"Con. . . fe, podremos orar por lo que deseamos y estar agradecidos por lo que recibamos. únicamente con esa fe oraremos con la diligencia que Dios requiere".

El mundo parece estar en conmoción; hay guerras y rumores de guerras; la economía de continentes enteros está en dificultades; las cosechas se están perdiendo debido a la carencia de lluvia por toda la tierra, y las personas que están en peligro han inundado los cielos con sus oraciones. En público, como en privado, están suplicando a Dios que les dé ayuda, consuelo y dirección.

Probablemente se habrán dado cuenta, como yo en días recientes, que las oraciones no sólo se han vuelto más numerosas, sino más sinceras. A menudo me siento en el estrado en una reunión cerca de la persona a la que se le ha pedido orar. He escuchado lleno de asombro. Es evidente que las palabras son inspiradas de Dios, son elocuentes y prudentes; y el tono es el de un niño amoroso que busca ayuda, no como lo haríamos de un padre terrenal sino de un todopoderoso Padre Celestial que conoce nuestras necesidades antes de que le supliquemos.

La tendencia de orar con más fervor cuando el mundo parece estar fuera de control es algo que ha ocurrido desde el comienzo de la raza humana. En tiempos de tragedia y de peligro, la gente acude a Dios en oración. Incluso el antiguo rey David reconocería lo que está ocurriendo. Recordarán sus palabras en el libro de los Salmos:

"Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron"1.

El gran aumento de las oraciones sinceras, y la acogida del público, ha sido algo extraordinario para mí y para otros. Varias veces, en días recientes, alguien me ha dicho, con gran intensidad y con un tono de preocupación en su voz: "Esperemos que el cambio sea duradero".

Esa preocupación es válida, ya que nuestra propia experiencia y los registros de los tratos de Dios con Sus hijos nos han enseñado eso. La dependencia en Dios se puede esfumar rápidamente cuando las oraciones reciben respuesta. Y, cuando aminoren las dificultades, lo mismo sucede con las oraciones. En el Libro de Mormón se repite esa triste historia una y otra vez.

Del libro de Helamán: "Oh, ¿cómo pudisteis haber olvidado a vuestro Dios, el mismo día en que os ha librado?2. Y más tarde, en ese mismo libro, después de que Dios hubo contestado oraciones con piadosa misericordia, el terrible modelo se describe una vez más:

"Y así podemos ver cuán falso e inconstante es el corazón de los hijos de los hombres; sí, podemos ver que el Señor en su grande e infinita bondad bendice y hace prosperar a aquellos que en él ponen su confianza.

"Sí, y podemos ver que es precisamente en la ocasión en que hace prosperar a su pueblo, sí, en el aumento de sus campos, sus hatos y sus rebaños, y en oro, en plata y en toda clase de objetos preciosos de todo género y arte; preservando sus vidas y librándolos de las manos de sus enemigos; ablandando el corazón de sus enemigos para que no les declaren guerras; sí, y en una palabra, haciendo todas las cosas para el bienestar y felicidad de su pueblo; sí, entonces es la ocasión en que endurecen sus corazones, y se olvidan del Señor su Dios, y huellan con los pies al Santo; sí, y esto a causa de su comodidad y su extrema prosperidad.

"Y así vemos que excepto que el Señor castigue a su pueblo con muchas aflicciones, sí, a menos que lo visite con muerte y con terror, y con hambre y con toda clase de pestilencias, no se acuerda de él"3.

Y ahora, en las próximas palabras de ese mismo pasaje de las Escrituras, descubrimos por qué razón olvidamos con tanta facilidad la fuente de nuestras bendiciones y dejamos de sentir la necesidad de orar con fe:

"¡Oh cuán insensatos y cuán vanos, cuán malignos y diabólicos, y cuán prontos a cometer iniquidad y cuán lentos en hacer lo bueno son los hijos de los hombres! ¡Sí, cuán prestos son a escuchar las palabras del maligno y a poner su corazón en las vanidades del mundo!

"¡Sí, cuán prestos están para ensalzarse en el orgullo; sí, cuán prestos para jactarse y cometer toda clase de aquello que es iniquidad; y cuán lentos son en acordarse del Señor su Dios y en dar oído a sus consejos; sí, cuán lentos son en andar por las vías de la prudencia!

"He aquí, no desean que los gobierne y reine sobre ellos el Señor su Dios que los ha creado; a pesar de su gran benevolencia y su misericordia para con ellos, desprecian sus consejos, y no quieren que él sea su guía"4.

