Logra tu máximo potencial

Richard G. Scott

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Richard G. Scott
Con todas mi facultades, te aliento a descubrir quién eres realmente… Te insto a discernir por medio del Espíritu las facultades divinas que recibiste.

Hace poco, observé a más de 20.000 jóvenes Santos de los Últimos Días, varones y mujeres, escuchar un mensaje espiritual. Vi que tomaban notas y se concentraban en el orador, deseosos de aprender. Irradiaban un intenso espíritu de pureza, rectitud y devoción. Nadie los forzó a asistir; ellos querían estar allí.

Más adelante, me reuní con más de 2.000 misioneros de tiempo completo que se preparaban para servir. El recinto estaba lleno del Espíritu. Les hice preguntas difíciles que ellos respondieron muy bien, citando en ocasiones Escrituras corroborativas. Al darles la mano y mirarlos a los ojos, percibí pureza y espíritu de devoción en ellos. Fue una experiencia inspiradora. Todos habían dejado sus intereses personales para aceptar el llamamiento de unirse a lo que puede llegar a ser nuestra generación de misioneros más extraordinaria.

He tenido experiencias similares con jóvenes en todas partes del mundo. El cuerpo docente de nuestras tres universidades ha notado un gran aumento en la sensibilidad espiritual y capacidad innata de los estudiantes. Algo extraordinario sucede. ¿Lo perciben? A medida que la obediencia y la moral decaen en el mundo, el Señor envía más espíritus excepcionales a la tierra. En conjunto, superan el nivel de capacidad de sus antepasados. Su potencial para progresar en forma personal y de contribución es magnífico. En calidad de padres y de líderes, ¿cómo cultivan ese potencial? Joven o jovencita de esta generación, ¿qué estás haciendo para alcanzar tu extraordinario potencial? ¿Lo cultivas para alcanzar así logros excepcionales y felicidad? ¿Qué harás para evitar los esfuerzos de Satanás de debilitar tu potencial por medio de la trasgresión? Sólo tú puedes contestar esas preguntas esenciales.

Con todas mi facultades, te aliento a descubrir quién eres realmente. Te invito a escudriñar más allá de la rutina diaria. Te insto a discernir por medio del Espíritu las facultades divinas que recibiste. Te exhorto a hacer con oración elecciones correctas que te lleven a alcanzar tu máximo potencial.

Te diré una forma segura mediante la cual puedes lograr ese progreso. He visto misioneros valientes soportar vientos helados, resistir lluvias torrenciales, caminar sobre los charcos por calles enlodadas y resbalosas, y vencer el miedo. Muchas veces, los he visto dar un extraordinario testimonio sólo para ser rechazados y criticados duramente. Los he visto luchar para dar a conocer la verdad en un idioma nuevo para ellos. En ocasiones, el escucha se queda mirando sin comprender y entonces, descorazonados, se dan cuenta de que el mensaje no ha sido comprendido. Pero yo no cambiaría nada de eso, aunque pudiera hacerlo, ya que hay valiosos momentos de éxito que compensan todas las penurias pasadas. Esas recompensas se reciben cuando el Espíritu conmueve un corazón para siempre, porque alguien como tú estaba allí. El compartir la verdad en circunstancias difíciles es atesorarla aún más. Cuando vayas más allá de los límites de la experiencia y te introduzcas en la nebulosa de lo desconocido, el Señor te fortalecerá. La belleza de tu alma eterna comenzará a desplegarse.

Los desafíos son ahora más grandes que nunca. Esa es la razón por la cual el Señor necesita más misioneros capaces y mejor preparados. Necesita de aquellos que son limpios y puros para que el Espíritu los guíe a testificar con poder de conversión. Prepárate para ser uno de esos misioneros excepcionales. No será fácil, pero, ¿desde cuándo algo que haya valido realmente la pena ha sido fácil de lograr?

