Cómo Eliminar las Barreras Que Nos Separan de la Felicidad

G. Scott


“El aprecio por un patrimonio étnico, cultural o nacional puede ser muy bueno y beneficioso, pero también puede perpetuar costumbres que un devoto Santo de los Últimos Días debe dejar de lado”.

Al preparar este mensaje, he orado fervientemente para poder comunicarlo con toda la claridad y eficiencia de que soy capaz. Es esencial que se me entienda por medio del Espíritu a fin de que no me malentiendan precisamente aquellos a quienes quiero ayudar.

El mundo se divide cada vez más en grupos de personas que se esfuerzan por preservar su patrimonio étnico, cultural o nacional; esos esfuerzos están motivados generalmente por un aprecio sincero por lo que han hecho los antepasados, muchas veces en las circunstancias más penosas. El aprecio por un patrimonio étnico, cultural o nacional puede ser muy bueno y beneficioso, pero también puede perpetuar costumbres que un devoto Santo de los Últimos Días debe dejar de lado.

Como lo que deseo decir es asunto delicado, y, para que no haya malentendidos, te pido que pienses que tú y yo estamos solos en un lugar tranquilo; imagina que hay entre nosotros profundos lazos de amistad y una relación de confianza que se presta a la comunicación sincera. Supongamos que me has preguntado cómo puedes obtener mayor beneficio de tu condición de miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Sé que eres una persona de firme fe y convicción. Sé también que valoras intensamente tu singular patrimonio cultural; hay hilos de ese patrimonio que forman parte de las mismas fibras de tu ser; has recibido de él gran beneficio y tienes el deseo de hundir tus raíces profundamente en su suelo y de que tus hijos y nietos se beneficien también. No obstante, veo que algunos elementos de esas costumbres podrían estar en conflicto con las enseñanzas de Jesucristo y acarrearte desilusión o dificultades. Como amigo, deseo ayudarte a percibir esa posibilidad sin ofenderte ni de ninguna manera restar valor a las preciadas partes de tu patrimonio que deben preservarse y servir de base para mejorar.

Cuando tú aceptaste las enseñanzas de Jesucristo y Su plan de felicidad, recibiste el bautismo y 1a confirmación para ser un miembro de Su reino aquí en la tierra; tomaste sobre ti Su nombre; te comprometiste a ser obediente a Sus enseñanzas y a hacer en tu vida cualquier cambio necesario para cumplir con ellas. Para obtener la plenitud de gozo, es preciso que recibas las ordenanzas del templo. El seguir esas pautas te brindará la mayor felicidad aquí en la tierra y a través de las eternidades. Para casi todas las personas, la conversión a la Iglesia exige un cambio fundamental en la manera de vivir. Si la Palabra de Sabiduría no se ha guardado, esto debe rectificarse; si ha habido una violación de la ley de castidad, debe haber arrepentimiento de ello. Nadie que entienda verdaderamente la importancia de ser miembro de la Iglesia tiene vacilación alguna en hacer esos cambios a fin de recibir las bendiciones de ser un miembro digno de Su reino. Además, hay otras cosas que quizás no sean tan obvias y que también deben abandonarse para disfrutar al máximo la felicidad de ser miembro de Su reino.

El presidente Hunter lo explicó de esta manera “Quisiera decirles algo que considero muy importante: en el transcurso de la vida enfrentarán muchas opciones. Su éxito y felicidad dependen de lo bien que seleccionen entre esas posibilidades. Algunas de las decisiones que tomen serán fundamentales y pueden afectar todo el curso de su vida. Les ruego que juzguen esas opciones de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo.

“A fin de hacerlo, deben conocer y entender Sus enseñanzas. Si ejercen la fe y son dignos de recibir inspiración, tendrán guía en las decisiones importantes que tomen …

El presidente Hunter añadió: “Les sugiero que den un lugar de prioridad absoluta a su condición de miembros de la Iglesia de Jesucristo. Juzguen cualquier cosa que les pidan que hagan, provenga ello de sus familiares u otros seres queridos, de su patrimonio cultural o de las tradiciones que hayan heredado; júzguenlo todo

según las enseñanzas del Salvador. Si algo no va de acuerdo con esas enseñanzas, pongan el asunto a un lado y no persistan en él. No les traerá felicidad” ( “Counsel to Students and Faculty”, Church College of New Zealand, 12 de noviembre de 1990).

