2000–2009
No puede sucederme a mí
Abril 2002


No puede sucederme a mí

“Puede que el futuro no les depare fama ni fortuna, pero puede brindarles algo más duradero y satisfactorio. Recuerden que lo que hacemos en la vida tiene eco en la eternidad”.

Mis amados hermanos del sacerdocio de Dios, la responsabilidad de hablarles esta noche es abrumadora. He orado en busca de inspiración y guía, y anhelo que me entiendan.

Uno de los grandes mitos de la vida se produce cuando los hombres se creen invencibles. Hay demasiados que piensan que son de acero, lo bastante fuertes para resistir cualquier tentación, y se engañan a sí mismos al pensar: “No puede sucederme a mí”. Tomo prestado un pensamiento de Bertrand Russell: “Todos somos como el pavo que se despierta la mañana [del Día de Acción de Gracias] y espera que, como siempre, se le dé de comer. Las cosas pueden salir mal en cualquier momento”1. Hermanos, sí puede sucedernos a cualquiera de nosotros en cualquier momento. Gran parte del rumbo de nuestra vida recibe la influencia de fuerzas que percibimos sólo de manera parcial.

El presidente Charles W. Penrose solía contar el relato de un oficial del Titanic que declaró no tener miedo “de Dios, del hombre ni del diablo”, porque el Titanic era de construcción tan robusta que fácilmente podía soportar la colisión con otras embarcaciones o el contacto con cualquier otra fuerza, incluso los témpanos de hielo2. El Titanic, de hecho, tenía una longitud de más o menos tres campos de fútbol, una altura de doce pisos y estaba construido con un acero de primerísima calidad. Aquella fatídica noche del 14 de abril de 1912, otros barcos le advirtieron del hielo que había más adelante, pero el Titanic siguió aumentando la velocidad, surcando raudo el frío Océano Atlántico. Para cuando los vigías avistaron el témpano, ya era demasiado tarde; el Titanic no pudo cambiar de rumbo y el témpano desgarró el lado de estribor del barco, originando una sucesión de boquetes. Dos horas y cuarenta minutos más tarde, el recién estrenado Titanic descendió hasta lo más hondo del océano, y se ahogaron más de 1.500 personas.

Por lo general, sólo una octava parte de la masa de un témpano de hielo flotante se halla fuera del agua, ya que el hielo de su interior es tan compacto que mantiene sumergido a las siete octavas partes del mismo. Tal y como el Titanic se encontró con el témpano, así sucede con nosotros: a menudo sólo vemos parte del peligro que nos aguarda.

La historia está repleta de ejemplos de hombres talentosos y hábiles que, en un momento de debilidad, tiraron por la borda sus prometedoras vidas. El rey David es un trágico ejemplo de ello. De joven era apuesto, valiente y lleno de fe; mató al temible gigante Goliat; llegó a ser rey y tenía todo lo que un hombre podía desear; mas al ver a Betsabé, deseó tenerla, aun cuando era la esposa de otro hombre. Hizo que enviaran a su esposo, Urías heteo, a la línea más encarnizada del frente para que lo mataran. Urías murió en la batalla y David se casó con Betsabé. Como resultado de su mala acción, David perdió su herencia espiritual3. A pesar de todo lo bueno que David había logrado, gran parte de ello le fue invalidado porque se permitió sucumbir a una seria debilidad personal.

Una vez oí a un hombre decirle a sus hijos: “Puedo manejar el auto más cerca del borde que ustedes porque tengo más experiencia”. Creía estar al mando, pero en realidad era un inconsciente. “El problema de emplear la experiencia como guía es que a menudo el examen final viene primero y luego viene la lección4. Algunos piensan que la edad y la experiencia les hace más capaces de soportar la tentación. Esto es una falsedad.

Recuerdo oír al presidente J. Reuben Clark, hijo, hablar de una ocasión en la que una de sus hijas iba a salir con un chico. Le pidió que regresara a casa a una hora determinada, pero “irritada por el constante y urgente recordatorio, la [adolescente] dijo: ‘Papito, ¿qué pasa? ¿Acaso no confías en mí?’.

“La respuesta debe haber sido estremecedora, pues le dijo: ‘No [hijita], no confío en ti. Ni siquiera confío en mí mismo’ ”5.

Para que algunas cosas no nos sucedan, sugiero que aprendamos del consejo del presidente Spencer W. Kimball: “Desarrollen el autodominio de manera que, al enfrentarse repetidamente con una misma tentación, no tengan que tomar cada vez una decisión al respecto. Algunas decisiones tienen que tomarse sólo una vez. Y es una gran bendición no tener que estar angustiándose reiteradamente con respecto a una tentación; eso nos hace perder tiempo y es muy peligroso”6.

Alguien puede racionalizar: “Tomar drogas una vez no me hará daño”. Puede parecer inofensivo pero, por favor, sean conscientes de cuán poderosas son las drogas. Cito a un drogadicto: “No hay forma de controlar las drogas; ellas le controlan a uno. Por lo general la primera vez no sientes nada, pero es ahí cuando te atrapa”7.

