Acerquémonos mas al Señor

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“Dios es nuestro Padre y vela por Su reino. Jesús es el Cristo cuyo nombre lleva esta Iglesia. El la encabeza.”

Mis amados hermanos y hermanas, es un verdadero placer darles una vez mas la bienvenida a una conferencia general de la Iglesia. Ustedes han venido de lugares muy diversos con la esperanza de ser inspirados y bendecidos, y de acercarse mas al Señor. El tabernáculo esta totalmente lleno. Me complace informarles que el pasado 24 de julio se dio comienzo a la construcción del nuevo y amplio edificio de asambleas que estamos edificando en la cuadra ubicada al norte de donde hoy nos encontramos. Dará cabida a 21.000 personas, o sea, aproximadamente tres veces y media el cupo de este tabernáculo. Nos han prometido que estará terminado a tiempo para la conferencia de abril del año 2000. Tendremos entonces un magnífico edificio nuevo para inaugurar un siglo maravilloso.

Nos reunimos hoy bajo circunstancias muy favorables. En SU mayor parte, el mundo esta en paz, y que bendición tan valiosa es esta. Por lo general, andamos en un ambiente de buena voluntad. Es cierto que a muchos no les caemos muy bien, y aun algunos nos odian y aprovechan cualquier oportunidad para criticarnos duramente. Pero en realidad son muy pocos los que hacen eso y rara vez tienen éxito con SUS criticas. Jamas ha gozado la Iglesia de una mejor reputación que ahora, gracias a todos ustedes, mis hermanos y hermanas. La opinión que la gente tiene de nosotros deriva, en gran parte, de sus experiencias personales e individuales. Es la amistad que ustedes brindan, el interés que sienten por los demás y el buen ejemplo de su vida lo que resulta en las opiniones que la gente tiene con respecto a los Santos de los Ultimos Días.

Los medios de comunicación han sido cordiales y generosos con nosotros. Este año de celebraciones pioneras ha resultado en una cobertura extensa y favorable por parte de la prensa. Ha habido algunas cosas que quisiéramos que hubieran sido diferentes. En lo personal, mis palabras han sido citadas con mucha frecuencia, en algunos casos erróneamente o dándoseles una mala interpretación. Creo que eso es de esperarse. Ninguno de ustedes tiene por que preocuparse al leer algo que haya resultado ser un reportaje incompleto; no se preocupen si me han presentado como que no comprendo algunos puntos de doctrina. Los entiendo perfectamente, y es lamentable que el reportaje no lo haya aclarado. Espero que ustedes jamas consideren a los medios de prensa como una autoridad en cuanto a las doctrinas de la Iglesia.

No obstante los malentendidos que a veces ocurren, se nos ha tratado muy bien y estamos agradecidos a los periodistas y a los editores que se han comportado con nosotros de manera honrada y generosa.

Hace precisamente dos semanas, tuve la oportunidad de hablar ante la Asociación de Periodistas de Religión. Fueron muy amables y receptivos; no hubo ninguna clase de contención o debate y siento gran respeto y estima hacia esas personas.

Se acerca ahora el final de nuestra celebración del sesquicentenario, y aun queda bastante trabajo por hacer. Tengo pensado hablar mas en cuanto a esto mañana por la mañana.

En esta conferencia relevaremos a varios de los Setenta y también a la presidencia de las Mujeres Jóvenes de la Iglesia, de acuerdo con la norma que establece cinco años de servicio.

Estos fieles y capaces hermanos y hermanas han servido eficazmente. Sin quejas de ninguna clase, han ido a dondequiera que se les envió; han brindado diligentemente sus talentos y su devoción para llevar adelante la obra del Señor, tanto aquí como en el extranjero. Esta obra es mucho mas fuerte gracias a sus esfuerzos personales.

Tanto a sus cónyuges como a sus familias, particularmente en el caso de la presidencia de las Mujeres Jóvenes, expresamos nuestro agradecimiento por haber sabido soportar inconveniencias al tener que compartir a sus esposas y madres con toda la Iglesia.

Extendemos nuestro amor y nuestra bendición a cada uno de los que están siendo relevados y deseamos que continúen sintiéndose satisfechos por el servicio que han prestado y sean muy felices dondequiera que vayan.

En esta ocasión solo deseo invitar al Espíritu del Señor para que nos acompañe a medida que seguimos adelante con otra gran conferencia. Que todos los que tomen la palabra sean inspirados en lo que vayan a decir; que las oraciones enaltezcan nuestros pensamientos a lugares altos y sagrados; que la música nos brinde a todos belleza y sustento espiritual.

Quisiera que todas las Autoridades Generales pudieran dirigirnos hoy la palabra. Lamentablemente, eso no será posible, pero todos nos uniremos en propósito, a medida que con nuestro corazón nos acerquemos a todos ustedes, nuestros amados hermanos y hermanas, en el testimonio de esta gran obra. Dios es nuestro Padre y vela por Su reino. Jesús es el Cristo cuyo nombre lleva esta Iglesia. El la encabeza. El Evangelio ha sido restaurado y se está extendiendo con poder por toda la tierra. Nuestra fe se fortalece con lo que sabemos que es verdadero.

Que las bendiciones del Señor estén con nosotros, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.