El estado de la Iglesia

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
El Evangelio de Jesucristo es el camino de la paz. En la medida en que lo sigamos y lo incorporemos a nuestras vidas… seremos bendecidos y prosperados.

Mis amados hermanos y hermanas, qué milagro es poder dirigirles la palabra y hacerla llegar a todo el mundo. Les hablamos desde el Centro de Conferencias de Salt Lake City. Hablamos en nuestra lengua materna. Pero muchos miles de ustedes están reunidos en instalaciones de la Iglesia en diversos países y nos oyen en cincuenta y seis lenguas.

Nos hemos reunido de nuevo en una gran conferencia mundial de la Iglesia según la voluntad y la instrucción del Señor.

Al congregarnos, el mundo está en agitación. Hay guerra y contención. Hay mucha intranquilidad. Los miembros de la familia de la Iglesia son ciudadanos de varias naciones. Algunos estamos de un lado y otros del otro lado de un gran debate. Pienso hablar acerca de eso mañana por la mañana.

Pero, a pesar de todos los problemas con que nos enfrentamos, me complace informar que la obra de la Iglesia sigue adelante. Seguimos creciendo en todo el mundo. Nuestra obra misional continúa sin serios impedimentos. Los conversos siguen llegando a la Iglesia y nuestros números van aumentando constantemente. Junto con esta labor existe la necesidad de integrar con solidez a todos lo que son bautizados como conversos. Pedimos a todos los miembros de la Iglesia que tiendan una mano de ayuda a los nuevos conversos, que los rodeen con sus brazos y los hagan sentirse en casa. Bendíganlos con su amistad. Anímenlos con su fe. Todo hombre, toda mujer y todo niño digno del bautismo es digno de estar en un entorno estable y amistoso en el cual progresar en la Iglesia y sus muchas actividades.

La asistencia a la reunión sacramental aumenta gradualmente. Hay posibilidad de mejoramiento, y los insto a esforzarse de continuo por lograrlo. Aun así, no sé de otra Iglesia que tenga tan elevado porcentaje de asistencia uniforme a sus reuniones.

Me siento muy agradecido por la fortaleza de la juventud de la Iglesia. Con tristeza veo que a algunos no se les presta ayuda. Pero es milagroso ver la fortaleza de nuestros jóvenes en medio de las muchas e impuras tentaciones que los rodean constantemente. La bajeza y la inmundicia de la pornografía, la instigación a participar de las drogas y la erótica invitación a bajar todas las barreras en la conducta sexual son algunas de las tentadoras atracciones que encaran de continuo. Pero a pesar de las atracciones del mundo en que viven, ellos permanecen fieles a la fe de sus padres y al Evangelio que aman. No tengo palabras para destacar lo bueno de nuestra magnífica gente joven.

La fe en el pago de diezmos y ofrendas aumenta pese a los apuros económicos en que nos encontramos. Podemos seguir adelante con la construcción de centros de reuniones y de templos, con nuestro amplio programa educativo y con las muchas actividades que dependen de los ingresos de diezmos de la Iglesia. Les prometo que no haremos contraer deudas a la Iglesia. Nos limitaremos estrictamente al programa de los ingresos de diezmos y utilizaremos esos sagrados fondos para los propósitos designados por el Señor.

Mencionaré un asunto al que se ha dado mucha atención en la prensa local. Se trata de nuestra decisión de comprar los bienes inmuebles del centro comercial que está inmediatamente al sur de la Manzana del Templo.

Consideramos que tenemos la importante responsabilidad de proteger los contornos aledaños del Templo de Salt Lake. La Iglesia es dueña de la mayor parte del terreno en el que está el centro comercial, y los dueños de los edificios han expresado su deseo de venderlos. Dichos edificios necesitan importantes y costosas reformas. Nos ha parecido indispensable hacer algo por mejorar esa zona. Pero deseo asegurar a toda la Iglesia que los fondos de diezmos no se han empleado ni se emplearán para la adquisición de esas propiedades, ni tampoco se emplearán para ampliarlas para fines comerciales.