La Primera Presidencia ha definido las altas normas de dignidad moral, y la estabilidad física, mental y emocional que el servicio misional requiere. Las normas son estrictas, pero tú puedes cumplirlas y disfrutar de los sentimientos de paz y de confianza que se reciben al vivirlas. Las normas han aumentado, no para hacer las cosas más difíciles, sino porque ahora los misioneros prestan servicio en un ambiente en el cual la guía espiritual es esencial. Se han hecho también ajustes en la presentación de las charlas. No se memorizan más, sino que el contenido básico se aprende y se da mediante la guía del Espíritu. La dignidad personal es imprescindible para ello (véase “Declaración en cuanto a la obra misional”, que se adjuntó a la carta de la Primera Presidencia fechada el 11 de diciembre de 2002).

Tú perteneces a una extraordinaria generación que posee un potencial excepcional. No en vano Satanás quiere debilitar ese potencial tentándote para que violes las leyes de Dios. Él sabe que no tiene poder sobre una persona recta, pero es un maestro en hacer del pecado algo atractivo para el indeciso.

La preparación para una misión y una vida significativa comienza en el hogar. En su calidad de padres, uno de los presentes más grandes que pueden brindar a sus hijos es el de nutrir constantemente en ellos un testimonio creciente de la verdad. Con paciencia, nutran la capacidad espiritual de cada niño; expliquen con detenimiento las doctrinas de la Iglesia y el poder que brindan cuando se viven con rectitud. Ese cimiento preparará al niño para resistir la iniquidad del mundo; alienten a todo hijo que esté capacitado física y emocionalmente a prepararse para servir dignamente en una misión de tiempo completo.

Obispos y presidentes de estaca, junto con los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, fortalezcan las facultades espirituales de sus jóvenes. Con ese fin, aliéntenlos a participar en las actividades de la Iglesia que fortifiquen las enseñanzas de los padres.

Joven, participa activamente en tu quórum del sacerdocio; jovencita, asiste a las actividades de las clases de las Mujeres Jóvenes y completa las metas de progreso personal. Jóvenes y jovencitas, participen en la Escuela Dominical para retener lo que se les haya enseñado; tomen parte en los programas de Seminario e Instituto para obtener una compresión esencial de la verdad; no escuchen sólo con el fin de pasar una prueba, sino que apliquen en su vida lo que hayan aprendido.

Estudia la Primera Visión, que se registra en José Smith—Historia, en la Perla de Gran Precio. Aprende los acontecimientos posteriores que llevaron a la restauración plena de la verdad, con la autoridad del sacerdocio y las ordenanzas esenciales para la exaltación. Obtén un testimonio de esas cosas y grábalo en la mente y en el corazón.

Lee el Libro de Mormón porque lo deseas, no porque tienes que hacerlo. Descubre por ti mismo que es verdadero. A medida que leas cada página, pregúntate: “¿Pudo alguien haber escrito este libro o salió a luz como José Smith lo testificó?”. Pon en práctica las enseñanzas que aprendas; ellas te fortalecerán contra la maldad de Satanás. Sigue el consejo de Moroni y sinceramente pregunta a Dios el Padre, en el nombre de Jesucristo, con verdadera intención, si las enseñanzas del Libro de Mormón son verdaderas (véase Moroni 10:3–5). Hazlo con el deseo de recibir una confirmación personal, sin dudar nada. Tiene que haber una explicación en ese libro que puedas sostener en tu mano. Sé que puedes recibir una confirmación espiritual de que es verdadero; sabrás entonces que Jesucristo vive, que José Smith fue y es un profeta y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia del Señor (véase la Introducción del Libro de Mormón, en especial el último párrafo). Corroborarás que el Salvador guía Su Iglesia mediante un profeta viviente. Esas verdades serán para ti el cimiento de una vida productiva.

