A Los Jóvenes Y A Los Hombres

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“Digo que ha llegado el momento de poner nuestra casa en orden”.

Hermanos, es una gran oportunidad y una formidable responsabilidad dirigirles la palabra.

Quisiera dirigirme primeramente a los jóvenes que están aquí esta noche; gracias por su presencia, en dondequiera que estén congregados. Gracias por asistir a seminario y a las reuniones dominicales. Los respeto por su deseo de aprender el Evangelio, de profundizar sus conocimientos de la palabra del Señor. Les agradezco el deseo que llevan en el corazón de ir a la misión. Les doy las gracias por sus sueños de casarse en el templo y de criar una familia honorable.

Ustedes no son jóvenes sin futuro; no desperdician la vida vagando sin rumbo, sino que tienen un propósito y un designio; tienen planes que sólo pueden llevar al progreso y a la fortaleza.

Suceden cosas maravillosas cuando aprovechan sus energías y definen sus sueños. Hace poco recibí una proclamación de un grupo de jóvenes Santos de los Últimos Días del norte de California. Ellos provienen de diecinueve estacas, y, cuando se congregaron en las montañas, visitaron el sitio de una tragedia pionera. Al meditar los jóvenes en lo que vieron y en los recordatorios del legado que han recibido, se les invitó a firmar la Proclamación del Campamento Scout del Sendero Mormón. Me gustaría leerles ese juramento:

“Declaramos a todos que somos Boy Scouts … y poseedores del Sacerdocio Aarónico de Dios. Afirmamos nuestra lealtad a los valores y a los principios que guiaron a los hombres del Batallón Mormón y a los hombres y a las mujeres pioneros Santos de los Últimos Días que ayudaron a fundar este estado de California. Como agradecidos hijos de ellos, nos regocijamos en el legado de servicio que hemos recibido.

“Hoy, día 18 de julio de 1998, nos comprometemos a convertirnos al Evangelio de Jesucristo. Estudiaremos las Escrituras; oraremos para recibir fortaleza para obedecer; trabajaremos; nos esforzaremos con todo el corazón por seguir el ejemplo de Jesús.

“Mediante el servicio a los demás magnificaremos el sacerdocio que se nos ha otorgado. Nos mantendremos dignos de administrar el sacramento de la Santa Cena del Señor. Dondequiera se necesite ayuda, la ofreceremos, tal como lo hicieron nuestros antepasados.

“Demostraremos ser dignos de recibir el sacerdocio mayor: el Sacerdocio de Melquisedec. Nos comprometemos a formar parte del ejército del Señor y a salir como misioneros regulares para invitar a todos a venir a Cristo.

“Somos jóvenes del convenio. Nos prepararemos para recibir el convenio del matrimonio eterno. En oración pedimos llegar a tener esposas e hijos rectos, a los que honraremos y protegeremos con nuestra propia vida.

“Declaramos que sean cuales fueren los riesgos y las tentaciones, y el estado del mundo que nos rodea, así como nuestros antepasados fueron fieles, nosotros también lo seremos. Al igual que nuestros antecesores, evitaremos ensalzarnos a nosotros mismos y dejaremos a un lado la ganancia personal a fin de edificar una sociedad pacifica gobernada por Dios.

“En todo momento y en todo lugar, seremos leales a nuestro juramento”.

Felicito a todos los jóvenes que firmaron ese juramento. Ruego que ninguno de ellos deje de cumplir las promesas que ha hecho consigo mismo, con la Iglesia y con el Señor.

Que mundo tan diferente seria este si todo joven pudiera firmar y firmara una declaración de promesa similar a esa. No habría vidas desperdiciadas por las drogas; no habría pandillas de niños que matan a niños ni jóvenes encaminados a la prisión o a la muerte. La instrucción seria un premio digno del esfuerzo por adquirirla. El servicio en la Iglesia seria una oportunidad que se valoraría. Habría mas paz y amor en el hogar de las personas. Nadie miraría pornografía ni leería impresos inmorales. Ustedes honrarían y respetarían a las jovencitas con quienes se relacionaran, y ellas nunca temerían estar a solas en compañía de ustedes cualesquiera fueran las circunstancias. Seria como si los jóvenes guerreros de Helamán hubieran reclutado a los jóvenes del mundo para que adoptaran el modo de vida de ellos.