“Sólo un cigarrillo, para ver qué se siente”. Cuidado con el peligro que nos acecha: la nicotina es sumamente adictiva8. Tan sólo cuatro cigarrillos pueden bastar para poner a alguien en el camino a convertirse en un fumador habitual9.

“Sólo una lata de cerveza”. Desconocemos nuestro potencial para la adicción al alcohol, pero un trago, por lo general, conduce a otro. Es mucho mejor no tomar nunca el primer trago; así sabrán que no tomarán más.

“La compra de un único billete de lotería.” Esa adicción es más sutil que las demás. Puede que crean que el juego no es una adicción porque no se trata de una sustancia que se introduce en el cuerpo, pero como alguien escribió recientemente: “Los que participan en juegos de azar arriesgan más que el dinero en sí. Sus vidas y sus familias también están en peligro”10.

“Una sola mirada a un sitio pornográfico en Internet o un rápido vistazo al póster de una revista provocativa.” Parece muy inofensivo, pero es más difícil librarnos de lo que vemos que deshacernos de lo que introducimos en nuestro organismo. Muchos delincuentes habituales admiten que dieron sus primeros pasos en el crimen al ver fotografías obscenas.

Algunos pueden decir que está bien participar de vez en cuando en entretenimiento inapropiado. No obstante, el hacerlo suele volvernos insensibles a la violencia, a las relaciones sexuales impropias, al lenguaje soez, al tomar el nombre del Señor en vano y a otros males relacionados con éstos.

He dedicado tiempo a hablar de las cosas que ustedes no quieren que les sucedan. Consideremos ahora algunas de las cosas buenas que desean que les sucedan. Si están dispuestos a pagar el precio del éxito, ¡pueden sucederles cosas buenas, e incluso cosas excelentes, más allá de sus preciados sueños y expectativas! Con frecuencia no captamos ni un ápice de nuestro potencial para ser felices y para alcanzar logros en esta vida y en la eternidad porque, tal y como dijo el apóstol Pablo, “ahora vemos por espejo, oscuramente”11. Pero se puede abrillantar el lente y volverlo trasparente como un cristal mediante la influencia del Espíritu Santo. El Salvador nos prometió que el Consolador, que es el Espíritu Santo, “[nos] enseñará todas las cosas”, “[nos] recordará todo”12 y “[nos] guiará a toda la verdad”13.

Debemos reconocer que nuestros dones y capacidades naturales son limitados, mas cuando son incrementados por la inspiración y la guía del Espíritu Santo, nuestro potencial se multiplica. Precisan ayuda de un poder más allá del propio para hacer algo extraordinariamente útil. Ustedes, jovencitos, pueden tener oportunidades y recibir bendiciones mucho más grandes de lo que jamás soñaron o esperaron. Puede que el futuro no les depare fama ni fortuna, pero puede brindarles algo más duradero y satisfactorio. Recuerden que lo que hacemos en la vida tiene eco en la eternidad.

Puede que algunos de ustedes, jovencitos, todavía no tengan un testimonio del origen divino de esta Iglesia como el que tienen sus padres. Puede que deseen estar más seguros de que José Smith realmente vio a Dios el Padre y a Su Hijo, Jesucristo, en una visión, y que el Libro de Mormón se tradujo realmente de planchas de oro. Puede que tengan ciertas dudas sobre la ley del diezmo o la ley de castidad o la Palabra de Sabiduría. Esto no es inusual para algunos jóvenes de su edad. Puede que su fe no haya sido probada por completo o que aún no hayan tenido que defender sus creencias ni su forma de vida. Les aseguro que les pueden suceder grandes cosas, que pueden recibir un testimonio indudable de que ésta es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y que el Evangelio fue restaurado a la tierra en toda su plenitud por medio de José Smith. Pero quizás no reciban ese testimonio hasta que su fe haya sido probada14.

Hace muchos años, dos Autoridades Generales llamaron a un hombre muy joven para ser un nuevo presidente de estaca. A modo de respuesta, el nuevo presidente de estaca dijo que se dedicaría por completo a su llamamiento y que no pediría a ninguno de los miembros de la estaca que fueran más devotos que él. Entonces dio testimonio de que creía en el Evangelio de todo corazón y que estaba comprometido a vivirlo.

Más tarde, durante el almuerzo, las Autoridades Generales preguntaron a este presidente de estaca si sabía con certeza que el Evangelio es verdadero, a lo que respondió que no. El apóstol mayor dijo a su compañero en el apostolado: “Lo sabe tan bien como usted o como yo. Lo único que no sabe es que lo sabe. No pasará mucho hasta que lo descubra… No hay de qué preocuparse”.