¿Y por qué dar prioridad absoluta a las enseñanzas del Señor? Porque son el perfecto manual de instrucciones para la felicidad. El Salvador es tu Redentor; Su sacrificio le da el derecho de juzgarte y de darte al final las mayores bendiciones por tu obediencia a Sus mandamientos. Él es el ejemplo perfecto. Aunque Él tiene poder ilimitado como Dios, es, sin embargo, humilde y sumiso al Padre; no hay en Él orgullo ni deseo de recibir reconocimiento.

Tu Padre Celestial te asignó para que nacieras de un linaje específico del cual recibiste tu patrimonio de raza, cultura y tradiciones; ese linaje puede proporcionarte una rica herencia y grandes motivos de regocijo. No obstante, tienes la responsabilidad de determinar si alguna parte de ese patrimonio debe desecharse porque esté en oposición al plan de felicidad del Señor.

Quizás te preguntes: ¿Cómo es posible determinar si una tradición está en conflicto con las enseñanzas del Señor y debe abandonarse? Eso no es fácil. Me he dado cuenta de lo difícil que es al tratar de cambiar algunas de mis propias tradiciones incorrectas. Pero el reconocimiento de que es preciso hacerlo es un importante paso hacia el éxito. Las costumbres y las tradiciones se convierten en parte integral de nuestro ser; no es fácil evaluarlas objetivamente. Estudia con detención las Escrituras y el consejo de los profetas a fin de entender cómo desea el Señor que vivas; examina luego cada aspecto de tu vida y haz los cambios que correspondan. Busca la ayuda de alguien a quien respetes y que haya podido dejar de lado algunas convicciones o tradiciones profundamente arraigadas que no hayan estado en armonía con el plan del Señor. Si tienes dudas, pregúntate: “¿Será esto lo que el Salvador quiere que yo haga?”.

Puede resultar muy difícil cambiar una costumbre arraigada. Los amigos de antaño quizás te ridiculicen, te critiquen e incluso te hagan la vida imposible. La fe persistente en el Salvador y la obediencia te ayudarán a superar esos pesares y a recibir más grandes bendiciones. Las Escrituras ilustran la forma en que con convicción y con fe se pueden abandonar las tradiciones que estén en conflicto con el plan de Dios, lo cual acarrea bendiciones a individuos e incluso a generaciones enteras. La firme determinación de Abraham de ser leal a la verdad y rechazar las tradiciones falsas lo bendijo en extremo. Su lealtad dotará de abundantes recompensas a todos los obedientes de la casa de Israel. Otro extraordinario ejemplo del rechazo de tradiciones largamente establecidas es el cambio que hicieron los belicosos lamanitas para convertirse en humildes seguidores de Cristo, dispuestos a morir antes que violar los convenios que habían hecho como miembros de Su reino. (Véase Alma 24:7-19.)

Te exhorto a ti, que ya has optado por las decisiones culturales correctas, a ayudar a otras personas a hacer lo mismo; enséñales a reconocer las bendiciones duraderas de paz y de felicidad que se obtienen al tomar la decisión de poner a nuestro Padre Celestial, a Su plan y a Su Hijo en el lugar de mayor prioridad. Sigue el ejemplo de Ammón, que enseñó pacientemente al rey Lamoni a reconocer sus tradiciones incorrectas y a abandonarlas; hubo muchos que fueron bendecidos como consecuencia de esa decisión del rey. Ammón le enseñó la verdad con tal claridad que Lamoni fue inspirado por el Espíritu y estuvo dispuesto a renunciar a todas sus tradiciones falsas (véase Alma 18:24-41; 19:35-36).

¿Es la tuya una cultura en la que el marido ejerza una función dominante y autoritaria, tomando él solo todas las decisiones de la familia? Esa costumbre debe modificarse a fin de que marido y mujer actúen como compañeros iguales, tomando las decisiones en unión, tanto para ellos mismos como para la familia. Ninguna familia puede mantenerse por el miedo ni por la fuerza; eso conduce a la contención y a la rebelión. El amor es la base de una familia feliz.

Éstas son otras tradiciones que deben abandonarse; cualquier aspecto del patrimonio:

  • que viole la Palabra de Sabiduría.

  • que se base en el obligar a otros a obedecer por la potestad de una posición que muchas veces se determina por herencia.

  • que conduzca al establecimiento de castas o clases sociales.

  • que provoque conflictos con otras culturas.

