2000–2009
El patriarca de estaca
Octubre 2002


El patriarca de estaca

El Señor tiene un interés particular en el patriarca, quien ocupa un cargo exclusivo en la Iglesia.

Hace cincuenta y ocho años, llamé a la puerta de J. Roland Sandstrom, patriarca de la Estaca Santa Ana, California, con la recomendación de mi obispo para recibir la bendición patriarcal. No nos conocíamos y no volveríamos a encontrarnos en catorce años. Volvimos a vernos quince años después, y, en esa ocasión, como miembro de los Doce, le di una bendición el día antes de que falleciera.

Recibí la transcripción de la bendición por correo en el cuartel de la base de la fuerza aérea a la que me habían destacado. En aquel entonces yo no sabía, como lo sé ahora, que un patriarca tiene visión profética, que la bendición que me dio sería más que una guía para mí, puesto que ha sido un escudo, una protección.

La revelación indica que “es el deber de los Doce ordenar ministros evangelistas en todas las ramas grandes de la iglesia, según les sea designado por revelación”1.

El profeta José Smith dijo: “El evangelista es un patriarca… Dondequiera que la Iglesia de Cristo se halle establecida sobre la tierra, allí debe haber un patriarca para el beneficio de la posteridad de los santos, tal como fue con Jacob cuando dio su bendición patriarcal a sus hijos”2.

Las Escrituras hablan de tres tipos de patriarcas: los padres de familia3, los profetas líderes de los tiempos antiguos y el patriarca de estaca, oficio al que se es ordenado en el Sacerdocio de Melquisedec4.

El padre de familia es patriarca de su familia y puede y debe dar bendiciones de padre a sus hijos.

Hasta hace unos pocos años, todo patriarca de estaca era llamado y ordenado por un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Cuando el número de estacas aumentó, esa responsabilidad se delegó al presidente de estaca.

Al igual que los demás oficios del Sacerdocio de Melquisedec —élderes, sumos sacerdotes, setentas y apóstoles—, el patriarca de estaca es ordenado en lugar de ser apartado.

El presidente de estaca envía el nombre de un hermano al Quórum de los Doce Apóstoles. Cada nombre se tiene en cuenta detenidamente y con oración. Una vez que es aprobado, el patriarca es sostenido en una conferencia de estaca; en seguida, es ordenado. Entonces él, con percepción profética, pronunciará bendiciones sobre la cabeza de los que vayan a él con la recomendación del obispo de su respectivo barrio.

Hay una publicación titulada Información y sugerencias para patriarcas, en la que se dan instrucciones al presidente de estaca y al patriarca con respecto a este sagrado oficio. Esa publicación la trataron durante años la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce. Cada vez que se revisaba, se reducía de tamaño. Uno de los hermanos de mayor antigüedad del Quórum dijo: “Hermanos, no debemos inmiscuirnos demasiado entre el Señor y Sus patriarcas”.

Ahora pedimos a todo presidente de estaca y a todo patriarca que relea ese breve documento. Léanlo más de una vez.

Los patriarcas no solicitan dar bendiciones. Los miembros deben procurar recibir la bendición cuando se sientan inspirados a hacerlo. No hay edad determinada para recibir la bendición patriarcal. El obispo se asegura de que el miembro tenga la edad y la madurez suficientes para entender el significado y la importancia de tal bendición.

Las bendiciones patriarcales las registra y las transcribe la persona que haya sido asignada por el presidente de estaca. Esa bendición llega a ser un tesoro muy personal.

Con excepción de los familiares inmediatos, no debemos permitir que otras personas lean nuestra bendición ni debemos pedir a nadie que la interprete. Ni el patriarca ni el obispo pueden ni deben interpretarla.

Cuando los Doce llamaban y ordenaban a los patriarcas, compartíamos las experiencias que teníamos al respecto. Aprendimos que el Señor tiene un interés particular en el patriarca, quien ocupa un cargo exclusivo en la Iglesia.