Naturalmente, el plan de vida de ustedes incluiría una misión. Gustosamente irían a donde fueran enviados a fin de realizar la obra del Señor, entregándole todo su tiempo y atención, fortaleza, energías y amor.

Permítanme leerles partes de una carta de un joven que ahora sirve en la misión. La escribió a su familia, y espero no ser indiscreto al leerla ante esta gran congregación. No revelaré el nombre del autor ni la misión en donde presta servicio.

Él dice: “¡Este año pasado ha sido excelente! Después de haber trabajado en la oficina de la misión, me trasladaron a esta rama pequeña, y desde entonces mi vida ha cambiado en forma dramática. En estos últimos meses he aprendido lo que realmente es importante, lo que es de valor; he aprendido a olvidarme de mí mismo; he aprendido a trabajar eficazmente; he aprendido a amar a los demás; he aprendido que Dios me ama y que yo lo amo a Él. En una palabra, he aprendido a vivir según mis creencias …

“He aprendido de las personas y de las cosas; he visto a personas que nunca supieron que eran hijos de Dios derramar lágrimas de gozo; he visto que las oraciones de los penitentes han sido contestadas; he visto a personas absorber el Evangelio de Jesucristo y desear cambiar y ser personas nuevas, y todo por un sentimiento …

“A menudo sueno en cuanto al plan de salvación; pienso en la obra maravillosa y el prodigio que han ocurrido; pienso en el poder y en la fuerza de los ángeles que están entre nosotros. A veces me pregunto cuantos de ellos están a mí alrededor para ayudarme a dar testimonio en un idioma que nunca creí alcanzar a comprender plenamente.

“Medito en las cosas pacificas de la gloria inmortal que Enoc vio en visión … Estoy agradecido a Dios por ser quien soy. Mi mas grande bendición en la vida es estar vivo, vivo en el servicio de nuestro Dios. En ello encuentro gran paz y regocijo”.

Ahora bien, mis queridos y jóvenes amigos, espero que todos ustedes estén encaminados hacia el servicio misional. No puedo prometerles diversión; no puedo prometerles una vida desahogada y comodidad; no puedo prometerles que no tendrán desanimo, temor y a veces hasta desdicha. Pero si puedo prometerles que progresaran como no lo han hecho en toda la vida en un período similar. Puedo prometerles una felicidad que será singular, maravillosa y duradera. Puedo prometerles que reconsideraran su vida, que establecerán nuevas prioridades, que vivirán mas cerca del Señor, que la oración llegara a ser una experiencia real y maravillosa, que andarán con fe en el resultado de sus buenas obras.

Dios los bendiga, jóvenes de esta, Su gran Iglesia. Que cada uno de ustedes camine con un propósito mas firme, con la determinación de ser Santos de los Últimos Días en todo el sentido de la palabra. Que los logros, la realización y el servicio sean su recompensa en la vida fascinante y maravillosa que tienen por delante.

Ahora, hermanos, quisiera dirigirme a los hombres mayores, con la esperanza de que también aprendan algo los jóvenes.

Quisiera hablarles de asuntos temporales.

Como fundamento de lo que quisiera decir, voy a leerles unos versículos del capitulo 41 de Génesis.

Faraón, el gobernante de Egipto, tuvo sueños que le turbaron en extremo y los sabios de la corte no pudieron interpretarlos. Entonces le llevaron a José. “Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río;

“y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado.

“Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto …

“Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas …

“Vi también sonando, que siete espigas crecían en una misma cana, llenas y hermosas.

“Y que otras siete espigas menudas, marchitas, [y] abatidas del viento solano, crecían después de ellas;

“y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas …

“Entonces respondió José a Faraón … Dios ha mostrado al Faraón lo que va a hacer.

“Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo …

“Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.

“He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

“Y tras ellos seguirán siete años de hambre …

“y … Dios se apresura a hacer[lo]” (Génesis 41:17-20, 22-26, 28-30, 32).

Ahora, hermanos, quisiera decir con toda claridad que no estoy profetizando; no estoy prediciendo que vendrán años de hambre en el futuro, pero si digo que ha llegado el momento de poner nuestra casa en orden.

Muchos de nuestros miembros viven al borde de sus ingresos; de hecho, algunos viven con dinero prestado.

Hemos sido testigos en semanas recientes de cambios grandes y alarmantes en las bolsas de valores del mundo. La economía es algo frágil, y una baja en la economía de Yakarta o de Moscú puede afectar de inmediato a todo el mundo. Con el tiempo, puede llegar a afectarnos a nosotros, individualmente. Hay un presagio de tiempo tormentoso al cual debemos hacer caso.

Espero, de todo corazón, que nunca tengamos una depresión económica. Yo viví durante la Gran Depresión Económica de la década de 1930 [de los Estados Unidos]. Termine mis estudios universitarios en 1932, cuando el índice de desempleo de esta región excedía al treinta y tres por ciento.

En ese entonces, mi padre era el presidente de la estaca más grande de la Iglesia en este valle. Eso fue antes de que contáramos con el actual programa de bienestar. El se pasaba las noches preocupado por los miembros y, junto con sus colaboradores, estableció un gran proyecto para cortar leña con el fin de abastecer las calderas y las estufas y mantener abrigadas a las personas durante el invierno porque no tenían dinero para comprar carbón. Entre los que cortaban leña había hombres que habían sido ricos.Repito, espero que nunca mas volvamos a ver una depresión económica como esa, pero me preocupa la enorme deuda a plazos que pesa sobre la gente de esta nación, incluida nuestra propia gente. En marzo de 1997, esa deuda sumaba 1.2 billones de dólares, lo cual representaba un aumento del siete por ciento, comparado con el año anterior.

En diciembre de 1997, entre 55 y 60 millones de familias de los Estados Unidos debían un saldo en sus tarjetas de crédito. Esos saldos promediaban mas de siete mil dólares a un costo de mil dólares anuales por concepto de intereses y cuotas. La deuda del consumidor, en comparación con el ingreso neto, aumentó del 16,3 por ciento en 1993 al 19,3 por ciento en 1996.

Todos sabemos que un peso que se pide prestado lleva consigo la pena del pago de intereses. Cuando el dinero no se puede saldar, viene la bancarrota. El año pasado hubo 1.350.118 bancarrotas en los Estados Unidos, lo cual representó un aumento del 50 por ciento comparado con 1992. En el segundo trimestre de este año, casi 362.000 personas declararon bancarrota, un numero récord para un solo trimestre.

Somos engañados por la atractiva publicidad a la que estamos expuestos. Por televisión se nos comunica la tentadora invitación a pedir un préstamo de hasta el 125 por ciento del valor de nuestra casa, pero no se hace ninguna mención del interés que hay que pagar.

El presidente J. Reuben Clark Jr., dijo desde este púlpito, en la reunión del sacerdocio de la conferencia de 1938: “… Una vez endeudados, el interés es su compañero cada minuto del día y de la noche; no pueden huir ni escapar de él; no pueden desecharlo; no cede a súplicas, demandas ni órdenes; y cada vez que se crucen en su camino, atraviesen su curso o no cumplan sus exigencias, los aplastara” (“Conference Report”, abril de 1938, pág. 103; véase también de L. Tom Perry, “Si estáis preparados, no temeréis”, Liahona, enero de 1996, pág.41).

Naturalmente, reconozco que quizás sea necesario pedir un préstamo para comprar una casa, pero compremos una casa cuyo precio este dentro de nuestras posibilidades, a fin de menguar los pagos que constantemente pesaran sobre nuestra cabeza sin misericordia ni tregua hasta por treinta largos años.