Poco tiempo después, el nuevo presidente de estaca testificó tras una experiencia espiritual: “Derramé lágrimas de gratitud al Señor por el testimonio perdurable, perfecto y absoluto que recibí en mi vida sobre la divinidad de esta obra”15.

Muchos de nosotros no somos plenamente conscientes de lo que en realidad sabemos. Aunque se nos ha enseñado el Evangelio, puede que no seamos plenamente conscientes de lo que el Señor ha puesto en nuestra “mente” y escrito en “[nuestro] corazón”16. Como hombres jóvenes del convenio, ustedes son herederos de grandes promesas. Tienen la oportunidad de llegar a ser más que “leñadores y aguadores”17.

Yo no afirmo tener una comprensión absoluta de todos los principios del Evangelio, pero he llegado a conocer con certeza la divinidad y autoridad de esta Iglesia. Es algo que recibí gradualmente, línea por línea y precepto por precepto. Ahora yo que lo , del mismo modo que ustedes pueden llegar a saber que lo saben. Les puede suceder a ustedes.

El conocimiento viene por medio de la fe. Hoy en día debemos llegar a conocer la veracidad de lo que estaba en las planchas de oro sin verlas puesto que no están a nuestro alcance para que las veamos o las palpemos, como sucedió con los Tres Testigos y los Ocho Testigos. Algunos de los que las vieron y palparon no permanecieron fieles a la Iglesia. El ver a un ángel podría ser una gran experiencia, pero es más importante llegar al conocimiento de la divinidad del Salvador mediante la fe y el testimonio del espíritu18.

También pueden llegar a saber lo que sabían cuando eran unos valientes hijos de Dios en la existencia preterrenal. Les puede suceder a ustedes, pero no ocurrirá de forma automática. Tendrán que ejercer la fe. La única manera de adquirir conocimiento espiritual y mantener la llama encendida es ser humildes y dedicados a la oración y luchar diligentemente por guardar todos los mandamientos.

En las ceremonias inaugurales de los recientemente concluidos Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002, el Coro del Tabernáculo Mormón y la Orquesta Sinfónica de Utah ejecutaron una majestuosa pieza musical escrita especialmente por John Williams para ser el tema musical oficial de los Juegos. Se llamaba Call for the Champions [Un llamado a los campeones]. Esta noche yo deseo hacer un llamado a los campeones. Las estremecedoras primeras palabras de la pieza son: citius (más veloz), altius (más alto) y fortius (más fuerte), que componen el lema olímpico oficial desde 1924.

Hermanos del sacerdocio, vivimos en una época maravillosa. Jamás en la historia de la Iglesia hemos tenido más testimonios de la veracidad de esta santa obra. Tenemos detractores y críticos, como siempre ha sucedido; mas nunca antes la Iglesia había ascendido más alto, avanzado más rápido, ni sido más fuerte para lograr su misión. Éste es el momento en el que debemos erguirnos y avanzar. También en la obra de Dios debemos ser más veloces, trabajando con mayor urgencia; llegar más alto, esforzándonos por alcanzar metas espirituales elevadas; y ser más fuertes, confiando en la fuerza de Dios. Les puede suceder a ustedes.

La senda segura para recibir el gozo y las bendiciones de la vida reside en seguir a nuestro profeta viviente, el presidente Gordon B. Hinckley. Hemos recibido muchas cosas buenas de los profetas anteriores, pero la voz que necesitamos oír hoy día es la del presidente Hinckley; es su consejo el que precisamos seguir para que nos sucedan las mejores cosas. De esto testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

  1. The Oxford Companion to Philosophy, editado por Ted Honderich, 1995, pág. 610.

  2. Joseph Fielding Smith, Church History & Modern Revelation, Tomo 1, pág. 22.

  3. D. y C. 132:39.

  4. 1,911 Best Things Anybody Ever Said, recopilado por Robert Byrne, 1988, pág. 386.

  5. Citado por Harold B. Lee, The Teachings of Harold B. Lee, editado por Clyde J. Williams, 1996, pág. 629.

  6. President Kimball Speaks Out, 1981, pág. 94.

  7. Guillermo D. Jalil, “Teen Addiction,” in Street-Wise Drug Prevention: A Realistic Approach to Prevent and Intervene in Adolescent Drug Use, 1996, Internet, www.nodrugs.com.

  8. Véase U.S. Department of Education, “Growing Up Drug Free: A Parent’s Guide to Prevention, Part 2,” KidSourceOnline, www.kidsource.com.

  9. Véase Janet Brigham, “Tobacco: Quitting for Good,” Ensign, febrero de 2002, pág. 52.

  10. Shanna Ghaznavi, “Don’t Bet Your Life,” New Era, febrero de 2002, pág.26.

  11. 1 Corintios 13:12.

  12. Juan 14:26.

  13. Juan 16:13.

  14. Véase Éter 12:6.

  15. Gospel Standards, págs. 192–193.

  16. Véase Jeremías 31:33.

  17. Josué 9:21.

  18. Véase Juan 20:29.