¿Qué Pregunta La Gente Acerca De Nosotros?

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“…deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros”.

Mis amados hermanos y hermanas, es un gran honor para mi dirigir la palabra en esta ocasión.

Periodistas de los medios de difusión nos han entrevistado con frecuencia en estos días. Como muchos de ustedes sabrán, hace poco estuve en el programa televisivo Larry King Live. Accedí a hacerlo porque pense que, aun cuando presentaba posibles riesgos, también era una gran oportunidad para hablar al mundo sobre temas de discusión con respecto a nosotros.

Durante la entrevista, el Sr. King me preguntó sin rodeos: “¿Cuál es su función? Usted es el líder de una religión importante. ¿Cuál es su función?

Le conteste: “Mi función es declarar la doctrina; ser un ejemplo ante la gente. Mi función es hablar en defensa de la verdad. Mi función es ser protector de aquellos valores que son importantes en nuestra civilización y en nuestra sociedad. Mi función es dirigir”.

Esa respuesta fue improvisada; nunca espere que me hiciera esa pregunta, pero con el espíritu de esa respuesta, me gustaría hablar esta mañana de una media docena de preguntas que siempre nos hace la gente de los medios de comunicación y de otras iglesias. En esta ocasión, mis respuestas deben ser necesariamente breves. Cada uno de esos temas es digno de todo un discurso.

He escogido las preguntas al azar, sin ponerlas en un orden especial con excepción de la primera. No deseo discutir con nadie. Respeto la religión de todo hombre y de toda mujer, y los honro por sus deseos de vivirla. Sólo deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros.

Pregunta Nº 1: ¿Cuál es la doctrina mormona con respecto a la Deidad, con respecto a Dios?

Desde el momento de la Primera Visión las personas han hecho esta pregunta y continuaran haciéndola mientras sigan creyendo en el Dios en el que tradicionalmente han creído en tanto que nosotros damos testimonio del Dios que se nos ha dado a conocer por la revelación actual.

El profeta José Smith dijo: “El primer principio del Evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios, y saber que podemos conversar con El cómo un hombre conversa con otro” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 427).

“Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Articulo de Fe Nº 1). Este primer Articulo de Fe compendia nuestra doctrina. No aceptamos el Credo de Atanasio; no aceptamos el Credo de Nicea ni ningún otro credo basado en la tradición y en las conclusiones de los hombres.

Si aceptamos, como base de nuestra doctrina, la afirmación del profeta José Smith de que cuando oró para pedir sabiduría en la arboleda: “… Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith-Historia 1:17).

Dos Seres corpóreos estuvieron ante él. Él los vio. Tenían forma de hombres, sólo que mucho más gloriosos en Su apariencia. Él les habló y Ellos le hablaron a él. No eran espíritus amorfos. Cada uno era un Personaje bien diferenciado. Eran Seres de carne y hueso cuya naturaleza fue reiterada en revelaciones posteriores que recibió el Profeta.

Todo nuestro caso, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, descansa sobre la validez de esa maravillosa Primera Visión, que fue la cortina que se descorrió para abrir esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Nada sobre lo cual basamos nuestra doctrina, nada de lo que enseñamos, nada de aquello por lo cual regimos nuestra vida es de mayor importancia que esa primera afirmación. Sostengo que si José Smith habló con Dios el Padre y con Su Hijo Amado, entonces todo lo demás de 1o cual hablamos es verdadero. Esta es la bisagra sobre la cual gira la puerta que se abre al sendero que conduce a la salvación y a la vida eterna.

¿Somos cristianos? Desde luego que somos cristianos. Creemos en Cristo. Adoramos a Cristo. Tomamos sobre nosotros, en solemne convenio, Su santo nombre. La Iglesia a la cual pertenecemos lleva Su nombre. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro Redentor por medio de quien vino la gran Expiación con salvación y vida eterna.

Pregunta Nº 2: ¿Qué actitud tiene su Iglesia con respecto a la homosexualidad?

En primer lugar, creemos que el matrimonio entre el hombre y la mujer fue decretado por Dios. Creemos que el matrimonio puede ser eterno mediante el ejercicio del poder del sacerdocio sempiterno en la Casa del Señor.

La gente nos pregunta acerca de nuestra posición con respecto a aquellos que se consideran “gays” o lesbianas. Mi respuesta es que los amamos como hijos e hijas de Dios; pueden tener ciertas inclinaciones que son poderosas y que pueden ser difíciles de dominar. La mayoría de la gente tiene inclinaciones de una u otra clase en diferentes épocas. Si ellos no actúan de conformidad con esas inclinaciones, entonces pueden seguir adelante como todos los demás miembros de la Iglesia. Si violan la ley de castidad y las normas morales de la Iglesia, entonces están sujetos a la disciplina de la Iglesia, tal como los demás.