Alguien puede decir: “No tengo todas las bendiciones de una familia ideal ni una experiencia plena en la Iglesia”. Yo no disfruté de todas esas ventajas, ni tampoco algunos de los demás miembros del Quórum de los Doce. Compénsalo obteniendo un firme testimonio de la verdad, una convicción personal de que la Iglesia de Jesucristo se ha restaurado sobre la tierra y que Sus doctrinas son verdaderas. Hay diferentes senderos que conducen a ese preciado don, los cuales comienzan con tu deseo sincero de saber. La llama titilante de la fe puede apagarse si no la avivas, pero esa pequeña llama crecerá y se convertirá en un fuego brillante e inextinguible mediante la oración sincera y el estudio constante del Libro de Mormón y de las demás Escrituras. Esa fe se sustentará a medida que apliques los principios que hayas aprendido.

Permanece digno. Cuando comprendas realmente quién eres, no te será difícil resistir las tentaciones de Satanás. Entonces, él no podrá malograr el desarrollo de tu verdadero potencial.

Joven, el perfeccionamiento más grande y la experiencia más fortalecedora que puedas tener en este momento es, sin lugar a dudas, una misión de tiempo completo digna. Aun cuando una misión no es para beneficio personal, el Señor bendice abundantemente a quienes le sirven valientemente; sé uno más del ejército de misioneros extraordinarios, bien preparados y devotos que cumplen las altas normas de dignidad. Únete a quienes han elegido servir al Señor, a dónde te llamen, cualesquiera sean los desafíos que tengas que afrontar.

La obra misional es extremadamente exigente. Si tienes problemas emocionales y se puedan estabilizar con el fin de afrontar las exigencias de una misión de tiempo completo, puedes ser llamado. Es fundamental que sigas con tus medicamentos durante la misión o hasta que una autoridad médica competente te aconseje otra cosa. Reconoce que los problemas emocionales y físicos son similares. Es necesario hacer todo lo posible para mejorar la situación, y después aprender a vivir dentro de sus límites. Dios utiliza los problemas para que progresemos al conquistarlos.

Si debido a tu situación física o emocional el Presidente de la Iglesia te dispensa del servicio misional de tiempo completo (véase “Declaración en cuanto a la obra misional”, que se adjuntó a la carta de la Primera Presidencia fechada el 11 de diciembre de 2002), existen para ti otras formas de prestar servicio significativo que esté de acuerdo con tu condición. Tu obispo o presidente de estaca te puede ayudar a encontrarlas en el lugar donde vives. Podría ser en un centro de historia familiar de la Iglesia, en el templo, en un proyecto de bienestar, en un centro de empleos, en un hospital local, en un centro de cuidados, en un refugio u otro sitio. Hay muchos lugares donde se necesita ayuda; puedes vivir en tu casa y contribuir de gran manera. Ese llamamiento puede durar algunos meses o ser más largo. Tu presidente de estaca te dirá dónde y por cuánto tiempo debes servir; entonces, él expedirá un llamamiento formal. Dondequiera que seas llamado, estudia el mensaje de la Restauración con los materiales que los misioneros de tiempo completo te puedan proporcionar y después busca oportunidades para compartir ese mensaje. Al hacerlo concienzudamente, serás guiado a personas que recibirán la inspiración de querer aprender más.

Mientras hablo del servicio misional podrías pensar: “Eso no es para mí”. Ruego que lo reconsideres con oración. Todo lo que atesoro en la vida comenzó a madurar en el campo misional. Tú también puedes obtener esas bendiciones.

Si has hecho elecciones incorrectas, arrepiéntete ahora. Quita cualquiera de esas barreras que impidan tu progreso y tu felicidad.

Tú eres un joven o una jovencita valiosos. Logra tu máximo potencial. Sé el líder y el ejemplo que el Señor espera de ti. Joven, sé parte de la generación más extraordinaria de misioneros. Juventud digna, prepárate para recibir las ordenanzas del templo y criar una familia eterna. Dios te ama. Testifico que al buscar Su ayuda Él te guiará para que cumplas tus sueños justos, en el nombre de Jesucristo. Amén.