Pequeños Templos: Grandes Bendiciones

E. Sorensen


“La sencilla presencia de un templo debe servir como un recordatorio de los convenios que hemos hecho, de la necesidad de ser, íntegros y del hecho de que Dios nunca esta lejos”.

Elder Maxwell, usted es un gran tesoro para la Iglesia y una bendición para todo el mundo. El Señor le bendiga y le guarde.

Hermanos y hermanas, es una experiencia sobrecogedora el estar delante de ustedes. Cuando era un niño, mi familia tenia una rancho ganadero en la parte sur central de Utah y pasaba mucho de mi tiempo a caballo cuidando del ganado. Debo confesar que hay una parte de mí que se sentiría mas cómoda evitando la embestida de un toro que el dirigirles la palabra; sin embargo, sé que estoy entre amigos y creo con todo mi corazón en la importancia de la obra que estamos llevando a cabo.

En los primeros días de la Iglesia, cuando había tan sólo unos pocos miembros, el profeta José Smith dijo a un grupo de hombres: “Concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, no sabéis mas de lo que sabe un infante que esta en brazos de su madre, no lo comprendéis, no veis aquí esta noche mas que un puñado de poseedores del Sacerdocio, pero esta Iglesia llenara América del Norte y del Sur, llenara toda la tierra”. (Tal como lo citó Wilford Woodruf, Conference Report, abril de 1898, pág. 57.) Estamos comenzando a ver un cumplimiento parcial de esa profecía.

A medida que aumentan los miembros de la Iglesia alrededor del mundo, aumenta también la necesidad de tener templos. Hace trece años, el presidente Hinckley dijo: “La labor importante y sagrada que tiene lugar en los templos debe acelerarse, y para ello es necesario que los miembros tengan los templos cerca en lugar de tener ellos que viajar largas distancias para poder asistir al templo”. (“Regocijaos en esta gran época de construir templos”, Liahona, enero de 1986, pág. 44.)

Permítame compartir con ustedes algunas cantidades que revelan el progreso que la Iglesia ha tenido en el esfuerzo de llevar los templos mas cerca a la gente:

En el año 1900, había sólo cuatro templos en funcionamiento, todos ellos en el estado de Utah.

En los próximos 50 años, desde 1900 hasta 1950, se dedicaron 4 templos mas, haciendo un total de 8, de modo que en sus primeros cien años, la Iglesia construyó casi un templo por década.

En los treinta años siguientes, entre 1951 y 1980, se edificaron otros once templos, llevando el total a 19 y se llevaba un ritmo más acelerado; aun así había muchos miembros para quienes la visita al templo significaba años de ahorros y un largo viaje.

En la década de 1980, la Iglesia comenzó un esfuerzo más intenso en la edificación de templos; para 1997, se habían dedicado 32 templos mas, o casi dos por año.

La Iglesia ha ingresado ahora en la era más dedicada a la construcción de templos de su historia. En 1998, se dedicaron 2 templos, con 15 mas en construcción y una cantidad adicional de 26 terrenos para futuros templos en preparación para la palada inicial. Estos 43 templos, mas los que ahora están en funcionamiento, hacen un total de 94.

Esta es una bendición extraordinaria para nosotros, los miembros de la Iglesia. El Antiguo Testamento describe algo del gozo que viene cuando la gente construye estos lugares santos: “y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová… Y todo el pueblo aclamaba con gran jubilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová” (Esdras 3: 11; véase también los versículos 10,12,13).

Al observar esos nuevos templos que se están construyendo, creo que nosotros también tendremos la ocasión de alabar a Jehová y de llorar de gozo.

Mientras observamos la responsabilidad en aumento que el presidente Hinckley y otras personas han puesto sobre sus hombros para construir nuevos templos, podríamos detenernos a reflexionar y preguntarnos por que los templos tienen tamaña importancia. En verdad, las personas que no son miembros de la Iglesia tal vez ni siquiera comprendan la diferencia que existe entre nuestros centros de reuniones, de los cuales existen miles, y esos edificios muy especiales a los que llamamos templos.

El presidente Hinckley explicó la diferencia de esta manera: “Estos edificios únicos y maravillosos, y las ordenanzas que en ellos se efectúan, representan lo máximo de nuestra adoración; estas son la expresión mas profunda de nuestra teología” (“Misiones, templos y responsabilidades”, Liahona, enero de 1996, pág. 63). En otras palabras, los templos son de gran valor para nosotros porque nos ayudan a expresar el fundamento de nuestra teología, la de venir a Cristo.