Hay serio peligro en el hecho de colocar el patrimonio cultural por encima de la condición de miembro de la Iglesia de Jesucristo. Ese celo por defender las propias costumbres puede llevar a excesos que, aunque erróneos, se creen justificados por la idea de que son “ellos” contra “nosotros”. Las pandillas, con todo su potencial para la destrucción, se fomentan en un cultivo de identidad de grupo que toma precedencia sobre los principios del bien y el mal. Cualquiera que sea la razón, el que un grupo de gente persiga a otro

es una violación de los mandamientos de Dios.

Si decides, aunque sea sin querer, seguir una tradición que esté en conflicto con las enseñanzas del Señor, estás eligiendo violar los convenios sagrados hechos en el bautismo. Esa decisión es mucho más grave cuando se han hecho convenios en el templo. Esa acción te apartaría del plan de la felicidad, la paz y el regocijo eterno definido por tu Creador y te llevaría a algo de mucho menos valor con capacidad infinitamente más insignificante de bendecirte. Cuando el reino del Señor y Sus enseñanzas sean más importantes que todo lo demás y estés unido en el amor por el Salvador y por nuestro Padre Celestial, los hermosos aspectos y el carácter único de tu patrimonio cultural florecerán y producirán una abundante cosecha de bendiciones.

Haz lo correcto y no te preocupes mucho por lo que hagan los demás. Y. sobre todo, no te bases en las decisiones desacertadas de los demás para justificar el apartarte de lo que sabes que está bien.

Satanás quiere destruir a las familias. El plan de nuestro Padre Celestial se concentra en las relaciones familiares amorosas aquí y en la eternidad. El diablo desea socavar la autoridad y el orden, en tanto que la autoridad que se ejerce con rectitud es el cimiento de la obra del Padre Celestial en la familia, en la Iglesia y en todo aspecto de Su reino. Satanás quiere segregar a los hijos de nuestro Padre en grupos con fuertes intereses individuales, e incita a la tenaz preservación de esos intereses sean cuales fueren las consecuencias para otras personas. El plan de nuestro Padre está expresado en estas palabras de Su Hijo: “He aquí… os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (D. y C. 38:27). Satanás promueve el concepto de que debemos llenarnos la vida con constante entretenimiento personal, aun cuando eso interfiera en el bienestar de otra persona. Nuestro Padre Celestial nos da el plan de felicidad, que suscita el abandono de los intereses egoístas y produce la felicidad por medio del servicio a los demás. El ejemplo y las enseñanzas de Jesús pueden unir a los hijos de nuestro Padre, sean cuales fueren su cultura y origen, bajo el estandarte único del ser miembros de Su reino. Brigham Young enseñó lo siguiente:

“La perfecta unión salvará a la gente, porque los seres inteligentes [sólo] podrán llegar a ser perfectamente unidos … [si] se [comportan] en base a los principios de la vida eterna. Los inicuos podrán estar parcialmente unidos en hacer el mal; pero … el principio mismo que parcialmente los une sembrará entre ellos la contención … que destruirá el arreglo temporario. Solamente … la verdad y la rectitud pueden asegurar … una continuación eterna de la unidad perfecta, porque solo la verdad y aquellos que sean santificados por ella podrán morar en la gloria celestial” (Discourses of Brigham Young, selec. por John A. Widtsoe, 1961, pág. 282; véase también Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 370).

Si en mi torpe intento por expresar una verdad te he ofendido, te pido disculpas. Te ruego que pases por alto mi insuficiencia y trates de entender la verdad de lo que he dicho. En los tranquilos momentos de reflexión, considera lo que nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado han indicado que tiene prioridad clave en la vida. Examina tu propia vida para asegurarte de que en todos sus aspectos esté en armonía con ello. Eso es lo que he tratado de decirte. Al viajar por mi propio país y por otras partes del mundo, observo los maravillosos beneficios de las diversas culturas que existen. No obstante, esos beneficios quedan a veces eclipsados por las influencias negativas de las tradiciones que están en conflicto con las enseñanzas del Maestro.

Testifico que al dar tu fidelidad principal a tu condición de miembro de la Iglesia de Jesucristo y al formar con Sus enseñanzas el cimiento de tu vida, eliminarás las barreras que te separen de la felicidad y hallarás una paz mucho mayor. Si las tradiciones o las costumbres de la familia o de la nación son contrarias a las enseñanzas de Dios, apártalas de ti. Si las tradiciones y las costumbres están en armonía con Sus enseñanzas, debes atesorarlas y continuarlas a fin de preservar tu cultura y tu patrimonio. Hay un patrimonio que nunca debes cambiar: es el que tienes como hija o hijo de nuestro Padre Celestial. Para que seas feliz, guía tu vida por ese patrimonio. En el nombre de Jesucristo. Amén.