La Comprensión de Nuestra Verdadera Identidad

Carol B. Thomas


“Hace mucho tiempo, ustedes y yo nacimos como hijos en la familia de nuestro Padre Celestial … Cada una de ustedes fue una mujer noble y valiente en la vida preterrenal”.

Familia, ¡qué nombre tan sagrado para los que más amamos! Si alguien les pidiera que dijeran lo más grandioso que hay en su familia, ¿qué sería? Sé que la mayoría de las familias, incluso la mía, no son perfectas, sin embargo, cada día tratamos de ser más amables y considerados unos con otros. El mes pasado falleció mi padre; de él aprendí mucho, tenía una gran fe y acostumbraba decir que “el morir es como entrar en otra habitación”. En el día en que murió, pensé: “¡Hoy murió mi padre! ¡Éste fue su último día en la tierra! Acaba de entrar en otra habitación”. Fue una experiencia en extremo dulce y sagrada para mis familiares y para mí.

Fue mi padre quien me enseñó acerca de la vida preterrenal y quien me explicó que, hace mucho tiempo, ustedes y yo nacimos como hijas en la familia de nuestro Padre Celestial. Allá tomamos decisiones sagradas que han influido en lo que hacemos ahora. Cuando era peque ña, mi abuelo me dio una bendición y me bendijo para que “aquí continuara el ministerio que con tanta nobleza había llevado a cabo allá”. Ahora bien, si yo tuve un ministerio en la existencia preterrenal, también lo tuvieron ustedes. No es por casualidad que ustedes han nacido ahora, en esta época de la historia del mundo. Cada una de ustedes fue una mujer noble y valiente en la vida preterrenal.

Abraham dijo: “Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes” (Abraham 3:22). ¿Se dan cuenta de que él estaba hablando de ustedes? Cada una de ustedes es noble y grande, y ha nacido para vivir en este período de la tierra.

Todas provenimos de varios tipos de familias. Algunas de ustedes realizan cosas difíciles y las llevan a cabo muy bien. Otras podrían sentirse preocupadas por su relación con su madre o su padre al aprender juntos de qué manera vivir en familia; y aprenden que, a veces, el Salvador calma la tormenta y, otras veces, Él deja que brame la tormenta pero las calma a ustedes.

Parafraseando lo que el élder Jeffrey R. Holland dijo una vez “El [hogar] no es un monasterio para personas perfectas”, a veces, el hogar es un hospital donde nutrimos y cuidamos a los que amamos (véase “A los hambrientos colmó de bienes”, Liahona, enero de 1998, pág. 77).

Una mujer joven escribió: “Todo miembro de mi familia pasa por momentos difíciles y yo trato de estar ahí para ellos, para ayudarlos … Deseamos estar juntos por toda la eternidad”.

Estamos tan admiradas de que cada una de ustedes, mujeres jóvenes, esté volviendo el corazón a su familia. Una mujer joven hace felices a los que la rodean doquiera que se encuentre y escribe lo siguiente: “Ayudo a mis familiares al hacerlos reír. Cuando se sienten tristes, trato de que se sientan felices otra vez”. Otra joven expresó: “Debido a que soy parte de una familia que no es miembro de la Iglesia, incluso yo misma, pienso que mi servicio es el ser un ejemplo de una mujer joven que trata de vivir el Evangelio. Poco a poco, llevo a casa las bendiciones y los buenos sentimientos que recibo de la única Iglesia verdadera”. En África, dos mujeres jóvenes de Ghana, que son hermanas, cantan las canciones hermosas de Sión y llevan paz a su propia familia.

Algunas veces, cuando la familia no está completa, las mujeres jóvenes tienen desafíos especiales. El verano pasado, conocí en Alaska a una presidenta de Mujeres Jóvenes, cuya madre había muerto cuando ella tenía tres años; había sido criada por su padre, y se había unido a la Iglesia cuando ella tenía catorce años. Le pregunté cómo había aprendido a hacer todo lo relacionado con la femineidad, cosas tales como arreglar su cabello y poner la mesa en forma elegante, a lo que respondió: “¡Observaba a mis líderes de las Mujeres Jóvenes! Cuando veía a una de ellas que sabía cocinar, me decía: Yo quiero ser como ella. Hoy, cada vez que aseo mi casa, pienso en mi asesora de Laureles”. Por lo tanto, aunque sus propias familias no sean perfectas, ustedes pueden pensar en su propia familia futura y hacer planes para ella.

Cuando cada de ustedes practica para ser ama de casa, está haciendo exactamente lo que El Señor quiere que hagan. En todo corazón de mujer joven se aloja un intenso deseo de llegar a ser esposa y madre algún día; esos sentimientos se nutrieron en sus almas mucho antes de que vinieran a esta tierra. El presidente Hinckley ha dicho: “La mujer, en su gran mayoría, contempla su más grande realización, su mayor felicidad, en el hogar y en la familia” (Gordon B. Hinckley, “Motherhood”, Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 387).

¡Volver el corazón a la familia! La celebración mundial de 1998 sugiere muchas formas en las que pueden volver el corazón a sus familias, inclusive a sus propios antepasados. El espíritu de Elías está con las mujeres jóvenes. Existen centros de historia familiar en todo el mundo, sitios en los que ustedes pueden localizar a sus antepasados y sus raíces. A las mujeres jóvenes les encanta hacer eso; una mujer joven escribe lo siguiente: “Antes de ir por primera vez al centro de historia familiar, no queríamos hacerlo; parecía tan aburrido, pero me sentí emocionada cuando descubrí el nombre de mi tatarabuela en la computadora”. Al averiguar acerca de sus antepasados y desear llevar a cabo la obra en el templo por ellos, sabrán del poder que deriva de la asistencia a la Casa del Señor.

Martha Milanés, líder de las Mujeres Jóvenes en Colombia, escribió: “Pronto se dedicará nuestro templo; ¡qué experiencia gloriosa representará el contemplar a todas nuestras mujeres jóvenes llevar a cabo la obra [bautismal] por sus antepasados! [La celebración] es tan inspirada que yo misma deseo volver mi propio corazón a mi familia. Ésa será nuestra ofrenda al Señor en Su templo aquí en Colombia”.

Mujeres jóvenes, ¡gracias por todo lo que ofrecen! Al continuar gozando de esta celebración mundial, se sentirán fortalecidas por el poder del Espíritu. Al orar y leer las Escrituras y al guardar los mandamientos, el Espíritu Santo les susurrará que ustedes pertenecen a la familia real de nuestro Padre Celestial y que Él las ama muchísimo; de esto testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.