Vuestra luz en el desierto

Sharon G. Larsen

Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes


Sharon G. Larsen
“Mantengan la vista fija en su meta … y caminen en el camino estrecho y angosto del Hijo: el Hijo de Dios”.

Si tienen en cuenta o no lo que sepan o no sepan en cuanto a acampar, ¿qué pensarían de un viaje de ocho años acampando en el desierto, sin poder ir al pueblo, sin luz, sin siquiera una fogata? Esto describe la experiencia que el padre Lehi y su familia tuvieron cuando el Señor les dijo que salieran de Jerusalén. Estoy segura de que hubo murmuraciones en el campamento y, por cierto, ¡no muchos voluntarios! Sin duda, en ese viaje maratoniano había mujeres jóvenes como ustedes.

El Señor les advirtió que no hicieran fogatas, y luego les enseñó: “… seré vuestra luz en el desierto; y prepararé el camino delante de vosotros, si … guardáis mis mandamientos … seréis conducidos hacia la tierra prometida; y sabréis que yo soy el que os conduce” (1 Nefi 17:13).

Todas ustedes deben tener una tierra prometida a la que les gustaría llegar y pueden contar con su propia luz en ese desierto que hoy desafía a la juventud. Esa luz viene envuelta con amor, ese amor que el Señor tiene por cada uno de Sus hijos, y en especial por la gente joven. El Señor sabe que enfrentan desafíos y tentaciones, y proporciona la luz que ilumina el corazón, la mente y el espíritu de ustedes. Él ha dicho que Su palabra es verdad, que lo que es verdad es luz, y que lo que es luz es el Espíritu de Jesucristo (véase D. y C. 84:45).

Sunny es una estudiante de intercambio de Korea y, por lo tanto, vive en una tierra nueva y extraña, con un nuevo idioma y una nueva familia. La escuela ha sido difícil y no ha tenido amigas con quien comer o conversar, o con quien asistir a las actividades escolares. Ella expresa: “Me sentía muy mal. Entonces comencé a pensar acerca de la oración; en realidad, no había pensado en orar a nuestro Padre Celestial para pedirle ayuda y consuelo, y fe en mí misma. Entonces empecé a leer el Libro de Mormón todas las mañanas, así como a orar antes de ir a la escuela y todo comenzó a ser más fácil, ¡además, me sorprendió muchísimo que podía entender mejor el idioma! Sentí como que alguien me estaba ayudando mientras estudiaba” (carta en posesión de la Oficina de las Mujeres Jóvenes).

Ustedes bien saben que la oración enciende la luz, ¿no es cierto? Cuando hacen de la oración una parte normal de su vida, comienzan a caminar en la luz, en el camino estrecho y angosto.

Cuando yo era de la edad de ustedes, aprendí la importancia del camino estrecho y angosto, y de lo difícil que es concentrarse y mantenerse en él. Me críe en un pueblo muy pequeño a los pies de las Montañas Rocallosas canadienses; papá era granjero y yo, ¡aprendí a trabajar a su lado! Cada verano me tocaba conducir el tractor, cortar y rastrillar heno, recoger las pacas y arar la tierra. Recuerdo la primera vez que aré y cultivé la tierra; papá me explicó la importancia de arar surcos que quedaran en línea recta ya que si quedaban torcidos, se pasarían por alto algunas partes del campo, lo que daría paso a la maleza y me explicó lo siguiente: “Si mantienes la vista fija en un poste de la cerca que está al otro lado del campo y lo tomas como tu meta, harás un surco recto. No dejes que los desniveles del terreno te desvíen; si fijas la mirada en el extremo del tractor, los hoyos y los baches te harán cambiar de rumbo, y empezarás a desviarte”. Entonces se retiró, dejando que procediera con la labor.

Del poste de la cerca del otro lado del campo me acordé por varias vueltas, pero luego decidí cantar para que el tiempo pasara más rápido; canté cada canción e himno que sabía, e intenté cantar los que no sabía. Estaba cantando a toda voz y pasando un buen rato cuando vi a papá que se dirigía hacia mí; detuve el tractor y me preguntó, “¿Qué pasó con la línea recta?”.

Le dije: “¿Por qué?”.

Me dijo: “Mira esos surcos. Las primeras rondas que hiciste lograste mantenerlos derechos, pero es evidente que dejaste de prestar atención

adónde ibas. Parece que dejaste de ver el poste de la cerca del otro lado del campo, tu meta. ¿Te das cuenta que te has desviado poco a poco del rumbo a tal punto que ahora hay grandes partes sin arar en el campo?”. Entonces, papá se subió al tractor y enderezó varios surcos. Luego, al bajarse del tractor para dejarme intentar de nuevo, dijo: “Sharon, siempre presta atención adónde vas”.