Nadie sabe cuando surgirá una emergencia. Estoy algo familiarizado con el caso de un hombre de gran éxito en su profesión que vivía con cierta holgura. Construyó una casa grande y, un día, fue víctima de un accidente grave. En un instante, sin previo aviso, casi perdió la vida y resulto lisiado. Su aptitud para ganarse el sustento quedó destruida; contrajo elevadas cuentas médicas además de otras que tenía que liquidar, lo cual lo dejo indefenso ante SUS acreedores. En un momento pasó de la riqueza a la ruina.

Desde los inicios de la Iglesia, el Señor ha hablado en cuanto a este tema de las deudas. Por medio de la revelación, dijo a Martin Harris: “Paga la deuda que has contraído con el impresor. Líbrate de la servidumbre” (D. y C. 19:35).

El presidente Heber J. Grant hablo del asunto en repetidas ocasiones desde este púlpito. El dijo: “Si hay algo que puede traer paz y contentamiento, personales y familiares, es vivir dentro de los limites de nuestras entradas. Y si hay algo desalentador y que corroe el espíritu, es tener deudas y obligaciones que no podemos cumplir” (Gospel Standards, comp. por G. Homer Durham, 1941, pág. 111; véase también de N. Eldon Tanner, “Los cinco principios de la estabilidad económica”, Liahona, mayo de 1982, pág. 42).

Estamos llevando a toda la Iglesia el mensaje de la autosuficiencia, la cual no se puede lograr cuando las deudas gravosas pesan sobre el hogar. Las personas no son independientes ni están libres de la servidumbre cuando tienen compromisos financieros con otras personas.

En la administración de los asuntos de la Iglesia, hemos tratado de dar el ejemplo. Como norma, hemos seguido estrictamente la practica de ahorrar anualmente un porcentaje del ingreso de la Iglesia para estar preparados para un posible día de necesidad.

Me siento agradecido de poder decir que la Iglesia, en todas sus operaciones y empresas, en todos sus departamentos, funciona sin pedir prestamos. Si no nos alcanzan los ingresos, acortaremos nuestros programas, reduciremos los gastos a fin de ajustarnos a los ingresos, y no pediremos prestado.

Uno de los días más felices de la vida del presidente Joseph F. Smith fue cuando la Iglesia terminó de pagar las deudas contraídas desde hacia mucho tiempo.

Que espléndido sentimiento es estar libre de deudas y tener ahorrado un poco de dinero en un lugar al que se pueda recurrir en caso de necesidad, para alguna emergencia.

El presidente Faust no les contaría esto, pero quizás yo si, y más tarde él podrá arreglárselas conmigo. El préstamo para la compra de su casa tenía el cuatro por ciento de interés. Muchas personas le habrían dicho que seria insensato liquidar ese préstamo cuando la tasa de interés era tan baja. Pero en la primera oportunidad que tuvo de obtener los recursos necesarios, el y su esposa decidieron liquidar el préstamo, y desde ese día ha estado libre de deudas. Es por eso que siempre lleva una sonrisa y silba al trabajar.

Hermanos, los insto a evaluar su situación económica. Los exhorto a gastar en forma moderada, a disciplinarse en las compras que hagan para evitar las deudas hasta donde sea posible. Liquiden sus deudas lo antes posible y líbrense de la servidumbre.

Esto es parte del Evangelio temporal en el que creemos. Que el Señor los bendiga, mis amados hermanos, para que pongan sus casas en orden. Si han liquidado sus deudas y cuentan con una reserva, por pequeña que sea, entonces, aunque las tormentas azoten a su alrededor, tendrán refugio para su esposa e hijos y paz en el corazón. Eso es todo lo que tengo que decir al respecto, pero quiero decirlo con todo el énfasis con el que me es posible expresarlo.

Les dejo mi testimonio de la divinidad de esta obra y mi amor para cada uno de ustedes. En el nombre del Redentor, el Señor Jesucristo. Amén.