No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos

Sheri L. Dew


"Es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito".

Durante casi cinco años, he tenido la bendición de prestar servicio con las hermanas de la Sociedad de Socorro y los líderes del sacerdocio desde el áfrica hasta el Amazonas. Esas experiencias que he tenido con ustedes han fortalecido para mí la importancia de un principio fundamental del Evangelio. Quisiera dirigir mis palabras acerca de ese principio, en especial a los jóvenes adultos de la Iglesia, tanto varones como mujeres, que están a punto de emprender la fase más difícil de sus vidas.

Este verano me lastimé un hombro y no pude utilizar el brazo por semanas. Nunca me había dado cuenta cuánto depende un brazo del otro para el equilibrio, ni cuánto menos podía levantar con un solo brazo que con los dos, ni de que había cosas que definitivamente no podía hacer. Esa discapacidad no sólo avivó mi respeto por quienes afrontan tan bien sus limitaciones físicas, sino que me ayudó a darme cuenta cuánto más pueden hacer los dos brazos juntos.

Por lo general, dos son mejores que uno1, como lo confirmó nuestro Padre cuando declaró que "no era bueno que el hombre estuviese solo"2e hizo ayuda idónea para Adán, alguien que tuviera dones singulares que le brindaría "equilibrio", le ayudaría a compartir las dificultades de la vida terrenal y le permitiría hacer cosas que por sí solo no podría. Ya que "en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón"3.

Satanás comprende el poder que tienen el hombre y la mujer unidos en rectitud. él sigue resentido por haber sido expulsado a un exilio eterno después de que Miguel guiara en contra de él a las huestes del cielo, compuestas de hombresymujeres valientes unidos en la causa de Cristo. Según las sobrias palabras de Pedro, "el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar"4. Lucifer está resuelto a devorar matrimonios y familias, ya que la disolución de éstos es una amenaza para la salvación de todos sus integrantes y para la fortaleza del reino mismo del Señor. Por tanto, Satanás trata de confundirnos en lo que respecta a las mayordomías y naturalezas particulares que poseemos como hombres y mujeres. él nos bombardea con mensajes distorsionados acerca del sexo, el matrimonio, la familia y todas las relaciones de los sexos masculino y femenino. él desea hacernos creer que el hombre y la mujer son tan iguales que nuestros dones exclusivos no son necesarios, o que son tan diferentes que nunca podremos comprendernos unos a otros. Ninguna de esas cosas es cierta.

Nuestro Padre sabía exactamente lo que hacía cuando nos creó. él nos hizo lo suficientemente semejantes para que nos amáramos los unos a los otros, pero lo suficientemente diferentes para que tuviésemos que unir nuestras fuerzas y mayordomías para crear un "todo". Ni el hombre ni la mujer son perfectos o completos sin el otro. Por consiguiente, es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito, y se respeten y confíen en la fortaleza mutua.

Esas verdades acerca de las mayordomías divinamente conferidas sobre hombres y mujeres, en gran forma, son desconocidas para el mundo de hoy. No se encuentran en los programas de televisión ni incluso, tristemente, en algunos hogares y barrios. Pero no son desconocidas para el Señor que nos ha dado "una norma en todas las cosas, para que no [seamos] engañados"5. El modelo del Señor para las parejas y mayormente para hombres y mujeres que trabajan unidos en Su reino, fue establecido por nuestros primeros padres. Juntos, Adán y Eva trabajaron6, se lamentaron7, fueron obedientes, tuvieron hijos8, enseñaron el Evangelio a su posteridad9, invocaron el nombre del Señor, "oyeron la voz del Señor"10, bendijeron el nombre de Dios11y se dedicaron a Dios. En las Escrituras, con frecuencia se refiere a Adán y a Eva con el pronombreellos.