En esos tres breves pasajes de Escritura, vemos tres causas que ocasionan el triste distanciamiento de la humilde oración. Primero, si bien Dios nos implora que oremos, el enemigo de nuestras almas denigra y ridiculiza la oración. La amonestación de 2 Nefi es verdadera: "Y ahora bien, amados hermanos míos, percibo que aún estáis meditando en vuestros corazones; y me duele tener que hablaros concerniente a esto. Porque si escuchaseis al Espíritu que enseña al hombre a orar, sabríais que os es menester orar; porque el espíritu malo no enseña al hombre a orar, sino le enseña que no debe orar"5.

Segundo, se olvida a Dios debido a la vanidad. Un poco de prosperidad y paz, o incluso el cambio más leve de superación, puede darnos sentimientos de autosuficiencia. Rápidamente podemos sentir que tenemos control de nuestra vida, que el cambio de prosperidad es resultado de nuestros esfuerzos, y no de un Dios que se comunica con nosotros a través de la voz quieta y apacible del Espíritu. El orgullo ocasiona un ruido interior que nos impide escuchar la serena voz del Espíritu. Y muy pronto, en nuestra vanidad, no nos esforzamos siquiera por escucharla. De pronto llegamos a pensar que no la necesitamos.

La tercera causa está arraigada profundamente en nuestro interior. Somos hijos espirituales de un amoroso Padre Celestial que nos colocó en la mortalidad para ver si elegiríamos, libremente, guardar Sus mandamientos e ir a Su Amado Hijo. Ellos no nos obligan; no pueden hacerlo, ya que eso interferiría con el plan de felicidad. Dios nos ha dado a todos el deseo de ser responsables de nuestras propias elecciones.

Ese deseo de tomar nuestras propias decisiones es parte del deseo inherente de progresar hacia la vida eterna. Pero si vemos la vida sólo a través de los ojos mortales, eso hace difícil o aun imposible el que dependamos de Dios, cuando sentimos ese poderoso deseo de ser independientes. Entonces, esta doctrina verdadera parecerá severa:

"Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre él, tal como un niño se somete a su padre"6.

Aquellos que se someten como un niño lo hacen porque saben que el Padre desea únicamente la felicidad de Sus hijos y que sólo él conoce el camino. Ese es el testimonio que debemos de tener para continuar orando como un niño sumiso, en las épocas buenas como en las difíciles.

Con esa fe, podremos orar por lo que deseamos y estar agradecidos por lo que recibamos. únicamente con esa fe oraremos con la diligencia que Dios requiere. Cuando Dios nos ha mandado orar, él ha utilizado palabras como éstas: "orar sin cesar", "orar siempre" y "poderosa oración".

Para esos mandatos no es necesario usar muchas palabras. De hecho, el Salvador nos ha dicho que al orar no tenemos que multiplicar las palabras. La diligencia en la oración que Dios requiere no tiene que tener expresiones floridas, ni largas horas de soledad. Eso se enseña claramente en Alma, en el Libro de Mormón:

"Sí, y cuando no estéis clamando al Señor, dejad que rebosen vuestros corazones, entregados continuamente en oración a él por vuestro bienestar, así como por el bienestar de los que os rodean"7.

Nuestros corazones solamente se pueden acercar a Dios cuando están llenos de amor por él y de confianza en Su benevolencia. José Smith, aun siendo un jovencito, nos puso el ejemplo de cómo podemos aprender a orar con un corazón lleno del amor de Dios y luego a orar sin cesar a través de una vida llena de tribulaciones y bendiciones.

José salió hacia la arboleda a orar con fe para que un Dios amoroso diera respuesta a su oración y le quitara su confusión. Obtuvo esa seguridad al leer la palabra de Dios y recibir un testimonio de que era verdadera. Dijo que leyó en Santiago: ". . .pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada"8. La fe para pedirle a Dios en oración vino después de que meditó en un pasaje de las Escrituras que le confirmó la naturaleza amorosa de Dios. él oró como nosotros debemos hacerlo, con fe en un Dios de amor.

él oró no sólo con la intención de escuchar sino de obedecer. No sólo suplicó conocer la verdad; estaba decidido a actuar de acuerdo con lo que Dios le comunicara. En su relato escrito queda muy claro que él oró con verdadera intención, resuelto a cumplir con cualquier respuesta que recibiera. él escribió:

"Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia"9.