Los templos realizan eso por lo menos en dos maneras diferentes: Primero, nos recuerdan simbólica y literalmente a Cristo y a Su Padre y nos enseñan acerca de Ellos. Sabemos que Cristo pasó periodos clave de Su ministerio en el templo de Jerusalén (véase Juan 7,8; Mateo 21-23; Marcos 11-12; Lucas 20), y utilizaba con frecuencia el simbolismo del templo en Sus enseñanzas, comparándose a menudo El mismo con los símbolos utilizados en la adoración en el templo, tales como la luz y el agua (por ejemplo, Juan 7:38; 8: 12). Nuestra adoración en los templos de hoy abarca muchas referencias simbólicas a Cristo, desde las agujas exteriores que dirigen nuestra mente hacia el cielo, hasta la ropa blanca que usamos dentro del templo para simbolizar que, tal como dice en Apocalipsis, hemos salido “de la gran tribulación, y [hemos] lavado [nuestras] ropas, y las [hemos] emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7: 14).

Los templos se erigen como un recordatorio físico constante de la gracia y de la bondad del Padre. Esto ayuda a las comunidades de los santos a fortalecerse a sí mismas. El presidente George Q. Cannon dijo: “Cada piedra fundamental que se coloca en un templo, y cada templo que ha sido finalizado … disminuye el poder de Satanás en la tierra, y aumenta el poder de Dios y de la Divinidad” (George Q. Cannon, en la ceremonia de la piedra angular del Templo de Logan, 19 de septiembre de 1877, Nolan Porter Olsen, Logan Temple: The First 100 Years, 1978, pág. 34).

Los templos siempre han simbolizado el estar en la presencia del Señor. “Y harán un santuario para mí, y habitare en medio de ellos”, dijo el Señor, “y de allí me declarare a ti, y hablare contigo …” (Exodo 25:8, 22). Hay una mayor cercanía hacia Dios como consecuencia de la adoración regular en la Casa del Señor. Llegamos a conocerlo y nos sentimos bienvenidos, “como en casa”, en Su casa.

Con templos en tantos lugares del mundo, muchos mas de nosotros los tendremos cerca a fin de recordarnos de Cristo y de Su sacrificio por nosotros. La sencilla presencia de un templo debe servir como un recordatorio de los convenios que hemos hecho, de la necesidad de ser íntegros y del hecho de que Dios nunca esta lejos.

Mas allá de su presencia física y del simbolismo exterior, los templos pueden inspirarnos a venir a Cristo de otra manera, y esto es debido a las ordenanzas que llevamos a cabo en ellos. Todas las ordenanzas del templo se centran en Jesucristo y en Su misión divina, y ellas se llevan a cabo por medio de la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec. Doctrina y Convenios 84 dice: “Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne” (D. y C. 84: 21). Cada ordenanza tiene por objeto revelarnos algo acerca de Cristo y de nuestra relación hacia Dios.

Aunque algunas ordenanzas en el templo parezcan fáciles de entender, tales como el matrimonio eterno, otras ordenanzas requerirán mas tiempo y una preparación cuidadosa antes de que todo su mensaje pueda ser claro para nosotros. En la primera carta a los corintios, Pablo des cribe la necesidad de tener el espíritu de Dios con nosotros a fin de entender las cosas de Dios: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2: 12, véanse también los versículos 11, 14). Mientras el espíritu de Dios nos ayuda a comprender y a saber Su plan para con nosotros, encontraremos no sólo mayor conocimiento sino una mayor medida de paz y de compasión.

Las ordenanzas del templo también nos proporcionan una oportunidad de fortalecer nuestras familias, algo que tanto necesitamos hoy. Se proporciona fortaleza cuando llevamos a cabo las ordenanzas vicarias por nuestros antepasados, lo que forma un “eslabón conexivo” entre padres c hijos (véase D. y C. 128: 18). Por ejemplo, en el templo podemos ser bautizados vicariamente por nuestros antepasados que no hayan tenido la oportunidad de escuchar el Evangelio durante su vida mortal (véase 1 Corintios 15: 29).

En Japón, presencie a un joven de 21 años que aceptó el Evangelio. Después de haberse bautizado, él pasó a ser el único miembro de la Iglesia de su familia. Mas tarde, finalizó la obra de historia familiar por su abuelo fallecido para que de esa manera pudiera llevar acabo la obra de las ordenanzas vicarias por él, haciendo literalmente por su abuelo lo que este no podría haber hecho por sí mismo. Cuando este joven salió de la pila bautismal, tenia lagrimas en sus ojos, y dijo: “Ahora sé y siento, y tengo un testimonio, que yo no soy el único miembro de la Iglesia en mi familia”. Esa ordenanza fortaleció la relación con su familia y lo llevó a un nuevo sentimiento de unidad en su vida.

En la dedicación del templo de Manti, el presidente Lorenzo Snow suplicó: “Que este santo templo sea para ellos como uno de los portales del cielo y se abra ante el estrecho y angosto camino que lleva a las vidas sin fin y al dominio eterno” (Dedicación del Templo de Manti, 17 de mayo de 1888).

Hermanos y hermanas, los portales del cielo están abiertos para nosotros, y el señor Jesucristo nos invita a venir a Él. Lo testifico humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.