Ni Adán con su sacerdocio ni Eva con su maternidad pudieron haber ocasionado solos la Caída. Sus funciones exclusivas estuvieron conectadas entre sí. Se consultaron el uno al otro, confrontaron situaciones que no hubiesen podido superar solos y juntos hicieron frente al mundo solitario. ése es el modelo del Señor para los hombres y las mujeres justos.

Ahora bien, algunos de nosotros afrontamos circunstancias en la vida que no son del todo ideales. Yo lo sé; personalmente afronto esa situación, y aún así, mis queridos jóvenes amigos, en cuyas manos descansa el futuro de la Iglesia y de sus familias, debo decirles que su comprensión de ese modelo divino influirá en su matrimonio, en su familia, en su capacidad para ayudar a edificar el reino y en su vida eterna.

Mis jóvenes hermanas, algunos tratarán de convencerlas de que, por motivo de no que no han sido ordenadas al sacerdocio, se les ha privado de algo. Están totalmente equivocados y no comprenden el Evangelio de Jesucristo. Las bendiciones del sacerdocio están a disposición de todo hombre y mujer dignos. Todos podemos recibir el Espíritu Santo, obtener revelación personal y ser investidos en el templo, del cual saldremos "armados" con poder12. El poder del sacerdocio sana, protege e inmuniza a todos los justos en contra de los poderes de las tinieblas. Y, lo que es más importante aún, la plenitud del sacerdocio comprendida en las ordenanzas más sublimes de la casa del Señor sólo las pueden recibir juntos un hombre y una mujer13. El presidente Harold B. Lee dijo: "La condición pura de la mujer unida con el sacerdocio significa la exaltación; pero esa condición sin el sacerdocio o el sacerdocio sin ella no dan como equivalente la exaltación"14.

Hermanas, el poder del sacerdocio no nos disminuye a nosotras como mujeres, ya que mediante él somos magnificadas. Sé que es así porque lo he experimentado una y otra vez.

Sus futuros esposos y los hombres con los cuales presten servicio necesitarán el apoyo que sólo ustedes pueden brindar. Ustedes poseen una fortaleza espiritual interior que el presidente James E. Faust dijo que era igual "e incluso [superior] a la de los hombres"15. No renuncien a su responsabilidad espiritual. La fe de ustedes se manifestará en convincentes ejemplos. El tener el Espíritu Santo las hará mucho más atractivas que todo el tiempo que pasen delante del espejo. Bendigan a su familia y a la Iglesia en la forma que sólo una mujer de Dios puede hacerlo, con virtud, fe, integridad y la compasión constante.

Jóvenes, su ordenación al sacerdocio es un gran privilegio y responsabilidad y no una licencia para dominar. Sean indefectiblemente dignos para ejercer ese poder divino, que se les brinda para prestar servicio. En ningún otro momento es un hombre más extraordinario que cuando es guiado por el Espíritu con el fin de honrar el sacerdocio que posee.

Si se casan con una mujer virtuosa que escucha la voz del Señor, ella bendecirá la vida de ustedes todos los días de su vida. Piensen en Eva. Ella fue quien primero vio que el fruto del árbol era bueno; y una vez que comió, "dio también a su marido, y él comió"16. Si no hubiera sido por Eva, nuestro progreso habría terminado. El élder Dallin H. Oaks dijo que su acción "fue un glorioso requisito [que abrió] los portales hacia la vida eterna. Adán demostró sabiduría al hacer lo mismo"17.

Jóvenes, ustedes presidirán en el hogar y en la Iglesia, pero sean lo suficientemente humildes para aprender a escuchar a las mujeres que forman parte de su vida y para aprender de ellas. Ellas les proporcionarán discernimiento, equilibrio y sabiduría extraordinarios. Y, cuando surjan las dificultades, verán cuánta capacidad tiene una mujer entregada a Dios el Padre y a Jesucristo.

Ese divino modelo para hombres y mujeres que fortalece los matrimonios y las familias también fortalece a la Iglesia; ésta no puede cumplir plenamente la medida de su creación a menos que trabajen juntos los hombres fieles que poseen el sacerdocio y las mujeres justas que se regocijan en prestar servicio bajo la dirección del sacerdocio. He experimentado esa dicha una y otra vez.