Recuerdo una conferencia en la que el patriarca de ésta era muy anciano. Si bien su ordenación seguiría vigente, había llegado el momento de eximirle de dar bendiciones.

El presidente de estaca había recomendado a un hermano que tenía mucha experiencia de liderazgo. Sin embargo, yo no tenía la sensación de que él debía ser el patriarca.

Estaba al tanto de que la Primera Presidencia había indicado a los presidentes de estaca: “El que un hombre haya cumplido honorablemente sus deberes en un oficio directivo y el que haya llegado a una edad madura no es razón para que deba o no deba ser un buen patriarca… [El patriarca de estaca debe ser un hombre que haya] cultivado en su alma el espíritu de los patriarcas; de hecho, ésa debe ser su característica más notable… al igual que debe ser [un hombre] de sabiduría que posea el don y el espíritu para bendecir”5.

Cuando la reunión de la noche estaba a punto de comenzar, un hombre mayor avanzó hasta la mitad del pasillo y, al no encontrar asiento, se fue a la parte de atrás de la capilla. No estaba tan bien vestido como la mayoría de las demás personas y era evidente que pasaba mucho tiempo al aire libre.

Pregunté en voz baja al presidente de estaca: “¿Quién es ese hermano?”.

Percibiendo lo que yo estaba pensando, me dijo: “Ah, no creo que él pudiese ser el patriarca. Vive en la periferia de un barrio distante y nunca ha sido miembro de un obispado ni del sumo consejo”.

Se le invitó a ofrecer la primera oración y ni bien había él dicho unas pocas palabras cuando llegó la confirmación por revelación: “Éste es el patriarca”.

Según recuerdo, tenía seis hijos y una hija. El menor se hallaba entonces cumpliendo una misión, como lo habían hecho sus hermanos mayores que ya estaban casados y que vivían en diversas partes del país, y todos ellos servían fielmente en la Iglesia.

“¿Y su hija?”, le pregunté.

“Ah”, me dijo: “usted la conoce; es la esposa de uno de los consejeros de la presidencia de la estaca”.

Yo pensé: “¡Un patriarca, este hombre es un auténtico patriarca!”.

Antes de la sesión general de esa conferencia, me encontré en el vestíbulo con el patriarca anciano y le dije: “Hoy le daremos ayuda en el oficio de patriarca”.

Él me contestó: “¡Ah, gracias! Lo agradeceré mucho, muchísimo”.

Agregué: “Permítame decirle el nombre del nuevo patriarca; entonces, usted, el presidente de la estaca y yo seremos los únicos que lo sabremos”.

Cuando le dije el nombre, sobrecogido, exclamó: “¡Esto es sorprendente! Le vi entre la gente cuando entraba en el edificio y me dije: ‘¿No sería él un magnífico patriarca?’ ”. Aquello fue una inspiradora confirmación del anciano patriarca.

No hay nada como este oficio en toda la Iglesia ni en todo el mundo.

Los presidentes de estaca deben ser particularmente solícitos con el patriarca. Deben invitarle a sentarse en el estrado y reconocer su presencia.

En ocasiones regulares, tal vez dos veces al año, deben ustedes entrevistar al patriarca y leer algunas de las bendiciones que haya dado. Recuérdenle que cada bendición debe ser individual y especial para la persona. El presidente de estaca no debe desatender esa lectura periódica de bendiciones.

Una vez ordené a un patriarca que se sentía agobiado por la responsabilidad. Durante meses no consiguió llegar a dar una bendición. Por último, le preguntó al presidente de estaca si podía escribir un párrafo a modo de introducción para las bendiciones patriarcales. El presidente de estaca le dio su aprobación.

Posteriormente, me dijo: “Cuando fue el primer joven a recibir su bendición, gracias a que yo había memorizado la introducción, me sentí cómodo. Puse las manos sobre su cabeza y no empleé ni una sola palabra de ella. Aquel día aprendí de quién son las bendiciones. No son mis bendiciones, sino que son dictadas por el Espíritu”.