Deseamos ayudar a esas personas, fortalecerlas, auxiliarlas en sus problemas y socorrerlas en sus dificultades; pero no podemos quedarnos sin hacer nada si se entregan a actividades inmorales, si intentan sustentar, defender y vivir lo que llaman el matrimonio de personas del mismo sexo. Permitir semejante cosa seria restarle importancia tanto a la sumamente seria y sagrada base del matrimonio autorizado por Dios como al propósito mismo de este que es el de tener hijos.

Pregunta Nº 3. ¿Cuál es su posición con respecto al aborto?

Según los centros de control y prevención de enfermedades, se practicaron mas de 1.200.000 abortos en 1995 tan sólo en los Estados Unidos. ¿Qué ha ocurrido con nuestro respeto por la vida humana? ¿Cómo pueden mujeres, y hombres, negar el gran y valiosísimo don de la vida que es divino en su origen y naturaleza?

¡Que cosa asombrosa es un niño! ¡Que hermoso es un niño recién nacido! No hay milagro mas grande que la creación de la vida humana.

El aborto es una practica horrenda, envilecedora y que inevitablemente provoca remordimiento, pesar y lamentación.

Aun cuando lo condenamos, pensamos que debe permitirse en ciertas circunstancias, como cuando el embarazo ha sido provocado por incesto o violación, cuando la vida o la salud de la madre corren serio peligro según la opinión de autoridades medicas competentes, o cuando estas autoridades medicas saben que el feto padece de graves defectos que no permitirán a la criatura sobrevivir mas allá del nacimiento.

Pero esos casos son poco comunes y hay muy pocas probabilidades de que se presenten. En esas circunstancias, a los que se ven enfrentados al problema se les pide que consulten a sus lideres eclesiásticos locales y que oren con gran fervor, que reciban una confirmación por medio de la oración antes de proceder.

Hay un camino mejor.

Si la mujer no tiene posibilidades de casarse con el padre de la criatura y si ha sido abandonada, queda la muy bienvenida opción de poner al niño para adopción por padres que lo quieran y lo cuiden. Hay muchos matrimonios en buenos hogares que anhelan un hijo y que no pueden tenerlo.

Pregunta Nº 4: ¿Cual es la posición de la Iglesia referente a la poligamia?

Por estos días, se publican muchos artículos en los periódicos sobre este asunto. Esto surgió del caso de un presunto maltrato a una menor de edad por parte de quienes practican el matrimonio plural.

Deseo exponer categóricamente que esta Iglesia no tiene absolutamente nada que ver con la gente que practica la poligamia; ellos no son miembros de esta Iglesia. La mayoría de ellos nunca han sido miembros y están violando la ley civil; saben que infringen la ley. Están sujetos al castigo de la ley. La Iglesia, naturalmente, no tiene jurisdicción alguna en este asunto.

Si a alguno de nuestros miembros se le sorprende practicando el matrimonio plural, se le excomulga, que es la pena mas seria que la Iglesia puede imponer. Los que tal hacen no sólo contravienen directamente la ley civil, sino que quebrantan la ley de esta Iglesia. Uno de nuestros Artículos de Fe es irrevocable para nosotros y dice: “Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley” (Artículo de Fe N12). No es posible obedecer la ley y desobedecerla al mismo tiempo.

No hay tal cosa como un “mormón fundamentalista”; es una contradicción emplear esas dos palabras juntas.

Hace mas de un siglo, Dios reveló claramente a Su profeta Wilford Woodruff que la practica del matrimonio plural debía suspenderse, lo cual significa que ahora esta en contra de la ley de Dios. Incluso en los países en los que la ley civil o la ley religiosa permite la poligamia, la Iglesia enseña que el matrimonio debe ser monógamo y no acepta entre sus miembros a los que practican el matrimonio plural.

Pregunta Nº 5: ¿A que se atribuye el crecimiento de la Iglesia?

Estamos creciendo; estamos creciendo de un modo prodigioso. Entre los que nacen en la Iglesia y los conversos que se bautizan en ella, añadimos 400.000 personas al año. Sobre la base de diez millones, eso es mas o menos el 4%, lo cual es excepcionalmente bueno para una iglesia.

Las personas buscan un apoyo sólido en un mundo en el que los valores cambian de continuo; desean algo a lo cual aferrarse ante un mundo que las rodea y que cada vez parece más confuso.

Se les da la bienvenida como nuevos conversos y se les hace sentir en casa; sienten la calidez de la hermandad de los santos.

Se les dan tareas que realizar; se les dan responsabilidades y se les hace sentir parte del gran movimiento de avanzada de esta, la obra de Dios.