Recuerdo una reunión que tuve en Brasil en la que una traductora no se sentía segura de su capacidad para interpretar mi inglés al portugués. Pero resultó que no tuvimos dificultades y nos comunicamos con facilidad. Después de la reunión supe cuál había sido la razón. Me enteré de que la Autoridad General que presidía no sólo había estado sentado detrás de nosotras, literalmente en el borde del asiento, durante toda la reunión, ayudando a la intérprete cuando era necesario, sino que también había asignado a otro líder del sacerdocio para que orara por las dos a lo largo de la reunión.

La Autoridad General creó una red de seguridad y apoyo con el fin de que yo pudiera cumplir con la asignación que él me había dado. Ese círculo de apoyo no tiene fin, porque tampoco tienen fin las buenas obras de hombres y mujeres justos que se respetan mutuamente y que, uno junto al otro, meten la hoz y siegan en la viña del Señor. Si vamos a edificar el reino de Dios, como hombres y mujeres de Dios, debemos edificarnos mutuamente.No existe problema que con la ayuda de la activación, la retención, la familia, o lo que sea, no podamos resolver al deliberar juntamente en consejo y ayudarnos mutuamente a llevar la carga.

Mis queridos jóvenes amigos, aprendan ahora el modelo del Señor para los varones y las mujeres. Mediten en los relatos de las Escrituras acerca de Adán y Eva y vean qué les enseña el Señor para fortalecer su matrimonio, su familia y su servicio a la Iglesia. Los recientes acontecimientos devastadores en los Estados Unidos parecen indicar que se avecinan días difíciles, pero son días que estarán llenos de confianza y valor si los hombres y las mujeres de su generación se unen en rectitud como nunca antes lo habían hecho. No existe límite de lo que pueden lograr si trabajan juntos, unidos por igual, bajo la dirección del sacerdocio.

Los modelos del Padre nos ayudan a evitar el engaño. Acudan al Señor y no al mundo para buscar ideas e ideales sobre hombres y mujeres, porque, mis jóvenes amigos, ustedes son las madres, los padres y los líderes que fueron reservados para esta época sin precedentes debido a que nuestro Padre los conoce y sabe que poseen lo que se precisa para afrontar al mundo y ser intrépidos en la edificación del reino. Háganlo juntos, ya que no es bueno que el hombre o la mujer estén solos. Ayúdense mutuamente y juntos podrán levantar las hermosas cargas de la vida terrenal y les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás18. El Señor debe contar con hombres y mujeres rectos que edifiquen Su reino. Sé que esto es verdadero. Dios es nuestro Padre. Su Unigénito es el Cristo. ésta es la obra y la gloria de Ellos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Véase Eclesiastés 4:9

  2.  

    2. Moisés 3:18; véase también Abraham 5:14.

  3.  

    3. 1 Corintios 11:11.

  4.  

    4. 1 Pedro 5:8.

  5.  

    5.  D. y C. 52:14.

  6.  

    6.  Véase Moisés 5:1.

  7.  

    7. Véase Moisés 5:27.

  8.  

    8. Véase2 Nefi 2:20.

  9.  

    9. Véase Moisés 5:12.

  10.  

    10. Moisés 5:4.

  11.  

    11.  Véase Moisés 5:12.

  12.  

    12. Véase D. y C. 109:22.

  13.  

    13.  Véase D. y C. 131:1 –4; D. y C. 132:19 –20.

  14.  

    14. The Teachings of Harold B. Lee, 1966, pág. 292.

  15.  

    15. Véase "Lo que significa ser una hija de Dios",Liahona,enero de 2000, pág. 123.

  16.  

    16.  Moisés 4:12.

  17.  

    17. "El gran plan de salvación",Liahona,enero de 1994, pág. 84.

  18.  

    18. Véase Abraham 3:26.