El mensaje de la Restauración

Élder Charles Didier

Of the Presidency of the Seventy


Charles Didier
El mensaje de la Restauración es [una] invitación a saber por qué el Evangelio de Jesucristo y Su Iglesia verdadera han sido restaurados por un Profeta en los tiempos modernos.

Las palabras son parte de un vocabulario que utilizamos para compartir sentimientos, conocimiento o datos unos con otros. Entre esas palabras, hay una pregunta que se emplea para saber la causa o la razón de algo. Cuando se pronuncia, es para satisfacer la curiosidad, descubrir lo que no se sabe o recibir respuestas a preguntas vitales que se relacionan con la vida terrenal. Si no se utiliza, el proceso de pensar se detiene y prevalece la ignorancia. ¿Y cuál es esa pregunta esencial? ¿La adivinaron? Se compone de dos palabras; es la pregunta por qué.

Por qué es una de las primeras preguntas favoritas de los niños, y especialmente de los adolescentes. Uno de los por qué preferidos de un nieto mío es “¿Por qué tengo que comer verduras?” Luego, los niños crecen y los por qué comienzan a explorar sentimientos: “¿Por qué tuvo que morir la abuela?”. A continuación viene la búsqueda de conocimiento o la confirmación de responsabilidades: “¿Por qué tengo que ir a la Iglesia, o salir en una misión? ¿Por qué se nos manda dar a conocer el Evangelio a la gente?”.

Esta última pregunta es complicada. La obra misional es también responsabilidad de todo miembro, el hacer oír “la voz de amonestación, cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad” (véase D. y C. 38:41). ¿Por qué? Para que otras personas puedan recibir las ordenanzas salvadoras en la Iglesia de Jesucristo por haberlos invitado a venir a Cristo (véase Moroni 10:32). El mensaje de la Restauración es esa invitación a saber por qué el Evangelio de Jesucristo y Su Iglesia verdadera han sido restaurados por un Profeta en los tiempos modernos.

¿Cómo pueden extender esa invitación a alguien?

Primero, afirmando que Dios nuestro Padre vive, que nos ama y que es un Dios de revelación. ¿Y cómo lo sabemos? Por revelación y por el testimonio de los profetas.

La historia religiosa comienza en la Biblia, que es un registro de las primeras revelaciones de Dios a Sus profetas respecto a sus tratos con la humanidad. Comienza con el relato de Adán y Eva, nuestros primeros padres; su creación, su caída y las consecuencias de ésta: la mortalidad y la separación de Dios; y sus primeros pasos en el mundo terrenal. Probablemente una de sus primeras preguntas haya sido: “¿Por qué estamos aquí?” Para averiguarlo, su única solución era invocar el nombre del Señor, su sola fuente de verdadero conocimiento (véase Génesis 4:26). Por revelación directa, oyeron la voz del Señor mandándoles que debían adorar al Señor su Dios y hacerle una ofrenda (véase Génesis 4:4; Moisés 5:4–5). Por revelación que recibieron después, a Adán y a Eva se les enseñó que la ofrenda era en semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, y que Jesucristo era el único nombre por medio del cual recibirían la salvación. A continuación, se les prometió el don del Espíritu Santo, por el que se les daría lo que pidieran (véase Moisés 5:6–7; 6:52).

Más adelante, por el poder del Espíritu Santo, Adán obtuvo un testimonio certero e infalible de que Jesús era el Cristo, el Salvador y Redentor del mundo. Al dar a Adán y Eva conocimiento sobre su relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sobre la Expiación y la Resurrección, y sobre los primeros principios y ordenanzas del Evangelio de salvación, se les restauró literalmente la comprensión de su condición mortal después de la Caída.

Por lo que Adán oyó y vio, quedó calificado para que se le llamara como primer Profeta en la tierra, un testigo personal de la revelación dada al hombre. A partir de entonces, su mayor responsabilidad fue preservar la veracidad del Evangelio, así como enseñarlo tal como lo había recibido. Satanás, por su parte, representando a la oposición, iba a hacer y enseñar lo que fuera con tal de negar, rechazar o dejar de lado el Evangelio recibido por revelación y, de ese modo, incitar a la gente que lo hubiera aceptado a un estado de apostasía, de confusión, división y renuncia de su fe. El resto de la historia del Antiguo Testamento se volvió después una historia religiosa de revelación continua mediante diversos profetas como Noé, Abraham y Moisés, en varias épocas —llamadas dispensaciones— a fin de restaurar lo que se había perdido por repetidas apostasías. Dichos profetas fueron llamados siempre por Dios, se les dio autoridad divina, poseían las llaves del sacerdocio y tenían el divino cometido de hablar en nombre del Señor y enseñar y profetizar la venida y la expiación de Jesucristo, el Salvador y Redentor del mundo (véase Amós 3–7).