El Padre y Su Amado Hijo se le aparecieron en respuesta a su oración, y le fue dicho lo que debía hacer, tal como él deseaba. Obedeció como un niño. Le fue dicho que no se uniera a ninguna de las iglesias. él hizo lo que le fue dicho. Y debido a su fidelidad, en los días, meses y años posteriores, sus oraciones fueron contestadas con un torrente de luz y verdad. La plenitud del Evangelio de Jesucristo y las llaves del reino de Dios fueron restauradas a la tierra. Su humilde dependencia en Dios resultó en la restauración del Evangelio, con autoridad y sagradas ordenanzas. Debido a la Restauración, tenemos la oportunidad de elegir la más valiosa independencia: el ser libres del cautiverio del pecado mediante el poder purificador de la Expiación de Jesucristo.

La misión de José Smith fue singular, sin embargo, su humilde oración puede ser un modelo útil para nosotros. Como nosotros debemos hacerlo, él comenzó teniendo fe en un amoroso Dios que puede comunicarse con nosotros y ayudarnos, lo cual hace. Esa fe estaba arraigada en las impresiones que había recibido al meditar en las palabras de los siervos de Dios en las Escrituras. Podemos y debemos acudir con frecuencia a la palabra de Dios y meditarla con detenimiento. Si tomamos a la ligera nuestro estudio de las Escrituras, tomaremos a la ligera nuestras oraciones.

Tal vez no cesemos de orar, pero nuestras oraciones se volverán más repetitivas, más mecánicas, carentes de verdadera intención. No podemos entregar nuestro corazón a un Dios que no conocemos, y las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes nos ayudan a conocerle. Cuanto más le conozcamos, más le amaremos.

Para amarle, también debemos servirle. José Smith lo hizo, y al final dedicó su propia vida al servicio del Señor. José oró con la intención de obedecer. Esa obediencia siempre conlleva el servicio a los demás. El servicio en la obra del Señor nos permite sentir una porción de lo que él siente y llegar a conocerle.

"Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?"10. A medida que nuestro amor por él aumente, también aumentará nuestro deseo de acercarnos al Padre en oración.

Las palabras y la música de esta conferencia les llevará a hacer aquello que les fortalecerá contra el peligro de distanciarse de la oración sincera. De lo que escuchen, se sentirán inspirados a acudir a las Escrituras; sigan esa inspiración. En esta conferencia se les recordará el servicio que prometieron prestar cuando entraron en las aguas del bautismo. Elijan obedecer.

Si meditan las Escrituras y comienzan a hacer lo que pactaron con Dios que harían, les prometo que sentirán más amor hacia Dios y más del amor de él por ustedes. Y con ello, las oraciones de ustedes provendrán del corazón, llenas de gratitud y de súplica. Sentirán una mayor dependencia en Dios; encontrarán el valor y la determinación para actuar en Su servicio, sin temor y con paz en su corazón. Orarán siempre, y no se olvidarán de él, no importa lo que depare el futuro.

Les doy mi testimonio de que Dios el Padre vive. él nos ama. él escucha nuestras oraciones y él contesta con lo que es mejor para nosotros. A medida que lleguemos a conocerlo mejor mediante Sus palabras y al estar en Su servicio, le amaremos más. Sé que eso es verdad.

La plenitud del Evangelio de Jesucristo y la verdadera iglesia de Jesucristo han sido restauradas a través del profeta José Smith. Las llaves del sacerdocio se encuentran únicamente en esta Iglesia. Tan ciertamente como sé que vivo, sé que el presidente Gordon B. Hinckley posee las llaves y las ejerce en la tierra. Jesucristo vive —lo sé— y él dirige Su Iglesia hoy día. él les enseñará en esta conferencia a través de Sus siervos.

En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Mostrar referencias

  1.  

    1. Salmos 9:9 –10.

  2.  

    2.  Helamán 7:20.

  3.  

    3.  Helamán 12:1 –3.

  4.  

    4.  Helamán 12:4 –6.

  5.  

    5.  2 Nefi 32:8.

  6.  

    6.  Mosíah 3:19.

  7.  

    7.  Alma 34:27.

  8.  

    8. Santiago 1:5; véase José Smith –Historia 1:11.

  9.  

    9.  José Smith –Historia 1:12.

  10.  

    10.  Mosíah 5:13.