profundo es nuestro agradecimiento de poder escuchar en esta reunión las palabras de un miembro de la Primera Presidencia, el presidente Thomas S. Monson. El es un notable pionero de esta época que ha influido en la vida de muchas personas. Cuando fui llamada a ser la Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, el presidente Monson me dijo: “Dígales a las mujeres jóvenes que guarden los mandamientos para que reciban todas las bendiciones que nuestro Padre Celestial tanto desea darles”. Las palabras de nuestros Profetas nos dan la seguridad de que nuestros pasos se dirigen en el rumbo debido.

Una joven dijo: “Mi hermano decidió seguir el consejo del Profeta [cuando comenzó a invitar a señoritas a salir], o sea, a no salir siempre con la misma joven. Comprendió que muchos jóvenes viven en un medio social donde casi todas las personas jóvenes salen con solo una misma persona del sexo opuesto. La joven añadió: “Mi hermano era sumamente creativo y se esmeraba en mantener elevadas normas y en andar con amigos buenos. Tal vez eso parezca insignificante, pero influyo en mi y me llevo a hacer lo mismo cuando comencé a salir con jóvenes. Cada vez que uno fomenta la rectitud, es un héroe en la vida de alguna otra persona”.

A lo largo de este año habrá muchas ocasiones para recordar a los primeros pioneros y cada una de nosotras las pioneras de la actualidad debemos tener el mismo carácter y la misma determinación que los caracterizaron a ellos. Debemos tener fe para decir no a lo que nos pueda dañar o destruir, o apartarnos de nuestro destino. Todas debemos tener fe en cada paso que demos hacia adelante. Debemos escuchar las palabras de nuestros Profetas, amar al Señor y guardar Sus mandamientos.

Una jovencita llamada Stephanie tiene la perspectiva eterna de ser pionera; dijo: “Al igual que los pioneros que atravesaron a pie las llanuras y que por fin hallaron Sión en las montañas, yo llegaré, si vivo con rectitud, por fin a mi destino de vivir con Jesucristo y con nuestro Padre Celestial. No será fácil, pero se que podré lograrlo”.

Mis jóvenes hermanas, ustedes pueden lograrlo. Nuestro Padre Celestial desea que lo hagan. La fe, la valentía y la determinación de ustedes las llevara al “monte de la casa del Señor” el Santo Templo al prepararse ustedes para hacer convenios sagrados y cumplirlos, para recibir las ordenanzas del templo y para gozar de las bendiciones de la exaltación. Los pasos de fe que den hacia adelante serán una bendición para las generaciones futuras. Por medio de ustedes, sus hijos y sus nietos recibirán las bendiciones que el Señor ha prometido a los que le sigan. Si tan sólo pudiesen ustedes ver a aquellos en los que ejercerán su influencia: no tan solo sus amigos, (sino sus hijos y los hijos de sus hijos!

Tengo una fe muy grande en ustedes, las mujeres jóvenes. Las veo luchar para vencer las dificultades que les salen al paso. Veo a tantas de ustedes que viven con rectitud que con valor llevan “nuestro pendón en alto” (“A vencer”, Himnos, m 167), que se aferran a los Valores de las Mujeres Jóvenes, mostrándoles a los demás el camino que deben seguir, ayudándose unas a otras cuando se presentan las dificultades. Ustedes son en verdad las pioneras de esta generación. (Las quiero muchísimo a todas y a cada una! Y se cuanto las ama nuestro Padre Celestial.

Hace ya muchos años, mientras me encontraba en un campamento de las Mujeres Jóvenes, me reuní con las jovencitas y sus líderes temprano una mañana en una zona arbolada que ellas llamaban su arboleda sagrada. Al contemplar sus rostros, comprendí que se me había dado una bendición asombrosa que ha permanecido en mi. Me es posible ver la naturaleza divina. Contemplo el rostro de ustedes y veo lo que nuestro Padre Celestial ve: su potencial divino. Sean ejemplos de los creyentes. Sean testigos de Dios al seguir hacia adelante con fe.

Escuchen de nuevo las palabras del apóstol Pablo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Como las pioneras de esta generación, nuestra fe nos conserve en el sendero que conduce a la vida eterna, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.