El Nuevo Testamento confirma las enseñanzas, los testimonios y las profecías de los profetas del Antiguo Testamento; es un relato del nacimiento, la vida y el ministerio de Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, de Su expiación y Su resurrección. Describe el establecimiento de Su Iglesia, de Su divina autoridad, Su Evangelio y del mandamiento que dio a Sus discípulos de ir “por todo el mundo y predica[r] el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

El mensaje del Nuevo Testamento era claro: había un rebaño, una fe, un Evangelio, un sacerdocio, una Iglesia, a fin de ser “uno, hijos de Cristo” (4 Nefi 1:17).

No obstante, la persecución, la negación de la identidad divina y el rechazo del Evangelio de Cristo y de sus siervos autorizados del sacerdocio de nuevo caracterizó la era siguiente a la Resurrección, y la historia de la religión nos da evidencia de lo rápidamente que la autoridad del sacerdocio fue reemplazada por la autoridad secular; de cómo se cambió la doctrina divina por las variables y tergiversadas filosofías humanas; de cómo se alteraron o se compraron con dinero las ordenanzas de salvación; de cómo se substituyó la revelación con un velo de tinieblas que condujo a la era del oscurantismo espiritual.

Sin embargo, durante esa gran apostasía, llegó un momento sobre el cual ya se había profetizado, en que la búsqueda religiosa se manifestó de nuevo, el por qué es así. Surgieron hombres de mucha fe que trataron de reformar las doctrinas falsas y la ficticia autoridad espiritual. Sus esfuerzos honrados y sinceros sólo sirvieron para crear más iglesias que proclamaban el nombre de sus creadores y sus protestas, agregando más confusión y divisiones. En realidad, en la reforma faltaban dos elementos fundamentales: la revelación y la autoridad, o sea, la única manera por medio de la cual el Señor comunica al hombre la verdad divina.

Al revisar rápidamente este proceso de historia religiosa, nos encontramos con una fecha y un nombre; la fecha es 1820 y el nombre es José Smith. Mientras reflexionaba sobre la completa confusión y la división religiosas que reinaban en su época, aquel jovencito se preguntó: Si alguna de estas iglesias es verdadera, ¿cuál es y cómo podré saberlo? (véase José Smith—Historia 1:10). ¿Por qué toda esa confusión? El modelo profético a seguir era preguntar a Dios. Así se repitió la historia religiosa según el método de Dios de contestar los por qué del ser humano. Una vez más, la respuesta vino en una visión, la visión del Padre y el Hijo; una vez más, se recibió un testimonio divino del Padre: “Éste es mi Hijo Amado. ¡Escúchalo!” (José Smith–Historia 1:17); una vez más, la revelación directa contestó esta pregunta de José Smith: “…cuál de todas las sectas era la verdadera… y a cuál debía unirme”. “Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error” (José Smith—Historia 1:18–19). Una vez más, la afirmación de que hubo una apostasía provino de fuente autorizada, Jesucristo mismo; y una vez más, tenía que llevarse a cabo una restauración, y así fue.

En los años siguientes, por revelación, José Smith recibió conocimiento doctrinal divino y completo, así como la autoridad y las llaves del sacerdocio. Finalmente, en 1830, se restauró la Iglesia de Jesucristo, con todas las doctrinas y las ordenanzas de salvación. José Smith fue hallado digno de ser llamado el Profeta de la Restauración en los tiempos modernos.

Tal como la Biblia es la evidencia tangible de la revelación divina a los profetas de antaño, del mismo modo el Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo, es la convincente evidencia actual de que José Smith fue un Profeta que recibió revelación y autoridad igual que ellos. El testimonio de la veracidad del Libro de Mormón contribuye a que las personas encuentren respuesta al porqué de que el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo hayan sido restaurados por un Profeta y que tengamos un profeta viviente en la actualidad, a saber, Gordon B. Hinckley. También responde el fundamental por qué todas las ordenanzas del Evangelio brindan la suprema bendición de preparar nuestra salvación y de cumplir nuestro propósito terrenal de formar familias eternas. Este mensaje de la Restauración es verdadero porque es divino.

Testifico de ello en el nombre de Jesucristo. Amén.