Se ha dicho que una bendición patriarcal es “ ‘[un párrafo] del libro de vuestras posibilidades’. Si leemos nuestra bendición patriarcal, veremos lo que el espíritu de profecía habrá manifestado en cuanto a lo que cada uno de nosotros puede llegar a ser”6.

Una parte esencial de la bendición patriarcal es la declaración del linaje. Mediante el estudio detenido de las Escrituras, el patriarca se familiariza con el orden patriarcal; aprende el destino de las tribus de Israel.

Las Autoridades Generales han enseñado: “Al dar una bendición, el patriarca puede declarar nuestro linaje, es decir, que somos de Israel y, por consiguiente, de la familia de Abraham, y de una tribu específica de Jacob. En la mayoría de los casos, los Santos de los Últimos Días son de la tribu de Efraín, la tribu a la que se dio la responsabilidad de dirigir la obra de los últimos días. Ya sea que vengan las bendiciones por linaje o por adopción, no importa (Perla de Gran Precio, Abraham 2:10). Eso es muy importante, puesto que sólo por el linaje de Abraham se cumplirán las grandes bendiciones del Señor a Sus hijos sobre la tierra (Génesis 12:2, 3; Perla de Gran Precio, Abraham 2:11).

“Entonces, el patriarca, mirando hacia lo futuro, describe las bendiciones y las promesas, algunas especiales, otras generales, a las que la persona del linaje correspondiente… tiene derecho; y, por medio de su autoridad, las sella sobre ella, a fin de que le pertenezcan para siempre mediante su fidelidad”7.

Puesto que cada uno de nosotros lleva diversos linajes, a dos miembros de una familia se les puede declarar que son de diferentes tribus de Israel.

Un patriarca puede dar bendiciones patriarcales a sus propios hijos, nietos y bisnietos que vayan a él recomendados por su respectivo obispo.

Cuando se nos hacen solicitudes de alguna excepción, para que una persona reciba una bendición de un tío o de algún amigo predilecto de la familia, invitamos a que se siga el método establecido y a que las personas reciban la bendición del patriarca de su propia estaca.

En los distritos de las misiones o en las estacas en las que no haya patriarca, los miembros pueden recibir la recomendación de su obispo o presidente de rama respectivo para que les dé la bendición el patriarca de una estaca contigua.

Alguna que otra vez, puede suceder que los miembros piensen que su bendición es un tanto menos de lo que esperaban. Pero, a medida que pase el tiempo, advertirán en ella el poder de la revelación.

A veces, alguien se preocupará porque alguna promesa hecha en su bendición patriarcal todavía no se ha cumplido. Por ejemplo, en una bendición se puede indicar que la persona contraerá matrimonio y ésta no encuentra compañero o compañera. Eso no significa que la bendición no se cumplirá. Conviene saber que las cosas ocurren en el debido tiempo del Señor y no siempre en el nuestro. Las cosas de naturaleza eterna no tienen límite de tiempo. Desde la existencia preterrenal hasta nuestra existencia más allá del velo de la muerte, nuestra vida es una vida eterna.

Circunstancias como la edad avanzada o las dolencias, el mudarse fuera de la estaca, o el llamamiento a servir en una misión puede hacer preciso que el presidente de estaca recomiende al Quórum de los Doce Apóstoles que al patriarca se le exima honorablemente del servicio activo.

El presidente Harold B. Lee contó lo ocurrido con respecto al llamamiento de un patriarca. Él y el presidente de estaca fueron a la casa del hermano, quien había estado trabajando con sus hijos en la granja de bienestar todo el día, por lo que estaba cansado y cubierto de polvo y sudor.

El presidente Lee comentó: “Le hice sentirse aún más cansado cuando le dije la razón por la que había ido a verle: que iba a ser llamado a ser el patriarca de esa estaca”.

Después de la sesión de la mañana de la conferencia, donde ese hermano expresó un notable testimonio, fueron a una oficina del sótano.

