"Ponga en orden su casa"

M. Nelson


"Nuestra familia es el foco de nuestra obra y gozo más grandes en esta vida; y también lo será en la eternidad".

Hace algunos años, cuando la hermana Nelson y yo teníamos varias hijas adolescentes, llevamos a la familia de vacaciones, lejos de los teléfonos y de los pretendientes. Fuimos en un viaje en balsa por el río Colorado, a través del Gran Cañón. Al empezar la jornada, no teníamos la menor idea de lo peligroso que resultaría.

El primer día fue hermoso, pero el segundo día, al acercarnos a los rápidos de Horn Creek y ver la caída en picada más adelante, me sentí aterrorizado. Nuestra querida familia, que flotaba en una balsa de caucho, ¡estaba a punto de caer por la catarata! Por instinto, coloqué un brazo alrededor de mi esposa y el otro alrededor de mi hija menor. Para protegerlas, traté de sostenerlas firmemente a mi lado, pero al llegar al precipicio, el ángulo que tomó la balsa me hizo salir disparado al aire, yendo a caer en las aguas turbulentas del río. Me fue difícil salir a la superficie; cada vez que trataba de salir para tomar aire, me topaba con el fondo de la balsa. Mi familia no me podía ver, pero podía escucharlas gritar: "¡Papá! ¿Dónde está papá?".

Por fin encontré el lado de la balsa y salí a la superficie. Mi familia ayudó a sacar del agua mi cuerpo casi ahogado. Estábamos agradecidos de estar reunidos a salvo.

Los días siguientes fueron agradables y encantadores. Luego llegó el último día, en el que habríamos de ir por la caída de agua Lava Falls, conocida como la pendiente más peligrosa del viaje. Al ver lo que yacía más adelante, inmediatamente pedí que encalláramos la balsa para efectuar un consejo familiar de emergencia, conscientes de que si habríamos de sobrevivir esa experiencia, era necesario hacer planes con mucho cuidado. Dije a mi familia: "No importa lo que suceda, la balsa siempre se mantendrá a flote; si nos aferramos con todas nuestras fuerzas a las cuerdas que están aseguradas a la balsa, todo saldrá bien. Aun si la balsa se volcase, estaremos a salvo si nos aferramos fuertemente a las cuerdas".

Me dirigí a mi hijita de siete años y dije: "Todos los demás se agarrarán fuertemente de una cuerda, pero tú tendrás que agarrarte de papi; siéntate detrás de mí, pon tus brazos a mi alrededor y sujétate fuerte mientras yo sostengo la cuerda".

Fue lo que hicimos. Cruzamos esos empinados y abruptos rápidos —aferrándonos lo más fuerte posible— y todos salimos a salvo1.

LA LECCIÓN

Hermanos y hermanas, casi perdí la vida al aprender una lección que ahora transmito a ustedes. En la trayectoria de la vida, incluso a través de aguas turbulentas, la reacción natural de un padre de aferrarse a su esposa o a sus hijos tal vez no sea la mejor manera de lograr su objetivo. En vez de ello, si él con todo amor se aferra al Salvador y a la barra de hierro del Evangelio, su familia deseará aferrarse a él y al Salvador.

Esta lección por cierto no se limita a los padres. No obstante el sexo, el estado civil ni la edad, las personas pueden elegir mantenerse directamente unidas al Salvador, aferrarse a la barra de Su verdad y dirigir según la luz de esa verdad. De ese modo, se convierten en ejemplos de rectitud a quienes otras personas querrán aferrarse.

EL MANDAMIENTO

Para el Señor, las familias son esenciales. él creó la tierra para que pudiésemos obtener cuerpos físicos y formar familias2.

él estableció Su Iglesia con el fin de exaltar a las familias; él proporciona templos para que las familias puedan estar unidas para siempre3.

Naturalmente, él espera que los padres presidan a su familia, proporcionen lo necesario para ella y la protejan4. Pero el Maestro ha pedido mucho más. En las sagradas Escrituras está grabado el mandamiento "ponga en orden su casa"5. Una vez que como padres entendamos el significado y la importancia de ese mandamiento, debemos aprender a llevarlo a cabo.

CÓMO PONER EN ORDEN SU CASA

Para poner nuestra casa en un orden que sea agradable al Señor, debemos hacerlo a Su manera. Debemos emplear Sus atributos de "la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, [y] la mansedumbre"6. Todo padre debe recordar que "ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero"7.

Los padres deben ser ejemplos vivientes de "bondad y. . . conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma"8. Toda madre y todo padre deben dejar de lado los intereses egoístas y evitar cualquier pensamiento de hipocresía, fuerza física o murmuraciones9. Los padres pronto se dan cuenta de que cada hijo lleva en su interior el deseo de ser libre; toda persona desea abrirse paso solo; nadie desea estar restringido, incluso por parte de padres bien intencionados. Pero todos podemos aferrarnos al Señor.