Cuando las presiones del mundo parecen abrumarnos y nos sentimos tentadas a renunciar a lo que más valoramos para obtener lo que deseamos en el momento, es difícil prestar atención, ver más allá de ese instante, más allá de la parte de atrás del tractor. Los pozos y los desniveles, la persuasión de los amigos que parecen divertirse demasiado, pueden desviarnos del camino. Pero la luz que nos ayudará a mantenernos en el camino estrecho y angosto es como la meta al otro lado del campo. Si hay ocasiones en que nos distraemos o nos sentimos tentados, el Señor estará allí para ayudarnos a enderezar nuestro curso. Es posible distanciarse de la obscuridad y allegarse a la luz: Su luz.

Un joven amigo que no comprendía la importancia de tener la luz, de tener el Espíritu, trató de explicarme por qué pensaba que era importante ver algunas de las películas vulgares y violentas de hoy en día. Me dijo: “Si no ves estas cosas, serás ingenuo, no estarás informado y el mundo se aprovechará de ti”.

Entonces, le pregunté a mi joven amigo: “¿Preferirías exponerte a lo que el mundo ofrece para estar informado y después quedar a solas para tomar decisiones, o elegirías ser guiado por el Señor y vivir de tal manera que tu vida se llene de tanta luz, tanta verdad y bondad que no haya lugar para la obscuridad?”. Es imposible estar en la luz y en la obscuridad al mismo tiempo.

Esa luz está simbolizada en la antorcha de las Mujeres Jóvenes. Dicha antorcha que portan y que lleva el perfil de ustedes en la flama puede nutrir su deseo de defender la verdad y la rectitud. Es un recordatorio de que Cristo es su luz y que Él les mostrará el camino tanto en los momentos felices como en los vapores de tinieblas. Nunca se tienen que sentir solas o abandonadas.

Emily, una presidenta de la clase de Laureles que deseaba saber cuál era la voluntad del Señor en cuanto a una de sus consejeras, describió cómo se siente esa luz. Ella dijo: “Oré en cuanto a una chica, y tuve una revelación muy fuerte; es como cuando el corazón y la mente se conectan y todo queda muy claro. Así que supe sin ninguna duda que ella debía ser mi consejera” (carta en posesión de la Oficina de las Mujeres Jóvenes). La oración se conecta con el poder de Dios, y eso lleva al amor, al servicio, al sacrificio y al aumento de las facultades personales.

El Libro de Mormón nos dice que el hermano de Jared sabía en cuanto a ese proceso: había construido ocho barcos bajo la dirección del Señor, pero no tenían luz; por lo que recurrió a Su ayuda (también nosotros tenemos esa oportunidad). Sin embargo, la respuesta no llegó en la forma que él esperaba. El Señor podía haber puesto luz muy fácilmente en los barcos, pero El deseaba que la luz-la luz del Espíritu- estuviera en el hermano de Jared.

¿Qué piensan que hizo el hermano de Jared desde que se dio cuenta de que el Señor no le iba a dar una linterna hasta el momento en que fundió las dieciséis piedras y le. pidió al Señor que las tocara y les diera luz? Yo pienso que debe haber hecho mucho de lo que Sunny Kim y Emily hicieron: ayunar y orar, meditar y leer las Escrituras, así como servir, amar y perdonar, y tratar de ser obediente para tener el Espíritu, la luz, para que lo dirigiera.

Mientras el hermano de Jared hacía todo lo que sabía hacer, mientras trabajaba con ahínco y utilizaba toda fuente que tenía disponible- en especial la fe en el Señor-se dirigió otra vez al Señor presentándole su idea, y sus esfuerzos fueron suficientes. El Señor tocó esas dieciséis piedras y hubo luz (véase Éter 2:18-25; 3:1-6). Siempre hay respuestas.

Muchas mujeres jóvenes están siguiendo esa luz y el Señor las está bendiciendo. Escuchen el testimonio de algunas de ellas que han dejado que el Señor sea su luz:

[Nota: Varias mujeres jóvenes dieron su testimonio a través de grabaciones en cintas de video.]

Permitan que el Señor sea su luz. Dejen que Él les prepare el camino para llegar a su tierra prometida. “No hay … vida tan obscura que Él no pueda iluminar” (Sam Cardon y Steven K. Jones, “Come unto Him”, New Era, abril de 1995, pág. 10). No tienen que ser un profeta como Lehi o como el hermano de Jared. Simplemente sean ustedes mismas, con hambre y sed de justicia. Confíen en Él. Mantengan la vista fija en su meta al otro lado del campo y caminen en el camino estrecho y angosto del Hijo: el Hijo de Dios. Testifico de la luz y del Espíritu que vienen de Jesucristo.

Jesús es mi luz, amor y solaz,
y huye el error de ante Su faz.
Él es mi bendito Amparo y Rey.

En el nombre de Jesucristo. Amén.