La esposa del presidente de la estaca estuvo presente y escribió al presidente Lee: “Cuando usted puso las manos sobre la cabeza [del hermano], pensé:Con este hermano alternamos, hemos salido de viaje con él, hemos ido a bailes… y, ahora, parte de su responsabilidad es declarar el linaje de cada persona a la que dé una bendición. Él no ha estudiado lenguas antiguas, ¿cómo va a saberlo?

“…Usted se acercó y puso las manos sobre su cabeza, y una luz que vino por detrás, pasó a través de usted hacia él. Y yo pensé: Qué extraña coincidencia que un rayo de sol haya entrado precisamente en ese momento. Pero después me di cuenta de que no había [ventana alguna], ni nada por donde entrase un rayo de sol. Había presenciado la respuesta a mi pregunta… Esa luz provino de algún lugar más allá del hermano Lee, pasó a través del hermano Lee y llegó al patriarca. Entonces supe de dónde iba él a obtener esa información: por medio de las revelaciones de Dios Todopoderoso”8.

Y así debe ser. Cada vez que un patriarca es ordenado o que pronuncia una bendición, esa misma luz, aunque no sea visible, está presente. Confiere poder al patriarca para declarar el linaje y dar una bendición profética, aunque él sea un hombre de capacidad normal.

No permitan que el oficio de patriarca de estaca se desatienda ni se pase por alto. Es esencial para el poder espiritual de la estaca.

Ahora bien, presidentes de estaca, atiendan solícitamente a la obra de su patriarca de estaca. Consérvenle cerca de ustedes; entrevístenle y lean selecciones de las bendiciones que haya dado.

Hablando ahora a los patriarcas: Ustedes han sido escogidos para un oficio que muy pocos hombres han sido llamados a poseer. Deben vivir de tal manera que, mediante la inspiración espiritual, puedan dar proféticas e inspiradas bendiciones. Sean patriarcas ejemplares en su propia familia. Vivan de modo que sean dignos del Espíritu. Experimenten el regocijo de su llamamiento.

El patriarca [que me bendijo], que nunca me había visto, me hizo una promesa que se aplica a cada uno de nosotros. Él me dijo: “Mira hacia adelante a la luz de la verdad, a fin de que la sombra del error, de la incredulidad, de la duda y del desaliento caiga detrás de ti”9. Muchas veces he recibido fortaleza al leer esa bendición patriarcal que me dio un inspirado siervo del Señor.

Doy testimonio de que éste es un oficio santo, un oficio sagrado, una bendición para esta Iglesia, de que es un ejemplo de las bendiciones que el Señor ha establecido en Su Iglesia para bendición de todos nosotros. Y doy testimonio de Él, en el nombre de Jesucristo. Amén.

  1. D. y C. 107:39.

  2. Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 179–180.

  3. Adán aconsejó y bendijo a su posteridad (véase D. y C. 107:42–56); Jacob bendijo a sus hijos y a los descendientes de éstos (véase Génesis 49:1–28); Lehi bendijo a su posteridad (véase 2 Nefi 4:3–11).

  4. El Salvador ordenó apóstoles, profetas y evangelistas (Efesios 4:11); el deber de los Doce es ordenar evangelistas (véase D. y C. 107:39); Hyrum Smith había de ocupar el oficio de patriarca (véase D. y C. 124:91–92, 124; 135:1).

  5. Carta de la Primera Presidencia, 29 de junio de 1903; véase también James R. Clark, compilador, Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965–1975, tomo IV, págs. 57–58.

  6. Harold B. Lee, Stand Ye in Holy Places, 1975, pág. 117.

  7. John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, 3 tomos, 1943–1951, tomo I, págs. 73–74.

  8. The Teachings of Harold B. Lee, editado por Clyde J. Williams, 1996, págs. 488–489.

  9. Bendición Patriarcal de Boyd K. Packer, 15 de enero de 1944, pág. 2.