Hace siglos, Job enseñó ese concepto cuando dijo: "Mi justicia tengo asida, y no la cederé"10. Nefi también enseñó: ". . .quienes escucharan la palabra de Dios y se aferraran a ella, no perecerían. . ."11.

Esos principios son eternos como el Evangelio e infinitos como la eternidad. Mediten estas amonestaciones adicionales de las Escrituras:

De Proverbios, en el Antiguo Testamento, leemos: "Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque eso es tu vida"12.

Del Nuevo Testamento: "Hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido"13.

Del Libro de Mormón, aprendemos en cuanto a las multitudes que estaban "asidos constantemente a la barra de hierro"14, que representaba "la palabra de Dios"15. Esa barra de hierro, anclada a la verdad, es inamovible e inmutable.

OTROS MANDATOS DIVINOS

Los padres no sólo han de aferrarse a la palabra del Señor, sino que tienen el mandato divino de enseñarla a sus hijos. La guía de las Escrituras es bastante clara: "Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión. . . ynoles enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres"16.

Ese mandamiento coloca el deber y la responsabilidad de la enseñanza de los hijos estrictamente sobre los hombros de los padres. La Proclamación para el Mundo en cuanto a la familia advierte que las personas "que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios"17. Hoy día reafirmo con solemnidad esa realidad.

En el desempeño de esos deberes, necesitamos tanto a la Iglesia como a la familia; ambas trabajan estrechamente para fortalecerse la una a la otra. La Iglesia existe para exaltar a la familia, y la familia es la unidad fundamental de la Iglesia.

Esas interacciones se manifiestan al estudiar sobre los primeros días de la historia de la Iglesia. En 1833, el Señor reprendió a los jóvenes líderes de Su Iglesia debido a sus deficiencias como padres. El Señor dijo: ". . .os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad.

"Mas de cierto te digo. . .

"no has enseñado a tus hijos e hijas la luz y la verdad, conforme a los mandamientos;. . .

"Y ahora te doy un mandamiento. . . has de poner tu propia casa en orden, porque hay en tu casa muchas cosas que no son rectas. . . Ponga en orden su casa primero"18.

Esta revelación representa una de las muchas poderosas validaciones de la integridad del profeta José Smith. él no eliminó de las Escrituras esas severas palabras de reprimenda, a pesar de que algunas de ellas iban dirigidas a él mismo19.

En nuestros días, la Primera Presidencia ha recalcado de nuevo el orden de prioridades de los padres. Cito de una carta que recientemente enviaron a los santos: "Hacemos un llamado a los padres para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos con respecto a los principios del Evangelio, lo que los mantendrá cerca de la Iglesia. El hogar es el fundamento de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales en el cumplimiento de las responsabilidades que Dios les ha dado"20.

¿QUÉ DEBEN ENSEÑAR LOS PADRES?

Teniendo presente este sagrado mandato, consideremos lo que debemos enseñar. En las Escrituras se indica que los padres enseñen fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo21. Los padres deben enseñar el plan de salvación22y la importancia de vivir en estricta armonía con los mandamientos de Dios23. De otro modo, sus hijos ciertamente sufrirán al ignorar la ley redentora y liberadora de Dios24. Los padres deben también enseñar mediante el ejemplo cómo consagrar sus vidas: hacer uso de su tiempo, talentos, diezmos y sustancia25para establecer la Iglesia y reino de Dios sobre la tierra26. El vivir de ese modo literalmente será una bendición para su posteridad. Un pasaje de Escritura dice: ". . .tu deber es para con la iglesia perpetuamente, y esto a causa de tu familia"27.

OPOSICIÓN A LA FAMILIA

Tanto padres como hijos deben tener presente que siempre habrá una fuerte oposición a la obra y la voluntad del Señor28. Debido a que la obra (y la gloria) de Dios es llevar a cabo nuestra inmortalidad y vida eterna como familia29, es lógico que la obra del adversario ataque directamente el corazón del hogar, o sea la familia. Lucifer ataca implacablemente la santidad de la vida y el gozo de la paternidad.

Debido a que el maligno siempre está obrando maquinaciones, no debemos bajar la guardia, ni siquiera por un momento. Una invitación aparentemente pequeña e inocente se puede convertir en una enorme tentación que puede llevar a una trágica transgresión. Día y noche, en casa o lejos de ella, debemos evitar el pecado y "[retener] lo bueno"30.

Las maldades sediciosas de la pornografía, del aborto y de la adicción a sustancias nocivas actúan como termes que van socavando el cimiento moral de un hogar feliz y de una familia fiel. No podemos ceder a ninguna clase de iniquidad sin poner en riesgo a nuestras familias.

Satanás desea que seamos miserables como él31. él despierta nuestros apetitos carnales, nos tienta a vivir en la obscuridad espiritual y a dudar de la realidad de la vida después de la muerte. El apóstol Pablo dijo: "Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres"32.