Los fondos para ello han provenido y provendrán de los negocios que posee la Iglesia. Esos recursos, junto con las ganancias derivadas de inversiones, se utilizarán para este programa.

Me complace informar que podemos seguir adelante con la construcción de capillas. Estamos construyendo unas cuatrocientas capillas nuevas al año a fin de dar cabida al aumento de miembros de la Iglesia. Eso es una labor considerable y espléndida, por la cual estamos profundamente agradecidos. Además, seguimos construyendo templos por todo el mundo, y tenemos el gusto de informar un incremento en la actividad del templo. Esta importantísima obra, tanto para los vivos como por los muertos, es parte fundamental del Evangelio de Jesucristo.

Nos agrada advertir un aumento en la preparación familiar en nuestra gente. Este programa, que se ha enseñado desde hace más de sesenta años, afianza de un modo incalculable la seguridad y el bienestar de los Santos de los Últimos Días. Cada familia tiene la responsabilidad de abastecerse de lo indispensable todo lo que pueda. De nuevo instamos a nuestra gente a evitar contraer deudas innecesarias, a ser moderados a la hora de comprometer su dinero, a ahorrar algún dinero para las emergencias. Advertimos a nuestra gente cuidarse de los planes que prometen hacerse rico muy rápidamente, así como de otras situaciones de las que sea difícil librarse, las que casi siempre tienen por objeto atrapar a los crédulos.

No ceso de asombrarme por la gran medida de servicio voluntario que presta nuestra gente. Estoy convencido de que el servicio voluntario es la manera del Señor de llevar a cabo Su obra. El funcionamiento de los barrios, de las estacas y de los quórumes, así como las funciones de las organizaciones auxiliares se realiza bajo la dirección de voluntarios. El amplio programa misional depende del servicio voluntario.

Además, tenemos un gran número de miembros mayores que son misioneros de servicio a la Iglesia. Más de dieciocho mil [de ellos] donan todo su tiempo o gran parte de su tiempo a esta obra. Les damos las gracias por su dedicado servicio.

En esta conferencia se cumple el segundo aniversario del Fondo Perpetuo para la Educación. Me alegra informar que este programa sigue adelante sobre una base sólida. Unos 8.000 hombres jóvenes y mujeres jóvenes cursan estudios al presente para mejorar sus conocimientos y sus oportunidades de empleo. Como promedio, con los dos años de estudios que ahora tienen, están aumentando sus ingresos cuatro veces y media. ¡Es un milagro!

Y así podría continuar. Baste con decir que la Iglesia se encuentra en buen estado. Creo que sus asuntos se tramitan con prudencia. Los de nuestro pueblo van creciendo en fe, en amor por el Señor y en la observancia de Sus enseñanzas.

Éstos son tiempos difíciles. La economía está pasando apuros. Hay conflicto en el mundo. Pero el Todopoderoso guarda Su promesa de que Él bendecirá a los que anden con fe y rectitud ante Él.

El Evangelio de Jesucristo es el camino de la paz. En la medida en que lo sigamos y lo incorporemos a nuestras vidas, en la misma proporción seremos bendecidos y prosperados. ¡Qué prodigioso es ser parte de esta obra maravillosa! Regocijémonos en nuestra gran oportunidad. Sirvamos con alegría.

Ruego que las más ricas bendiciones del cielo descansen sobre ustedes, mis amados colaboradores. Que la fe aumente en sus corazones. Que haya amor y paz en sus hogares. Que haya alimento en su mesa y que tengan ropa para vestir. Que, al favorecerlos el cielo, tengan calidez en el corazón y reciban consuelo en los momentos de tribulaciones. Ésta es mi oración en esta oportunidad, al comenzar esta gran conferencia, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.