Y. desde luego, tenemos misioneros que les ayudan en su búsqueda de la verdad.

No tardan en descubrir que es mucho lo que se espera de ellos como Santos de los Ultimos Días, y no lo toman a mal; son capaces de hacer lo que se les pide y les gusta hacerlo. Esperan que su religión les exija reformar su vida. Cumplen con los requisitos. Dan testimonio del gran bien que ha llegado a ellos. Son entusiastas y fieles.

Pregunta Nº 6: ¿Qué tienen que decir acerca del maltrato de los niños y del cónyuge?

Condenamos enérgicamente el maltrato de cualquier tipo. Reprobamos el maltrato físico, sexual, verbal o emocional a la esposa o a los hijos. Nuestra “Proclamación sobre la Familia” dice: “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos … Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales … Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones” (La familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996).

Estamos haciendo todo lo que esta a nuestro alcance por detener esta terrible maldad. Si se reconoce la igualdad entre marido y mujer, si se reconoce que cada niño o niña que nace en el mundo es hijo o hija de Dios, entonces se tendrá un mayor sentido de la responsabilidad de cuidar con cariño, de ayudar y de querer con un amor imperecedero a aquellos de los cuales se es responsable.

Ningún hombre que maltrate a su esposa o a sus hijos es digno de poseer el sacerdocio de Dios. Ningún hombre que maltrate a su esposa o a sus hijos es digno de considerarse un miembro de buena conducta en esta Iglesia. El maltrato a la esposa y a los hijos de uno constituye una grave ofensa ante Dios y el que incurra en ello debe esperar ser sometido a la disciplina de la Iglesia.

Pregunta Nº 7: ¿Cómo financia la Iglesia sus operaciones?

El hermano Faust hablo con mucha habilidad de este tema esta mañana. La gente de fuera se pregunta como podemos realizar tantas cosas; dicen y escriben que la Iglesia tiene una gran riqueza y muchísimos bienes.

Si tenemos bienes. Tenemos casas de adoración por toda la tierra. Construimos un gran numero de edificios cada año. Administramos un gran programa de educación universitaria, de seminarios e institutos. Tenemos una instalación de historia familiar sin igual. Respaldamos una formidable organización misional, que supone el mantenimiento de las casas de misión y otras instalaciones además de los gastos de manutención de los misioneros que costean los mismos misioneros y sus familias. Administramos otros programas, para todos los cuales se utiliza dinero.

Todo esto y más consume dinero, pero no produce dinero. Es muy costoso operar esta Iglesia. Sus operaciones en todo el mundo son financiadas gracias a los diezmos consagrados de los miembros fieles. ¡Que magnifico y espléndido principio es la ley del diezmo! Es tan sencillo de entender y de obedecer. Es la ley de finanzas del Señor.

Doy gracias al Señor desde el fondo de mi corazón por la fe de los que pagan su diezmo honrado. ¿Son más pobres porque lo hacen? Testificamos que de algún modo, bajo la divina providencia del Señor, Él nos compensa por ello y en abundancia. No es un impuesto, sino una ofrenda voluntaria que se da en forma confidencial. Es un principio que lleva consigo una promesa notable. Dios ha dicho “… os abriré las ventanas de los cielos, y derramare sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Esa es Su promesa. Él tiene poder para cumplir esa promesa, y es mi testimonio que Él la cumple.

Y bien, eso es todo lo que el tiempo me permite decir en esta ocasión. Habría muchos otros puntos que tratar. Estas son tan sólo una muestra de las preguntas que hace un mundo curioso con respecto a nosotros.

Tenemos que saber esto, ustedes y yo, que aceptamos y obedecemos las doctrinas de esta Iglesia, que esta es la obra de Dios, dirigida por el Señor Jesucristo, que funciona de acuerdo con el plan de Ellos y con la norma de Ellos, y que trae consigo las bendiciones de Ellos.

¿Por que somos gente tan feliz? Es por motivo de nuestra fe, de la serena certeza que mora en nuestro corazón de que nuestro Padre Celestial, que todo lo ve, cuidara de Sus hijos e hijas que andan ante Él con amor, con gratitud y con obediencia. Siempre seremos gente feliz si guiamos así nuestra vida. El pecado nunca fue felicidad. La transgresión nunca fue felicidad. La falsedad en la palabra o en la conducta nunca fue felicidad. La felicidad yace en la obediencia a las enseñanzas y los mandamientos de Dios nuestro Padre Eterno y de Su Amado Hijo, el Señor Jesucristo.

Como lo he dicho antes desde este púlpito, mis hermanos y hermanas, los queremos mucho. Los amamos por su fe y su bondad. Los amamos por su buena disposición para hacer cualquier cosa que se les pida hacer. Los amamos por su obediencia a la voluntad del Señor.

Con el conocimiento de que esta obra es verdadera, seguimos adelante, cada uno de nosotros. Ruego que hagamos un renovado esfuerzo por vestirnos de toda la armadura de Dios y de acudir a Él es mi humilde oración en el nombre de nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. Amén.