LA PERPETUACIÓN DE LAS BENDICIONES FAMILIARES

Sin embargo, el conocimiento del gran plan de felicidad de Dios fortalece nuestra fe en el futuro. Su plan proporciona respuestas a preguntas eternas: ¿Es toda nuestra compasión y todo nuestro amor del uno por el otro sólo temporal, que se perderán al momento de morir? ¡No! ¿Puede perdurar la vida familiar más allá de este período de probación terrenal? ¡Sí! Dios ha revelado la naturaleza eterna del matrimonio celestial y a la familia como la fuente de nuestro mayor gozo.

Hermanos y hermanas, las posesiones materiales y los honores del mundo no perduran; pero sí su unión como esposa, esposo y familia. El único periodo de duración de la vida familiar que satisface las añoranzas más sublimes del alma humana es para siempre. Ningún sacrificio es demasiado grande para tener las bendiciones de un matrimonio eterno. Para hacernos acreedores de ellas, únicamente tenemos que negarnos a nosotros mismos de toda iniquidad y honrar las ordenanzas del templo. Si llevamos a cabo los sagrados convenios del templo y los guardamos, manifestamos nuestro amor por Dios, por nuestro cónyuge, y nuestra verdadera preocupación por nuestra posteridad, incluso los que aún no han nacido. Nuestra familia es el foco de nuestra obra y gozo más grandes en esta vida; y también lo será en la eternidad, cuando podremos heredar "tronos, reinos, principados, potestades y dominios. . . exaltación y gloria"33.

Esas bendiciones inestimables pueden ser nuestras si ponemos nuestra casa en orden ahora y si nos aferramos fielmente al Evangelio. Dios vive. Jesús es el Cristo. ésta es Su Iglesia. El presidente Gordon B. Hinckley es Su profeta. De ello testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

Mostrar referencias

  1.  

    1.  Véase Russell M. Nelson y Rebecca M. Taylor, "Entre amigos",Liahona, febrero de 1999, págs. 6 –7.

  2.  

    2.  Véase D. y C. 2:1 –3.

  3.  

    3.  Véase D. y C. 138:47 –48.

  4.  

    4.  Véase 1 Timoteo 5:8.

  5.  

    5.  D. y C. 93:44; véase también 2 Reyes 20:1; Isaías 38:1.

  6.  

    6.  1 Timoteo 6:11.

  7.  

    7.  D. y C. 121:41.

  8.  

    8.  D. y C. 121:42.

  9.  

    9.  Véase 1 Pedro 2:1.

  10.  

    10.  Job 27:6.

  11.  

    11.  1 Nefi 15:24.

  12.  

    12.  Proverbios 4:13.

  13.  

    13.  2 Tesalonicenses 2:15. Entre otros pasajes que se relacionan a ésta, se incluyen: "Retén. . . las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús" (2 Timoteo 1:13), y "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza" (Hebreos 10:23).

  14.  

    14.  1 Nefi 8:30.

  15.  

    15.  1 Nefi 11:25.

  16.  

    16.  D. y C. 68:25; cursiva agregada.

  17.  

    17.  "La Familia: Una proclamación para el mundo",Liahona, octubre de 1998, pág. 24.

  18.  

    18.  D. y C. 93:40 –44.

  19.  

    19.  Véase D. y C. 93:47.

  20.  

    20.  En esa carta, de fecha 11 de febrero de 1999, firmada por los presidentes Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y James E. Faust, también describieron lo que los padres podrían hacer: "Aconsejamos a los padres y a los hijos dar una prioridad predominante a la oración familiar, a la noche de hogar para la familia, al estudio y a la instrucción del Evangelio y a las actividades familiares sanas. Sin importar cuán apropiadas puedan ser otras exigencias o actividades, no se les debe permitir que desplacen los deberes divinamente asignados que sólo los padres y las familias pueden llevar a cabo en forma adecuada" (en "Carta de la Primera Presidencia",Liahona,diciembre de 1999, pág. 1).

  21.  

    21.  Véase Moroni 8:10; D. y C. 19:31; 68:25 –34; 138:33; Artículos de Fe N° 4.

  22.  

    22.  Véase Moisés 6:58 –62.

  23.  

    23.  Véase Levítico 10:11; Deuteronomio 6:7; Mosíah 4:14.

  24.  

    24.  Véase 2 Nefi 2:26; Mosíah 1:3; 5:8; D. y C. 98:8.

  25.  

    25.  Véase Mosíah 4:21 –26; 18:27; Alma 1:27.

  26.  

    26.  Véase TJS Mateo 6:38.

  27.  

    27.  D. y C. 23:3.

  28.  

    28.  Véase Moroni 7:12 –19.

  29.  

    29.  Véase Moisés 1:39.

  30.  

    30.  1 Tesalonicenses 5:21.

  31.  

    31.  Véase 2 Nefi 2:17 –18, 27.

  32.  

    32.  1 Corintios 15:19.

  33.  

    33.  D. y C. 132:19.